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        <generator>RedCircle VERIFY_TOKEN_b4baea00-3557-4562-8f99-81f4691de1be  -- Rendered At Wed, 24 Jun 2026 16:32:40 &#43;0000</generator>
        <title>Lecturas del Bosque</title>
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        <copyright>Camilo Vadillo</copyright>
        <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
        <itunes:summary>&lt;p&gt;Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.&lt;/p&gt;</itunes:summary>
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        <description><![CDATA[<p>Comentarios e ideas sobre literatura y lectura de fragmentos para quien está buscando algo bueno para leer, o para quien aprende español como lengua extranjera y ya tiene un nivel de intermedio a avanzado.</p>]]></description>
        
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                <itunes:title>#34 La cabeza del santo - Socorro Acioli</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                
                <description><![CDATA[<p><span>Hace algunas semanas terminé de leer La cabeza del santo, el primer libro de Socorro Acioli.</span><span> </span></p><p><span>La primera hoja del libro es una de esas impactantes páginas en blanco que sirven de adorno a alguna poderosa frase prestada de alguien más. En este caso, es una cita de Pedro Páramo, que funciona como recuerdo y como aviso.</span><span> </span></p><p><span>En la siguiente hoja comienza la historia de Samuel, que, al igual que Juan Preciado, emprende un viaje hacia un pobre pueblo en ruinas, en busca de un padre perdido al que no conoce ni quiere conocer.</span><span> </span></p><p><span>El camino a pie hasta Candeia es duro, y el paisaje semidesértico del sertão cearense no parece tan diferente al de Comala.</span><span> </span></p><p><span>Como yo nunca he estado personalmente, ni cerca de Jalisco ni de Juazeiro del Norte, cuando leo sobre este tipo de paisaje —que no deja de ser un protagonista omnipresente en estas historias—, recuerdo los áridos terrenos de los alrededores de Pucará, o a las solitarias piedras entre Llallagua y Siglo XX.</span><span> </span></p><p><span>Después de una larga travesía, cuando Samuel llega mendigando a Candeia, encuentra una tremenda estatua de San Antonio de Padua, solo que está decapitada: el cuerpo gigante está arriba de una montaña y la enorme cabeza de concreto está abajo. A falta de un lugar mejor, Samuel se resguarda de las inclemencias del tiempo dentro de la cabeza; pero de madrugada lo despiertan media docena de voces que le rezan al santo. Resulta que dentro de la cabeza, Samuel, y solo Samuel, es capaz de escuchar los rezos que le hacen en los alrededores al santo casamentero.</span><span> </span></p><p><span>Dada su triste condición de mendigo, Samuel decide usar su nuevo talento para lucrar y hacer negocio con las solteronas del pueblo. Este es el motor de su simpática historia, en la que también vamos conociendo las venturas y desventuras del pueblo de Candeia y su gente.</span><span> </span></p><p><span>Lo más increíble es que la estatua decapitada de verdad existe, y estuvo sin cabeza durante décadas, hasta que la historia del libro se hizo viral y generó presión suficiente para que, después de 39 años de acefalía, finalmente le construyeran una nueva cabeza al pobre santo.</span><span> </span></p><p><span>La cabeza original, la que hizo de casa y refugio para Samuel en sus tiempos de mendigo, todavía sigue a los pies del santo y ahora sirve como museo y destino turístico para los mochileros literarios.</span><span> </span></p><p><br></p><p><span>Socorro Acioli nos  muestra la pobreza, la opresión, el abuso, que forman parte de la realidad del sertao brasilero, pero también su encanto, su resiliencia frente a la adversidad, su valentía a la hora de soñar y de mantener viva la esperanza. Y tiene la capacidad de hacerlo hasta en una sola  frase, como cuando dice “que era todo tan lindo que apenas cabía en sus pequeños sueños, tuvo que aprender a soñar más”.</span></p><p><span>Así fue que en Candeia pude ver que, a diferencia de los abandonados pueblos mineros, o del purgatorio sofocante de Comala, donde las personas parecen confundirse con el paisaje: en sus silencios, en sus inescrutables miradas lentas, en su solemne carga del pasado que va marcando su caminar sin tiempo; en el sertão de Acioli las personas, en lugar de mimetizarse, hacen un contraste frente al paisaje: son abiertamente chismosas, expresivas con desconocidos y extraños, y en lugar de cargar gravemente con las tragedias del pasado, se ríen tanto de ellas como de sí mismas. </span></p><p><span>Tal vez por eso el libro se siente leve, ligero, como una brisa por dentro, que se agradece porque hace falta, porque qué sería de la vida sin poder conversar, de vez en cuando,  con algún embustero, algún saca suerte, algún encantador de serpientes, de nombre Eligio, Vasco, o Gabriel.</span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>]]></description>
                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hace algunas semanas terminé de leer La cabeza del santo, el primer libro de Socorro Acioli.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La primera hoja del libro es una de esas impactantes páginas en blanco que sirven de adorno a alguna poderosa frase prestada de alguien más. En este caso, es una cita de Pedro Páramo, que funciona como recuerdo y como aviso.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En la siguiente hoja comienza la historia de Samuel, que, al igual que Juan Preciado, emprende un viaje hacia un pobre pueblo en ruinas, en busca de un padre perdido al que no conoce ni quiere conocer.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El camino a pie hasta Candeia es duro, y el paisaje semidesértico del sertão cearense no parece tan diferente al de Comala.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Como yo nunca he estado personalmente, ni cerca de Jalisco ni de Juazeiro del Norte, cuando leo sobre este tipo de paisaje —que no deja de ser un protagonista omnipresente en estas historias—, recuerdo los áridos terrenos de los alrededores de Pucará, o a las solitarias piedras entre Llallagua y Siglo XX.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Después de una larga travesía, cuando Samuel llega mendigando a Candeia, encuentra una tremenda estatua de San Antonio de Padua, solo que está decapitada: el cuerpo gigante está arriba de una montaña y la enorme cabeza de concreto está abajo. A falta de un lugar mejor, Samuel se resguarda de las inclemencias del tiempo dentro de la cabeza; pero de madrugada lo despiertan media docena de voces que le rezan al santo. Resulta que dentro de la cabeza, Samuel, y solo Samuel, es capaz de escuchar los rezos que le hacen en los alrededores al santo casamentero.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dada su triste condición de mendigo, Samuel decide usar su nuevo talento para lucrar y hacer negocio con las solteronas del pueblo. Este es el motor de su simpática historia, en la que también vamos conociendo las venturas y desventuras del pueblo de Candeia y su gente.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Lo más increíble es que la estatua decapitada de verdad existe, y estuvo sin cabeza durante décadas, hasta que la historia del libro se hizo viral y generó presión suficiente para que, después de 39 años de acefalía, finalmente le construyeran una nueva cabeza al pobre santo.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La cabeza original, la que hizo de casa y refugio para Samuel en sus tiempos de mendigo, todavía sigue a los pies del santo y ahora sirve como museo y destino turístico para los mochileros literarios.&lt;/span&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Socorro Acioli nos  muestra la pobreza, la opresión, el abuso, que forman parte de la realidad del sertao brasilero, pero también su encanto, su resiliencia frente a la adversidad, su valentía a la hora de soñar y de mantener viva la esperanza. Y tiene la capacidad de hacerlo hasta en una sola  frase, como cuando dice “que era todo tan lindo que apenas cabía en sus pequeños sueños, tuvo que aprender a soñar más”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Así fue que en Candeia pude ver que, a diferencia de los abandonados pueblos mineros, o del purgatorio sofocante de Comala, donde las personas parecen confundirse con el paisaje: en sus silencios, en sus inescrutables miradas lentas, en su solemne carga del pasado que va marcando su caminar sin tiempo; en el sertão de Acioli las personas, en lugar de mimetizarse, hacen un contraste frente al paisaje: son abiertamente chismosas, expresivas con desconocidos y extraños, y en lugar de cargar gravemente con las tragedias del pasado, se ríen tanto de ellas como de sí mismas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tal vez por eso el libro se siente leve, ligero, como una brisa por dentro, que se agradece porque hace falta, porque qué sería de la vida sin poder conversar, de vez en cuando,  con algún embustero, algún saca suerte, algún encantador de serpientes, de nombre Eligio, Vasco, o Gabriel.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;</content:encoded>
                
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                <itunes:title>#33 La Odisea - Homero</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                
                <description><![CDATA[<p><span>No me dieron los dioses el talento del canto que hechiza las almas,</span></p><p><span> ni la visión del poeta que encuadra palabras.</span></p><p><span> Mas quiera la Musa, hoy día, poder ayudarme,</span></p><p><span> pues deseo hablar de la historia del pacientísimo Ulises, destructor de ciudades.</span></p><p><span>Hay algo que siempre me maravilló de los mitos y las leyendas:</span></p><p><span>La idea de lo eterno; lo continuo.</span></p><p><span> De lo que, frente a lo que cambia, queda.</span></p><p><span> Pues, similar a los inmortales que habitan el éter divino,</span></p><p><span> el mar de anchos caminos, o el sombrío país de los sueños,</span></p><p><span> parecen haber patrones en la experiencia humana que, aunque se transforman, perduran a través del tiempo.</span></p><p><span>La Ilíada y La Odisea funcionan, en parte, porque logran conectar con esas disposiciones recurrentes. Y en ese algo que persiste se esconde un sutil tipo de magia que, me parece a mí, es de los más bravos encantamientos del arte.</span></p><p><span>Los milenios pasan; las estructuras sociales cambian; nacen nuevos idiomas y culturas. Cambia el ritmo con el que las personas viven y entienden la vida; y cambian las maneras en que se considera correcto vivir. Sin embargo, a pesar de todo eso, hay historias que no sólo sobreviven, sino que continúan vivas. Se siguen contando e interpretando, a las luces y sombras de los efímeros días que a cada uno le toca vivir.</span></p><p><span>Yo me imagino a innúmeras personas narrando, bajo el cielo poblado de estrellas, el dilema de Aquiles, el de pies ligeros: elegir entre una vida larga, tranquila y olvidable, y una existencia corta que le dé gloria eterna. Imagino a madres de madres contando a sus hijos las astucias de Ulises, el de heroica paciencia: cómo engaña a los cíclopes; cómo se las ingenia para oír, sin perderse, el canto de las hermosas sirenas, que hechizan a todos los hombres; y cómo navega, en su oscuro navío, hasta el mismísimo límite del mundo; hasta aquel tenebroso país que permanece sumergido entre la bruma y la niebla, y por el que jamás han aparecido los brillantes rayos del sol.</span></p><p><span>Recuerdo a mi padre hablándome de los aqueos, de hermosas grebas, en feroz y épico combate con los troyanos altivos, mientras los dioses escogían a sus preferidos entre los pobres mortales. E incluso hoy, antes de encontrarse con el Sueño, soberano de todos los dioses y todos los hombres, Aurelio, mi hijo querido, se maravilla escuchándome repetir las aladas palabras de Homero.</span></p><p><span>Ahora bien: ¿cuáles serían esas fuerzas atemporales que encontramos en la Odisea?</span></p><p><span>La Odisea es, principalmente, una historia sobre el regreso: la larga y difícil restitución de un orden perdido.</span></p><p><span>Ese impulso por volver —que guía a Ulises por mares inciertos y tierras extrañas; que lo hace continuar, incluso cuando fuerzas terribles lo amenazan de muerte, u otras, igual o más terribles aún, lo seducen con los placeres del cuerpo y del olvido—, ese impulso por volver, decía, es una de las fuerzas más persistentes en la experiencia humana.</span></p><p><span>Ulises no sólo quiere sobrevivir, quiere volver a casa, quiere volver a ser el padre de Telémaco, el esposo de Penélope, el Rey de Ítaca. Lo paradójico es que para poder volver tiene que cambiar, tiene que mentir, disimular, transformarse. No puede seguir siendo el mismo después de ver morir a sus amigos, de convivir con dioses y monstruos, de pasar por el mismísimo infierno con tal de volver. Ítaca tampoco puede ser la misma de cuando él partió. Telémaco ya creció sin padre, Penélope ya envejeció en soledad, su casa fue tomada por otros hombres y su madre ya falleció en la tristeza de no verlo volver.</span></p><p><span>Y lo comprendemos.</span></p><p><span>Porque nadie vuelve igual de la guerra.</span></p><p><span>Ni del amor.</span></p><p><span>Ni de la enfermedad.</span></p><p><span>Ni de la pérdida.</span></p><p><span>Ni siquiera del paso del tiempo.</span></p><p><span>Lo comprendemos.</span></p><p><span>Por la increíble nostalgia que nos provoca reconocer que en realidad no es posible volver.</span></p><p><span>Sin embargo, no dejamos de añorar un país, un barrio, una casa, un amor, una época, una versión de nosotros mismos.</span></p><p><span>Al final Ulises vuelve, pero no él es el mismo Ulises que se fue, ni  su hogar es el mismo reino que dejó.</span></p><p><span>Entonces, ¿qué significa volver?</span></p><p><span>El regreso no es a un lugar físico, no es a Ítaca, a Macondo, o a Comala, sino aquello que le da forma y sentido a la vida.</span></p><p><br></p><p><span>Volver no significa recuperar un pasado intacto, sino  reconstruir una continuidad después del cambio y la transformación.</span></p><p><span>Quién sabe, hoy por hoy, para mí, volver puede significar, animarse a colgar hamacas del horcón, a guardar aquel cajón de las maletas hechas, o aprender a hacer café. </span></p><p><span>Para terminar quisiera decir que la Odisea es la madre y padre de todos los cuentos de aventuras occidentales, está llena de poesía que nos enaltece por dentro. De escenas de acción que no dejan de provocar asombro, y de conmovedores momentos que ahora me acompañaran por siempre.</span></p><p><br></p><p><span>Ojalá mañana, cuando te despierte la Aurora de dedos de rosa, te acompañen a vos también.</span></p>]]></description>
                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;No me dieron los dioses el talento del canto que hechiza las almas,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; ni la visión del poeta que encuadra palabras.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; Mas quiera la Musa, hoy día, poder ayudarme,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; pues deseo hablar de la historia del pacientísimo Ulises, destructor de ciudades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay algo que siempre me maravilló de los mitos y las leyendas:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La idea de lo eterno; lo continuo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; De lo que, frente a lo que cambia, queda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; Pues, similar a los inmortales que habitan el éter divino,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; el mar de anchos caminos, o el sombrío país de los sueños,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; parecen haber patrones en la experiencia humana que, aunque se transforman, perduran a través del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Ilíada y La Odisea funcionan, en parte, porque logran conectar con esas disposiciones recurrentes. Y en ese algo que persiste se esconde un sutil tipo de magia que, me parece a mí, es de los más bravos encantamientos del arte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Los milenios pasan; las estructuras sociales cambian; nacen nuevos idiomas y culturas. Cambia el ritmo con el que las personas viven y entienden la vida; y cambian las maneras en que se considera correcto vivir. Sin embargo, a pesar de todo eso, hay historias que no sólo sobreviven, sino que continúan vivas. Se siguen contando e interpretando, a las luces y sombras de los efímeros días que a cada uno le toca vivir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Yo me imagino a innúmeras personas narrando, bajo el cielo poblado de estrellas, el dilema de Aquiles, el de pies ligeros: elegir entre una vida larga, tranquila y olvidable, y una existencia corta que le dé gloria eterna. 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E incluso hoy, antes de encontrarse con el Sueño, soberano de todos los dioses y todos los hombres, Aurelio, mi hijo querido, se maravilla escuchándome repetir las aladas palabras de Homero.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora bien: ¿cuáles serían esas fuerzas atemporales que encontramos en la Odisea?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La Odisea es, principalmente, una historia sobre el regreso: la larga y difícil restitución de un orden perdido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ese impulso por volver —que guía a Ulises por mares inciertos y tierras extrañas; que lo hace continuar, incluso cuando fuerzas terribles lo amenazan de muerte, u otras, igual o más terribles aún, lo seducen con los placeres del cuerpo y del olvido—, ese impulso por volver, decía, es una de las fuerzas más persistentes en la experiencia humana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ulises no sólo quiere sobrevivir, quiere volver a casa, quiere volver a ser el padre de Telémaco, el esposo de Penélope, el Rey de Ítaca. Lo paradójico es que para poder volver tiene que cambiar, tiene que mentir, disimular, transformarse. No puede seguir siendo el mismo después de ver morir a sus amigos, de convivir con dioses y monstruos, de pasar por el mismísimo infierno con tal de volver. Ítaca tampoco puede ser la misma de cuando él partió. Telémaco ya creció sin padre, Penélope ya envejeció en soledad, su casa fue tomada por otros hombres y su madre ya falleció en la tristeza de no verlo volver.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y lo comprendemos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Porque nadie vuelve igual de la guerra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ni del amor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ni de la enfermedad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ni de la pérdida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ni siquiera del paso del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Lo comprendemos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Por la increíble nostalgia que nos provoca reconocer que en realidad no es posible volver.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, no dejamos de añorar un país, un barrio, una casa, un amor, una época, una versión de nosotros mismos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al final Ulises vuelve, pero no él es el mismo Ulises que se fue, ni  su hogar es el mismo reino que dejó.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, ¿qué significa volver?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El regreso no es a un lugar físico, no es a Ítaca, a Macondo, o a Comala, sino aquello que le da forma y sentido a la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Volver no significa recuperar un pasado intacto, sino  reconstruir una continuidad después del cambio y la transformación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Quién sabe, hoy por hoy, para mí, volver puede significar, animarse a colgar hamacas del horcón, a guardar aquel cajón de las maletas hechas, o aprender a hacer café. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Para terminar quisiera decir que la Odisea es la madre y padre de todos los cuentos de aventuras occidentales, está llena de poesía que nos enaltece por dentro. 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                <pubDate>Thu, 14 May 2026 20:16:04 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#32 Dune - Frank Herbert</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dune&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Los libros son como pequeños artefactos mágicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Están también los  que nos fascinan. Nós encantan  con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Son los que nos maravillan con la ilusión del saber.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que  a veces nos falta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en  sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo  la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo,  se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y  lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de  pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no  deje respirar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal,  funciona porque encaja perfectamente  con ese ambiente  retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y cla&lt;/span&gt;&lt;span&gt;ro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos  son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de  sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene  principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que  habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ese mundo, es  en parte  Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes  protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante  los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas individuales. Principalmente en las de las masas que son usadas como carne de cañón en el gran tablero del juego mundial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero ese mundo seductor no solo es Arrakis, sino también  los otros planetas, las grandes casas que los gobiernan,  y los demás conglomerados y asociaciones de poder que pactan y luchan entre sí por mayor control e influencia dentro del inmenso imperio feudal del que todos forman parte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entre todos esos actores colectivos, vemos que el gran juego no se juega solo con el poder duro, que en el caso de Arrakis sería  garantizar militarmente el control de la producción y distribución de especia. También es de suma importancia el control de las narrativas, de las opiniones y creencias, principalmente con el uso de la religión. Y recordemos  que sistemas religiosos no son solamente los que intentan explicar cosas divinas como la creación y los pecados, sino que hay ideologías que  también funcionan como religiones, creando sistemas de mitos comunes que unen a grandes grupos de personas, ofreciendo un propósito común, un código de conducta y  ritos  que expresen y propaguen su visión del mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;De hecho, uno de los conflictos que me parecieron más interesantes en Dune, es el constante enfrentamiento del individuo, junto a su libre albedrío, contra sistemas y estructuras - económicas, políticas, históricas, genéticas, ecológicas -  que lo preceden y sobreviven. Incluso los más poderosos de los individuos, como el propio Paul Atreides, son producto de estas estructuras y su rango de acción se ve limitado por ellas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero volviendo al universo de Dune, ¿Qué es lo que tiene de seductor?, ¿cuál es el secreto de su encanto?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Creo que principalmente es su autosuficiencia, su poder de persuasión. Comenzando por los milenios de historia distante que dan forma al escenario en el que empieza a narrarse la historia, pasando por los minuciosos detalles de cómo funciona el medio ambiente de Dune, hasta en cómo todo eso se enlaza  y se mezcla para  formar las sociedades que poco a poco vamos conociendo y esa estética entre futurista y arcaica  que nos conquista y nos ata.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El primer libro comienza en un futuro lejano, en el que la humanidad se ha expandido y ha poblado innumerables galaxias. Su pasado terrestre ha quedado perdido en los anales del tiempo y se ha convertido en un mito que pocos conocen y del que casi nadie se acuerda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, miles de años antes, en algún momento de su imparable expansión, la humanidad pierde el control sobre la inteligencia artificial y es subyugada por las máquinas durante siglos. Eventualmente la humanidad se revela en lo que se llamó la Yihad Butleriana,  que fue una gran guerra entre la humanidad y las máquinas pensantes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando la humanidad finalmente ganó la cruzada contra la inteligencia artificial, la desconfianza contra cualquier tipo de máquina que simule el pensamiento humano era tal, que quedaron extremadamente prohibidas hasta las más simples calculadoras. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En este nuevo universo analógico, la humanidad se ve forzada a evolucionar de diferentes formas. Con años de entrenamiento intensivo y selección genética, algunas personas son capaces de funcionar como computadoras biológicas. Otras aprenden a controlar su cuerpo de tal forma que ganan impresionantes  habilidades psíquicas y motoras, y otras desarrollan ciertas capacidades prescientes que hacen posible nuevamente los viajes intergalácticos, que sin computadores eran prácticamente imposibles y extremadamente peligrosos. Estas personas se agrupan en cofradías que funcionan como grupos de poder e influencia con intereses propios dentro del nuevo sistema feudal naciente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otro detalle importante es que casi todas esas nuevas habilidades dependían en gran medida de los  efectos psicoactivos de una sustancia llamada melange, que solamente se puede encontrar en el desierto de Arrakis, ya que es producida por el complejo ciclo de vida de los enormes gusanos que ahí viven. Y cómo no no hay forma de replicarla artificialmente, se convierte en la sustancia más valiosa del universo, y producto central de la economía y la geopolítica imperial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hablando de la geopolítica, además de estas cofradías existen otros actores que ejercen poder político de manera más directa. El emperador, por ejemplo. Pero el emperador no puede hacer lo que le dé la gana. El emperador domina porque tiene la mayor fuerza militar del universo, pero el resto de las casas juntas pueden equiparar su poder militar y entre ellas forman un consejo llamado Landsraad, cuya función es poner en jaque el poder imperial para evitar lo que sería considerado una tiranía total. Entonces, entre el emperador, las  grandes casas, y los diferentes tipos de cofradías, sectas y conglomerados, es que se mueve y descansa el delicado equilibrio de poder.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero las grandes casas no son una sola unidad política, también hay conflicto y competencia entre ellas. Por ejemplo, dos de las casas más importantes, los Harkonnen y los Atreides, desde hace generaciones que son enemigos mortales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El emperador, que ve con desconfianza la creciente popularidad e influencia de la casa Atreides tiene miedo de que puedan llegar a aspirar al trono, pero tampoco pueden atacarlos directamente sin provocar una respuesta del Landsraad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Es precisamente en este contexto en el que comienza el primer libro, cuando el emperador, decide destituir a los Harkonnen como administradores imperiales de Arrakis, y colocar a los Atreides en su lugar. Y desde ahí uno comienza a conocer el mundo de Dune y a adentrarse en sus laberintos de conspiraciones, y sueños de revolución contra el poder y contra el destino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero Dune es mucho más que una historia entretenida con un universo coherente. Es un ejemplo brutal de cómo funcionan las intrincadas tramas políticas, la manipulación de las creencias, la gestión del pasado e incluso la del porvenir en el complejo juego del poder tras bambalinas, sobre los peligros inherentes al liderazgo mesíanico, sobre las conexiones e interconexiones entre un planeta y sus habitantes, sobre las relaciones e interrelaciones entre nosotros, nuestros antepasados y nuestros descendientes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Como toda buena historia, nos hace reflexionar y nos deja con más preguntas que respuestas. Entre las preguntas que se me aparecen  una y otra vez mientras continúo leyendo los libros de Dune, es quiénes somos, dónde queda el individuo. Entre la memoria genética de nuestro pasado ancestral, entre las características del lugar en el que nos tocó existir, entre las expectativas de nuestros pares y de nuestro rol percibido en la sociedad de nuestro tiempo. ¿Qué es y dónde queda el yo? Pienso en los intentos de Jessica, de Paul, de rebelarse contra la imposición de sus destinos. Cuánta libertad tuvieron a la hora de decidir sus decisiones. Cuánta libertad tengo yo a la hora de decidir las mías. Cuánta tienes tú.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dónde sea que se encuentre ese yo que fuimos, que somos, o que soñamos ser,  y sea lo que sea que nos imponga la crueldad del tiempo o lo implacable del destino, Frank Herbert nos dejó un par de palabras para encararlo: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;“No debo tener miedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El miedo mata la mente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Afrontaré mi miedo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sólo estaré yo.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p><span>Dune</span></p><p><br></p><p><span>Los libros son como pequeños artefactos mágicos.</span></p><p><br></p><p><span>Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan. </span></p><p><br></p><p><span>Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio.</span></p><p><br></p><p><span>Están también los  que nos fascinan. Nós encantan  con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal.</span></p><p><span>Son los que nos maravillan con la ilusión del saber.</span></p><p><br></p><p><span>Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que  a veces nos falta.</span></p><p><br></p><p><span>Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en  sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser.</span></p><p><br></p><p><span>Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea. </span></p><p><br></p><p><span>Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo  la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo,  se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control.</span></p><p><span> </span></p><p><span>Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca.</span></p><p><br></p><p><span>La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y  lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de  pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no  deje respirar.</span></p><p><span>El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal,  funciona porque encaja perfectamente  con ese ambiente  retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también.</span></p><p><br></p><p><span>Y cla</span><span>ro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos  son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de  sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos. </span></p><p><br></p><p><span>En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene  principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que  habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia.</span></p><p><br></p><p><span>Ese mundo, es  en parte  Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen.</span></p><p><br></p><p><span>Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes  protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial.</span></p><p><br></p><p><span>El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante  los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas individuales. Principalmente en las de las masas que son usadas como carne de cañón en el gran tablero del juego mundial.</span></p><p><span> </span></p><p><span>Pero ese mundo seductor no solo es Arrakis, sino también  los otros planetas, las grandes casas que los gobiernan,  y los demás conglomerados y asociaciones de poder que pactan y luchan entre sí por mayor control e influencia dentro del inmenso imperio feudal del que todos forman parte.</span></p><p><br></p><p><span>Entre todos esos actores colectivos, vemos que el gran juego no se juega solo con el poder duro, que en el caso de Arrakis sería  garantizar militarmente el control de la producción y distribución de especia. También es de suma importancia el control de las narrativas, de las opiniones y creencias, principalmente con el uso de la religión. Y recordemos  que sistemas religiosos no son solamente los que intentan explicar cosas divinas como la creación y los pecados, sino que hay ideologías que  también funcionan como religiones, creando sistemas de mitos comunes que unen a grandes grupos de personas, ofreciendo un propósito común, un código de conducta y  ritos  que expresen y propaguen su visión del mundo.</span></p><p><br></p><p><span>De hecho, uno de los conflictos que me parecieron más interesantes en Dune, es el constante enfrentamiento del individuo, junto a su libre albedrío, contra sistemas y estructuras - económicas, políticas, históricas, genéticas, ecológicas -  que lo preceden y sobreviven. Incluso los más poderosos de los individuos, como el propio Paul Atreides, son producto de estas estructuras y su rango de acción se ve limitado por ellas.</span></p><p><br></p><p><span>Pero volviendo al universo de Dune, ¿Qué es lo que tiene de seductor?, ¿cuál es el secreto de su encanto?</span></p><p><br></p><p><span>Creo que principalmente es su autosuficiencia, su poder de persuasión. Comenzando por los milenios de historia distante que dan forma al escenario en el que empieza a narrarse la historia, pasando por los minuciosos detalles de cómo funciona el medio ambiente de Dune, hasta en cómo todo eso se enlaza  y se mezcla para  formar las sociedades que poco a poco vamos conociendo y esa estética entre futurista y arcaica  que nos conquista y nos ata.</span></p><p><br></p><p><span>El primer libro comienza en un futuro lejano, en el que la humanidad se ha expandido y ha poblado innumerables galaxias. Su pasado terrestre ha quedado perdido en los anales del tiempo y se ha convertido en un mito que pocos conocen y del que casi nadie se acuerda.</span></p><p><br></p><p><span>Sin embargo, miles de años antes, en algún momento de su imparable expansión, la humanidad pierde el control sobre la inteligencia artificial y es subyugada por las máquinas durante siglos. Eventualmente la humanidad se revela en lo que se llamó la Yihad Butleriana,  que fue una gran guerra entre la humanidad y las máquinas pensantes.</span></p><p><br></p><p><span>Cuando la humanidad finalmente ganó la cruzada contra la inteligencia artificial, la desconfianza contra cualquier tipo de máquina que simule el pensamiento humano era tal, que quedaron extremadamente prohibidas hasta las más simples calculadoras. </span></p><p><br></p><p><span>En este nuevo universo analógico, la humanidad se ve forzada a evolucionar de diferentes formas. Con años de entrenamiento intensivo y selección genética, algunas personas son capaces de funcionar como computadoras biológicas. Otras aprenden a controlar su cuerpo de tal forma que ganan impresionantes  habilidades psíquicas y motoras, y otras desarrollan ciertas capacidades prescientes que hacen posible nuevamente los viajes intergalácticos, que sin computadores eran prácticamente imposibles y extremadamente peligrosos. Estas personas se agrupan en cofradías que funcionan como grupos de poder e influencia con intereses propios dentro del nuevo sistema feudal naciente.</span></p><p><br></p><p><span>Otro detalle importante es que casi todas esas nuevas habilidades dependían en gran medida de los  efectos psicoactivos de una sustancia llamada melange, que solamente se puede encontrar en el desierto de Arrakis, ya que es producida por el complejo ciclo de vida de los enormes gusanos que ahí viven. Y cómo no no hay forma de replicarla artificialmente, se convierte en la sustancia más valiosa del universo, y producto central de la economía y la geopolítica imperial.</span></p><p><br></p><p><span>Hablando de la geopolítica, además de estas cofradías existen otros actores que ejercen poder político de manera más directa. El emperador, por ejemplo. Pero el emperador no puede hacer lo que le dé la gana. El emperador domina porque tiene la mayor fuerza militar del universo, pero el resto de las casas juntas pueden equiparar su poder militar y entre ellas forman un consejo llamado Landsraad, cuya función es poner en jaque el poder imperial para evitar lo que sería considerado una tiranía total. Entonces, entre el emperador, las  grandes casas, y los diferentes tipos de cofradías, sectas y conglomerados, es que se mueve y descansa el delicado equilibrio de poder.</span></p><p><br></p><p><span>Pero las grandes casas no son una sola unidad política, también hay conflicto y competencia entre ellas. Por ejemplo, dos de las casas más importantes, los Harkonnen y los Atreides, desde hace generaciones que son enemigos mortales. </span></p><p><br></p><p><span>El emperador, que ve con desconfianza la creciente popularidad e influencia de la casa Atreides tiene miedo de que puedan llegar a aspirar al trono, pero tampoco pueden atacarlos directamente sin provocar una respuesta del Landsraad. </span></p><p><br></p><p><span>Es precisamente en este contexto en el que comienza el primer libro, cuando el emperador, decide destituir a los Harkonnen como administradores imperiales de Arrakis, y colocar a los Atreides en su lugar. Y desde ahí uno comienza a conocer el mundo de Dune y a adentrarse en sus laberintos de conspiraciones, y sueños de revolución contra el poder y contra el destino.</span></p><p><br></p><p><span>Pero Dune es mucho más que una historia entretenida con un universo coherente. Es un ejemplo brutal de cómo funcionan las intrincadas tramas políticas, la manipulación de las creencias, la gestión del pasado e incluso la del porvenir en el complejo juego del poder tras bambalinas, sobre los peligros inherentes al liderazgo mesíanico, sobre las conexiones e interconexiones entre un planeta y sus habitantes, sobre las relaciones e interrelaciones entre nosotros, nuestros antepasados y nuestros descendientes.</span></p><p><br></p><p><span>Como toda buena historia, nos hace reflexionar y nos deja con más preguntas que respuestas. Entre las preguntas que se me aparecen  una y otra vez mientras continúo leyendo los libros de Dune, es quiénes somos, dónde queda el individuo. Entre la memoria genética de nuestro pasado ancestral, entre las características del lugar en el que nos tocó existir, entre las expectativas de nuestros pares y de nuestro rol percibido en la sociedad de nuestro tiempo. ¿Qué es y dónde queda el yo? Pienso en los intentos de Jessica, de Paul, de rebelarse contra la imposición de sus destinos. Cuánta libertad tuvieron a la hora de decidir sus decisiones. Cuánta libertad tengo yo a la hora de decidir las mías. Cuánta tienes tú.</span></p><p><br></p><p><span>Dónde sea que se encuentre ese yo que fuimos, que somos, o que soñamos ser,  y sea lo que sea que nos imponga la crueldad del tiempo o lo implacable del destino, Frank Herbert nos dejó un par de palabras para encararlo: </span></p><p><br></p><p><span>“No debo tener miedo.</span></p><p><span>El miedo mata la mente.</span></p><p><span>El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. </span></p><p><span>Afrontaré mi miedo. </span></p><p><span>Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. </span></p><p><span>Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. </span></p><p><span>Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. </span></p><p><span>Sólo estaré yo.”</span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dune&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Los libros son como pequeños artefactos mágicos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay libros que nos hechizan con lo bellas que son sus palabras, otros, con la ternura que despiertan o con el tormento que provocan. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Están los libros que nos atrapan con el suspenso y esa ansiedad incontrolable que nos hace querer descubrir uno a uno los velos del misterio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Están también los  que nos fascinan. Nós encantan  con la promesa de los secretos de este mundo: de la sociedad, de la naturaleza, del espíritu. Nos cuentan las fatídicas historias de las raíces de la historia. Nos hablan de orígenes, de cosas perdidas, del bien y del mal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Son los que nos maravillan con la ilusión del saber.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay otros, cuyos personajes nos ayudan a vivir, nos acompañan; sus conflictos son nuestra fuente de inspiración y valentía, sus aventuras y desventuras son parte del material fundamental con el que tratamos de construirnos. Los usamos de espejo y de mapa, y volvemos a ellos, una y otra vez, intentando encontrar ese nosequé, que  a veces nos falta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y hay otros, que a pesar del tiempo, generación tras generación, siguen atrapando lectores, y siguen siendo parte de ese material fundamental que la gente usa para dudar, y temer, y soñar, a la hora de imaginarse a sí mismos y su relación con el mundo, como si en  sus páginas se escondieran los enigmas de la conciencia o inconciencia colectiva, los secretos mismos del ser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy quisiera hablar de Dune, un libro que creo que es, y será, de esos que superan la prueba del tiempo. Se publicó hace ya 60 años, y desde entonces se ha convertido en un clásico con tremenda influencia en la cultura popular contemporánea. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Como todos los libros que perduran, es un libro de temas atemporales: es sobre el poder, y sobre cómo  la ecología, la economía, la tecnología, el conocimiento, la religión, lo individual y lo colectivo, todo,  se enlaza y entrelaza en ese complejísimo juego de la política y el control.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además, en estos días en los que la inteligencia artificial controla información cada vez más sensible y se vuelve parte de nuestra vida cotidiana, Dune se siente hoy más vigente que nunca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La saga de Dune es larga, son varios libros. Frank Herbert escribió 6, y se sabe que estaba trabajando en un séptimo cuando murió. Hace unos días comencé a leer el quinto, y  lo que me atrapó desde el principio, no fueron los conflictos internos de sus personajes, ni ningún vendaval de  pasión desmesurada que los envuelve y derrumba, ni frases de una belleza que no  deje respirar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El lenguaje del libro no se siente hermoso, en el sentido que no es poético o elegante, pero su tono, entre místico y formal,  funciona porque encaja perfectamente  con ese ambiente  retrofuturista del imperio feudal intergaláctico en el que sucede la historia, y con las interrogantes filosóficas que despierta también.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y cla&lt;/span&gt;&lt;span&gt;ro que los personajes tienen conflictos y pasiones complejas. No se sienten vacíos. Pero la historia no los explora de cerca, no se detiene mucho en ellos. Los individuos  son importantes, pero su historia parece estar en función de lo colectivo. Las emociones más fuertes de la historia, las dudas e inquietudes que provoca, al menos para mí, no vienen de  sus personajes y problemas individuales, sino de los colectivos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En ese sentido, creo que la fuerza del libro viene  principalmente del tremendo poder de seducción del mundo que  habitan estos individuos. Y conforme van avanzando los libros, este mundo se va sintiendo, más y más, como el gran protagonista de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ese mundo, es  en parte  Arrakis, el planeta desértico en el que sucede mucho de la historia, cuyo fascinante ecosistema produce la sustancia más valiosa del universo, y la extrema escasez de agua que ha moldeado la resiliente sociedad que lo habita: los Fremen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Arrakis y los Fremen son dos ejemplos de estos cautivantes  protagonistas colectivos. Arrakis es mucho más que el lugar en el que suceden los hechos. Su ecosistema es uno de los principales atractivos de la historia, y cuando este cambia, cambian también los fremen, sus tradiciones, su cultura, su forma de ver el mundo. Incluso su apariencia física. Aunque esto es algo que se va haciendo más evidente conforme uno avanza en el los libros, desde el primer momento, los misterios y valores, tanto los de Arrakis, como los de los Fremen, se sienten como algo esencial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El destino de todos está vinculado de una forma u otra al ecosistema de Arrakis y a la sustancia que produce. Y de entrada nos vienen flashbacks de nuestra propia realidad. Sobre la dependencia que tiene una civilización respecto a una materia prima, sobre cómo los acuerdos internacionales son apenas un maquillaje ante  los esfuerzos de ejercer control sobre la misma. Sobre cómo los cambios en la producción, en la distribución, en el medio ambiente del que depende esta matéria vital, tienen tremendas consecuencias macroeconómicas, geopolíticas, y claro que también en las vidas individuales. Principalmente en las de las masas que son usadas como carne de cañón en el gran tablero del juego mundial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero ese mundo seductor no solo es Arrakis, sino también  los otros planetas, las grandes casas que los gobiernan,  y los demás conglomerados y asociaciones de poder que pactan y luchan entre sí por mayor control e influencia dentro del inmenso imperio feudal del que todos forman parte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entre todos esos actores colectivos, vemos que el gran juego no se juega solo con el poder duro, que en el caso de Arrakis sería  garantizar militarmente el control de la producción y distribución de especia. También es de suma importancia el control de las narrativas, de las opiniones y creencias, principalmente con el uso de la religión. Y recordemos  que sistemas religiosos no son solamente los que intentan explicar cosas divinas como la creación y los pecados, sino que hay ideologías que  también funcionan como religiones, creando sistemas de mitos comunes que unen a grandes grupos de personas, ofreciendo un propósito común, un código de conducta y  ritos  que expresen y propaguen su visión del mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;De hecho, uno de los conflictos que me parecieron más interesantes en Dune, es el constante enfrentamiento del individuo, junto a su libre albedrío, contra sistemas y estructuras - económicas, políticas, históricas, genéticas, ecológicas -  que lo preceden y sobreviven. Incluso los más poderosos de los individuos, como el propio Paul Atreides, son producto de estas estructuras y su rango de acción se ve limitado por ellas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero volviendo al universo de Dune, ¿Qué es lo que tiene de seductor?, ¿cuál es el secreto de su encanto?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Creo que principalmente es su autosuficiencia, su poder de persuasión. Comenzando por los milenios de historia distante que dan forma al escenario en el que empieza a narrarse la historia, pasando por los minuciosos detalles de cómo funciona el medio ambiente de Dune, hasta en cómo todo eso se enlaza  y se mezcla para  formar las sociedades que poco a poco vamos conociendo y esa estética entre futurista y arcaica  que nos conquista y nos ata.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El primer libro comienza en un futuro lejano, en el que la humanidad se ha expandido y ha poblado innumerables galaxias. Su pasado terrestre ha quedado perdido en los anales del tiempo y se ha convertido en un mito que pocos conocen y del que casi nadie se acuerda.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, miles de años antes, en algún momento de su imparable expansión, la humanidad pierde el control sobre la inteligencia artificial y es subyugada por las máquinas durante siglos. Eventualmente la humanidad se revela en lo que se llamó la Yihad Butleriana,  que fue una gran guerra entre la humanidad y las máquinas pensantes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando la humanidad finalmente ganó la cruzada contra la inteligencia artificial, la desconfianza contra cualquier tipo de máquina que simule el pensamiento humano era tal, que quedaron extremadamente prohibidas hasta las más simples calculadoras. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En este nuevo universo analógico, la humanidad se ve forzada a evolucionar de diferentes formas. Con años de entrenamiento intensivo y selección genética, algunas personas son capaces de funcionar como computadoras biológicas. Otras aprenden a controlar su cuerpo de tal forma que ganan impresionantes  habilidades psíquicas y motoras, y otras desarrollan ciertas capacidades prescientes que hacen posible nuevamente los viajes intergalácticos, que sin computadores eran prácticamente imposibles y extremadamente peligrosos. Estas personas se agrupan en cofradías que funcionan como grupos de poder e influencia con intereses propios dentro del nuevo sistema feudal naciente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otro detalle importante es que casi todas esas nuevas habilidades dependían en gran medida de los  efectos psicoactivos de una sustancia llamada melange, que solamente se puede encontrar en el desierto de Arrakis, ya que es producida por el complejo ciclo de vida de los enormes gusanos que ahí viven. Y cómo no no hay forma de replicarla artificialmente, se convierte en la sustancia más valiosa del universo, y producto central de la economía y la geopolítica imperial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hablando de la geopolítica, además de estas cofradías existen otros actores que ejercen poder político de manera más directa. El emperador, por ejemplo. Pero el emperador no puede hacer lo que le dé la gana. El emperador domina porque tiene la mayor fuerza militar del universo, pero el resto de las casas juntas pueden equiparar su poder militar y entre ellas forman un consejo llamado Landsraad, cuya función es poner en jaque el poder imperial para evitar lo que sería considerado una tiranía total. Entonces, entre el emperador, las  grandes casas, y los diferentes tipos de cofradías, sectas y conglomerados, es que se mueve y descansa el delicado equilibrio de poder.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero las grandes casas no son una sola unidad política, también hay conflicto y competencia entre ellas. Por ejemplo, dos de las casas más importantes, los Harkonnen y los Atreides, desde hace generaciones que son enemigos mortales. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El emperador, que ve con desconfianza la creciente popularidad e influencia de la casa Atreides tiene miedo de que puedan llegar a aspirar al trono, pero tampoco pueden atacarlos directamente sin provocar una respuesta del Landsraad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Es precisamente en este contexto en el que comienza el primer libro, cuando el emperador, decide destituir a los Harkonnen como administradores imperiales de Arrakis, y colocar a los Atreides en su lugar. Y desde ahí uno comienza a conocer el mundo de Dune y a adentrarse en sus laberintos de conspiraciones, y sueños de revolución contra el poder y contra el destino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero Dune es mucho más que una historia entretenida con un universo coherente. Es un ejemplo brutal de cómo funcionan las intrincadas tramas políticas, la manipulación de las creencias, la gestión del pasado e incluso la del porvenir en el complejo juego del poder tras bambalinas, sobre los peligros inherentes al liderazgo mesíanico, sobre las conexiones e interconexiones entre un planeta y sus habitantes, sobre las relaciones e interrelaciones entre nosotros, nuestros antepasados y nuestros descendientes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Como toda buena historia, nos hace reflexionar y nos deja con más preguntas que respuestas. Entre las preguntas que se me aparecen  una y otra vez mientras continúo leyendo los libros de Dune, es quiénes somos, dónde queda el individuo. Entre la memoria genética de nuestro pasado ancestral, entre las características del lugar en el que nos tocó existir, entre las expectativas de nuestros pares y de nuestro rol percibido en la sociedad de nuestro tiempo. ¿Qué es y dónde queda el yo? Pienso en los intentos de Jessica, de Paul, de rebelarse contra la imposición de sus destinos. Cuánta libertad tuvieron a la hora de decidir sus decisiones. Cuánta libertad tengo yo a la hora de decidir las mías. Cuánta tienes tú.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dónde sea que se encuentre ese yo que fuimos, que somos, o que soñamos ser,  y sea lo que sea que nos imponga la crueldad del tiempo o lo implacable del destino, Frank Herbert nos dejó un par de palabras para encararlo: &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;“No debo tener miedo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El miedo mata la mente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Afrontaré mi miedo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sólo estaré yo.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Tue, 13 Jan 2026 21:54:14 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#31 Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Don Quijote de la Mancha&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Incluso sin haberla leído todo mundo sabe más o menos de qué se trata la historia del valeroso Don Quijote de la Mancha: la de un señor ya entrado en años que después de leer tantos y tantos libros de caballería, termina convencido de que la realidad imaginada es la verdadera, y que la que se percibe con los sentidos, a veces no llega a ser más que una simple ilusión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Alonso Quijano  mira a su alrededor y ve un mundo vulgar, materialista y cínico; entonces decide convertirse en Don Quijote de la Mancha, y lanzarse en busca de aventuras para salvar un mundo, que al parecer,  solo existe en su imaginación: un mundo en el que la justicia existe y  el valor  importa. Un mundo en el que el amor es puro y en el que los sueños se hacen realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero no puede hacerlo solo. Para comenzar necesita un corcel legendario. Ni que Pegaso, Bucéfalo, o Marengo: Don Quijote tiene al sin igual Rocinante, tan desgarbado como su dueño, la montura ideal para la flor de la  caballería andante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además necesita una dama de quién enamorarse y a quien encomendarse: la sin par Dulcinea del Toboso, inspiración máxima de la virtud, y razón de ser de su existencia caballeresca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y por último, necesita un escudero que sea testigo del poder de su brazo al enderezar entuertos, desfacer agravios, amparar doncellas, socorrer huérfanos, y acudir a los menesterosos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En una granja de puercos de un pueblo, de cuyo nombre el narrador no quiere acordarse, Don Quijote encuentra a un humilde campesino que se termina conviertiendo en el más leal escudero que caballero andante tuvo en el mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero Sancho Panza es más que un simple escudero. Es su compañero. Y en muchos sentidos su opuesto, como lo suelen ser los mejores amigos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mientras a Don Quijote lo mueven  ideales supremos; Sancho es sensible  a apetitos más terrenales. Es pragmático, le gusta comer bien, es un tipo de este mundo. Le brillan los ojos pensando en fortunas, riquezas y la posibilidad de vivir sin hacer absolutamente nada. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Para Don Quijote, lo que imagina es más real que lo que ve: los molinos son gigantes y las ventas son castillos. Para Sancho en cambio, sólo es real lo que puede ver, y tocar y sentir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Esa tensión -  algunas veces cómica, y otras  dramática - entre lo ideal  y lo real es el motor de la novela, y Cervantes la usa para explorar de manera brillante, la compleja relación entre fantasía, realidad y la búsqueda de la verdad&lt;/span&gt;&lt;span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mientras uno va leyendo, es imposible no pensar en lo complejas que son las relaciones entre la realidad y la ficción. En cómo la una vive de la otra, como en una existencia simbiótica, pero también; en cómo se oponen, se enfrentan, y se transforman mutuamente, en una especie de ciclo dialéctico sin fin. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;A lo largo de la historia, la realidad castiga y desmiente a Don Quijote, una y otra vez, pero para  él nada de eso es verdadero, sino la obra  de celosos encantadores que lo persiguen y trastornan lo verdaderamente real.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con el tiempo vemos que la realidad no es inmune al poder de convicción de Don Quijote, a la belleza del mundo que imagina, a la  infinita posibilidad que representa. En él, la vida se agranda, se ennoblece, y todos somos héroes y heroínas con  historias  increíbles y dignas de vivir y ser vividas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, poco a poco el mundo mágico de la caballería andante se va apoderando de la  realidad, pues todos los que entran en contacto con Don Quijote se van contagiando y adaptando a la realidad imaginada que se va convirtiendo en la realidad real. Como si Cervantes ya hubiese  intuido  siglos atrás temas que serían clave en  teorías  posmodernas, o hasta en la física cuántica, mostrando que la forma en la que uno percibe el mundo tiene el poder de transformarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además, en una movida excepcional, y profetizando el metaverso digital de nuestros días, en la Segunda Parte del Quijote, Cervantes hace que sus personajes sepan que se ha escrito y leído su historia. Y aparecen otros  personajes  que la han leído también, y que por haberla leído quieren hacer las cosas que hacen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En un momento conviven la ficción, la conciencia de los personajes de que esta existe, y los comentarios del narrador sobre la ficción que supuestamente ha sido escrita anteriormente, en árabe,  por  otro narrador -que de hecho a veces toma la palabra también-.  Incluso aparece un personaje que cuando se encuentra con Don Quijote,  dice haber visto a otro Quijote y a otro Sancho,  que resultan ser los personajes del Quijote  falso de Avellaneda, que se publicó un año antes que la segunda parte del Quijote, y que tuvo cierta influencia en el recorrido del Quijote original.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cervantes parece decirnos que toda realidad es un relato, y que todo relato puede hacerse realidad si alguien lo cree.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, si bien la realidad  no es inmune al valeroso corazón de Don Quijote, Don Quijote tampoco es inmune a la realidad. Gradualmente se va haciendo más cuerdo conforme avanza la historia, al punto de ver una venta donde había una venta, en lugar de imaginar un castillo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Siempre que la realidad ataca y vence, Don Quijote la rechaza y la esquiva con excusas mágicas. Pero la realidad, siendo implacable, como de hecho lo es, contraataca envuelta en fantasía, teniendo como clímax el desgraciado duelo en Barcelona entre Don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna, que no era otro que su vecino disfrazado una vez más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Derrotado dentro de su misma fantasía, y despojado el sueño de su razón de ser, la locura de Don Quijote entra como en corte circuito y parece como si este se viera obligado a verla desde fuera, desde el mundo real.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al no poder vivir como caballero andante, por unos instantes Alonso Quijano intenta inventar una nueva y maravillosa existencia, en la que está vez serán pastores enamorados. Él se convertiría en el pastor Quijotíz, y Sancho sería su gran amigo el pastor Pancino. Vivirían en el campo, tranquilos y suspirando por sus Dulcineas, cuidando cabras y componiendo versos de amor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Infelizmente, esta nueva aventura no puede realizarse porque al llegar a su pueblo, cansado de cuerpo y alma, Don Alonso Quijano cae enfermo, y recupera la razón. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hace ya unos meses que leí esta historia, que nos deja pensando: qué es lo real, dónde está la verdad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El otro día miraba una entrevista en la que Borges, ya viejo, decía que él, al contrario de Alonso Quijano, que había salido de su biblioteca y que había intentado ser Don Quijote, y que, de hecho, algunas veces lo fué; él, se había quededo en su biblioteca leyendo y releyendo sus libros. Tal vez  sea por eso  que escribió un cuento en que la realidad imaginada se apodera de la realidad real tan solo con del poder del pensamiento compartido en libros, sin necesidad de salir a combatir gigantes o a pastorear cabras. Parece que Broges era aún más idealista.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;¿Y para mi?¿ Qué es lo real? ¿Dónde está la verdad?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Después de derrotar a un barbero apavorado y arrebatarle el mágico yelmo de Mambrino, Sancho Panza, pregunta una vez más por su la ínsula que le tienen prometida. Para explicarle que antes de  ganar ínsulas y reinos tienen que conquistar  la gloria y la fama, Don Quijote, le narra un episodio, que es mi favorito entre sus tantos disparates. Mientras Don Quijote  narraba como la hija de un hipotético rey ponía los ojos en los de un famoso caballero, y él en los de ella, y cada uno le parecía al otro cosa más divina que humana; y, sin saber cómo ni como no, quedaban presos y enlazados en la intricable red amorosa, y con gran pena en sus corazones por no saber como se han de hablar para descubrir sus ansias y sentimientos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mientras tanto, decía, me guiñaban un ojo Bastian Baltasar Bux, perdido en el laberinto de sus deseos, o la reprochable Señora Bovary, subiendo con su amante a un coche en Ruan, y hasta el mentirosillo  Vasco Moscoso, con su gorro de Capitán y su vieja su pipa de espuma de mar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y recordaba, una y otra vez, la frase con la que Jorge Amado termina su historia:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;“ (...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...) ¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde está la verdad? Díganmelo, por favor.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
</itunes:summary>
                <description><![CDATA[<p><span>Don Quijote de la Mancha</span></p><p><br></p><p><span>Incluso sin haberla leído todo mundo sabe más o menos de qué se trata la historia del valeroso Don Quijote de la Mancha: la de un señor ya entrado en años que después de leer tantos y tantos libros de caballería, termina convencido de que la realidad imaginada es la verdadera, y que la que se percibe con los sentidos, a veces no llega a ser más que una simple ilusión.</span></p><p><br></p><p><span>Alonso Quijano  mira a su alrededor y ve un mundo vulgar, materialista y cínico; entonces decide convertirse en Don Quijote de la Mancha, y lanzarse en busca de aventuras para salvar un mundo, que al parecer,  solo existe en su imaginación: un mundo en el que la justicia existe y  el valor  importa. Un mundo en el que el amor es puro y en el que los sueños se hacen realidad.</span></p><p><br></p><p><span>Pero no puede hacerlo solo. Para comenzar necesita un corcel legendario. Ni que Pegaso, Bucéfalo, o Marengo: Don Quijote tiene al sin igual Rocinante, tan desgarbado como su dueño, la montura ideal para la flor de la  caballería andante.</span></p><p><br></p><p><span>Además necesita una dama de quién enamorarse y a quien encomendarse: la sin par Dulcinea del Toboso, inspiración máxima de la virtud, y razón de ser de su existencia caballeresca.</span></p><p><br></p><p><span>Y por último, necesita un escudero que sea testigo del poder de su brazo al enderezar entuertos, desfacer agravios, amparar doncellas, socorrer huérfanos, y acudir a los menesterosos.</span></p><p><br></p><p><span>En una granja de puercos de un pueblo, de cuyo nombre el narrador no quiere acordarse, Don Quijote encuentra a un humilde campesino que se termina conviertiendo en el más leal escudero que caballero andante tuvo en el mundo.</span></p><p><br></p><p><span>Pero Sancho Panza es más que un simple escudero. Es su compañero. Y en muchos sentidos su opuesto, como lo suelen ser los mejores amigos. </span></p><p><br></p><p><span>Mientras a Don Quijote lo mueven  ideales supremos; Sancho es sensible  a apetitos más terrenales. Es pragmático, le gusta comer bien, es un tipo de este mundo. Le brillan los ojos pensando en fortunas, riquezas y la posibilidad de vivir sin hacer absolutamente nada. </span></p><p><br></p><p><span>Para Don Quijote, lo que imagina es más real que lo que ve: los molinos son gigantes y las ventas son castillos. Para Sancho en cambio, sólo es real lo que puede ver, y tocar y sentir.</span></p><p><span> </span></p><p><span>Esa tensión -  algunas veces cómica, y otras  dramática - entre lo ideal  y lo real es el motor de la novela, y Cervantes la usa para explorar de manera brillante, la compleja relación entre fantasía, realidad y la búsqueda de la verdad</span><span>.</span></p><p><br></p><p><span>Mientras uno va leyendo, es imposible no pensar en lo complejas que son las relaciones entre la realidad y la ficción. En cómo la una vive de la otra, como en una existencia simbiótica, pero también; en cómo se oponen, se enfrentan, y se transforman mutuamente, en una especie de ciclo dialéctico sin fin. </span></p><p><span> </span></p><p><span>A lo largo de la historia, la realidad castiga y desmiente a Don Quijote, una y otra vez, pero para  él nada de eso es verdadero, sino la obra  de celosos encantadores que lo persiguen y trastornan lo verdaderamente real.</span></p><p><br></p><p><span>Con el tiempo vemos que la realidad no es inmune al poder de convicción de Don Quijote, a la belleza del mundo que imagina, a la  infinita posibilidad que representa. En él, la vida se agranda, se ennoblece, y todos somos héroes y heroínas con  historias  increíbles y dignas de vivir y ser vividas.</span></p><p><br></p><p><span>Entonces, poco a poco el mundo mágico de la caballería andante se va apoderando de la  realidad, pues todos los que entran en contacto con Don Quijote se van contagiando y adaptando a la realidad imaginada que se va convirtiendo en la realidad real. Como si Cervantes ya hubiese  intuido  siglos atrás temas que serían clave en  teorías  posmodernas, o hasta en la física cuántica, mostrando que la forma en la que uno percibe el mundo tiene el poder de transformarlo.</span></p><p><br></p><p><span>Además, en una movida excepcional, y profetizando el metaverso digital de nuestros días, en la Segunda Parte del Quijote, Cervantes hace que sus personajes sepan que se ha escrito y leído su historia. Y aparecen otros  personajes  que la han leído también, y que por haberla leído quieren hacer las cosas que hacen.</span></p><p><br></p><p><span>En un momento conviven la ficción, la conciencia de los personajes de que esta existe, y los comentarios del narrador sobre la ficción que supuestamente ha sido escrita anteriormente, en árabe,  por  otro narrador -que de hecho a veces toma la palabra también-.  Incluso aparece un personaje que cuando se encuentra con Don Quijote,  dice haber visto a otro Quijote y a otro Sancho,  que resultan ser los personajes del Quijote  falso de Avellaneda, que se publicó un año antes que la segunda parte del Quijote, y que tuvo cierta influencia en el recorrido del Quijote original.</span></p><p><br></p><p><span>Cervantes parece decirnos que toda realidad es un relato, y que todo relato puede hacerse realidad si alguien lo cree.</span></p><p><br></p><p><span>Sin embargo, si bien la realidad  no es inmune al valeroso corazón de Don Quijote, Don Quijote tampoco es inmune a la realidad. Gradualmente se va haciendo más cuerdo conforme avanza la historia, al punto de ver una venta donde había una venta, en lugar de imaginar un castillo. </span></p><p><br></p><p><span>Siempre que la realidad ataca y vence, Don Quijote la rechaza y la esquiva con excusas mágicas. Pero la realidad, siendo implacable, como de hecho lo es, contraataca envuelta en fantasía, teniendo como clímax el desgraciado duelo en Barcelona entre Don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna, que no era otro que su vecino disfrazado una vez más.</span></p><p><br></p><p><span>Derrotado dentro de su misma fantasía, y despojado el sueño de su razón de ser, la locura de Don Quijote entra como en corte circuito y parece como si este se viera obligado a verla desde fuera, desde el mundo real.</span></p><p><br></p><p><span>Al no poder vivir como caballero andante, por unos instantes Alonso Quijano intenta inventar una nueva y maravillosa existencia, en la que está vez serán pastores enamorados. Él se convertiría en el pastor Quijotíz, y Sancho sería su gran amigo el pastor Pancino. Vivirían en el campo, tranquilos y suspirando por sus Dulcineas, cuidando cabras y componiendo versos de amor. </span></p><p><br></p><p><span>Infelizmente, esta nueva aventura no puede realizarse porque al llegar a su pueblo, cansado de cuerpo y alma, Don Alonso Quijano cae enfermo, y recupera la razón. </span></p><p><br></p><p><span>Hace ya unos meses que leí esta historia, que nos deja pensando: qué es lo real, dónde está la verdad.</span></p><p><br></p><p><span>El otro día miraba una entrevista en la que Borges, ya viejo, decía que él, al contrario de Alonso Quijano, que había salido de su biblioteca y que había intentado ser Don Quijote, y que, de hecho, algunas veces lo fué; él, se había quededo en su biblioteca leyendo y releyendo sus libros. Tal vez  sea por eso  que escribió un cuento en que la realidad imaginada se apodera de la realidad real tan solo con del poder del pensamiento compartido en libros, sin necesidad de salir a combatir gigantes o a pastorear cabras. Parece que Broges era aún más idealista.</span></p><p><br></p><p><span>¿Y para mi?¿ Qué es lo real? ¿Dónde está la verdad?</span></p><p><span> </span></p><p><span>Después de derrotar a un barbero apavorado y arrebatarle el mágico yelmo de Mambrino, Sancho Panza, pregunta una vez más por su la ínsula que le tienen prometida. Para explicarle que antes de  ganar ínsulas y reinos tienen que conquistar  la gloria y la fama, Don Quijote, le narra un episodio, que es mi favorito entre sus tantos disparates. Mientras Don Quijote  narraba como la hija de un hipotético rey ponía los ojos en los de un famoso caballero, y él en los de ella, y cada uno le parecía al otro cosa más divina que humana; y, sin saber cómo ni como no, quedaban presos y enlazados en la intricable red amorosa, y con gran pena en sus corazones por no saber como se han de hablar para descubrir sus ansias y sentimientos. </span></p><p><br></p><p><span>Mientras tanto, decía, me guiñaban un ojo Bastian Baltasar Bux, perdido en el laberinto de sus deseos, o la reprochable Señora Bovary, subiendo con su amante a un coche en Ruan, y hasta el mentirosillo  Vasco Moscoso, con su gorro de Capitán y su vieja su pipa de espuma de mar. </span></p><p><br></p><p><span>Y recordaba, una y otra vez, la frase con la que Jorge Amado termina su historia:</span></p><p><br></p><p><span>“ (...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...) ¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde está la verdad? Díganmelo, por favor.”</span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Don Quijote de la Mancha&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Incluso sin haberla leído todo mundo sabe más o menos de qué se trata la historia del valeroso Don Quijote de la Mancha: la de un señor ya entrado en años que después de leer tantos y tantos libros de caballería, termina convencido de que la realidad imaginada es la verdadera, y que la que se percibe con los sentidos, a veces no llega a ser más que una simple ilusión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Alonso Quijano  mira a su alrededor y ve un mundo vulgar, materialista y cínico; entonces decide convertirse en Don Quijote de la Mancha, y lanzarse en busca de aventuras para salvar un mundo, que al parecer,  solo existe en su imaginación: un mundo en el que la justicia existe y  el valor  importa. Un mundo en el que el amor es puro y en el que los sueños se hacen realidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero no puede hacerlo solo. Para comenzar necesita un corcel legendario. Ni que Pegaso, Bucéfalo, o Marengo: Don Quijote tiene al sin igual Rocinante, tan desgarbado como su dueño, la montura ideal para la flor de la  caballería andante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además necesita una dama de quién enamorarse y a quien encomendarse: la sin par Dulcinea del Toboso, inspiración máxima de la virtud, y razón de ser de su existencia caballeresca.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y por último, necesita un escudero que sea testigo del poder de su brazo al enderezar entuertos, desfacer agravios, amparar doncellas, socorrer huérfanos, y acudir a los menesterosos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En una granja de puercos de un pueblo, de cuyo nombre el narrador no quiere acordarse, Don Quijote encuentra a un humilde campesino que se termina conviertiendo en el más leal escudero que caballero andante tuvo en el mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero Sancho Panza es más que un simple escudero. Es su compañero. Y en muchos sentidos su opuesto, como lo suelen ser los mejores amigos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mientras a Don Quijote lo mueven  ideales supremos; Sancho es sensible  a apetitos más terrenales. Es pragmático, le gusta comer bien, es un tipo de este mundo. Le brillan los ojos pensando en fortunas, riquezas y la posibilidad de vivir sin hacer absolutamente nada. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Para Don Quijote, lo que imagina es más real que lo que ve: los molinos son gigantes y las ventas son castillos. Para Sancho en cambio, sólo es real lo que puede ver, y tocar y sentir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Esa tensión -  algunas veces cómica, y otras  dramática - entre lo ideal  y lo real es el motor de la novela, y Cervantes la usa para explorar de manera brillante, la compleja relación entre fantasía, realidad y la búsqueda de la verdad&lt;/span&gt;&lt;span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mientras uno va leyendo, es imposible no pensar en lo complejas que son las relaciones entre la realidad y la ficción. En cómo la una vive de la otra, como en una existencia simbiótica, pero también; en cómo se oponen, se enfrentan, y se transforman mutuamente, en una especie de ciclo dialéctico sin fin. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;A lo largo de la historia, la realidad castiga y desmiente a Don Quijote, una y otra vez, pero para  él nada de eso es verdadero, sino la obra  de celosos encantadores que lo persiguen y trastornan lo verdaderamente real.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con el tiempo vemos que la realidad no es inmune al poder de convicción de Don Quijote, a la belleza del mundo que imagina, a la  infinita posibilidad que representa. En él, la vida se agranda, se ennoblece, y todos somos héroes y heroínas con  historias  increíbles y dignas de vivir y ser vividas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, poco a poco el mundo mágico de la caballería andante se va apoderando de la  realidad, pues todos los que entran en contacto con Don Quijote se van contagiando y adaptando a la realidad imaginada que se va convirtiendo en la realidad real. Como si Cervantes ya hubiese  intuido  siglos atrás temas que serían clave en  teorías  posmodernas, o hasta en la física cuántica, mostrando que la forma en la que uno percibe el mundo tiene el poder de transformarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además, en una movida excepcional, y profetizando el metaverso digital de nuestros días, en la Segunda Parte del Quijote, Cervantes hace que sus personajes sepan que se ha escrito y leído su historia. Y aparecen otros  personajes  que la han leído también, y que por haberla leído quieren hacer las cosas que hacen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En un momento conviven la ficción, la conciencia de los personajes de que esta existe, y los comentarios del narrador sobre la ficción que supuestamente ha sido escrita anteriormente, en árabe,  por  otro narrador -que de hecho a veces toma la palabra también-.  Incluso aparece un personaje que cuando se encuentra con Don Quijote,  dice haber visto a otro Quijote y a otro Sancho,  que resultan ser los personajes del Quijote  falso de Avellaneda, que se publicó un año antes que la segunda parte del Quijote, y que tuvo cierta influencia en el recorrido del Quijote original.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cervantes parece decirnos que toda realidad es un relato, y que todo relato puede hacerse realidad si alguien lo cree.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, si bien la realidad  no es inmune al valeroso corazón de Don Quijote, Don Quijote tampoco es inmune a la realidad. Gradualmente se va haciendo más cuerdo conforme avanza la historia, al punto de ver una venta donde había una venta, en lugar de imaginar un castillo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Siempre que la realidad ataca y vence, Don Quijote la rechaza y la esquiva con excusas mágicas. Pero la realidad, siendo implacable, como de hecho lo es, contraataca envuelta en fantasía, teniendo como clímax el desgraciado duelo en Barcelona entre Don Quijote y el Caballero de la Blanca Luna, que no era otro que su vecino disfrazado una vez más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Derrotado dentro de su misma fantasía, y despojado el sueño de su razón de ser, la locura de Don Quijote entra como en corte circuito y parece como si este se viera obligado a verla desde fuera, desde el mundo real.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al no poder vivir como caballero andante, por unos instantes Alonso Quijano intenta inventar una nueva y maravillosa existencia, en la que está vez serán pastores enamorados. Él se convertiría en el pastor Quijotíz, y Sancho sería su gran amigo el pastor Pancino. Vivirían en el campo, tranquilos y suspirando por sus Dulcineas, cuidando cabras y componiendo versos de amor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Infelizmente, esta nueva aventura no puede realizarse porque al llegar a su pueblo, cansado de cuerpo y alma, Don Alonso Quijano cae enfermo, y recupera la razón. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hace ya unos meses que leí esta historia, que nos deja pensando: qué es lo real, dónde está la verdad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El otro día miraba una entrevista en la que Borges, ya viejo, decía que él, al contrario de Alonso Quijano, que había salido de su biblioteca y que había intentado ser Don Quijote, y que, de hecho, algunas veces lo fué; él, se había quededo en su biblioteca leyendo y releyendo sus libros. Tal vez  sea por eso  que escribió un cuento en que la realidad imaginada se apodera de la realidad real tan solo con del poder del pensamiento compartido en libros, sin necesidad de salir a combatir gigantes o a pastorear cabras. Parece que Broges era aún más idealista.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;¿Y para mi?¿ Qué es lo real? ¿Dónde está la verdad?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Después de derrotar a un barbero apavorado y arrebatarle el mágico yelmo de Mambrino, Sancho Panza, pregunta una vez más por su la ínsula que le tienen prometida. Para explicarle que antes de  ganar ínsulas y reinos tienen que conquistar  la gloria y la fama, Don Quijote, le narra un episodio, que es mi favorito entre sus tantos disparates. Mientras Don Quijote  narraba como la hija de un hipotético rey ponía los ojos en los de un famoso caballero, y él en los de ella, y cada uno le parecía al otro cosa más divina que humana; y, sin saber cómo ni como no, quedaban presos y enlazados en la intricable red amorosa, y con gran pena en sus corazones por no saber como se han de hablar para descubrir sus ansias y sentimientos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mientras tanto, decía, me guiñaban un ojo Bastian Baltasar Bux, perdido en el laberinto de sus deseos, o la reprochable Señora Bovary, subiendo con su amante a un coche en Ruan, y hasta el mentirosillo  Vasco Moscoso, con su gorro de Capitán y su vieja su pipa de espuma de mar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y recordaba, una y otra vez, la frase con la que Jorge Amado termina su historia:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;“ (...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...) ¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde está la verdad? Díganmelo, por favor.”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 27 Oct 2025 13:41:04 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#30 La Carretera - Cormac McCarthy</itunes:title>
                <title>#30 La Carretera - Cormac McCarthy</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;La carretera &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Acabo de leer la Carretera, de Cormac McCarthy, y me impactó. Tal vez porque tengo un hijo de 6 años y ser padre es uno de los aspectos fundamentales de ser la persona que ahora mismo soy, o intento ser. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro cuenta la historia del camino de un padre con su hijo hacia el sur, a través de un mundo que ya ha muerto. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todos los días son nublados porque ya no brilla el sol, y las noches sin estrellas son más oscuras que la oscuridad. Siempre hace frío, y no hay comida, todo ha muerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los sobreviventes vagabundean buscando refugio, latas de conserva y cuidándose de las barbaridades que pueden hacerse los unos a los otros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero el autor no gasta palabras en describir este mundo post apocalíptico, sino es brevemente a través del día a día entre padre e hijo. Es a través de ellos dos que vemos lo que pasó, lo que pasa, y lo que podría pasar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia te hace sentir varias cosas, pero hay algunas que son constantes de principio a fin. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La primera es el terror. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Justamente el otro día hablaba con un amigo sobre el terror en la literatura y de cómo normalmente me parece difícil asustarse leyendo libros, que normalmente las historias narradas oralmente asustan más que las escritas, por la entonación de la voz, por las pausas, los silencios, porque el narrador puede sentir a los que lo escuchan y los que lo escuchan pueden sentirlo a él. Pero este libro me mantuvo asustado todo el tiempo. No porque pasen cosas terroríficas todo el tiempo, sino porque uno sabe que en cualquier momento podrían pasar, incluso sin que el narrador lo mencione. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cada vez que el niño tiene que esperar a su padre mientras entra a alguna casa abandonada a buscar algo para comer, y el narrador va describiendo lo que el tipo hace en la casa, como revuelve la basura, como mira si hay algo que pueda arder, como trata de encontrar algún par de zapatos… uno se queda con el corazón en la boca pensando en el niño que lo espera afuera, flaquísimo y asustado, sin tiempo de jugar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La segunda, y en contraste con la primera, es la belleza. El libro está bellamente escrito. Escenas cortas, frases cortas, como si las palabras fueran tan valiosas como la comida. Una prosa cargada con destellos de poesía, que tanto en lo que dice, como en lo que esconde, nos maravilla nuevamente del hecho de estar vivos en este mundo encantado en el que todavía se escuchan los pájaros cantar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tal vez sea por la presencia de esta belleza que nos aterroriza tanto pensar que al niño le pase algo. McCarthy tuvo la capacidad de hacernos ver en él a todos los niños del mundo, y queremos, desesperadamente, que se salve. Y que con él se salven simbólicamente todos los niños que no hemos podido y los que nunca podremos salvar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero, en semejante contexto, ¿qué significaría que se salve? Esta es otra cuestión que se siente presente durante toda la historia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Están yendo hacia el sur escapando del frío, pero no hay ninguna esperanza de que las plantas revivan, o de que el sol reaparezca. En el sur tampoco hay comida y en cualquier lugar encontrar otras personas puede ser un peligro mortal. Me imagino que esta tercera cuestión es sobre el sentido de la vida. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En semejantes condiciones no sería mejor morir? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tal vez.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, varios años atrás, cuando el viejo revolver que llevaban para casos de emergencia todavía tenía 3 balas en vez de 2, la madre del niño se había decidido por el suicidio. Y se habría llevado también al niño de haber podido. Para ella era la mejor forma de cuidarse y de cuidarlo, para ella era un acto de autopreservación, incluso de amor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;No la juzga el padre, ni el hijo, ni el narrador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro lado están los que deciden seguir viviendo, o sobreviviendo. Pero por qué, o para qué. O acaso tiene que haber una razón más allá de la vida misma insistiendo en existir? Son preguntas que van y vienen mientras acompañamos a padre e hijo por los restos desolados de un mundo erigido sobre las crueldades del nuestro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años preguntaba en casa para qué vivir si de todas formas algún día nos vamos a morir y se acabó. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En las familias religiosas sería fácil responder hablando sobre el paraíso, sobre la vida después de la muerte, o sobre la reencarnación y algún acercamiento paulatino a alguna perfección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero en un mundo lleno de masacres y barbaries como el nuestro, a veces es difícil hablar de un dios que se esconde en el libre albedrío que nos dió, o sobre cualquier otra esperanza divina. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las frases que se me quedó de la novela dice: “no hay Dios y nosotros somos sus profetas”. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero a pesar de que el mundo parece estar desprovisto de cualquier tipo de sentido, y de propósito, ya sea humano, o divino, el padre decide resistir, continuar. Un día el niño le pregunta qué fue lo más valiente que ha hecho en la vida. Y el padre le responde: levantarme esta mañana. Luego el niño le pregunta si lo dice de verdad, y el padre le responde que no.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ve al niño como su responsabilidad sagrada y la resiliencia que le da ese su amor desesperado, es el más grande acto de fé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa contradicción entre un mundo devastado y la fé en el bien que eñ niño representa, marcan la historia.Y esa sería otra constante del libro. La cuestión del bien y el mal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque el cómo viven los que deciden seguir haciéndolo, debe estar intrínsecamente ligado al por qué lo hacen.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, a mi me parecer, el sueño más grande que a estas alturas tiene el padre, es que su hijo, que ha tenido que vivir entre brutalidad y muerte, pueda algún día conocer la bondad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El niño ya nace en ese mudo destruido, y en medio de la devastación, el padre se preocupa de conseguir alimento y asegurar su supervivencia física. Pero también, y no menos importante, se ha preocupado de alimentar su mundo interior. Se preocupa de qué historias contarle, sobre el pasado, sobre el presente y sobre el porvenir. De explicarle por qué hacen lo que hacen. Y otra vez las palabras se sienten tan valiosas como la comida. Saber qué decir puede ser tan difícil como encontrar qué comer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que le dice, es que ellos tienen que llevar o cargar el fuego. Dentro de ellos, como una especie de antorcha olímpica que de alguna forma simboliza todo lo que es bueno: la compasión, la esperanza, el amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Conforme va pasando la historia, poco a poco al principio y precipitadamente al final, los papeles se invierten, y es el niño quien va cuidando al padre. Cargar el fuego se vuelve de sus preocupaciones principales y una y otra vez le pregunta al padre si es que ellos siguen siendo los buenos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta mezcla de terror, belleza, y laberintos existenciales, hacen de La Carretera un clásico moderno y un libro que no se puede dejar de leer. Es un recordatorio de que incluso en la más profunda oscuridad el fuego de la bondad puede seguir ardiendo, y de que tal vez eso sea suficiente elegir vivir, y seguir viviendo.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>La carretera </p><p><br></p><p>Acabo de leer la Carretera, de Cormac McCarthy, y me impactó. Tal vez porque tengo un hijo de 6 años y ser padre es uno de los aspectos fundamentales de ser la persona que ahora mismo soy, o intento ser. </p><p><br></p><p>El libro cuenta la historia del camino de un padre con su hijo hacia el sur, a través de un mundo que ya ha muerto. </p><p><br></p><p>Todos los días son nublados porque ya no brilla el sol, y las noches sin estrellas son más oscuras que la oscuridad. Siempre hace frío, y no hay comida, todo ha muerto.</p><p><br></p><p>Los sobreviventes vagabundean buscando refugio, latas de conserva y cuidándose de las barbaridades que pueden hacerse los unos a los otros.</p><p><br></p><p>Pero el autor no gasta palabras en describir este mundo post apocalíptico, sino es brevemente a través del día a día entre padre e hijo. Es a través de ellos dos que vemos lo que pasó, lo que pasa, y lo que podría pasar. </p><p><br></p><p>La historia te hace sentir varias cosas, pero hay algunas que son constantes de principio a fin. </p><p><br></p><p>La primera es el terror. </p><p><br></p><p>Justamente el otro día hablaba con un amigo sobre el terror en la literatura y de cómo normalmente me parece difícil asustarse leyendo libros, que normalmente las historias narradas oralmente asustan más que las escritas, por la entonación de la voz, por las pausas, los silencios, porque el narrador puede sentir a los que lo escuchan y los que lo escuchan pueden sentirlo a él. Pero este libro me mantuvo asustado todo el tiempo. No porque pasen cosas terroríficas todo el tiempo, sino porque uno sabe que en cualquier momento podrían pasar, incluso sin que el narrador lo mencione. </p><p><br></p><p>Cada vez que el niño tiene que esperar a su padre mientras entra a alguna casa abandonada a buscar algo para comer, y el narrador va describiendo lo que el tipo hace en la casa, como revuelve la basura, como mira si hay algo que pueda arder, como trata de encontrar algún par de zapatos… uno se queda con el corazón en la boca pensando en el niño que lo espera afuera, flaquísimo y asustado, sin tiempo de jugar.</p><p><br></p><p>La segunda, y en contraste con la primera, es la belleza. El libro está bellamente escrito. Escenas cortas, frases cortas, como si las palabras fueran tan valiosas como la comida. Una prosa cargada con destellos de poesía, que tanto en lo que dice, como en lo que esconde, nos maravilla nuevamente del hecho de estar vivos en este mundo encantado en el que todavía se escuchan los pájaros cantar. </p><p><br></p><p>Tal vez sea por la presencia de esta belleza que nos aterroriza tanto pensar que al niño le pase algo. McCarthy tuvo la capacidad de hacernos ver en él a todos los niños del mundo, y queremos, desesperadamente, que se salve. Y que con él se salven simbólicamente todos los niños que no hemos podido y los que nunca podremos salvar. </p><p><br></p><p>Pero, en semejante contexto, ¿qué significaría que se salve? Esta es otra cuestión que se siente presente durante toda la historia. </p><p><br></p><p>Están yendo hacia el sur escapando del frío, pero no hay ninguna esperanza de que las plantas revivan, o de que el sol reaparezca. En el sur tampoco hay comida y en cualquier lugar encontrar otras personas puede ser un peligro mortal. Me imagino que esta tercera cuestión es sobre el sentido de la vida. </p><p><br></p><p>En semejantes condiciones no sería mejor morir? </p><p>Tal vez.  </p><p><br></p><p>De hecho, varios años atrás, cuando el viejo revolver que llevaban para casos de emergencia todavía tenía 3 balas en vez de 2, la madre del niño se había decidido por el suicidio. Y se habría llevado también al niño de haber podido. Para ella era la mejor forma de cuidarse y de cuidarlo, para ella era un acto de autopreservación, incluso de amor. </p><p>No la juzga el padre, ni el hijo, ni el narrador.</p><p><br></p><p>Por otro lado están los que deciden seguir viviendo, o sobreviviendo. Pero por qué, o para qué. O acaso tiene que haber una razón más allá de la vida misma insistiendo en existir? Son preguntas que van y vienen mientras acompañamos a padre e hijo por los restos desolados de un mundo erigido sobre las crueldades del nuestro.</p><p><br></p><p>Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años preguntaba en casa para qué vivir si de todas formas algún día nos vamos a morir y se acabó. </p><p>En las familias religiosas sería fácil responder hablando sobre el paraíso, sobre la vida después de la muerte, o sobre la reencarnación y algún acercamiento paulatino a alguna perfección.</p><p><br></p><p>Pero en un mundo lleno de masacres y barbaries como el nuestro, a veces es difícil hablar de un dios que se esconde en el libre albedrío que nos dió, o sobre cualquier otra esperanza divina. </p><p>Una de las frases que se me quedó de la novela dice: “no hay Dios y nosotros somos sus profetas”. </p><p><br></p><p>Pero a pesar de que el mundo parece estar desprovisto de cualquier tipo de sentido, y de propósito, ya sea humano, o divino, el padre decide resistir, continuar. Un día el niño le pregunta qué fue lo más valiente que ha hecho en la vida. Y el padre le responde: levantarme esta mañana. Luego el niño le pregunta si lo dice de verdad, y el padre le responde que no.</p><p><br></p><p>Ve al niño como su responsabilidad sagrada y la resiliencia que le da ese su amor desesperado, es el más grande acto de fé.</p><p><br></p><p>Esa contradicción entre un mundo devastado y la fé en el bien que eñ niño representa, marcan la historia.Y esa sería otra constante del libro. La cuestión del bien y el mal.</p><p><br></p><p>Porque el cómo viven los que deciden seguir haciéndolo, debe estar intrínsecamente ligado al por qué lo hacen.</p><p>De hecho, a mi me parecer, el sueño más grande que a estas alturas tiene el padre, es que su hijo, que ha tenido que vivir entre brutalidad y muerte, pueda algún día conocer la bondad.</p><p><br></p><p>El niño ya nace en ese mudo destruido, y en medio de la devastación, el padre se preocupa de conseguir alimento y asegurar su supervivencia física. Pero también, y no menos importante, se ha preocupado de alimentar su mundo interior. Se preocupa de qué historias contarle, sobre el pasado, sobre el presente y sobre el porvenir. De explicarle por qué hacen lo que hacen. Y otra vez las palabras se sienten tan valiosas como la comida. Saber qué decir puede ser tan difícil como encontrar qué comer.</p><p><br></p><p>Una de las cosas que le dice, es que ellos tienen que llevar o cargar el fuego. Dentro de ellos, como una especie de antorcha olímpica que de alguna forma simboliza todo lo que es bueno: la compasión, la esperanza, el amor.</p><p><br></p><p>Conforme va pasando la historia, poco a poco al principio y precipitadamente al final, los papeles se invierten, y es el niño quien va cuidando al padre. Cargar el fuego se vuelve de sus preocupaciones principales y una y otra vez le pregunta al padre si es que ellos siguen siendo los buenos.</p><p><br></p><p>Esta mezcla de terror, belleza, y laberintos existenciales, hacen de La Carretera un clásico moderno y un libro que no se puede dejar de leer. Es un recordatorio de que incluso en la más profunda oscuridad el fuego de la bondad puede seguir ardiendo, y de que tal vez eso sea suficiente elegir vivir, y seguir viviendo.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;La carretera &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Acabo de leer la Carretera, de Cormac McCarthy, y me impactó. Tal vez porque tengo un hijo de 6 años y ser padre es uno de los aspectos fundamentales de ser la persona que ahora mismo soy, o intento ser. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro cuenta la historia del camino de un padre con su hijo hacia el sur, a través de un mundo que ya ha muerto. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todos los días son nublados porque ya no brilla el sol, y las noches sin estrellas son más oscuras que la oscuridad. Siempre hace frío, y no hay comida, todo ha muerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los sobreviventes vagabundean buscando refugio, latas de conserva y cuidándose de las barbaridades que pueden hacerse los unos a los otros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero el autor no gasta palabras en describir este mundo post apocalíptico, sino es brevemente a través del día a día entre padre e hijo. Es a través de ellos dos que vemos lo que pasó, lo que pasa, y lo que podría pasar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia te hace sentir varias cosas, pero hay algunas que son constantes de principio a fin. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La primera es el terror. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Justamente el otro día hablaba con un amigo sobre el terror en la literatura y de cómo normalmente me parece difícil asustarse leyendo libros, que normalmente las historias narradas oralmente asustan más que las escritas, por la entonación de la voz, por las pausas, los silencios, porque el narrador puede sentir a los que lo escuchan y los que lo escuchan pueden sentirlo a él. Pero este libro me mantuvo asustado todo el tiempo. No porque pasen cosas terroríficas todo el tiempo, sino porque uno sabe que en cualquier momento podrían pasar, incluso sin que el narrador lo mencione. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cada vez que el niño tiene que esperar a su padre mientras entra a alguna casa abandonada a buscar algo para comer, y el narrador va describiendo lo que el tipo hace en la casa, como revuelve la basura, como mira si hay algo que pueda arder, como trata de encontrar algún par de zapatos… uno se queda con el corazón en la boca pensando en el niño que lo espera afuera, flaquísimo y asustado, sin tiempo de jugar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La segunda, y en contraste con la primera, es la belleza. El libro está bellamente escrito. Escenas cortas, frases cortas, como si las palabras fueran tan valiosas como la comida. Una prosa cargada con destellos de poesía, que tanto en lo que dice, como en lo que esconde, nos maravilla nuevamente del hecho de estar vivos en este mundo encantado en el que todavía se escuchan los pájaros cantar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tal vez sea por la presencia de esta belleza que nos aterroriza tanto pensar que al niño le pase algo. McCarthy tuvo la capacidad de hacernos ver en él a todos los niños del mundo, y queremos, desesperadamente, que se salve. Y que con él se salven simbólicamente todos los niños que no hemos podido y los que nunca podremos salvar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero, en semejante contexto, ¿qué significaría que se salve? Esta es otra cuestión que se siente presente durante toda la historia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Están yendo hacia el sur escapando del frío, pero no hay ninguna esperanza de que las plantas revivan, o de que el sol reaparezca. En el sur tampoco hay comida y en cualquier lugar encontrar otras personas puede ser un peligro mortal. Me imagino que esta tercera cuestión es sobre el sentido de la vida. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En semejantes condiciones no sería mejor morir? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tal vez.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, varios años atrás, cuando el viejo revolver que llevaban para casos de emergencia todavía tenía 3 balas en vez de 2, la madre del niño se había decidido por el suicidio. Y se habría llevado también al niño de haber podido. Para ella era la mejor forma de cuidarse y de cuidarlo, para ella era un acto de autopreservación, incluso de amor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;No la juzga el padre, ni el hijo, ni el narrador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro lado están los que deciden seguir viviendo, o sobreviviendo. Pero por qué, o para qué. O acaso tiene que haber una razón más allá de la vida misma insistiendo en existir? Son preguntas que van y vienen mientras acompañamos a padre e hijo por los restos desolados de un mundo erigido sobre las crueldades del nuestro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recuerdo que cuando tenía unos 11 o 12 años preguntaba en casa para qué vivir si de todas formas algún día nos vamos a morir y se acabó. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En las familias religiosas sería fácil responder hablando sobre el paraíso, sobre la vida después de la muerte, o sobre la reencarnación y algún acercamiento paulatino a alguna perfección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero en un mundo lleno de masacres y barbaries como el nuestro, a veces es difícil hablar de un dios que se esconde en el libre albedrío que nos dió, o sobre cualquier otra esperanza divina. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las frases que se me quedó de la novela dice: “no hay Dios y nosotros somos sus profetas”. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero a pesar de que el mundo parece estar desprovisto de cualquier tipo de sentido, y de propósito, ya sea humano, o divino, el padre decide resistir, continuar. Un día el niño le pregunta qué fue lo más valiente que ha hecho en la vida. Y el padre le responde: levantarme esta mañana. Luego el niño le pregunta si lo dice de verdad, y el padre le responde que no.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ve al niño como su responsabilidad sagrada y la resiliencia que le da ese su amor desesperado, es el más grande acto de fé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa contradicción entre un mundo devastado y la fé en el bien que eñ niño representa, marcan la historia.Y esa sería otra constante del libro. La cuestión del bien y el mal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque el cómo viven los que deciden seguir haciéndolo, debe estar intrínsecamente ligado al por qué lo hacen.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, a mi me parecer, el sueño más grande que a estas alturas tiene el padre, es que su hijo, que ha tenido que vivir entre brutalidad y muerte, pueda algún día conocer la bondad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El niño ya nace en ese mudo destruido, y en medio de la devastación, el padre se preocupa de conseguir alimento y asegurar su supervivencia física. Pero también, y no menos importante, se ha preocupado de alimentar su mundo interior. Se preocupa de qué historias contarle, sobre el pasado, sobre el presente y sobre el porvenir. De explicarle por qué hacen lo que hacen. Y otra vez las palabras se sienten tan valiosas como la comida. Saber qué decir puede ser tan difícil como encontrar qué comer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que le dice, es que ellos tienen que llevar o cargar el fuego. Dentro de ellos, como una especie de antorcha olímpica que de alguna forma simboliza todo lo que es bueno: la compasión, la esperanza, el amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Conforme va pasando la historia, poco a poco al principio y precipitadamente al final, los papeles se invierten, y es el niño quien va cuidando al padre. Cargar el fuego se vuelve de sus preocupaciones principales y una y otra vez le pregunta al padre si es que ellos siguen siendo los buenos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta mezcla de terror, belleza, y laberintos existenciales, hacen de La Carretera un clásico moderno y un libro que no se puede dejar de leer. Es un recordatorio de que incluso en la más profunda oscuridad el fuego de la bondad puede seguir ardiendo, y de que tal vez eso sea suficiente elegir vivir, y seguir viviendo.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 01 Sep 2025 08:31:49 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#29  Crónica de una muerte anunciada - Gabriel García Marquez</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Como buscando un juguete de infancia, ayer busqué Crónica de una muerte anunciada. Fue uno de los libros que leímos en la escuela cuando era adolescente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; No me acuerdo como se llamaba nuestra profesora de literatura, pero era bajita, de pelo corto, y le gustaba usar micrófono para dar su clase. No había ninguna necesidad. Nuestro salón era una miniatura y los parlantes de la radio a la que enchufaba su micrófono de alasitas, parecían de mentira; pero cuando agarraba el micrófono, se engalanaba toda, erguía su cuerpecito altiplánico hasta parecer más alta, y pronunciaba con tanto cuidado y autoridad cada letra de cada palabra, que desaparecía su acento occidental y nadie se animaba a interrumpirla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esto fue hace más de 20 años, yo tendría unos 13, y me acuerdo que cuando leímos Crónica de una muerte anunciada, le gustaba hablarnos sobre no sé qué técnicas narrativas, y le gustaba mucho el hecho de que comience en el final, y cómo se generaba tensión aunque uno ya sepa en qué termina la historia. Nos hablaba de tradiciones antiguas, del conservadurismo, y de cuidar virginidades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y yo creo que nosotros no entendíamos mucho de lo que nos estaba diciendo, ni qué nos quería decir. Al menos yo no. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo parecía tan lejano, tan ajeno. Sábanas manchadas de sangre, tipos destripados en la puerta, y uno pensando qué comer en el recreo. Es complicada la pubertad. Estábamos aprendiendo a conocer las cosas de este mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces ayer volví a leerlo, como desempolvándome a mi mismo, casi como volviendo a desconocer el mundo conocido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“ El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana…” García Marquez tiene las mejores frases de apertura. Y sí. Comienza por el final. Y aunque no sea una historia de misterio, a partir de ahí uno quiere saber por qué lo van a matar. Que no lo sabemos al final, sino a la mitad del libro, y después uno quiere saber si de verdad hizo lo que dicen que hizo, y después uno quiere saber qué pasó después de que lo matan.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El hecho de estar escrito como una crónica periodística, y de que el mismo García Márquez sea narrador y personaje, que mencione y aparezcan sus hermanos, su madre y sus amigos, le da un gran fuerza de persuasión y realidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desde esa primera frase, el dramatismo y el sentimiento de fatalidad van en aumento. Por ejemplo, cada vez que alguien se despide de Santiago Nasar, el narrador no se olvida de mencionar que esa fue la última vez que lo vieron. La certeza que tenemos de que a este tipo lo van a matar, convierte en graves y solemnes los más triviales detalles de su vida cotidiana, y en trivial y hasta absurda cualquier consideración solemne que pudiera llegar a tener. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero más allá de las técnicas narrativas y de la historia en sí, como tantas otras veces con García Márquez, lo que más me maravilla, es esa sensación que nos deja sobre la inevitabilidad de la vida que nos toca vivir. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus personajes muchas veces no toman las decisiones más importantes, sino que son tomados por ellas. Hay decenas de ejemplos: José Arcadio Buendía matando a su vecino, Fermina Daza cuando se encuentra a Florentino Ariza en el mercado y de la nada se esfuma su encanto de amor, o aquí mismo, en Crónica de una muerte anunciada, Bayardo San Román estaba durmiendo en su hamaca cuando vió pasar a Ángela Vicario y de pronto supo que se casaría con ella. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los personajes creen que son libres y deciden. Pero el espacio del libre albedrío se ve drásticamente atacado y reducido por la Historia y la cultura, por el entorno que los rodea, por los genes y la sangre, por el nombre con el que les toca cargar, y hasta por el lenguaje que usan para hablar y pensar. Y cuando sí deciden, sus decisiones están marcadas por fuerzas invisibles, que tienen su propias lógicas, algunas más indescifrables que otras, pero todas completamente ajenas a la razón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Uno podría pensar que se parecen a nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero aunque esté dirigida por los caprichos de la fortuna , la vida nunca es monótona ni aburrida, al contrario, sin dejar de ser cíclica, nos presenta una infinitud de posibilidades. Y aunque a veces pueda ser terrible y cruel, jamás es triste y melancólica. Siempre es una fiesta espectacular, de que al final nadie saldrá vivo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; En fin, podrían haber habido tantas maneras de contar la historia de esa muerte anunciada; pero él la cuenta de tal manera, que no nos queda más remedio que aceptar el mandato ineludible del destino: que a Santiago Nassar le había llegado la hora y que tenía que morir, que aunque todo el pueblo sabía que lo iban a matar, nadie podía impedirlo, y que a pesar de intentar evitarlo contándoselo a medio mundo, a los gemelos Vicario no les quedó otra opción que tener que matarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora entiendo por qué lo daban en el colegio. García Márquez era un ídolo continental, el libro es corto, fácil de leer, y con temas interesantes para debatir en clase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo que no entiendo y nunca entenderé son las fuerzas invisibles que mezclan y barajan los inescrutables designios del destino y la fortuna. Las fuerzas que me trajeron a vivir por estos rumbos, las que llevaron a ese viejo marinero noruego com alas de angel a naufragar en el Caribe, las que hacían a mi profesora pavonearse por el curso, o las que más de 20 años después me hacen pavonearme a mi, micrófono en mano también, en internet.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Como buscando un juguete de infancia, ayer busqué Crónica de una muerte anunciada. Fue uno de los libros que leímos en la escuela cuando era adolescente.</p><p> No me acuerdo como se llamaba nuestra profesora de literatura, pero era bajita, de pelo corto, y le gustaba usar micrófono para dar su clase. No había ninguna necesidad. Nuestro salón era una miniatura y los parlantes de la radio a la que enchufaba su micrófono de alasitas, parecían de mentira; pero cuando agarraba el micrófono, se engalanaba toda, erguía su cuerpecito altiplánico hasta parecer más alta, y pronunciaba con tanto cuidado y autoridad cada letra de cada palabra, que desaparecía su acento occidental y nadie se animaba a interrumpirla.</p><p>Esto fue hace más de 20 años, yo tendría unos 13, y me acuerdo que cuando leímos Crónica de una muerte anunciada, le gustaba hablarnos sobre no sé qué técnicas narrativas, y le gustaba mucho el hecho de que comience en el final, y cómo se generaba tensión aunque uno ya sepa en qué termina la historia. Nos hablaba de tradiciones antiguas, del conservadurismo, y de cuidar virginidades.</p><p>Y yo creo que nosotros no entendíamos mucho de lo que nos estaba diciendo, ni qué nos quería decir. Al menos yo no. </p><p>Todo parecía tan lejano, tan ajeno. Sábanas manchadas de sangre, tipos destripados en la puerta, y uno pensando qué comer en el recreo. Es complicada la pubertad. Estábamos aprendiendo a conocer las cosas de este mundo.</p><p>Entonces ayer volví a leerlo, como desempolvándome a mi mismo, casi como volviendo a desconocer el mundo conocido.</p><p>“ El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana…” García Marquez tiene las mejores frases de apertura. Y sí. Comienza por el final. Y aunque no sea una historia de misterio, a partir de ahí uno quiere saber por qué lo van a matar. Que no lo sabemos al final, sino a la mitad del libro, y después uno quiere saber si de verdad hizo lo que dicen que hizo, y después uno quiere saber qué pasó después de que lo matan.  </p><p>El hecho de estar escrito como una crónica periodística, y de que el mismo García Márquez sea narrador y personaje, que mencione y aparezcan sus hermanos, su madre y sus amigos, le da un gran fuerza de persuasión y realidad.</p><p>Desde esa primera frase, el dramatismo y el sentimiento de fatalidad van en aumento. Por ejemplo, cada vez que alguien se despide de Santiago Nasar, el narrador no se olvida de mencionar que esa fue la última vez que lo vieron. La certeza que tenemos de que a este tipo lo van a matar, convierte en graves y solemnes los más triviales detalles de su vida cotidiana, y en trivial y hasta absurda cualquier consideración solemne que pudiera llegar a tener. </p><p>Pero más allá de las técnicas narrativas y de la historia en sí, como tantas otras veces con García Márquez, lo que más me maravilla, es esa sensación que nos deja sobre la inevitabilidad de la vida que nos toca vivir. </p><p>Sus personajes muchas veces no toman las decisiones más importantes, sino que son tomados por ellas. Hay decenas de ejemplos: José Arcadio Buendía matando a su vecino, Fermina Daza cuando se encuentra a Florentino Ariza en el mercado y de la nada se esfuma su encanto de amor, o aquí mismo, en Crónica de una muerte anunciada, Bayardo San Román estaba durmiendo en su hamaca cuando vió pasar a Ángela Vicario y de pronto supo que se casaría con ella. </p><p>Los personajes creen que son libres y deciden. Pero el espacio del libre albedrío se ve drásticamente atacado y reducido por la Historia y la cultura, por el entorno que los rodea, por los genes y la sangre, por el nombre con el que les toca cargar, y hasta por el lenguaje que usan para hablar y pensar. Y cuando sí deciden, sus decisiones están marcadas por fuerzas invisibles, que tienen su propias lógicas, algunas más indescifrables que otras, pero todas completamente ajenas a la razón.</p><p>Uno podría pensar que se parecen a nosotros.</p><p>Pero aunque esté dirigida por los caprichos de la fortuna , la vida nunca es monótona ni aburrida, al contrario, sin dejar de ser cíclica, nos presenta una infinitud de posibilidades. Y aunque a veces pueda ser terrible y cruel, jamás es triste y melancólica. Siempre es una fiesta espectacular, de que al final nadie saldrá vivo.</p><p> En fin, podrían haber habido tantas maneras de contar la historia de esa muerte anunciada; pero él la cuenta de tal manera, que no nos queda más remedio que aceptar el mandato ineludible del destino: que a Santiago Nassar le había llegado la hora y que tenía que morir, que aunque todo el pueblo sabía que lo iban a matar, nadie podía impedirlo, y que a pesar de intentar evitarlo contándoselo a medio mundo, a los gemelos Vicario no les quedó otra opción que tener que matarlo.</p><p>Ahora entiendo por qué lo daban en el colegio. García Márquez era un ídolo continental, el libro es corto, fácil de leer, y con temas interesantes para debatir en clase.</p><p>Lo que no entiendo y nunca entenderé son las fuerzas invisibles que mezclan y barajan los inescrutables designios del destino y la fortuna. Las fuerzas que me trajeron a vivir por estos rumbos, las que llevaron a ese viejo marinero noruego com alas de angel a naufragar en el Caribe, las que hacían a mi profesora pavonearse por el curso, o las que más de 20 años después me hacen pavonearme a mi, micrófono en mano también, en internet.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Como buscando un juguete de infancia, ayer busqué Crónica de una muerte anunciada. Fue uno de los libros que leímos en la escuela cuando era adolescente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; No me acuerdo como se llamaba nuestra profesora de literatura, pero era bajita, de pelo corto, y le gustaba usar micrófono para dar su clase. No había ninguna necesidad. Nuestro salón era una miniatura y los parlantes de la radio a la que enchufaba su micrófono de alasitas, parecían de mentira; pero cuando agarraba el micrófono, se engalanaba toda, erguía su cuerpecito altiplánico hasta parecer más alta, y pronunciaba con tanto cuidado y autoridad cada letra de cada palabra, que desaparecía su acento occidental y nadie se animaba a interrumpirla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esto fue hace más de 20 años, yo tendría unos 13, y me acuerdo que cuando leímos Crónica de una muerte anunciada, le gustaba hablarnos sobre no sé qué técnicas narrativas, y le gustaba mucho el hecho de que comience en el final, y cómo se generaba tensión aunque uno ya sepa en qué termina la historia. Nos hablaba de tradiciones antiguas, del conservadurismo, y de cuidar virginidades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y yo creo que nosotros no entendíamos mucho de lo que nos estaba diciendo, ni qué nos quería decir. Al menos yo no. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo parecía tan lejano, tan ajeno. Sábanas manchadas de sangre, tipos destripados en la puerta, y uno pensando qué comer en el recreo. Es complicada la pubertad. Estábamos aprendiendo a conocer las cosas de este mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces ayer volví a leerlo, como desempolvándome a mi mismo, casi como volviendo a desconocer el mundo conocido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“ El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana…” García Marquez tiene las mejores frases de apertura. Y sí. Comienza por el final. Y aunque no sea una historia de misterio, a partir de ahí uno quiere saber por qué lo van a matar. Que no lo sabemos al final, sino a la mitad del libro, y después uno quiere saber si de verdad hizo lo que dicen que hizo, y después uno quiere saber qué pasó después de que lo matan.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El hecho de estar escrito como una crónica periodística, y de que el mismo García Márquez sea narrador y personaje, que mencione y aparezcan sus hermanos, su madre y sus amigos, le da un gran fuerza de persuasión y realidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desde esa primera frase, el dramatismo y el sentimiento de fatalidad van en aumento. Por ejemplo, cada vez que alguien se despide de Santiago Nasar, el narrador no se olvida de mencionar que esa fue la última vez que lo vieron. La certeza que tenemos de que a este tipo lo van a matar, convierte en graves y solemnes los más triviales detalles de su vida cotidiana, y en trivial y hasta absurda cualquier consideración solemne que pudiera llegar a tener. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero más allá de las técnicas narrativas y de la historia en sí, como tantas otras veces con García Márquez, lo que más me maravilla, es esa sensación que nos deja sobre la inevitabilidad de la vida que nos toca vivir. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus personajes muchas veces no toman las decisiones más importantes, sino que son tomados por ellas. Hay decenas de ejemplos: José Arcadio Buendía matando a su vecino, Fermina Daza cuando se encuentra a Florentino Ariza en el mercado y de la nada se esfuma su encanto de amor, o aquí mismo, en Crónica de una muerte anunciada, Bayardo San Román estaba durmiendo en su hamaca cuando vió pasar a Ángela Vicario y de pronto supo que se casaría con ella. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los personajes creen que son libres y deciden. Pero el espacio del libre albedrío se ve drásticamente atacado y reducido por la Historia y la cultura, por el entorno que los rodea, por los genes y la sangre, por el nombre con el que les toca cargar, y hasta por el lenguaje que usan para hablar y pensar. Y cuando sí deciden, sus decisiones están marcadas por fuerzas invisibles, que tienen su propias lógicas, algunas más indescifrables que otras, pero todas completamente ajenas a la razón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Uno podría pensar que se parecen a nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero aunque esté dirigida por los caprichos de la fortuna , la vida nunca es monótona ni aburrida, al contrario, sin dejar de ser cíclica, nos presenta una infinitud de posibilidades. Y aunque a veces pueda ser terrible y cruel, jamás es triste y melancólica. Siempre es una fiesta espectacular, de que al final nadie saldrá vivo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; En fin, podrían haber habido tantas maneras de contar la historia de esa muerte anunciada; pero él la cuenta de tal manera, que no nos queda más remedio que aceptar el mandato ineludible del destino: que a Santiago Nassar le había llegado la hora y que tenía que morir, que aunque todo el pueblo sabía que lo iban a matar, nadie podía impedirlo, y que a pesar de intentar evitarlo contándoselo a medio mundo, a los gemelos Vicario no les quedó otra opción que tener que matarlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora entiendo por qué lo daban en el colegio. García Márquez era un ídolo continental, el libro es corto, fácil de leer, y con temas interesantes para debatir en clase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo que no entiendo y nunca entenderé son las fuerzas invisibles que mezclan y barajan los inescrutables designios del destino y la fortuna. Las fuerzas que me trajeron a vivir por estos rumbos, las que llevaron a ese viejo marinero noruego com alas de angel a naufragar en el Caribe, las que hacían a mi profesora pavonearse por el curso, o las que más de 20 años después me hacen pavonearme a mi, micrófono en mano también, en internet.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Thu, 19 Jun 2025 05:43:29 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#28 Gracias a la vida - Violeta Parra</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy desperté lleno de dicha.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con una alegría tranquila y plena. Tan tranquila que se podría confundir con cierto tipo de tristeza. Me imagino que algo parecido  deben sentir los profetas cuando saben lo que tienen que saber.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El algoritmo que anda sugiriendo qué música escuchar debe estar mejorando, porque en el desayuno me puso esta canción de Violeta Parra, que tradujo  la emoción con la que desperté.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay canciones que son grandes obras literarias, y  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida es una de ellas. Una canción preciosa, como un encanto que conjura en un par de minutos lo bello que es vivir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Irónicamente, un año después de escribir esta canción, Violeta Parra se mató. Yo no la juzgo. Solo lo menciono porque no  se puede hablar sobre la vida, y evitar la presencia de la muerte. Siempre está ahí, aunque no se la nombre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando hablamos sobre cómo queremos vivir y enfrentar la vida, nuestras palabras  son como un reflejo de cómo esperamos recibir la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si pensamos que en el momento  en que nacemos comenzamos a morir; vivir y morir se vuelven casi sinónimos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ya Séneca hablaba sobre que aprender a morir es aprender a vivir. Decía: “quien aprende a morir desaprende a ser esclavo”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La idea de la muerte como algo negativo no nos deja vivir bien.  No podemos vivir como si fuésemos inmortales, sin tener presente nuestra finitud. Pero tampoco podemos vivir apresurados, pensando que la vida es corta. “Los ocupados no tienen tiempo para nada, pero no viven.” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La vida  no es corta, dura lo que tiene que durar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Séneca diría que 10 mil años no serían suficientes  para quien no ha aprendido a vivir. O a morir. Que a veces parece que es lo mismo, aunque no sea igual. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si algún día los nietos de mis nietos llegan a escuchar este mensaje, que sepan que su ancestro intentó vivir en paz con la muerte, y que si alguna vez  me hizo llorar, fue solo porque no pudo evitarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora la canción, leída, para que resuene una vez más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me dio dos luceros que, cuando los abro&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Perfecto distingo, lo negro del blanco&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y en el alto cielo su fondo estrellado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y en las multitudes, el hombre que yo amo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado el oído que en todo su ancho&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Graba noche y días, grillos y canarios&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Martillos, turbinas, ladridos, chubascos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y la voz tan tierna de mi bien amado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado el sonido y el abecedario&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con él, las palabras que pienso y declaro&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Madre, amigo, hermano y luz alumbrando&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La ruta del alma del que estoy amando&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado la marcha de mis pies cansados&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con ellos anduve, ciudades y charcos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Playas y desiertos, montañas y llanos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y la casa tuya, tu calle y tu patio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me dio el corazón que agita su marco&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando miro el fruto del cerebro humano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando miro el bueno, tan lejos del malo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando miro el fondo de tus ojos claros&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado la risa y me ha dado el llanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Así yo distingo, dicha de quebranto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Los dos materiales que forman mi canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y el canto de ustedes, que es el mismo canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y el canto de todos que es mi propio canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p><br></p><p><span>Hoy desperté lleno de dicha.</span></p><p><span>Con una alegría tranquila y plena. Tan tranquila que se podría confundir con cierto tipo de tristeza. Me imagino que algo parecido  deben sentir los profetas cuando saben lo que tienen que saber.</span></p><p><br></p><p><span>El algoritmo que anda sugiriendo qué música escuchar debe estar mejorando, porque en el desayuno me puso esta canción de Violeta Parra, que tradujo  la emoción con la que desperté.</span></p><p><br></p><p><span>Hay canciones que son grandes obras literarias, y  </span></p><p><span>Gracias a la vida es una de ellas. Una canción preciosa, como un encanto que conjura en un par de minutos lo bello que es vivir.</span></p><p><br></p><p><span>Irónicamente, un año después de escribir esta canción, Violeta Parra se mató. Yo no la juzgo. Solo lo menciono porque no  se puede hablar sobre la vida, y evitar la presencia de la muerte. Siempre está ahí, aunque no se la nombre.</span></p><p><br></p><p><span>Cuando hablamos sobre cómo queremos vivir y enfrentar la vida, nuestras palabras  son como un reflejo de cómo esperamos recibir la muerte.</span></p><p><br></p><p><span>Si pensamos que en el momento  en que nacemos comenzamos a morir; vivir y morir se vuelven casi sinónimos. </span></p><p><br></p><p><span>Ya Séneca hablaba sobre que aprender a morir es aprender a vivir. Decía: “quien aprende a morir desaprende a ser esclavo”. </span></p><p><br></p><p><span>La idea de la muerte como algo negativo no nos deja vivir bien.  No podemos vivir como si fuésemos inmortales, sin tener presente nuestra finitud. Pero tampoco podemos vivir apresurados, pensando que la vida es corta. “Los ocupados no tienen tiempo para nada, pero no viven.” </span></p><p><br></p><p><span>La vida  no es corta, dura lo que tiene que durar.</span></p><p><br></p><p><span>Séneca diría que 10 mil años no serían suficientes  para quien no ha aprendido a vivir. O a morir. Que a veces parece que es lo mismo, aunque no sea igual. </span></p><p><br></p><p><span>Si algún día los nietos de mis nietos llegan a escuchar este mensaje, que sepan que su ancestro intentó vivir en paz con la muerte, y que si alguna vez  me hizo llorar, fue solo porque no pudo evitarlo.</span></p><p><br></p><p><span>Ahora la canción, leída, para que resuene una vez más.</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida que me ha dado tanto</span></p><p><span>Me dio dos luceros que, cuando los abro</span></p><p><span>Perfecto distingo, lo negro del blanco</span></p><p><span>Y en el alto cielo su fondo estrellado</span></p><p><span>Y en las multitudes, el hombre que yo amo</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida que me ha dado tanto</span></p><p><span>Me ha dado el oído que en todo su ancho</span></p><p><span>Graba noche y días, grillos y canarios</span></p><p><span>Martillos, turbinas, ladridos, chubascos</span></p><p><span>Y la voz tan tierna de mi bien amado</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida que me ha dado tanto</span></p><p><span>Me ha dado el sonido y el abecedario</span></p><p><span>Con él, las palabras que pienso y declaro</span></p><p><span>Madre, amigo, hermano y luz alumbrando</span></p><p><span>La ruta del alma del que estoy amando</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida que me ha dado tanto</span></p><p><span>Me ha dado la marcha de mis pies cansados</span></p><p><span>Con ellos anduve, ciudades y charcos</span></p><p><span>Playas y desiertos, montañas y llanos</span></p><p><span>Y la casa tuya, tu calle y tu patio</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida que me ha dado tanto</span></p><p><span>Me dio el corazón que agita su marco</span></p><p><span>Cuando miro el fruto del cerebro humano</span></p><p><span>Cuando miro el bueno, tan lejos del malo</span></p><p><span>Cuando miro el fondo de tus ojos claros</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida que me ha dado tanto</span></p><p><span>Me ha dado la risa y me ha dado el llanto</span></p><p><span>Así yo distingo, dicha de quebranto</span></p><p><span>Los dos materiales que forman mi canto</span></p><p><span>Y el canto de ustedes, que es el mismo canto</span></p><p><br></p><p><span>Y el canto de todos que es mi propio canto</span></p><p><br></p><p><span>Gracias a la vida</span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><span> </span></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>
]]></description>
                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy desperté lleno de dicha.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con una alegría tranquila y plena. Tan tranquila que se podría confundir con cierto tipo de tristeza. Me imagino que algo parecido  deben sentir los profetas cuando saben lo que tienen que saber.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El algoritmo que anda sugiriendo qué música escuchar debe estar mejorando, porque en el desayuno me puso esta canción de Violeta Parra, que tradujo  la emoción con la que desperté.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay canciones que son grandes obras literarias, y  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida es una de ellas. Una canción preciosa, como un encanto que conjura en un par de minutos lo bello que es vivir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Irónicamente, un año después de escribir esta canción, Violeta Parra se mató. Yo no la juzgo. Solo lo menciono porque no  se puede hablar sobre la vida, y evitar la presencia de la muerte. Siempre está ahí, aunque no se la nombre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando hablamos sobre cómo queremos vivir y enfrentar la vida, nuestras palabras  son como un reflejo de cómo esperamos recibir la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si pensamos que en el momento  en que nacemos comenzamos a morir; vivir y morir se vuelven casi sinónimos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ya Séneca hablaba sobre que aprender a morir es aprender a vivir. Decía: “quien aprende a morir desaprende a ser esclavo”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La idea de la muerte como algo negativo no nos deja vivir bien.  No podemos vivir como si fuésemos inmortales, sin tener presente nuestra finitud. Pero tampoco podemos vivir apresurados, pensando que la vida es corta. “Los ocupados no tienen tiempo para nada, pero no viven.” &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La vida  no es corta, dura lo que tiene que durar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Séneca diría que 10 mil años no serían suficientes  para quien no ha aprendido a vivir. O a morir. Que a veces parece que es lo mismo, aunque no sea igual. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si algún día los nietos de mis nietos llegan a escuchar este mensaje, que sepan que su ancestro intentó vivir en paz con la muerte, y que si alguna vez  me hizo llorar, fue solo porque no pudo evitarlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora la canción, leída, para que resuene una vez más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me dio dos luceros que, cuando los abro&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Perfecto distingo, lo negro del blanco&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y en el alto cielo su fondo estrellado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y en las multitudes, el hombre que yo amo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado el oído que en todo su ancho&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Graba noche y días, grillos y canarios&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Martillos, turbinas, ladridos, chubascos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y la voz tan tierna de mi bien amado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado el sonido y el abecedario&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con él, las palabras que pienso y declaro&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Madre, amigo, hermano y luz alumbrando&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La ruta del alma del que estoy amando&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado la marcha de mis pies cansados&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con ellos anduve, ciudades y charcos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Playas y desiertos, montañas y llanos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y la casa tuya, tu calle y tu patio&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me dio el corazón que agita su marco&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando miro el fruto del cerebro humano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando miro el bueno, tan lejos del malo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando miro el fondo de tus ojos claros&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida que me ha dado tanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me ha dado la risa y me ha dado el llanto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Así yo distingo, dicha de quebranto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Los dos materiales que forman mi canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y el canto de ustedes, que es el mismo canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y el canto de todos que es mi propio canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Gracias a la vida&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 26 May 2025 09:24:33 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#27 El viejo y el mar - Ernest Hemingway</itunes:title>
                <title>#27 El viejo y el mar - Ernest Hemingway</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida. Confieso que la primera vez que la leí - cuando tenía unos 20 años- me aburrió un poco. No veía nada de glorioso, o entretenido, en la historia de un pescador que ya no podía pescar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La volví a leer hace unas semanas porque me la regaló Stephi para mi cumpleaños. Y aunque ya sabía cómo acababa la historia, esta vez acompañé el viaje del pescador con entusiasmo, y disfruté mucho más de la narración y del lenguaje; especialmente cuando Hemingway cuenta cómo el pescador siempre pensaba en el mar como la mar. “Que es como la llaman en español, cuando la aman”. Y nos explica cómo los más jóvenes, con lancha a motor, o los que se referían al mar como un lugar específico o hasta como un enemigo, le decían el mar, a diferencia del viejo y los que la aman, que la ven como una entidad encantadora y misteriosa que esconde tesoros, y que si hace cosas terribles, es solo porque no puede evitarlo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Qué lindo no? En una cosa tan simple expresa ese hechizo que desde siempre ejerce el mar en algunos hombres. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo, mientras avanzaba la historia y los tiburones iban haciendo pedazos a su maravilloso pez espada, me encontré otra vez decepcionado. Y aunque racionalmente entendía el estoicismo y la dignidad de su batalla, de alguna forma yo seguía sintiendo la historia incompleta, por lo menos en mi interior. Algo no cuajaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida y racionalmente yo entendía que sí, que en cualquier cosa que uno haga, no podemos juzgarnos por el resultado, sino por haber dado lo mejor que uno tiene para dar. Pero en mi interior un sentimiento me seguía diciendo, ¿para qué tanto alboroto? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo quería que el viejo gane, como un triunfo simbólico del hombre frente a la vida, frente al mundo. Y me desesperaba verlo pelear y perder. No podía entender - emocionalmente - que es justamente eso lo que hace grande a la historia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otra posibilidad de por qué me sentía decepcionado, o aburrido con el libro, puede ser porque siempre me gustaron las historias en las que suceden muchas cosas, ya sea en la realidad ficticia o en el mundo interior de los personajes. Solo hace falta ver algunas de las que he comentado aquí en el podcast: tenemos la espectacular extravagancia de García Márquez, o el color apasionado en los personajes de Jorge Amado, o el duelo a cuchilladas de Saramago con Dios y con la muerte. De alguna manera la historia de este pescador, sólo en el mar, con pocas palabras y sin ninguna explicación, no clasificaba. Al llegar al final no sentía esa catarsis de la que hablaba en el episodio de Madame Bovary y que uno siente con la muerte de Emma, o cuando Saramago le hace decir a Jesús en la cruz: “hombres, perdonadle porque no sabe lo que hace”, o cuando nuestro queridísimo capitán de ultramar se salva de la vergüenza y el escarnio, o cuando descubrimos que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían otra oportunidad sobre la tierra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora que pienso en eso, creo que la culpa no es del pescador. Sino de esa forma que tiene Hemingway de esconder la historia dentro de la historia. De su famoso iceberg. Yo no sentía el poder de lo que no se dice. En mi caso parece que tomó bastante tiempo de reflexión inconsciente para que la historia haga efecto en mí. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero entonces pasaron dos cosas. La primera y la más importante, es que unas dos semanas después de leer el libro, un día desperté pensando en la historia del viejo y el mar. Como si la hubiese soñado. Y en ese estado de trance en que nos tiene la vigilia, sentí como una revelación o una epifanía. Esas cosas pasan. No sé cómo, pero de repente sentí de verdad la lucha de Santiago. Nada había cambiado racionalmente en mi entendimiento de su historia; sin embargo, Santiago ya no era para mí un pobre pescador, sino un héroe atemporal. De repente entendí que el mismo Hemingway, que había sido el mito personificado de esa forma de vivir apasionada y llena de todo tipo de aventuras; que había sido héroe de guerra, que cazaba leones en África, que salvaba toreros, que ganaría un premio Nobel, etc. Él mismo, probablemente habría preferido ser ese nuestro viejo de manos partidas y voluntad de hierro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, todavía dormido sentí el coro de voces que hoy critican lo que Hemingway y Santiago representan. Hasta que apareció el ser original sobre el que mi madre me cuenta, y con su voz de trueno preguntó: ¿cómo querés encarar la vida?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y de pronto me sentí en paz con el final, y se fue la decepción que sentía con los tiburones y con el pez perdido; a veces no se puede contra el mundo, a veces no da. Pero el alboroto vale la pena, porque está cargado de significado y de sentido. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo segundo que pasó para que El viejo y el mar tenga un efecto total en mí, fue que leí Las nieves del Kilimanjaro, para un programa que estamos queriendo hacer con mi amigo Ángel Careaga en el que pensamos conversar sobre cuentos cortos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las nieves del Kilimanjaro me encantó a la primera, y funcionó como un espejo que refleja lo opuesto que el viejo el mar. El cuento comienza con la siguiente nota: &lt;/p&gt;&lt;p&gt;“El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5.895 metros de altura, y se dice que es la más alta de África. Su cima occidental se llama, en masai, Ngàje Ngài, la Casa de Dios. Cerca de la cima occidental hay el cadáver seco y congelado de un leopardo. Nadie ha explicado qué buscaba el leopardo a tal altura.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese detalle me pareció absolutamente genial. Tan simple. Sin ninguna otra explicación. Nunca más se menciona al leopardo. Pero su presencia queda y se siente en todo el cuento. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia trata de un escritor que se está muriendo de gangrena en algún lugar entre Kenia y Tanzania. Mientras la gangrena avanza, el tipo va recordando su vida llena de experiencias, desde su infancia en Estados Unidos, hasta las guerras de Europa, pasando por burdeles en Constantinopla, pesca en la selva negra, y clásicos enredos de amor y soledad. El tipo ha vivido mucho, pero mira hacia atrás con cierto arrepentimiento. Siente que perdió su esencia al quedarse con una mujer a la que realmente no ama y con la que comparte el aletargado mundo de los ricos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recuerda una vida que parece alucinante, envidiable; pero que se siente vacía, carente de significado y de sentido. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recuerda su vida y se arrepiente de no haber escrito sobre lo que vivió. Tal vez sea eso lo que le roba el sentido. Él, que había vivido tanto, pero siendo escritor no lo había escrito. Y ahora ya no hay tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Cómo queremos encarar la vida?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo creo he intentado pasar por esta vida absorbiendo apasionadamente lo que este mundo tiene para ofrecer, siempre con hambre de aprender y de vivir; y siempre vi de una forma más o menos peyorativa ese estilo de vida de los Hobbits, que temen la aventura, que viven en la comodidad de sus acogedoras cuevas bajo el suelo, atentos a la hora comer torta y de tomar té.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Siempre imaginé, que cuando cuando sea viejo y esté cerca del final, podré mirar para atrás y decirme que he visto los paisajes de este mundo, que aprendido la historia de su gente; que he vivido en diferentes lugares, conociendo sus idiomas y sus culturas, disfrutando - o sufriendo- de su humor y sus comidas, y ganándome su amor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y todo eso es muy bonito, pero a la hora de la verdad puede quedar en una nadería si carece de significado y de sentido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frente al cinismo y a la posibilidad de semejante vacío, el leopardo sigue allá arriba, invencible, igual que nuestro pescador en el mar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y nosotros, ¿cómo queremos encarar la vida? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Solo hay una respuesta posible: con coraje.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Y qué es el coraje? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es gracia bajo presión. &lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida. Confieso que la primera vez que la leí - cuando tenía unos 20 años- me aburrió un poco. No veía nada de glorioso, o entretenido, en la historia de un pescador que ya no podía pescar.</p><p>La volví a leer hace unas semanas porque me la regaló Stephi para mi cumpleaños. Y aunque ya sabía cómo acababa la historia, esta vez acompañé el viaje del pescador con entusiasmo, y disfruté mucho más de la narración y del lenguaje; especialmente cuando Hemingway cuenta cómo el pescador siempre pensaba en el mar como la mar. “Que es como la llaman en español, cuando la aman”. Y nos explica cómo los más jóvenes, con lancha a motor, o los que se referían al mar como un lugar específico o hasta como un enemigo, le decían el mar, a diferencia del viejo y los que la aman, que la ven como una entidad encantadora y misteriosa que esconde tesoros, y que si hace cosas terribles, es solo porque no puede evitarlo. </p><p>¿Qué lindo no? En una cosa tan simple expresa ese hechizo que desde siempre ejerce el mar en algunos hombres. </p><p>Sin embargo, mientras avanzaba la historia y los tiburones iban haciendo pedazos a su maravilloso pez espada, me encontré otra vez decepcionado. Y aunque racionalmente entendía el estoicismo y la dignidad de su batalla, de alguna forma yo seguía sintiendo la historia incompleta, por lo menos en mi interior. Algo no cuajaba.</p><p>El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida y racionalmente yo entendía que sí, que en cualquier cosa que uno haga, no podemos juzgarnos por el resultado, sino por haber dado lo mejor que uno tiene para dar. Pero en mi interior un sentimiento me seguía diciendo, ¿para qué tanto alboroto? </p><p>Yo quería que el viejo gane, como un triunfo simbólico del hombre frente a la vida, frente al mundo. Y me desesperaba verlo pelear y perder. No podía entender - emocionalmente - que es justamente eso lo que hace grande a la historia.</p><p>Otra posibilidad de por qué me sentía decepcionado, o aburrido con el libro, puede ser porque siempre me gustaron las historias en las que suceden muchas cosas, ya sea en la realidad ficticia o en el mundo interior de los personajes. Solo hace falta ver algunas de las que he comentado aquí en el podcast: tenemos la espectacular extravagancia de García Márquez, o el color apasionado en los personajes de Jorge Amado, o el duelo a cuchilladas de Saramago con Dios y con la muerte. De alguna manera la historia de este pescador, sólo en el mar, con pocas palabras y sin ninguna explicación, no clasificaba. Al llegar al final no sentía esa catarsis de la que hablaba en el episodio de Madame Bovary y que uno siente con la muerte de Emma, o cuando Saramago le hace decir a Jesús en la cruz: “hombres, perdonadle porque no sabe lo que hace”, o cuando nuestro queridísimo capitán de ultramar se salva de la vergüenza y el escarnio, o cuando descubrimos que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían otra oportunidad sobre la tierra.</p><p>Ahora que pienso en eso, creo que la culpa no es del pescador. Sino de esa forma que tiene Hemingway de esconder la historia dentro de la historia. De su famoso iceberg. Yo no sentía el poder de lo que no se dice. En mi caso parece que tomó bastante tiempo de reflexión inconsciente para que la historia haga efecto en mí. </p><p>Pero entonces pasaron dos cosas. La primera y la más importante, es que unas dos semanas después de leer el libro, un día desperté pensando en la historia del viejo y el mar. Como si la hubiese soñado. Y en ese estado de trance en que nos tiene la vigilia, sentí como una revelación o una epifanía. Esas cosas pasan. No sé cómo, pero de repente sentí de verdad la lucha de Santiago. Nada había cambiado racionalmente en mi entendimiento de su historia; sin embargo, Santiago ya no era para mí un pobre pescador, sino un héroe atemporal. De repente entendí que el mismo Hemingway, que había sido el mito personificado de esa forma de vivir apasionada y llena de todo tipo de aventuras; que había sido héroe de guerra, que cazaba leones en África, que salvaba toreros, que ganaría un premio Nobel, etc. Él mismo, probablemente habría preferido ser ese nuestro viejo de manos partidas y voluntad de hierro.</p><p>Entonces, todavía dormido sentí el coro de voces que hoy critican lo que Hemingway y Santiago representan. Hasta que apareció el ser original sobre el que mi madre me cuenta, y con su voz de trueno preguntó: ¿cómo querés encarar la vida?</p><p>Y de pronto me sentí en paz con el final, y se fue la decepción que sentía con los tiburones y con el pez perdido; a veces no se puede contra el mundo, a veces no da. Pero el alboroto vale la pena, porque está cargado de significado y de sentido. </p><p>Lo segundo que pasó para que El viejo y el mar tenga un efecto total en mí, fue que leí Las nieves del Kilimanjaro, para un programa que estamos queriendo hacer con mi amigo Ángel Careaga en el que pensamos conversar sobre cuentos cortos.</p><p>Las nieves del Kilimanjaro me encantó a la primera, y funcionó como un espejo que refleja lo opuesto que el viejo el mar. El cuento comienza con la siguiente nota: </p><p>“El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5.895 metros de altura, y se dice que es la más alta de África. Su cima occidental se llama, en masai, Ngàje Ngài, la Casa de Dios. Cerca de la cima occidental hay el cadáver seco y congelado de un leopardo. Nadie ha explicado qué buscaba el leopardo a tal altura.”</p><p>Ese detalle me pareció absolutamente genial. Tan simple. Sin ninguna otra explicación. Nunca más se menciona al leopardo. Pero su presencia queda y se siente en todo el cuento. </p><p>La historia trata de un escritor que se está muriendo de gangrena en algún lugar entre Kenia y Tanzania. Mientras la gangrena avanza, el tipo va recordando su vida llena de experiencias, desde su infancia en Estados Unidos, hasta las guerras de Europa, pasando por burdeles en Constantinopla, pesca en la selva negra, y clásicos enredos de amor y soledad. El tipo ha vivido mucho, pero mira hacia atrás con cierto arrepentimiento. Siente que perdió su esencia al quedarse con una mujer a la que realmente no ama y con la que comparte el aletargado mundo de los ricos.</p><p>Recuerda una vida que parece alucinante, envidiable; pero que se siente vacía, carente de significado y de sentido. </p><p>Recuerda su vida y se arrepiente de no haber escrito sobre lo que vivió. Tal vez sea eso lo que le roba el sentido. Él, que había vivido tanto, pero siendo escritor no lo había escrito. Y ahora ya no hay tiempo.</p><p>¿Cómo queremos encarar la vida?</p><p>Yo creo he intentado pasar por esta vida absorbiendo apasionadamente lo que este mundo tiene para ofrecer, siempre con hambre de aprender y de vivir; y siempre vi de una forma más o menos peyorativa ese estilo de vida de los Hobbits, que temen la aventura, que viven en la comodidad de sus acogedoras cuevas bajo el suelo, atentos a la hora comer torta y de tomar té.</p><p>Siempre imaginé, que cuando cuando sea viejo y esté cerca del final, podré mirar para atrás y decirme que he visto los paisajes de este mundo, que aprendido la historia de su gente; que he vivido en diferentes lugares, conociendo sus idiomas y sus culturas, disfrutando - o sufriendo- de su humor y sus comidas, y ganándome su amor. </p><p>Y todo eso es muy bonito, pero a la hora de la verdad puede quedar en una nadería si carece de significado y de sentido.</p><p>Frente al cinismo y a la posibilidad de semejante vacío, el leopardo sigue allá arriba, invencible, igual que nuestro pescador en el mar. </p><p>Y nosotros, ¿cómo queremos encarar la vida? </p><p>Solo hay una respuesta posible: con coraje.</p><p>¿Y qué es el coraje? </p><p>Es gracia bajo presión. </p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida. Confieso que la primera vez que la leí - cuando tenía unos 20 años- me aburrió un poco. No veía nada de glorioso, o entretenido, en la historia de un pescador que ya no podía pescar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La volví a leer hace unas semanas porque me la regaló Stephi para mi cumpleaños. Y aunque ya sabía cómo acababa la historia, esta vez acompañé el viaje del pescador con entusiasmo, y disfruté mucho más de la narración y del lenguaje; especialmente cuando Hemingway cuenta cómo el pescador siempre pensaba en el mar como la mar. “Que es como la llaman en español, cuando la aman”. Y nos explica cómo los más jóvenes, con lancha a motor, o los que se referían al mar como un lugar específico o hasta como un enemigo, le decían el mar, a diferencia del viejo y los que la aman, que la ven como una entidad encantadora y misteriosa que esconde tesoros, y que si hace cosas terribles, es solo porque no puede evitarlo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Qué lindo no? En una cosa tan simple expresa ese hechizo que desde siempre ejerce el mar en algunos hombres. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo, mientras avanzaba la historia y los tiburones iban haciendo pedazos a su maravilloso pez espada, me encontré otra vez decepcionado. Y aunque racionalmente entendía el estoicismo y la dignidad de su batalla, de alguna forma yo seguía sintiendo la historia incompleta, por lo menos en mi interior. Algo no cuajaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El viejo y el mar es una historia sobre cómo encarar la vida y racionalmente yo entendía que sí, que en cualquier cosa que uno haga, no podemos juzgarnos por el resultado, sino por haber dado lo mejor que uno tiene para dar. Pero en mi interior un sentimiento me seguía diciendo, ¿para qué tanto alboroto? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo quería que el viejo gane, como un triunfo simbólico del hombre frente a la vida, frente al mundo. Y me desesperaba verlo pelear y perder. No podía entender - emocionalmente - que es justamente eso lo que hace grande a la historia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otra posibilidad de por qué me sentía decepcionado, o aburrido con el libro, puede ser porque siempre me gustaron las historias en las que suceden muchas cosas, ya sea en la realidad ficticia o en el mundo interior de los personajes. Solo hace falta ver algunas de las que he comentado aquí en el podcast: tenemos la espectacular extravagancia de García Márquez, o el color apasionado en los personajes de Jorge Amado, o el duelo a cuchilladas de Saramago con Dios y con la muerte. De alguna manera la historia de este pescador, sólo en el mar, con pocas palabras y sin ninguna explicación, no clasificaba. Al llegar al final no sentía esa catarsis de la que hablaba en el episodio de Madame Bovary y que uno siente con la muerte de Emma, o cuando Saramago le hace decir a Jesús en la cruz: “hombres, perdonadle porque no sabe lo que hace”, o cuando nuestro queridísimo capitán de ultramar se salva de la vergüenza y el escarnio, o cuando descubrimos que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían otra oportunidad sobre la tierra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora que pienso en eso, creo que la culpa no es del pescador. Sino de esa forma que tiene Hemingway de esconder la historia dentro de la historia. De su famoso iceberg. Yo no sentía el poder de lo que no se dice. En mi caso parece que tomó bastante tiempo de reflexión inconsciente para que la historia haga efecto en mí. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero entonces pasaron dos cosas. La primera y la más importante, es que unas dos semanas después de leer el libro, un día desperté pensando en la historia del viejo y el mar. Como si la hubiese soñado. Y en ese estado de trance en que nos tiene la vigilia, sentí como una revelación o una epifanía. Esas cosas pasan. No sé cómo, pero de repente sentí de verdad la lucha de Santiago. Nada había cambiado racionalmente en mi entendimiento de su historia; sin embargo, Santiago ya no era para mí un pobre pescador, sino un héroe atemporal. De repente entendí que el mismo Hemingway, que había sido el mito personificado de esa forma de vivir apasionada y llena de todo tipo de aventuras; que había sido héroe de guerra, que cazaba leones en África, que salvaba toreros, que ganaría un premio Nobel, etc. Él mismo, probablemente habría preferido ser ese nuestro viejo de manos partidas y voluntad de hierro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, todavía dormido sentí el coro de voces que hoy critican lo que Hemingway y Santiago representan. Hasta que apareció el ser original sobre el que mi madre me cuenta, y con su voz de trueno preguntó: ¿cómo querés encarar la vida?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y de pronto me sentí en paz con el final, y se fue la decepción que sentía con los tiburones y con el pez perdido; a veces no se puede contra el mundo, a veces no da. Pero el alboroto vale la pena, porque está cargado de significado y de sentido. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo segundo que pasó para que El viejo y el mar tenga un efecto total en mí, fue que leí Las nieves del Kilimanjaro, para un programa que estamos queriendo hacer con mi amigo Ángel Careaga en el que pensamos conversar sobre cuentos cortos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las nieves del Kilimanjaro me encantó a la primera, y funcionó como un espejo que refleja lo opuesto que el viejo el mar. El cuento comienza con la siguiente nota: &lt;/p&gt;&lt;p&gt;“El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5.895 metros de altura, y se dice que es la más alta de África. Su cima occidental se llama, en masai, Ngàje Ngài, la Casa de Dios. Cerca de la cima occidental hay el cadáver seco y congelado de un leopardo. Nadie ha explicado qué buscaba el leopardo a tal altura.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese detalle me pareció absolutamente genial. Tan simple. Sin ninguna otra explicación. Nunca más se menciona al leopardo. Pero su presencia queda y se siente en todo el cuento. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia trata de un escritor que se está muriendo de gangrena en algún lugar entre Kenia y Tanzania. Mientras la gangrena avanza, el tipo va recordando su vida llena de experiencias, desde su infancia en Estados Unidos, hasta las guerras de Europa, pasando por burdeles en Constantinopla, pesca en la selva negra, y clásicos enredos de amor y soledad. El tipo ha vivido mucho, pero mira hacia atrás con cierto arrepentimiento. Siente que perdió su esencia al quedarse con una mujer a la que realmente no ama y con la que comparte el aletargado mundo de los ricos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recuerda una vida que parece alucinante, envidiable; pero que se siente vacía, carente de significado y de sentido. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Recuerda su vida y se arrepiente de no haber escrito sobre lo que vivió. Tal vez sea eso lo que le roba el sentido. Él, que había vivido tanto, pero siendo escritor no lo había escrito. Y ahora ya no hay tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Cómo queremos encarar la vida?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo creo he intentado pasar por esta vida absorbiendo apasionadamente lo que este mundo tiene para ofrecer, siempre con hambre de aprender y de vivir; y siempre vi de una forma más o menos peyorativa ese estilo de vida de los Hobbits, que temen la aventura, que viven en la comodidad de sus acogedoras cuevas bajo el suelo, atentos a la hora comer torta y de tomar té.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Siempre imaginé, que cuando cuando sea viejo y esté cerca del final, podré mirar para atrás y decirme que he visto los paisajes de este mundo, que aprendido la historia de su gente; que he vivido en diferentes lugares, conociendo sus idiomas y sus culturas, disfrutando - o sufriendo- de su humor y sus comidas, y ganándome su amor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y todo eso es muy bonito, pero a la hora de la verdad puede quedar en una nadería si carece de significado y de sentido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frente al cinismo y a la posibilidad de semejante vacío, el leopardo sigue allá arriba, invencible, igual que nuestro pescador en el mar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y nosotros, ¿cómo queremos encarar la vida? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Solo hay una respuesta posible: con coraje.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Y qué es el coraje? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es gracia bajo presión. &lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 27 Apr 2025 05:04:00 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#26 Cumbres Borrascosas - Emily Brontë</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Lo primero que me impresionó fue la historia misma de las hermanas Brontë. Cómo es posible que, desde una sola casa en un pueblo relativamente aislado, tres hermanas autodidactas, con recursos limitados y en una época en la que era muchísimo más difícil escribir siendo mujer, ellas escribieran - casi al mismo tiempo -, libros que hoy son considerados clásicos indiscutibles de la literatura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El fenómeno de las hermanas Brontë no tiene paralelos en la historia. Y como todo lo que es único, no dejan de maravillar y seducir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Infelizmente, las tres tuvieron una muerte prematura. Uno solo puede imaginar lo que habrían continuado escribiendo si hubieran tenido  más tiempo y más salud. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me decidí por leer primero Cumbres Borrascosas simplemente porque me encantó el título. Ya me daba la impresión de algo aislado, sombrío, medio mitológico. Casi como un sortilegio. Sobre todo en inglés. Wuthering Heights. Como decir abracadabra, o Hocus Pocus.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;De entrada vale la pena decir que Cumbres Borrascosas es mucho más que una simple historia de amor. También es una historia de crueldades, de venganza, de obsesión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El libro comienza cuando el nuevo inquilino de una mansión alejada de todo, el señor Lockwood, va a visitar al dueño que se la alquila. El dueño vive en la finca vecina, a unos 4 kilómetros, al otro lado del páramo, en unas cumbres donde siempre da el viento. En esa casa todo aparece medio oscuro y misterioso, casi como un cuento de terror.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El dueño de casa es el señor Heathcliff, y además de él en la casa de las cumbres hay una joven que a los ojos del señor Lockwood es increíblemente linda, y enigmática. Él piensa que es la esposa del señor Heathcliff, pero luego le corrigen que es su nuera. También hay otro joven que al principio el señor Lockwood no sabía si era familiar o sirviente, por su postura orgullosa, y sus ropas campesinas. Cuando el joven también se sienta a la mesa con ellos, el inquilino piensa que es el hijo del señor Heathcliff, pero de nuevo le dicen que no. Resulta que el hijo del Sr. Heathcliff ha muerto. Y no le dan ninguna otra explicación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El inquilino es el que comienza narrando la historia en primera persona, y de entrada uno quiere saber quién es la gente de esa casa y qué fue lo que pasó ahí, porque no parecen una familia normal. El inquilino vuelve a su casa recién alquilada, y una de las sirvientas, Nelly, le comienza a contar toda la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dentro del relato de Nelly, hay momentos en que otros personajes comienzan a contar algunas partes de la historia, y más adelante el inquilino retoma la palabra también. Por ejemplo hay partes en las que escuchamos como Nelly le cuenta al inquilino, lo que le contaron a ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Esta estructura con diferentes perspectivas no solo crea una atmósfera de misterio y complejidad, sino que también añade capas de subjetividad y distorsión. Al final, estamos escuchando lo que alguien dijo que le dijeron que pasó. Y digo escuchar , y no ver o leer porque justamente nos da la sensación -por lo menos a mí-  de que estamos escuchando un chisme, o un cuento oral, más que leyendo una novela. Le da un toque íntimo, que nos mete en la historia y no nos suelta hasta el final.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Nelly comienza a contar la historia cuando ella trabajaba en la casa de Cumbres Borrascosas, aproximadamente unos 30 años antes de que el señor Lockwood se siente a escucharla. En esa época la casa pertenecía a la familia Earnshaw. La pareja tenía dos hijos, Hindley de unos 13 años, y Catherine de unos 6. La propia Nelly tendría alrededor de los 18 años en ese entonces. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Un día, el padre  tenía que ir a la gran ciudad, e iba a traer regalos para sus hijos y para Nelly. Pero en vez de volver a la hora que había dicho que volvería, se retrasó horas de horas. Y cuando por fin volvió, algunos de los regalos se habían roto o no había podido traer exactamente lo prometido, porque resulta que bajo su abrigo, además de los regalos, también traía a un huerfanito con rasgos de gitano que había encontrado abandonado en la calle, y con el que, por alguna razón, se encariñó hasta el fin de sus días.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y así es como empieza el drama de Cumbres Borrascosas. El niño se queda a vivir con ellos y le ponen de nombre y apellido simplemente Heathcliff. El hijo mayor, Hindley, crece envidiando y maltratándolo. Mientras más lo adulaba el padre, más lo maltrataba. Heathcliff aguantaba los abusos sin quejarse ni decir nada, y tratando de sacar provecho como podía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Por otro lado, él y Catherine tenían la misma naturaleza orgullosa e indomable. Viven haciendo travesuras, se vuelven inseparables, y con el tiempo terminan construyendo esa unión de almas casi etérea, épica y sublime, típica del Romanticismo. No es amor - o por lo menos no es solo amor-, es como si los dos fueran, de alguna forma, un solo ser. Es una unión que va más allá de lo físico, de lo moral, e incluso de la vida y la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Después que fallecen los padres, la mansión de Cumbres Borrascosas poco a poco se va volviendo un lugar más tétrico, más cruel, y menos habitable. Mientras tanto, al otro lado del páramo está la otra finca, La Granja de los Tordos, en la que ahora el señor Lockwood está escuchando a Nelly. En esa época, en esa casa vivía la familia Linton, que tenían un hijo y una hija -Edgar e Isabella-, de edades no muy distintas a las de Heathcliff y Catherine.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Estas dos casas y el páramo entre ellas son el escenario de la historia. Frente a Cumbres Borrascosas que se vuelve un lugar cada vez más inhóspito y terrible -lleno de gritos, de rencores y maltratos -, La Granja de los Tordos representa la civilización, la calma, la paz y estabilidad. Un refugio, pero sin que por eso pueda siempre contener las pasiones que atormentan el alma humana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando el hermano de Catherine se hace cargo de Cumbres Borrascosas, por fin tiene el poder de quitarle a Heathcliff ese lugar de privilegio que  había tenido mientras vivía su padre. Lo convierte en un sirviente, le quita la educación que tenía, lo margina, lo humilla y lo denigra; pero a Heathcliff nada de esto parece importarle, porque lo único que realmente le importa es estar con Catherine, con la que a pesar de todo, seguían siendo inseparables. Y entonces entran en escena los Linton.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hasta aquí la novela se lee de forma voraz, no porque uno quiera saber como termina la historia, ya que desde el principio sabemos que Catherine muere, que la nuera de Heathcliff es la hija que ella tuvo con Edgar, que también ha fallecido. Y que el hijo muerto de Heathcliff también es hijo de Isabella, la hermana de Edgar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;O sea, desde el principio sabemos que estos dos seres de Cumbres Borrascosas - pasionales e irracionales - se terminan casando con los dos Linton, que por lo general son más racionales y cautos. Lo que no sabemos y queremos saber es cómo, o más importante todavía, por qué.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y como con toda buena historia, puede ser que después de terminar de leer, sigamos queriendo saber esas respuestas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El otro día estaba conversando con mi tío Quico sobre Cumbres Borrascosas, y él me pasó un video super interesante en el que una señora analiza y compara tres novelas de las hermanas Brontë. En una parte del video dice que tanto la desgracia de Heathcliff como la de Catherine, suceden porque ella, este ser libre y pasional, decide casarse con Edgar Linton, que es un tipo muy parecido al buen Charles Bovary, solo que mucho más rico y un poco menos manso. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el video ella ve esto como una traición, tanto hacia Heathcliff, o a su amor por él, como una traición hacia ella misma. Lo ve como una traición, porque en esa decisión ella ve un intento de Catherine de ser un ser racional y no lo que ella es: desbordante pasión. Ella ve que en esa decisión Catherine cede su libertad individual y acepta la esclavitud de las convicciones sociales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Esta decisión de Catherine  es el punto neurálgico de la historia y el libro aquí me pareció tremendo, encantador. Nelly le sigue contando la historia al señor Lockwood. En ese momento Nelly  está narrando como Catherine le cuenta lo que siente y lo que piensa y que ha decidido casarse con Linton, sin saber que Heathcliff estaba descansando al otro lado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En una de las frases más lindas de la novela, Catherine le explica a Nelly: &amp;#34;Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: sé muy bien que el tiempo lo cambiará, como el invierno cambia los árboles. En cambio mi amor por Heathcliff se parece a las rocas eternas bajo el suelo: una fuente de escaso deleite visible, pero necesaria. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Está siempre, siempre en mi mente; no como un placer —del mismo modo que yo no soy un placer para mí misma—, sino como mi propio ser.&amp;#34;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora volvamos al centro del conflicto. En un primer momento también vi en la decisión de Catherine un tipo de conveniencia racional. Sí parecía como si ella estuviese intentando ser algo que no es, y de ahí viene esa idea de traición a sí misma. Pero después cambié de opinión. No creo que su decisión haya sido ni racional, ni una traición a sí misma, creo que ella estaba siendo exactamente como ella era y quería ser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;No veo la decisión de Catherine como una traición, en primer lugar porque este su amor por Heathcliff era tan profundo, que no necesitaba de ningún matrimonio, ni de nada terrenal para existir, o para que ella lo viva plenamente. Además ella en ningún momento renuncia, ni renunciaría a que Heathcliff deje de ser una parte central en su vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y en segundo lugar, porque a pesar de lo importante que es Heathcliff, como ella misma lo explica: yo soy Heathcliff. Eso no es todo lo que ella es. Ella es más que simplemente ese amor y esa pasión por Heathcliff. Catherine no es un ser unidimensional. Teme vivir en la miseria, se avergüenza de ser la esposa de un criado. Y por otro lado, también quiere a Linton, no lo ama de esa forma desaforada y trascendental como ama a Heathcliff, pero lo quiere, es un buen tipo, y disfruta de ser la dama que ella es a su lado. No hay nada de esclavizante en todo eso, es parte de su naturaleza humana. Tan real y válido como su amor por Heathcliff.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y no creo que su decisión sea racional, porque no es un frío cálculo de pros y contras de probabilidades, sino que está impregnada de orgullo. Ella piensa, con una ingenuidad apasionada, que puede tenerlo y controlarlo todo. Quiere ser la dama de la Granja de los Tordos por un lado y vivir su pasión fulminante por el otro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ella parece ser racional cuando planea casarse con Edgar y usar su dinero para ayudar a Heathcliff a salir de la situación de servidumbre en la que lo había colocado su hermano. Pero ese plan no es realista. Cómo iba un tipo como Heathcliff aceptar algo así? Es una fantasía disfrazada de estrategia. Si Heathcliff hubiese sido un tipo como Edgar o como el buen Charles, probablemente habría funcionado. Pero si Heathcliff hubiese sido así, ni hubiese sido Heathcliff, ni Catherine lo habría querido de la forma que lo hizo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces se compromete con Edgar y Heathcliff simplemente se va.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tres años más tarde, cuando ella ya está casada, y según Nelly,  viviendo en paz y tranquilidad, Heathcliff vuelve rico, poderoso y con sed de venganza. A partir de aquí el libro se vuelve incómodo y perturbador. Ya no se lee de la misma forma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ese huerfanito que hemos aprendido a querer, con el que hemos empatizado a través de las crueldades e injusticias que le han tocado vivir, vuelve transformado en una bestia. Al principio queremos que tenga su venganza, así como queremos y disfrutamos la venganza de Edmundo Dantes, cuando vuelve transformado en el Conde de Montecristo. Pero mientras la venganza de Edmundo parece caer de los cielos como justicia divina, Heathcliff vuelve como demonio destructor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Heathcliff vuelve sin ningún afán de redención, sino con intención de destruirlo todo y a todos, y eso es lo que hace desde que vuelve hasta el final. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El tipo nunca culpa a Catherine, sino a todos los demás. Con ella va a querer estar siempre,haga lo que haga y pase lo que pase. Sin embargo, es incapaz de dejarla en paz. Por ejemplo, aunque ve que la destruye, no puede dejar su guerra contra Edgar y cualquier atisbo de felicidad que Edgar pueda llegar a tener. Al final es esa naturaleza de pasión desmedida, que ambos comparten, tanto para el odio como para el amor,  lo que la termina matando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La venganza de Heathcliff es tan implacable e irracional, que ataca y destruye a personas que no tienen nada que ver con su pasado, y su desgracia. Como Isabella, con la que se casa solo para causar tormento, o la hija de Catherine, e incluso su propio hijo, al que maltrata hasta el final. Al hijo de Hindley, le  hace lo mismo que Hindley le hizo a él. Le quita la educación y lo transforma en un sirviente bruto y orgulloso de su ignorancia. Como venganza contra su padre, lo convierte en una nueva versión de sí mismo. Lo irónico es que este chico quizás sea el único que de verdad  quiso a ese espectro atormentado en el que se termina convirtiendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Es  a través de esa nueva generación que Emily Brontë nos da una especie de esperanza. Porque para Heathcliff no hay salvación posible, el odio lo consume hasta la muerte, que es lo único a lo que él puede anhelar como reencuentro  simbólico con Catherine.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;A él sí lo veo como un ser más unidimensional; pero con él, Emily Brontë nos dió unos de los personajes románticos más emblemáticos de la historia. Su origen incierto y misterioso. Su amor apasionado y total, el dolor  infernal que sufre y que provoca, siguen haciendo que continuemos viendo su historia de pasión imposible en canciones, series y películas, a casi 200 años de que Emily  haya escrito  su novela inmortal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fue curioso haber leído este libro justo después de leer Madame Bovary, porque una vida como la de Catherine, es lo que hubiese querido tener Emma. Una pasión trascendental y absoluta, en lugar de amores cobardes y mezquinos, una muerte poética y teatral, en lugar de una terrible y dolorosa. En fin, hubiera querido existir en una novela romántica, y no en una realista. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo el romanticismo  que usa Emily,  es único, y probablemente  bastante diferente a las lecturas habituales de Emma. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En Emily  Brontë el amar no se trata de  poseer a alguien, sino de ser con alguien. Y el amor no aparece como un refugio que salva y redime, sin
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                <description><![CDATA[<p><span>Lo primero que me impresionó fue la historia misma de las hermanas Brontë. Cómo es posible que, desde una sola casa en un pueblo relativamente aislado, tres hermanas autodidactas, con recursos limitados y en una época en la que era muchísimo más difícil escribir siendo mujer, ellas escribieran - casi al mismo tiempo -, libros que hoy son considerados clásicos indiscutibles de la literatura.</span></p><p><span>El fenómeno de las hermanas Brontë no tiene paralelos en la historia. Y como todo lo que es único, no dejan de maravillar y seducir.</span></p><p><span>Infelizmente, las tres tuvieron una muerte prematura. Uno solo puede imaginar lo que habrían continuado escribiendo si hubieran tenido  más tiempo y más salud. </span></p><p><span>Me decidí por leer primero Cumbres Borrascosas simplemente porque me encantó el título. Ya me daba la impresión de algo aislado, sombrío, medio mitológico. Casi como un sortilegio. Sobre todo en inglés. Wuthering Heights. Como decir abracadabra, o Hocus Pocus.</span></p><p><span>De entrada vale la pena decir que Cumbres Borrascosas es mucho más que una simple historia de amor. También es una historia de crueldades, de venganza, de obsesión.</span></p><p><span>El libro comienza cuando el nuevo inquilino de una mansión alejada de todo, el señor Lockwood, va a visitar al dueño que se la alquila. El dueño vive en la finca vecina, a unos 4 kilómetros, al otro lado del páramo, en unas cumbres donde siempre da el viento. En esa casa todo aparece medio oscuro y misterioso, casi como un cuento de terror.</span></p><p><span>El dueño de casa es el señor Heathcliff, y además de él en la casa de las cumbres hay una joven que a los ojos del señor Lockwood es increíblemente linda, y enigmática. Él piensa que es la esposa del señor Heathcliff, pero luego le corrigen que es su nuera. También hay otro joven que al principio el señor Lockwood no sabía si era familiar o sirviente, por su postura orgullosa, y sus ropas campesinas. Cuando el joven también se sienta a la mesa con ellos, el inquilino piensa que es el hijo del señor Heathcliff, pero de nuevo le dicen que no. Resulta que el hijo del Sr. Heathcliff ha muerto. Y no le dan ninguna otra explicación.</span></p><p><span>El inquilino es el que comienza narrando la historia en primera persona, y de entrada uno quiere saber quién es la gente de esa casa y qué fue lo que pasó ahí, porque no parecen una familia normal. El inquilino vuelve a su casa recién alquilada, y una de las sirvientas, Nelly, le comienza a contar toda la historia.</span></p><p><span>Dentro del relato de Nelly, hay momentos en que otros personajes comienzan a contar algunas partes de la historia, y más adelante el inquilino retoma la palabra también. Por ejemplo hay partes en las que escuchamos como Nelly le cuenta al inquilino, lo que le contaron a ella.</span></p><p><span>Esta estructura con diferentes perspectivas no solo crea una atmósfera de misterio y complejidad, sino que también añade capas de subjetividad y distorsión. Al final, estamos escuchando lo que alguien dijo que le dijeron que pasó. Y digo escuchar , y no ver o leer porque justamente nos da la sensación -por lo menos a mí-  de que estamos escuchando un chisme, o un cuento oral, más que leyendo una novela. Le da un toque íntimo, que nos mete en la historia y no nos suelta hasta el final.</span></p><p><span>Nelly comienza a contar la historia cuando ella trabajaba en la casa de Cumbres Borrascosas, aproximadamente unos 30 años antes de que el señor Lockwood se siente a escucharla. En esa época la casa pertenecía a la familia Earnshaw. La pareja tenía dos hijos, Hindley de unos 13 años, y Catherine de unos 6. La propia Nelly tendría alrededor de los 18 años en ese entonces. </span></p><p><span>Un día, el padre  tenía que ir a la gran ciudad, e iba a traer regalos para sus hijos y para Nelly. Pero en vez de volver a la hora que había dicho que volvería, se retrasó horas de horas. Y cuando por fin volvió, algunos de los regalos se habían roto o no había podido traer exactamente lo prometido, porque resulta que bajo su abrigo, además de los regalos, también traía a un huerfanito con rasgos de gitano que había encontrado abandonado en la calle, y con el que, por alguna razón, se encariñó hasta el fin de sus días.</span></p><p><span>Y así es como empieza el drama de Cumbres Borrascosas. El niño se queda a vivir con ellos y le ponen de nombre y apellido simplemente Heathcliff. El hijo mayor, Hindley, crece envidiando y maltratándolo. Mientras más lo adulaba el padre, más lo maltrataba. Heathcliff aguantaba los abusos sin quejarse ni decir nada, y tratando de sacar provecho como podía.</span></p><p><span>Por otro lado, él y Catherine tenían la misma naturaleza orgullosa e indomable. Viven haciendo travesuras, se vuelven inseparables, y con el tiempo terminan construyendo esa unión de almas casi etérea, épica y sublime, típica del Romanticismo. No es amor - o por lo menos no es solo amor-, es como si los dos fueran, de alguna forma, un solo ser. Es una unión que va más allá de lo físico, de lo moral, e incluso de la vida y la muerte.</span></p><p><span>Después que fallecen los padres, la mansión de Cumbres Borrascosas poco a poco se va volviendo un lugar más tétrico, más cruel, y menos habitable. Mientras tanto, al otro lado del páramo está la otra finca, La Granja de los Tordos, en la que ahora el señor Lockwood está escuchando a Nelly. En esa época, en esa casa vivía la familia Linton, que tenían un hijo y una hija -Edgar e Isabella-, de edades no muy distintas a las de Heathcliff y Catherine.</span></p><p><span>Estas dos casas y el páramo entre ellas son el escenario de la historia. Frente a Cumbres Borrascosas que se vuelve un lugar cada vez más inhóspito y terrible -lleno de gritos, de rencores y maltratos -, La Granja de los Tordos representa la civilización, la calma, la paz y estabilidad. Un refugio, pero sin que por eso pueda siempre contener las pasiones que atormentan el alma humana.</span></p><p><span>Cuando el hermano de Catherine se hace cargo de Cumbres Borrascosas, por fin tiene el poder de quitarle a Heathcliff ese lugar de privilegio que  había tenido mientras vivía su padre. Lo convierte en un sirviente, le quita la educación que tenía, lo margina, lo humilla y lo denigra; pero a Heathcliff nada de esto parece importarle, porque lo único que realmente le importa es estar con Catherine, con la que a pesar de todo, seguían siendo inseparables. Y entonces entran en escena los Linton.</span></p><p><span>Hasta aquí la novela se lee de forma voraz, no porque uno quiera saber como termina la historia, ya que desde el principio sabemos que Catherine muere, que la nuera de Heathcliff es la hija que ella tuvo con Edgar, que también ha fallecido. Y que el hijo muerto de Heathcliff también es hijo de Isabella, la hermana de Edgar.</span></p><p><span>O sea, desde el principio sabemos que estos dos seres de Cumbres Borrascosas - pasionales e irracionales - se terminan casando con los dos Linton, que por lo general son más racionales y cautos. Lo que no sabemos y queremos saber es cómo, o más importante todavía, por qué.</span></p><p><span>Y como con toda buena historia, puede ser que después de terminar de leer, sigamos queriendo saber esas respuestas.</span></p><p><span>El otro día estaba conversando con mi tío Quico sobre Cumbres Borrascosas, y él me pasó un video super interesante en el que una señora analiza y compara tres novelas de las hermanas Brontë. En una parte del video dice que tanto la desgracia de Heathcliff como la de Catherine, suceden porque ella, este ser libre y pasional, decide casarse con Edgar Linton, que es un tipo muy parecido al buen Charles Bovary, solo que mucho más rico y un poco menos manso. </span></p><p><span>En el video ella ve esto como una traición, tanto hacia Heathcliff, o a su amor por él, como una traición hacia ella misma. Lo ve como una traición, porque en esa decisión ella ve un intento de Catherine de ser un ser racional y no lo que ella es: desbordante pasión. Ella ve que en esa decisión Catherine cede su libertad individual y acepta la esclavitud de las convicciones sociales.</span></p><p><span>Esta decisión de Catherine  es el punto neurálgico de la historia y el libro aquí me pareció tremendo, encantador. Nelly le sigue contando la historia al señor Lockwood. En ese momento Nelly  está narrando como Catherine le cuenta lo que siente y lo que piensa y que ha decidido casarse con Linton, sin saber que Heathcliff estaba descansando al otro lado.</span></p><p><span>En una de las frases más lindas de la novela, Catherine le explica a Nelly: &#34;Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: sé muy bien que el tiempo lo cambiará, como el invierno cambia los árboles. En cambio mi amor por Heathcliff se parece a las rocas eternas bajo el suelo: una fuente de escaso deleite visible, pero necesaria. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Está siempre, siempre en mi mente; no como un placer —del mismo modo que yo no soy un placer para mí misma—, sino como mi propio ser.&#34;</span></p><p><span>Ahora volvamos al centro del conflicto. En un primer momento también vi en la decisión de Catherine un tipo de conveniencia racional. Sí parecía como si ella estuviese intentando ser algo que no es, y de ahí viene esa idea de traición a sí misma. Pero después cambié de opinión. No creo que su decisión haya sido ni racional, ni una traición a sí misma, creo que ella estaba siendo exactamente como ella era y quería ser.</span></p><p><span>No veo la decisión de Catherine como una traición, en primer lugar porque este su amor por Heathcliff era tan profundo, que no necesitaba de ningún matrimonio, ni de nada terrenal para existir, o para que ella lo viva plenamente. Además ella en ningún momento renuncia, ni renunciaría a que Heathcliff deje de ser una parte central en su vida.</span></p><p><span>Y en segundo lugar, porque a pesar de lo importante que es Heathcliff, como ella misma lo explica: yo soy Heathcliff. Eso no es todo lo que ella es. Ella es más que simplemente ese amor y esa pasión por Heathcliff. Catherine no es un ser unidimensional. Teme vivir en la miseria, se avergüenza de ser la esposa de un criado. Y por otro lado, también quiere a Linton, no lo ama de esa forma desaforada y trascendental como ama a Heathcliff, pero lo quiere, es un buen tipo, y disfruta de ser la dama que ella es a su lado. No hay nada de esclavizante en todo eso, es parte de su naturaleza humana. Tan real y válido como su amor por Heathcliff.</span></p><p><span>Y no creo que su decisión sea racional, porque no es un frío cálculo de pros y contras de probabilidades, sino que está impregnada de orgullo. Ella piensa, con una ingenuidad apasionada, que puede tenerlo y controlarlo todo. Quiere ser la dama de la Granja de los Tordos por un lado y vivir su pasión fulminante por el otro.</span></p><p><span>Ella parece ser racional cuando planea casarse con Edgar y usar su dinero para ayudar a Heathcliff a salir de la situación de servidumbre en la que lo había colocado su hermano. Pero ese plan no es realista. Cómo iba un tipo como Heathcliff aceptar algo así? Es una fantasía disfrazada de estrategia. Si Heathcliff hubiese sido un tipo como Edgar o como el buen Charles, probablemente habría funcionado. Pero si Heathcliff hubiese sido así, ni hubiese sido Heathcliff, ni Catherine lo habría querido de la forma que lo hizo.</span></p><p><span>Entonces se compromete con Edgar y Heathcliff simplemente se va.</span></p><p><span>Tres años más tarde, cuando ella ya está casada, y según Nelly,  viviendo en paz y tranquilidad, Heathcliff vuelve rico, poderoso y con sed de venganza. A partir de aquí el libro se vuelve incómodo y perturbador. Ya no se lee de la misma forma.</span></p><p><span>Ese huerfanito que hemos aprendido a querer, con el que hemos empatizado a través de las crueldades e injusticias que le han tocado vivir, vuelve transformado en una bestia. Al principio queremos que tenga su venganza, así como queremos y disfrutamos la venganza de Edmundo Dantes, cuando vuelve transformado en el Conde de Montecristo. Pero mientras la venganza de Edmundo parece caer de los cielos como justicia divina, Heathcliff vuelve como demonio destructor. </span></p><p><span>Heathcliff vuelve sin ningún afán de redención, sino con intención de destruirlo todo y a todos, y eso es lo que hace desde que vuelve hasta el final. </span></p><p><span>El tipo nunca culpa a Catherine, sino a todos los demás. Con ella va a querer estar siempre,haga lo que haga y pase lo que pase. Sin embargo, es incapaz de dejarla en paz. Por ejemplo, aunque ve que la destruye, no puede dejar su guerra contra Edgar y cualquier atisbo de felicidad que Edgar pueda llegar a tener. Al final es esa naturaleza de pasión desmedida, que ambos comparten, tanto para el odio como para el amor,  lo que la termina matando.</span></p><p><span>La venganza de Heathcliff es tan implacable e irracional, que ataca y destruye a personas que no tienen nada que ver con su pasado, y su desgracia. Como Isabella, con la que se casa solo para causar tormento, o la hija de Catherine, e incluso su propio hijo, al que maltrata hasta el final. Al hijo de Hindley, le  hace lo mismo que Hindley le hizo a él. Le quita la educación y lo transforma en un sirviente bruto y orgulloso de su ignorancia. Como venganza contra su padre, lo convierte en una nueva versión de sí mismo. Lo irónico es que este chico quizás sea el único que de verdad  quiso a ese espectro atormentado en el que se termina convirtiendo.</span></p><p><span>Es  a través de esa nueva generación que Emily Brontë nos da una especie de esperanza. Porque para Heathcliff no hay salvación posible, el odio lo consume hasta la muerte, que es lo único a lo que él puede anhelar como reencuentro  simbólico con Catherine.</span></p><p><span>A él sí lo veo como un ser más unidimensional; pero con él, Emily Brontë nos dió unos de los personajes románticos más emblemáticos de la historia. Su origen incierto y misterioso. Su amor apasionado y total, el dolor  infernal que sufre y que provoca, siguen haciendo que continuemos viendo su historia de pasión imposible en canciones, series y películas, a casi 200 años de que Emily  haya escrito  su novela inmortal.</span></p><p><span>Fue curioso haber leído este libro justo después de leer Madame Bovary, porque una vida como la de Catherine, es lo que hubiese querido tener Emma. Una pasión trascendental y absoluta, en lugar de amores cobardes y mezquinos, una muerte poética y teatral, en lugar de una terrible y dolorosa. En fin, hubiera querido existir en una novela romántica, y no en una realista. </span></p><p><span>Sin embargo el romanticismo  que usa Emily,  es único, y probablemente  bastante diferente a las lecturas habituales de Emma. </span></p><p><span>En Emily  Brontë el amar no se trata de  poseer a alguien, sino de ser con alguien. Y el amor no aparece como un refugio que salva y redime, sin
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                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Lo primero que me impresionó fue la historia misma de las hermanas Brontë. Cómo es posible que, desde una sola casa en un pueblo relativamente aislado, tres hermanas autodidactas, con recursos limitados y en una época en la que era muchísimo más difícil escribir siendo mujer, ellas escribieran - casi al mismo tiempo -, libros que hoy son considerados clásicos indiscutibles de la literatura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El fenómeno de las hermanas Brontë no tiene paralelos en la historia. Y como todo lo que es único, no dejan de maravillar y seducir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Infelizmente, las tres tuvieron una muerte prematura. Uno solo puede imaginar lo que habrían continuado escribiendo si hubieran tenido  más tiempo y más salud. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Me decidí por leer primero Cumbres Borrascosas simplemente porque me encantó el título. Ya me daba la impresión de algo aislado, sombrío, medio mitológico. Casi como un sortilegio. Sobre todo en inglés. Wuthering Heights. Como decir abracadabra, o Hocus Pocus.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;De entrada vale la pena decir que Cumbres Borrascosas es mucho más que una simple historia de amor. También es una historia de crueldades, de venganza, de obsesión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El libro comienza cuando el nuevo inquilino de una mansión alejada de todo, el señor Lockwood, va a visitar al dueño que se la alquila. El dueño vive en la finca vecina, a unos 4 kilómetros, al otro lado del páramo, en unas cumbres donde siempre da el viento. En esa casa todo aparece medio oscuro y misterioso, casi como un cuento de terror.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El dueño de casa es el señor Heathcliff, y además de él en la casa de las cumbres hay una joven que a los ojos del señor Lockwood es increíblemente linda, y enigmática. Él piensa que es la esposa del señor Heathcliff, pero luego le corrigen que es su nuera. También hay otro joven que al principio el señor Lockwood no sabía si era familiar o sirviente, por su postura orgullosa, y sus ropas campesinas. Cuando el joven también se sienta a la mesa con ellos, el inquilino piensa que es el hijo del señor Heathcliff, pero de nuevo le dicen que no. Resulta que el hijo del Sr. Heathcliff ha muerto. Y no le dan ninguna otra explicación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El inquilino es el que comienza narrando la historia en primera persona, y de entrada uno quiere saber quién es la gente de esa casa y qué fue lo que pasó ahí, porque no parecen una familia normal. El inquilino vuelve a su casa recién alquilada, y una de las sirvientas, Nelly, le comienza a contar toda la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Dentro del relato de Nelly, hay momentos en que otros personajes comienzan a contar algunas partes de la historia, y más adelante el inquilino retoma la palabra también. Por ejemplo hay partes en las que escuchamos como Nelly le cuenta al inquilino, lo que le contaron a ella.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Esta estructura con diferentes perspectivas no solo crea una atmósfera de misterio y complejidad, sino que también añade capas de subjetividad y distorsión. Al final, estamos escuchando lo que alguien dijo que le dijeron que pasó. Y digo escuchar , y no ver o leer porque justamente nos da la sensación -por lo menos a mí-  de que estamos escuchando un chisme, o un cuento oral, más que leyendo una novela. Le da un toque íntimo, que nos mete en la historia y no nos suelta hasta el final.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Nelly comienza a contar la historia cuando ella trabajaba en la casa de Cumbres Borrascosas, aproximadamente unos 30 años antes de que el señor Lockwood se siente a escucharla. En esa época la casa pertenecía a la familia Earnshaw. La pareja tenía dos hijos, Hindley de unos 13 años, y Catherine de unos 6. La propia Nelly tendría alrededor de los 18 años en ese entonces. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Un día, el padre  tenía que ir a la gran ciudad, e iba a traer regalos para sus hijos y para Nelly. Pero en vez de volver a la hora que había dicho que volvería, se retrasó horas de horas. Y cuando por fin volvió, algunos de los regalos se habían roto o no había podido traer exactamente lo prometido, porque resulta que bajo su abrigo, además de los regalos, también traía a un huerfanito con rasgos de gitano que había encontrado abandonado en la calle, y con el que, por alguna razón, se encariñó hasta el fin de sus días.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y así es como empieza el drama de Cumbres Borrascosas. El niño se queda a vivir con ellos y le ponen de nombre y apellido simplemente Heathcliff. El hijo mayor, Hindley, crece envidiando y maltratándolo. Mientras más lo adulaba el padre, más lo maltrataba. Heathcliff aguantaba los abusos sin quejarse ni decir nada, y tratando de sacar provecho como podía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Por otro lado, él y Catherine tenían la misma naturaleza orgullosa e indomable. Viven haciendo travesuras, se vuelven inseparables, y con el tiempo terminan construyendo esa unión de almas casi etérea, épica y sublime, típica del Romanticismo. No es amor - o por lo menos no es solo amor-, es como si los dos fueran, de alguna forma, un solo ser. Es una unión que va más allá de lo físico, de lo moral, e incluso de la vida y la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Después que fallecen los padres, la mansión de Cumbres Borrascosas poco a poco se va volviendo un lugar más tétrico, más cruel, y menos habitable. Mientras tanto, al otro lado del páramo está la otra finca, La Granja de los Tordos, en la que ahora el señor Lockwood está escuchando a Nelly. En esa época, en esa casa vivía la familia Linton, que tenían un hijo y una hija -Edgar e Isabella-, de edades no muy distintas a las de Heathcliff y Catherine.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Estas dos casas y el páramo entre ellas son el escenario de la historia. Frente a Cumbres Borrascosas que se vuelve un lugar cada vez más inhóspito y terrible -lleno de gritos, de rencores y maltratos -, La Granja de los Tordos representa la civilización, la calma, la paz y estabilidad. Un refugio, pero sin que por eso pueda siempre contener las pasiones que atormentan el alma humana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando el hermano de Catherine se hace cargo de Cumbres Borrascosas, por fin tiene el poder de quitarle a Heathcliff ese lugar de privilegio que  había tenido mientras vivía su padre. Lo convierte en un sirviente, le quita la educación que tenía, lo margina, lo humilla y lo denigra; pero a Heathcliff nada de esto parece importarle, porque lo único que realmente le importa es estar con Catherine, con la que a pesar de todo, seguían siendo inseparables. Y entonces entran en escena los Linton.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hasta aquí la novela se lee de forma voraz, no porque uno quiera saber como termina la historia, ya que desde el principio sabemos que Catherine muere, que la nuera de Heathcliff es la hija que ella tuvo con Edgar, que también ha fallecido. Y que el hijo muerto de Heathcliff también es hijo de Isabella, la hermana de Edgar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;O sea, desde el principio sabemos que estos dos seres de Cumbres Borrascosas - pasionales e irracionales - se terminan casando con los dos Linton, que por lo general son más racionales y cautos. Lo que no sabemos y queremos saber es cómo, o más importante todavía, por qué.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y como con toda buena historia, puede ser que después de terminar de leer, sigamos queriendo saber esas respuestas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El otro día estaba conversando con mi tío Quico sobre Cumbres Borrascosas, y él me pasó un video super interesante en el que una señora analiza y compara tres novelas de las hermanas Brontë. En una parte del video dice que tanto la desgracia de Heathcliff como la de Catherine, suceden porque ella, este ser libre y pasional, decide casarse con Edgar Linton, que es un tipo muy parecido al buen Charles Bovary, solo que mucho más rico y un poco menos manso. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el video ella ve esto como una traición, tanto hacia Heathcliff, o a su amor por él, como una traición hacia ella misma. Lo ve como una traición, porque en esa decisión ella ve un intento de Catherine de ser un ser racional y no lo que ella es: desbordante pasión. Ella ve que en esa decisión Catherine cede su libertad individual y acepta la esclavitud de las convicciones sociales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Esta decisión de Catherine  es el punto neurálgico de la historia y el libro aquí me pareció tremendo, encantador. Nelly le sigue contando la historia al señor Lockwood. En ese momento Nelly  está narrando como Catherine le cuenta lo que siente y lo que piensa y que ha decidido casarse con Linton, sin saber que Heathcliff estaba descansando al otro lado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En una de las frases más lindas de la novela, Catherine le explica a Nelly: &amp;#34;Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: sé muy bien que el tiempo lo cambiará, como el invierno cambia los árboles. En cambio mi amor por Heathcliff se parece a las rocas eternas bajo el suelo: una fuente de escaso deleite visible, pero necesaria. ¡Nelly, yo soy Heathcliff! Está siempre, siempre en mi mente; no como un placer —del mismo modo que yo no soy un placer para mí misma—, sino como mi propio ser.&amp;#34;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora volvamos al centro del conflicto. En un primer momento también vi en la decisión de Catherine un tipo de conveniencia racional. Sí parecía como si ella estuviese intentando ser algo que no es, y de ahí viene esa idea de traición a sí misma. Pero después cambié de opinión. No creo que su decisión haya sido ni racional, ni una traición a sí misma, creo que ella estaba siendo exactamente como ella era y quería ser.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;No veo la decisión de Catherine como una traición, en primer lugar porque este su amor por Heathcliff era tan profundo, que no necesitaba de ningún matrimonio, ni de nada terrenal para existir, o para que ella lo viva plenamente. Además ella en ningún momento renuncia, ni renunciaría a que Heathcliff deje de ser una parte central en su vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y en segundo lugar, porque a pesar de lo importante que es Heathcliff, como ella misma lo explica: yo soy Heathcliff. Eso no es todo lo que ella es. Ella es más que simplemente ese amor y esa pasión por Heathcliff. Catherine no es un ser unidimensional. Teme vivir en la miseria, se avergüenza de ser la esposa de un criado. Y por otro lado, también quiere a Linton, no lo ama de esa forma desaforada y trascendental como ama a Heathcliff, pero lo quiere, es un buen tipo, y disfruta de ser la dama que ella es a su lado. No hay nada de esclavizante en todo eso, es parte de su naturaleza humana. Tan real y válido como su amor por Heathcliff.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y no creo que su decisión sea racional, porque no es un frío cálculo de pros y contras de probabilidades, sino que está impregnada de orgullo. Ella piensa, con una ingenuidad apasionada, que puede tenerlo y controlarlo todo. Quiere ser la dama de la Granja de los Tordos por un lado y vivir su pasión fulminante por el otro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ella parece ser racional cuando planea casarse con Edgar y usar su dinero para ayudar a Heathcliff a salir de la situación de servidumbre en la que lo había colocado su hermano. Pero ese plan no es realista. Cómo iba un tipo como Heathcliff aceptar algo así? Es una fantasía disfrazada de estrategia. Si Heathcliff hubiese sido un tipo como Edgar o como el buen Charles, probablemente habría funcionado. Pero si Heathcliff hubiese sido así, ni hubiese sido Heathcliff, ni Catherine lo habría querido de la forma que lo hizo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces se compromete con Edgar y Heathcliff simplemente se va.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tres años más tarde, cuando ella ya está casada, y según Nelly,  viviendo en paz y tranquilidad, Heathcliff vuelve rico, poderoso y con sed de venganza. A partir de aquí el libro se vuelve incómodo y perturbador. Ya no se lee de la misma forma.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ese huerfanito que hemos aprendido a querer, con el que hemos empatizado a través de las crueldades e injusticias que le han tocado vivir, vuelve transformado en una bestia. Al principio queremos que tenga su venganza, así como queremos y disfrutamos la venganza de Edmundo Dantes, cuando vuelve transformado en el Conde de Montecristo. Pero mientras la venganza de Edmundo parece caer de los cielos como justicia divina, Heathcliff vuelve como demonio destructor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Heathcliff vuelve sin ningún afán de redención, sino con intención de destruirlo todo y a todos, y eso es lo que hace desde que vuelve hasta el final. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El tipo nunca culpa a Catherine, sino a todos los demás. Con ella va a querer estar siempre,haga lo que haga y pase lo que pase. Sin embargo, es incapaz de dejarla en paz. Por ejemplo, aunque ve que la destruye, no puede dejar su guerra contra Edgar y cualquier atisbo de felicidad que Edgar pueda llegar a tener. Al final es esa naturaleza de pasión desmedida, que ambos comparten, tanto para el odio como para el amor,  lo que la termina matando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La venganza de Heathcliff es tan implacable e irracional, que ataca y destruye a personas que no tienen nada que ver con su pasado, y su desgracia. Como Isabella, con la que se casa solo para causar tormento, o la hija de Catherine, e incluso su propio hijo, al que maltrata hasta el final. Al hijo de Hindley, le  hace lo mismo que Hindley le hizo a él. Le quita la educación y lo transforma en un sirviente bruto y orgulloso de su ignorancia. Como venganza contra su padre, lo convierte en una nueva versión de sí mismo. Lo irónico es que este chico quizás sea el único que de verdad  quiso a ese espectro atormentado en el que se termina convirtiendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Es  a través de esa nueva generación que Emily Brontë nos da una especie de esperanza. Porque para Heathcliff no hay salvación posible, el odio lo consume hasta la muerte, que es lo único a lo que él puede anhelar como reencuentro  simbólico con Catherine.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;A él sí lo veo como un ser más unidimensional; pero con él, Emily Brontë nos dió unos de los personajes románticos más emblemáticos de la historia. Su origen incierto y misterioso. Su amor apasionado y total, el dolor  infernal que sufre y que provoca, siguen haciendo que continuemos viendo su historia de pasión imposible en canciones, series y películas, a casi 200 años de que Emily  haya escrito  su novela inmortal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fue curioso haber leído este libro justo después de leer Madame Bovary, porque una vida como la de Catherine, es lo que hubiese querido tener Emma. Una pasión trascendental y absoluta, en lugar de amores cobardes y mezquinos, una muerte poética y teatral, en lugar de una terrible y dolorosa. En fin, hubiera querido existir en una novela romántica, y no en una realista. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo el romanticismo  que usa Emily,  es único, y probablemente  bastante diferente a las lecturas habituales de Emma. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En Emily  Brontë el amar no se trata de  poseer a alguien, sino de ser con alguien. Y el amor no aparece como un refugio que salva y redime, sin
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                <pubDate>Sat, 12 Apr 2025 21:19:00 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#25 Madame Bovary - Gustave Flaubert</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy quería hablar sobre Madame Bovary, novela en la que Gustave Flaubert nos cuenta la vida, en apariencia banal y fútil, de una señora burguesa, en una pequeña ciudad de la  Francia del siglo XIX. Sin embargo, lejos de ser una historia trivial, la historia de Emma Bovary es una obra maestra universal que invita a la reflexión y al debate sobre muchos temas. Después de todo, Emma es un personaje complejo y fascinante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero ¿Cuál es, en realidad, la tragedia de Emma? ¿Es el eterno conflicto entre libertad y responsabilidad, que la convierte en una egoísta guiada por sus caprichos y deseos, mientras su marido trabaja y una empleada cría a su hija? ¿O es, más bien, la de una víctima de un sistema patriarcal y opresivo, que la educó para ser un objeto de deseo y le negó oportunidades de independencia, haciéndole creer que el amor romántico y total era el único camino de la felicidad? ¿O acaso su verdadera tragedia es estar atrapada en su propia ilusión, incapaz de renunciar a sus sueños, aunque estos sean imposibles?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Antes de profundizar sobre su tragedia, vamos a hablar un poco sobre la historia de la Señora Bovary, para no perderse  en el camino. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En resumen,  el drama de Emma,  es que influenciada por todas las novelas románticas que ha leído, termina idealizando el amor y la vida, como algo lleno de intensidad y de emoción. Y así como Don Quijote después de leer todas sus novelas de caballería, termina creyendo que es un caballero andante, Emma acaba creyendo que la vida debería ser una historia de amor desbordante de pasión, y de grandeza en cada instante; y  que vivir sin toda esa intensidad, no es solo una injusticia, sino también una insufrible miseria. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando Emma se casa con Charles Bovary, ella ya tenía todas esas expectativas sobre la vida, y de alguna forma pensaba que junto él, el mundo le daría todas esas felicidades sobre las que ya  había leído en tantas historias de amor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El problema era que Charles, a pesar de ser amable, y de quererla con toda el alma, era un tipo sencillo, aburrido,  mediocre. No sabía decir frases interesantes, no sabía bailar vals, ni podía expresar pasiones imposibles. No tenía ambiciones que le quiten el sueño, ni lo carcomía la envidia, ni se moría de celos, ni guardaba rencor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La vida al lado del buen Charles era para Emma una ofensa y una traición. Vivía entre el tedio y la depresión. A veces encontraba algún interés o pasatiempo, pero la triste realidad se terminaba imponiendo y  haciéndola  infeliz. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Emma intenta escapar del tedio con lujos y aventuras románticas, aveces platónicas, y a veces… totales,  pero siendo la realidad como es, nunca está a la altura de sus sueños, y la búsqueda de una vida intensa  se vuelve un desesperado camino de autodestrucción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora sí. Volvamos a su tragedia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Primero que nada, ¿qué es una tragedia? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si bien la tragedia, como expresión dramática, nace en la antigua Grecia y se utilizaba en festivales religiosos para purificar las emociones del público, seguramente existen historias trágicas desde el principio de los tiempos. La historia de Gilgamesh, por ejemplo, nos muestra su inútil búsqueda de la inmortalidad y su inevitable enfrentamiento con la muerte. Y desde entonces nos han servido para hacer catarsis, haciéndonos reflexionar sobre la existencia y el sufrimiento humano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Catarsis significa precisamente  purificación emocional. Y ya Aristóteles hablaba sobre cómo la tragedia nos sirve para purgar o liberar emociones, y con suerte, también para reflexionar y entender mejor nuestras propias vidas. Según él, la tragedia logra esto a través de la compasión y el terror: sentimos empatía, o compasión por el protagonista que sufre y, al mismo tiempo, sentimos terror, al pensar que podríamos estar en su lugar, o de que algo parecido nos puede pasar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, una tragedia no es simplemente  una historia en la que a un personaje le pasan desgracias e injusticias. Si a pesar de lo terrible  que puede ser su camino, el  protagonista aprende,  cambia, o se adapta, su historia no sería una tragedia. Por ejemplo, la historia de Teseo, a pesar de tener desgracias e infortunios, no es una tragedia, ya que lo vemos cambiar, evolucionar. Comienza siendo un niño sin padre, y se termina convirtiendo en  uno de los más grandes héroes de Atenas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En cambio, por ejemplo el último cuento que comentamos, &lt;/span&gt;&lt;em&gt;Cuánta tierra necesita un hombre&lt;/em&gt;&lt;span&gt;, de Tolstoi, es una tragedia. En esa historia Pajón es incapaz de reconocer, y mucho menos de cambiar su ambición desmedida, lo que lo termina llevando,  también, a un camino de autodestrucción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otra cosa importante, es que para que nosotros como público podamos tener esa conexión  significativa con la historia, para que nos lleve a esa limpieza emocional, la tragedia, en su aspecto más profundo, tiene que ser universal, tiene que poder resonar con cualquier audiencia, trascendiendo las limitaciones de género, clase, o contexto histórico. Por eso  las grandes historias siguen estando a pesar del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además de la compasión y el terror hay un tercer elemento que me parece muy interesante: la causa secreta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el episodio que hice sobre La ciudad y los perros ya hablé sobre la causa secreta, pero ahora vale la pena mencionarla de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La causa secreta es lo que realmente mueve al personaje, más allá de lo que el personaje mismo cree estar buscando. Es la verdad esencial y aterradora sobre la condición humana que nos revela la tragedia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el caso de Emma,  y volviendo a mi pregunta inicial,  su tragedia no es que ella esté atrapada entre la responsabilidad y la libertad, sino que sufre porque ninguna de las dos opciones la satisface: el deber la asfixia, y la libertad que persigue nunca está a la altura de sus expectativas. Y aunque es evidente que Emma vive en una sociedad en la que las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres, esta tampoco es su tragedia, en el sentido universal del que estamos hablando.Su tragedia es no poder reconciliar la fantasía con la realidad. Ella cree que busca el amor absoluto y la felicidad apasionada, pero en realidad su causa secreta, lo que ella de verdad quiere, no es un hombre, ni una relación, ni todos los lujos del mundo, sino poder llenar un vacío existencial. Su causa secreta es su incapacidad de encontrar plenitud en la realidad, lo que la lleva a un ciclo de deseo, insatisfacción y desesperación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si  Emma hubiese sido hombre, un príncipe, incluso, con todos los lujos y ventajas que el mundo tiene para ofrecer, seguiría siendo infeliz. Porque ella lo que quiere es una vida más bella, vibrante e intensa de lo que la realidad puede ofrecer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ella quería vivir una historia romántica, quizás como la de Romeo y Julieta,  la de Tristán e Isolda, o la de Lancelot y Ginebra; pero en la vida real hay pocos caballeros como Lancelot, y son menos las veces en que las personas viven historias así. Y para bien o para mal, Flaubert le quiso escribir una novela realista, en la que los amantes no son heroicos, sino egoístas y cobardes, en la que no hay muertes instantáneas y gloriosas, sino dolorosas, y terribles. Un mundo  muy parecido al que vemos todos los días, cuando salimos a tomar un café. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Por eso es que todos nos podemos identificar con Emma, porque nadie sueña con una vida mediocre y aburrida, porque  todos nos sentimos alguna vez decepcionados con la realidad y su mezquindad. Por eso Emma es una heroina, o una anti-heorína, si se prefiere, que trasciende los límites de su contexto y de su tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando terminé de leer  Madame Bovary, continué leyendo  sobre el libro, porque una de las cosas que más me apasiona sobre la literatura es ver cómo algunos personajes trascienden su propia historia,  viven otras, narradas por otras personas, tal vez. O se los encuentra en  metáforas, poemas y canciones, a veces cientos, o hasta miles de años después.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fue así que leyendo el ensayo que Vargas LLosa escribe sobre Madame Bovary, me topé con el perfecto ejemplo de cómo funciona la tragedia en el contexto que estábamos hablando. Él cuenta  un episodio en el que él estaba atravesaba una  profunda crisis personal, e incluso estaba contemplando la idea del suicidio. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y cuenta cómo al leer y releer la tragedia de Emma, en especial su último día, él lograba hacer catarsis, a través  de la angustia y el dolor de Emma, que de alguna forma lo absolvian de su propio desencanto  con la realidad. Emma moría, para que él pueda vivir. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Es increíble ver como algunos personajes y sus historias se vuelven  tan importantes en las vidas de quienes los leen y los cometan. Nunca me deja de  impresionar lo mucho que necesitamos historias y el impulso de vida que nos dan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay una frase que se le atribuye a Oscar Wilde, sobre uno de los personajes de Balzac: “El gran drama de mi vida es la muerte de Lucien Rubempré. Me persigue en mis momentos de placer. Lo recuerdo cuando río.”  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay historias que nos marcan así. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mario Vargas Llosa, en ese ensayo, comienza usando esa frase sobre Lucien para explicar que existen personajes de ficción que pueden ser igual o más importantes en nuestras vidas que personas de carne y hueso.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Para Vargas Llosa, Emma Bovary es uno de esos personajes clave en su vida. Y como él tiene a Emma,  todos tenemos historias que nos ayudan a navegar las aguas de la incerteza y nos ayudan a encarar las obligatorias transiciones de vida y de muerte que conlleva el estar aquí. Pero como vemos en la historia de Emma, la fantasía, aun con todas sus maravillas,no está libre de peligros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Porque así como la lectura y las historias en general, ya sea en libros,  películas, videojuegos, nos permiten viajar y en cierta forma vivir otras realidades, que nos ayudan a ver desde diferentes perspectivas nuestro interior y nuestra  vida. También puede pasar, como le pasó a Bastian Baltasar Bux, cuando no podía, ni quería,  encontrar el camino de vuelta a casa; nos puede pasar que usemos el mundo imaginario como una evasión de la realidad. Puede pasar, que en vez visitar ese mundo de manera creativa,  para encontrar alguna  Verdad  que critique, o que transforme nuestro mundo, lo usemos de manera autodestructiva, para huir y escapar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el caso de Bastian, recordemos que fue cuando ya apunto de perderse para siempre en el mundo irreal,  con mucha paciencia y trabajo logra encontrar su verdadera voluntad, y  puede regresar a su mundo y transformarlo, al compartir con su padre esa verdad que encuentra en Fantasía. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Se podría decir que algo parecido  hace Vargas Llosa cuando se sumerge en la historia de Emma, vive  con ella su desilusión por la realidad, admira su rebeldía,  sus ganas de vivir más allá de los límites impuestos, y la forma en que se va  inmolando  con tal de no vivir una existencia como la que supuestamente tiene que vivir. Pero  él regresa a su mundo, y no  intenta  convertirlo en algún tipo de imitación o tributo del mundo fantástico. Sino que  usa la historia de Emma cómo inspiración para rebelarse contra el; pero lo hace de forma creativa, y no autodestructiva. Él cuenta que fue gracias al trabajo de Flaubert que supo finalmente qué tipo de escritor él quería ser. Y fueron sus libros  la negación de una realidad que no le era suficiente, y su forma de compartir con el resto de nosotros esa verdad que encontró en Fantasía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, esa es otra de las reflexiones principales que me dejó toda esta historia de la señora Bovary.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Todos necesitamos vehementemente de fantasía y de ilusión para avanzar,para cambiar, para crear; pero también necesitamos aceptar, y tal vez incluso aferrarnos, a ciertas cosas de la realidad, para no quedar flotando en un limbo sin mucho sentido, ni valor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;A todo esto, y ya para ir terminando, la novela puede ser muy realista y todo. Pero la forma en que usa el lenguaje y describe las cosas, as veces es tan bonito, parece surreal. Es muy lindo. Uno queda como en trance con algunos de sus pasajes y descripciones. Como la escena de amor en el coche, en la que no se menciona nada de lo que pasa dentro del mismo coche, o esa última noche con Rodolphe en el jardín, o la más linda descripción de la felicidad que he leído hasta ahora, cuando el narrador describe cómo el buen Charles se moría de amor, adorándola, justo después de su matrimonio. Y lo más curioso es que Charles la continuó amando y adorando de la misma forma, a pesar de los pesares, y hasta el final de los finales. En su simplicidad, y con todas sus limitaciones, creo que ese amor fiel, ciego y abnegado de Charles, fue lo más parecido a esos amores de novelas imposibles que llega aparecer en la vida de Emma. Nadie la amó de manera más sincera y constante que él. Y sin embargo, ya vi que al pobre Charles lo humillan hasta los críticos. Haha&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Aunque el otro día me topé con un artículo de Pilar Gómez Rodríguez, en el que explica la apasionante defensa  de Charles que hace el escritor  Jean Amery, en su texto Charles Bovary, médico rural. Muy linda e intensa lectura.La recomiendo. Es así como los personajes se escapan de los libros en los que nacieron e invaden nuestro mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Podríamos seguir conversando, hay tanto por decir. Pero ahora toca volver a la realidad real. Que tengan un buen día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p><span>Hoy quería hablar sobre Madame Bovary, novela en la que Gustave Flaubert nos cuenta la vida, en apariencia banal y fútil, de una señora burguesa, en una pequeña ciudad de la  Francia del siglo XIX. Sin embargo, lejos de ser una historia trivial, la historia de Emma Bovary es una obra maestra universal que invita a la reflexión y al debate sobre muchos temas. Después de todo, Emma es un personaje complejo y fascinante.</span></p><p><br></p><p><span>Pero ¿Cuál es, en realidad, la tragedia de Emma? ¿Es el eterno conflicto entre libertad y responsabilidad, que la convierte en una egoísta guiada por sus caprichos y deseos, mientras su marido trabaja y una empleada cría a su hija? ¿O es, más bien, la de una víctima de un sistema patriarcal y opresivo, que la educó para ser un objeto de deseo y le negó oportunidades de independencia, haciéndole creer que el amor romántico y total era el único camino de la felicidad? ¿O acaso su verdadera tragedia es estar atrapada en su propia ilusión, incapaz de renunciar a sus sueños, aunque estos sean imposibles?</span></p><p><br></p><p><span>Antes de profundizar sobre su tragedia, vamos a hablar un poco sobre la historia de la Señora Bovary, para no perderse  en el camino. </span></p><p><br></p><p><span>En resumen,  el drama de Emma,  es que influenciada por todas las novelas románticas que ha leído, termina idealizando el amor y la vida, como algo lleno de intensidad y de emoción. Y así como Don Quijote después de leer todas sus novelas de caballería, termina creyendo que es un caballero andante, Emma acaba creyendo que la vida debería ser una historia de amor desbordante de pasión, y de grandeza en cada instante; y  que vivir sin toda esa intensidad, no es solo una injusticia, sino también una insufrible miseria. </span></p><p><br></p><p><span>Cuando Emma se casa con Charles Bovary, ella ya tenía todas esas expectativas sobre la vida, y de alguna forma pensaba que junto él, el mundo le daría todas esas felicidades sobre las que ya  había leído en tantas historias de amor.</span></p><p><br></p><p><span>El problema era que Charles, a pesar de ser amable, y de quererla con toda el alma, era un tipo sencillo, aburrido,  mediocre. No sabía decir frases interesantes, no sabía bailar vals, ni podía expresar pasiones imposibles. No tenía ambiciones que le quiten el sueño, ni lo carcomía la envidia, ni se moría de celos, ni guardaba rencor. </span></p><p><br></p><p><span>La vida al lado del buen Charles era para Emma una ofensa y una traición. Vivía entre el tedio y la depresión. A veces encontraba algún interés o pasatiempo, pero la triste realidad se terminaba imponiendo y  haciéndola  infeliz. </span></p><p><br></p><p><span>Emma intenta escapar del tedio con lujos y aventuras románticas, aveces platónicas, y a veces… totales,  pero siendo la realidad como es, nunca está a la altura de sus sueños, y la búsqueda de una vida intensa  se vuelve un desesperado camino de autodestrucción.</span></p><p><br></p><p><span>Ahora sí. Volvamos a su tragedia.</span></p><p><span>Primero que nada, ¿qué es una tragedia? </span></p><p><span>Si bien la tragedia, como expresión dramática, nace en la antigua Grecia y se utilizaba en festivales religiosos para purificar las emociones del público, seguramente existen historias trágicas desde el principio de los tiempos. La historia de Gilgamesh, por ejemplo, nos muestra su inútil búsqueda de la inmortalidad y su inevitable enfrentamiento con la muerte. Y desde entonces nos han servido para hacer catarsis, haciéndonos reflexionar sobre la existencia y el sufrimiento humano.</span></p><p><span>Catarsis significa precisamente  purificación emocional. Y ya Aristóteles hablaba sobre cómo la tragedia nos sirve para purgar o liberar emociones, y con suerte, también para reflexionar y entender mejor nuestras propias vidas. Según él, la tragedia logra esto a través de la compasión y el terror: sentimos empatía, o compasión por el protagonista que sufre y, al mismo tiempo, sentimos terror, al pensar que podríamos estar en su lugar, o de que algo parecido nos puede pasar.</span></p><p><br></p><p><span>Sin embargo, una tragedia no es simplemente  una historia en la que a un personaje le pasan desgracias e injusticias. Si a pesar de lo terrible  que puede ser su camino, el  protagonista aprende,  cambia, o se adapta, su historia no sería una tragedia. Por ejemplo, la historia de Teseo, a pesar de tener desgracias e infortunios, no es una tragedia, ya que lo vemos cambiar, evolucionar. Comienza siendo un niño sin padre, y se termina convirtiendo en  uno de los más grandes héroes de Atenas.</span></p><p><span>En cambio, por ejemplo el último cuento que comentamos, </span><em>Cuánta tierra necesita un hombre</em><span>, de Tolstoi, es una tragedia. En esa historia Pajón es incapaz de reconocer, y mucho menos de cambiar su ambición desmedida, lo que lo termina llevando,  también, a un camino de autodestrucción.</span></p><p><span>Otra cosa importante, es que para que nosotros como público podamos tener esa conexión  significativa con la historia, para que nos lleve a esa limpieza emocional, la tragedia, en su aspecto más profundo, tiene que ser universal, tiene que poder resonar con cualquier audiencia, trascendiendo las limitaciones de género, clase, o contexto histórico. Por eso  las grandes historias siguen estando a pesar del tiempo.</span></p><p><br></p><p><span>Además de la compasión y el terror hay un tercer elemento que me parece muy interesante: la causa secreta.</span></p><p><br></p><p><span>En el episodio que hice sobre La ciudad y los perros ya hablé sobre la causa secreta, pero ahora vale la pena mencionarla de nuevo.</span></p><p><br></p><p><span>La causa secreta es lo que realmente mueve al personaje, más allá de lo que el personaje mismo cree estar buscando. Es la verdad esencial y aterradora sobre la condición humana que nos revela la tragedia.</span></p><p><br></p><p><span>En el caso de Emma,  y volviendo a mi pregunta inicial,  su tragedia no es que ella esté atrapada entre la responsabilidad y la libertad, sino que sufre porque ninguna de las dos opciones la satisface: el deber la asfixia, y la libertad que persigue nunca está a la altura de sus expectativas. Y aunque es evidente que Emma vive en una sociedad en la que las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres, esta tampoco es su tragedia, en el sentido universal del que estamos hablando.Su tragedia es no poder reconciliar la fantasía con la realidad. Ella cree que busca el amor absoluto y la felicidad apasionada, pero en realidad su causa secreta, lo que ella de verdad quiere, no es un hombre, ni una relación, ni todos los lujos del mundo, sino poder llenar un vacío existencial. Su causa secreta es su incapacidad de encontrar plenitud en la realidad, lo que la lleva a un ciclo de deseo, insatisfacción y desesperación. </span></p><p><span>Si  Emma hubiese sido hombre, un príncipe, incluso, con todos los lujos y ventajas que el mundo tiene para ofrecer, seguiría siendo infeliz. Porque ella lo que quiere es una vida más bella, vibrante e intensa de lo que la realidad puede ofrecer.</span></p><p><br></p><p><span>Ella quería vivir una historia romántica, quizás como la de Romeo y Julieta,  la de Tristán e Isolda, o la de Lancelot y Ginebra; pero en la vida real hay pocos caballeros como Lancelot, y son menos las veces en que las personas viven historias así. Y para bien o para mal, Flaubert le quiso escribir una novela realista, en la que los amantes no son heroicos, sino egoístas y cobardes, en la que no hay muertes instantáneas y gloriosas, sino dolorosas, y terribles. Un mundo  muy parecido al que vemos todos los días, cuando salimos a tomar un café. </span></p><p><br></p><p><span>Por eso es que todos nos podemos identificar con Emma, porque nadie sueña con una vida mediocre y aburrida, porque  todos nos sentimos alguna vez decepcionados con la realidad y su mezquindad. Por eso Emma es una heroina, o una anti-heorína, si se prefiere, que trasciende los límites de su contexto y de su tiempo.</span></p><p><br></p><p><span>Cuando terminé de leer  Madame Bovary, continué leyendo  sobre el libro, porque una de las cosas que más me apasiona sobre la literatura es ver cómo algunos personajes trascienden su propia historia,  viven otras, narradas por otras personas, tal vez. O se los encuentra en  metáforas, poemas y canciones, a veces cientos, o hasta miles de años después.</span></p><p><br></p><p><span>Fue así que leyendo el ensayo que Vargas LLosa escribe sobre Madame Bovary, me topé con el perfecto ejemplo de cómo funciona la tragedia en el contexto que estábamos hablando. Él cuenta  un episodio en el que él estaba atravesaba una  profunda crisis personal, e incluso estaba contemplando la idea del suicidio. </span></p><p><br></p><p><span>Y cuenta cómo al leer y releer la tragedia de Emma, en especial su último día, él lograba hacer catarsis, a través  de la angustia y el dolor de Emma, que de alguna forma lo absolvian de su propio desencanto  con la realidad. Emma moría, para que él pueda vivir. </span></p><p><br></p><p><span>Es increíble ver como algunos personajes y sus historias se vuelven  tan importantes en las vidas de quienes los leen y los cometan. Nunca me deja de  impresionar lo mucho que necesitamos historias y el impulso de vida que nos dan.</span></p><p><br></p><p><span>Hay una frase que se le atribuye a Oscar Wilde, sobre uno de los personajes de Balzac: “El gran drama de mi vida es la muerte de Lucien Rubempré. Me persigue en mis momentos de placer. Lo recuerdo cuando río.”  </span></p><p><br></p><p><span>Hay historias que nos marcan así. </span></p><p><br></p><p><span>Mario Vargas Llosa, en ese ensayo, comienza usando esa frase sobre Lucien para explicar que existen personajes de ficción que pueden ser igual o más importantes en nuestras vidas que personas de carne y hueso.  </span></p><p><br></p><p><span>Para Vargas Llosa, Emma Bovary es uno de esos personajes clave en su vida. Y como él tiene a Emma,  todos tenemos historias que nos ayudan a navegar las aguas de la incerteza y nos ayudan a encarar las obligatorias transiciones de vida y de muerte que conlleva el estar aquí. Pero como vemos en la historia de Emma, la fantasía, aun con todas sus maravillas,no está libre de peligros.</span></p><p><br></p><p><span>Porque así como la lectura y las historias en general, ya sea en libros,  películas, videojuegos, nos permiten viajar y en cierta forma vivir otras realidades, que nos ayudan a ver desde diferentes perspectivas nuestro interior y nuestra  vida. También puede pasar, como le pasó a Bastian Baltasar Bux, cuando no podía, ni quería,  encontrar el camino de vuelta a casa; nos puede pasar que usemos el mundo imaginario como una evasión de la realidad. Puede pasar, que en vez visitar ese mundo de manera creativa,  para encontrar alguna  Verdad  que critique, o que transforme nuestro mundo, lo usemos de manera autodestructiva, para huir y escapar.</span></p><p><br></p><p><span>En el caso de Bastian, recordemos que fue cuando ya apunto de perderse para siempre en el mundo irreal,  con mucha paciencia y trabajo logra encontrar su verdadera voluntad, y  puede regresar a su mundo y transformarlo, al compartir con su padre esa verdad que encuentra en Fantasía. </span></p><p><br></p><p><span>Se podría decir que algo parecido  hace Vargas Llosa cuando se sumerge en la historia de Emma, vive  con ella su desilusión por la realidad, admira su rebeldía,  sus ganas de vivir más allá de los límites impuestos, y la forma en que se va  inmolando  con tal de no vivir una existencia como la que supuestamente tiene que vivir. Pero  él regresa a su mundo, y no  intenta  convertirlo en algún tipo de imitación o tributo del mundo fantástico. Sino que  usa la historia de Emma cómo inspiración para rebelarse contra el; pero lo hace de forma creativa, y no autodestructiva. Él cuenta que fue gracias al trabajo de Flaubert que supo finalmente qué tipo de escritor él quería ser. Y fueron sus libros  la negación de una realidad que no le era suficiente, y su forma de compartir con el resto de nosotros esa verdad que encontró en Fantasía.</span></p><p><br></p><p><span>Entonces, esa es otra de las reflexiones principales que me dejó toda esta historia de la señora Bovary.  </span></p><p><br></p><p><span>Todos necesitamos vehementemente de fantasía y de ilusión para avanzar,para cambiar, para crear; pero también necesitamos aceptar, y tal vez incluso aferrarnos, a ciertas cosas de la realidad, para no quedar flotando en un limbo sin mucho sentido, ni valor.</span></p><p><br></p><p><span>A todo esto, y ya para ir terminando, la novela puede ser muy realista y todo. Pero la forma en que usa el lenguaje y describe las cosas, as veces es tan bonito, parece surreal. Es muy lindo. Uno queda como en trance con algunos de sus pasajes y descripciones. Como la escena de amor en el coche, en la que no se menciona nada de lo que pasa dentro del mismo coche, o esa última noche con Rodolphe en el jardín, o la más linda descripción de la felicidad que he leído hasta ahora, cuando el narrador describe cómo el buen Charles se moría de amor, adorándola, justo después de su matrimonio. Y lo más curioso es que Charles la continuó amando y adorando de la misma forma, a pesar de los pesares, y hasta el final de los finales. En su simplicidad, y con todas sus limitaciones, creo que ese amor fiel, ciego y abnegado de Charles, fue lo más parecido a esos amores de novelas imposibles que llega aparecer en la vida de Emma. Nadie la amó de manera más sincera y constante que él. Y sin embargo, ya vi que al pobre Charles lo humillan hasta los críticos. Haha</span></p><p><br></p><p><span>Aunque el otro día me topé con un artículo de Pilar Gómez Rodríguez, en el que explica la apasionante defensa  de Charles que hace el escritor  Jean Amery, en su texto Charles Bovary, médico rural. Muy linda e intensa lectura.La recomiendo. Es así como los personajes se escapan de los libros en los que nacieron e invaden nuestro mundo.</span></p><p><br></p><p><span>Podríamos seguir conversando, hay tanto por decir. Pero ahora toca volver a la realidad real. Que tengan un buen día.</span></p><p><br></p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy quería hablar sobre Madame Bovary, novela en la que Gustave Flaubert nos cuenta la vida, en apariencia banal y fútil, de una señora burguesa, en una pequeña ciudad de la  Francia del siglo XIX. Sin embargo, lejos de ser una historia trivial, la historia de Emma Bovary es una obra maestra universal que invita a la reflexión y al debate sobre muchos temas. Después de todo, Emma es un personaje complejo y fascinante.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero ¿Cuál es, en realidad, la tragedia de Emma? ¿Es el eterno conflicto entre libertad y responsabilidad, que la convierte en una egoísta guiada por sus caprichos y deseos, mientras su marido trabaja y una empleada cría a su hija? ¿O es, más bien, la de una víctima de un sistema patriarcal y opresivo, que la educó para ser un objeto de deseo y le negó oportunidades de independencia, haciéndole creer que el amor romántico y total era el único camino de la felicidad? ¿O acaso su verdadera tragedia es estar atrapada en su propia ilusión, incapaz de renunciar a sus sueños, aunque estos sean imposibles?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Antes de profundizar sobre su tragedia, vamos a hablar un poco sobre la historia de la Señora Bovary, para no perderse  en el camino. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En resumen,  el drama de Emma,  es que influenciada por todas las novelas románticas que ha leído, termina idealizando el amor y la vida, como algo lleno de intensidad y de emoción. Y así como Don Quijote después de leer todas sus novelas de caballería, termina creyendo que es un caballero andante, Emma acaba creyendo que la vida debería ser una historia de amor desbordante de pasión, y de grandeza en cada instante; y  que vivir sin toda esa intensidad, no es solo una injusticia, sino también una insufrible miseria. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando Emma se casa con Charles Bovary, ella ya tenía todas esas expectativas sobre la vida, y de alguna forma pensaba que junto él, el mundo le daría todas esas felicidades sobre las que ya  había leído en tantas historias de amor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El problema era que Charles, a pesar de ser amable, y de quererla con toda el alma, era un tipo sencillo, aburrido,  mediocre. No sabía decir frases interesantes, no sabía bailar vals, ni podía expresar pasiones imposibles. No tenía ambiciones que le quiten el sueño, ni lo carcomía la envidia, ni se moría de celos, ni guardaba rencor. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La vida al lado del buen Charles era para Emma una ofensa y una traición. Vivía entre el tedio y la depresión. A veces encontraba algún interés o pasatiempo, pero la triste realidad se terminaba imponiendo y  haciéndola  infeliz. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Emma intenta escapar del tedio con lujos y aventuras románticas, aveces platónicas, y a veces… totales,  pero siendo la realidad como es, nunca está a la altura de sus sueños, y la búsqueda de una vida intensa  se vuelve un desesperado camino de autodestrucción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora sí. Volvamos a su tragedia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Primero que nada, ¿qué es una tragedia? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si bien la tragedia, como expresión dramática, nace en la antigua Grecia y se utilizaba en festivales religiosos para purificar las emociones del público, seguramente existen historias trágicas desde el principio de los tiempos. La historia de Gilgamesh, por ejemplo, nos muestra su inútil búsqueda de la inmortalidad y su inevitable enfrentamiento con la muerte. Y desde entonces nos han servido para hacer catarsis, haciéndonos reflexionar sobre la existencia y el sufrimiento humano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Catarsis significa precisamente  purificación emocional. Y ya Aristóteles hablaba sobre cómo la tragedia nos sirve para purgar o liberar emociones, y con suerte, también para reflexionar y entender mejor nuestras propias vidas. Según él, la tragedia logra esto a través de la compasión y el terror: sentimos empatía, o compasión por el protagonista que sufre y, al mismo tiempo, sentimos terror, al pensar que podríamos estar en su lugar, o de que algo parecido nos puede pasar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sin embargo, una tragedia no es simplemente  una historia en la que a un personaje le pasan desgracias e injusticias. Si a pesar de lo terrible  que puede ser su camino, el  protagonista aprende,  cambia, o se adapta, su historia no sería una tragedia. Por ejemplo, la historia de Teseo, a pesar de tener desgracias e infortunios, no es una tragedia, ya que lo vemos cambiar, evolucionar. Comienza siendo un niño sin padre, y se termina convirtiendo en  uno de los más grandes héroes de Atenas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En cambio, por ejemplo el último cuento que comentamos, &lt;/span&gt;&lt;em&gt;Cuánta tierra necesita un hombre&lt;/em&gt;&lt;span&gt;, de Tolstoi, es una tragedia. En esa historia Pajón es incapaz de reconocer, y mucho menos de cambiar su ambición desmedida, lo que lo termina llevando,  también, a un camino de autodestrucción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otra cosa importante, es que para que nosotros como público podamos tener esa conexión  significativa con la historia, para que nos lleve a esa limpieza emocional, la tragedia, en su aspecto más profundo, tiene que ser universal, tiene que poder resonar con cualquier audiencia, trascendiendo las limitaciones de género, clase, o contexto histórico. Por eso  las grandes historias siguen estando a pesar del tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Además de la compasión y el terror hay un tercer elemento que me parece muy interesante: la causa secreta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el episodio que hice sobre La ciudad y los perros ya hablé sobre la causa secreta, pero ahora vale la pena mencionarla de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La causa secreta es lo que realmente mueve al personaje, más allá de lo que el personaje mismo cree estar buscando. Es la verdad esencial y aterradora sobre la condición humana que nos revela la tragedia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el caso de Emma,  y volviendo a mi pregunta inicial,  su tragedia no es que ella esté atrapada entre la responsabilidad y la libertad, sino que sufre porque ninguna de las dos opciones la satisface: el deber la asfixia, y la libertad que persigue nunca está a la altura de sus expectativas. Y aunque es evidente que Emma vive en una sociedad en la que las mujeres no tienen las mismas oportunidades que los hombres, esta tampoco es su tragedia, en el sentido universal del que estamos hablando.Su tragedia es no poder reconciliar la fantasía con la realidad. Ella cree que busca el amor absoluto y la felicidad apasionada, pero en realidad su causa secreta, lo que ella de verdad quiere, no es un hombre, ni una relación, ni todos los lujos del mundo, sino poder llenar un vacío existencial. Su causa secreta es su incapacidad de encontrar plenitud en la realidad, lo que la lleva a un ciclo de deseo, insatisfacción y desesperación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si  Emma hubiese sido hombre, un príncipe, incluso, con todos los lujos y ventajas que el mundo tiene para ofrecer, seguiría siendo infeliz. Porque ella lo que quiere es una vida más bella, vibrante e intensa de lo que la realidad puede ofrecer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ella quería vivir una historia romántica, quizás como la de Romeo y Julieta,  la de Tristán e Isolda, o la de Lancelot y Ginebra; pero en la vida real hay pocos caballeros como Lancelot, y son menos las veces en que las personas viven historias así. Y para bien o para mal, Flaubert le quiso escribir una novela realista, en la que los amantes no son heroicos, sino egoístas y cobardes, en la que no hay muertes instantáneas y gloriosas, sino dolorosas, y terribles. Un mundo  muy parecido al que vemos todos los días, cuando salimos a tomar un café. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Por eso es que todos nos podemos identificar con Emma, porque nadie sueña con una vida mediocre y aburrida, porque  todos nos sentimos alguna vez decepcionados con la realidad y su mezquindad. Por eso Emma es una heroina, o una anti-heorína, si se prefiere, que trasciende los límites de su contexto y de su tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando terminé de leer  Madame Bovary, continué leyendo  sobre el libro, porque una de las cosas que más me apasiona sobre la literatura es ver cómo algunos personajes trascienden su propia historia,  viven otras, narradas por otras personas, tal vez. O se los encuentra en  metáforas, poemas y canciones, a veces cientos, o hasta miles de años después.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fue así que leyendo el ensayo que Vargas LLosa escribe sobre Madame Bovary, me topé con el perfecto ejemplo de cómo funciona la tragedia en el contexto que estábamos hablando. Él cuenta  un episodio en el que él estaba atravesaba una  profunda crisis personal, e incluso estaba contemplando la idea del suicidio. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y cuenta cómo al leer y releer la tragedia de Emma, en especial su último día, él lograba hacer catarsis, a través  de la angustia y el dolor de Emma, que de alguna forma lo absolvian de su propio desencanto  con la realidad. 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Lo recuerdo cuando río.”  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay historias que nos marcan así. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Mario Vargas Llosa, en ese ensayo, comienza usando esa frase sobre Lucien para explicar que existen personajes de ficción que pueden ser igual o más importantes en nuestras vidas que personas de carne y hueso.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Para Vargas Llosa, Emma Bovary es uno de esos personajes clave en su vida. Y como él tiene a Emma,  todos tenemos historias que nos ayudan a navegar las aguas de la incerteza y nos ayudan a encarar las obligatorias transiciones de vida y de muerte que conlleva el estar aquí. Pero como vemos en la historia de Emma, la fantasía, aun con todas sus maravillas,no está libre de peligros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Porque así como la lectura y las historias en general, ya sea en libros,  películas, videojuegos, nos permiten viajar y en cierta forma vivir otras realidades, que nos ayudan a ver desde diferentes perspectivas nuestro interior y nuestra  vida. También puede pasar, como le pasó a Bastian Baltasar Bux, cuando no podía, ni quería,  encontrar el camino de vuelta a casa; nos puede pasar que usemos el mundo imaginario como una evasión de la realidad. Puede pasar, que en vez visitar ese mundo de manera creativa,  para encontrar alguna  Verdad  que critique, o que transforme nuestro mundo, lo usemos de manera autodestructiva, para huir y escapar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En el caso de Bastian, recordemos que fue cuando ya apunto de perderse para siempre en el mundo irreal,  con mucha paciencia y trabajo logra encontrar su verdadera voluntad, y  puede regresar a su mundo y transformarlo, al compartir con su padre esa verdad que encuentra en Fantasía. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Se podría decir que algo parecido  hace Vargas Llosa cuando se sumerge en la historia de Emma, vive  con ella su desilusión por la realidad, admira su rebeldía,  sus ganas de vivir más allá de los límites impuestos, y la forma en que se va  inmolando  con tal de no vivir una existencia como la que supuestamente tiene que vivir. Pero  él regresa a su mundo, y no  intenta  convertirlo en algún tipo de imitación o tributo del mundo fantástico. Sino que  usa la historia de Emma cómo inspiración para rebelarse contra el; pero lo hace de forma creativa, y no autodestructiva. Él cuenta que fue gracias al trabajo de Flaubert que supo finalmente qué tipo de escritor él quería ser. Y fueron sus libros  la negación de una realidad que no le era suficiente, y su forma de compartir con el resto de nosotros esa verdad que encontró en Fantasía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, esa es otra de las reflexiones principales que me dejó toda esta historia de la señora Bovary.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Todos necesitamos vehementemente de fantasía y de ilusión para avanzar,para cambiar, para crear; pero también necesitamos aceptar, y tal vez incluso aferrarnos, a ciertas cosas de la realidad, para no quedar flotando en un limbo sin mucho sentido, ni valor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;A todo esto, y ya para ir terminando, la novela puede ser muy realista y todo. Pero la forma en que usa el lenguaje y describe las cosas, as veces es tan bonito, parece surreal. Es muy lindo. Uno queda como en trance con algunos de sus pasajes y descripciones. Como la escena de amor en el coche, en la que no se menciona nada de lo que pasa dentro del mismo coche, o esa última noche con Rodolphe en el jardín, o la más linda descripción de la felicidad que he leído hasta ahora, cuando el narrador describe cómo el buen Charles se moría de amor, adorándola, justo después de su matrimonio. Y lo más curioso es que Charles la continuó amando y adorando de la misma forma, a pesar de los pesares, y hasta el final de los finales. En su simplicidad, y con todas sus limitaciones, creo que ese amor fiel, ciego y abnegado de Charles, fue lo más parecido a esos amores de novelas imposibles que llega aparecer en la vida de Emma. Nadie la amó de manera más sincera y constante que él. Y sin embargo, ya vi que al pobre Charles lo humillan hasta los críticos. Haha&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Aunque el otro día me topé con un artículo de Pilar Gómez Rodríguez, en el que explica la apasionante defensa  de Charles que hace el escritor  Jean Amery, en su texto Charles Bovary, médico rural. Muy linda e intensa lectura.La recomiendo. Es así como los personajes se escapan de los libros en los que nacieron e invaden nuestro mundo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Podríamos seguir conversando, hay tanto por decir. Pero ahora toca volver a la realidad real. Que tengan un buen día.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Fri, 14 Mar 2025 19:17:00 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#24 Cuánta tierra necesita un hombre - León Tolstói</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay tanto por leer. Tantas historias. No nos va a alcanzar la vida para leer una fracción de lo que existe. Por eso creo que tenemos que escoger con cuidado qué leer. Al final, cada uno tiene sus gustos e intereses,  y cada uno lee lo que mejor le parezca. Personalmente, a mí me gusta leer los clásicos, porque son historias que ya han pasado esa terrible prueba del tiempo. No leo exclusivamente clásicos, pero es lo que normalmente procuro leer. Tampoco soy de los que leen 20 libros por mes ni nada por el estilo. A veces me quedo medio año, o más, pensando en un solo libro, o en un solo personaje. Y no me parece mucho.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Desde hace un tiempo tengo la certeza de que no me va alcanzar la vida para leer todo lo que quisiera haber leído. Tal vez sea por eso que la mayoría de las veces elijo gastar, o  usar, mejor dicho, mi tiempo leyendo los clásicos, en vez de las novedades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Simplemente es un problema de finitud. La relación costo-beneficio que tienen los clásicos es imbatible. Al menos para mí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero bueno, y qué hace que los clásicos sean clásicos? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando hice el episodio sobre Don Casmuro, decía que  los estudiosos deben tener excelentes explicaciones sobre cómo los clásicos supieron captar los estigmas de su sociedad y cómo rompieron los paradigmas literarios de su tiempo, pero que yo me conformaba con la simple idea de que los clásicos son clásicos por la especial manera que tuvieron de capturar y reflejar la esencia humana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entre los maestros de la literatura universal, León Tolstói ocupa un lugar único como narrador de las más profundas complejidades del alma. Sus relatos  nos muestran la eterna lucha entre el bien y el mal; y la búsqueda, siempre presente, del sentido de la vida  frente a la inevitabilidad de la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Nos muestran también, cómo las relaciones humanas pueden ser tanto una fuente de sufrimiento, como de redención, y nos muestran, una y otra vez,  el conflicto inmemorial entre las ambiciones terrenales y nuestras aspiraciones morales, éticas, o espirituales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En fin, las historias de Tolstói son un espejo de las pasiones, contradicciones y búsquedas esenciales de la humanidad, presentadas de una forma tan poderosa y con tal sensibilidad, que son de esas historias que probablemente perdurarán por siempre. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy quería hablar de uno de sus cuentos: Cuánta tierra necesita un hombre. Ya el título me parece brutal. Cuánta tierra necesita un hombre. Porque de entrada nos conecta con tres cosas antiquísimas y, perdón la redundancia, esenciales, en esta nuestra historia como seres humanos: la primera de estas cosas es la misma tierra, que tal vez sea una de las primeras cosas que el ser humano ha sentido la necesidad de poseer, por lo que su posesión es mucho más simbólica, e íntima, que poseer un auto, por ejemplo. De hecho en  muchas mitologías, incluida la cristiana, somos formados primeramente de tierra, justamente, de barro. Y en varias otras mitologías la tierra misma es una deidad. En términos generales quizás no exista posesión más significativa que la de la tierra, por la que se han librado, se libran y se continuarán librando guerras de guerras entre naciones, entre familias y entre hermanos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La segunda de estas cosas, con las que de entrada nos conecta el título, es el concepto mismo de poseer algo. La idea de la propiedad privada, que sin duda debe tener sus orígenes en la agricultura, en el mismo uso de la tierra. Lo que hace más poderosa la conexión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y la tercera, la avaricia. Uno de los pecados capitales y de las más antiguas y documentadas cualidades humanas. Cuánta tierra necesita un hombre. Y saliendonos un poco del significado literal de la palabra tierra, en el título y en la historia, obviamente la tierra juega el papal de cualquier posesión. En otra palabras: Cuánto necesita un hombre. Infelizmente, la respuesta la sabemos todos antes de comenzar a leer: más. Siempre más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En su juventud Tolstóii compró unas tierras  en lo que hoy sería Rusia central, de una tribu nómada,  los baskires, y esta  terminó siendo la mejor inversión de su vida. Pero más adelante, Tolstói sufre una profunda crisis y transformación existencial. Uno de los resultados de ese proceso fueron sus posturas en contra de la propiedad privada y la herencia, por ejemplo. Se termina convirtiendo en un anarquista cristiano y se reprocha a sí mismo la compra de esas tierras, por haber aportado de ese modo a un sistema que él ahora despreciaba, y se reprocha a sí mismo habérselas dado a sus hijos, porque pensaba que así les había causado un enorme daño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En esa etapa, incluso teniendo  aparentemente todo: era un conde aristócrata y rico, tenía una familia, y ya había alcanzado el más grande éxito literario y la admiración universal con  sus libros Guerra y Paz y  Ana Karenina. Pero a pesar de todo eso, sentía un gran vacío y una enorme desilusión.  Encontraba su vida carente de significado, a pesar de haber logrado lo que muchos considerarían la cúspide del éxito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En este periodo la muerte se convierte en una obsesión para él. Se preguntaba constantemente: &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&amp;#34;¿Qué sentido tiene la vida si al final todo termina en la muerte?&amp;#34;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;. Este pensamiento lo atormentaba, especialmente porque sentía que nada en su vida mundana podía darle una respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Se sumergió en la lectura de filósofos y pensadores, tanto occidentales como orientales, en busca de respuestas. Pero no encontraba nada que  le diera paz interior.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al mismo tiempo, empezó a admirar la vida simple y espiritual de los campesinos rusos. Veía en ellos una autenticidad y una conexión con la naturaleza que sentía que la aristocracia había perdido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Eventualmente desarrolló su propia interpretación del cristianismo, basada en los Evangelios, especialmente en el Sermón de la Montaña. Sus ideas incluían el pacifismo, la no resistencia al mal, la renuncia a la propiedad privada y el rechazo a la violencia en todas sus formas. Más tarde estas ideas influyeron en  figuras como Mahatma Gandhi, o Martin Luther King.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fue en este periodo, en 1886,  que Tolstói escribió Cuánta tierra necesita un hombre. Es un reflejo directo de la crisis espiritual y moral que lo llevó a rechazar la vida  que llevaba y a buscar una verdad más simple y pura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Aunque él nunca pudo dejar totalmente sus privilegios, él era consciente de sus propias contradicciones, y hablaba libremente sobre ello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora, el cuento en sí tiene un lenguaje sencillo, pero describe increíblemente bien absolutamente todo. Por ejemplo la primera vez que Pajóm, el protagonista, se convierte en propietario de tierras, Tolstoi describe cómo Pajóm mira maravillado las mismas piedras que hasta ayer eran piedras cualquieras. Y ahora las veía totalmente diferentes, porque eran sus piedras, sus pastos, sus árboles. Verlas lo llenaba de satisfacción. Por eso es que estas historias son universales. Está tan bien escrita que todos nos identificamos con Pajóm.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pajóm es un campesino relativamente humilde que sueña con tener más tierras, porque está seguro de que así sería feliz. Pero cada vez que adquiere más, por una u otra razón, la felicidad se le escapa entre las manos, y su avaricia lo empuja a buscar más y más. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al final, la oferta aparentemente irresistible de una tribu nómada lo lleva a una trágica carrera contra el tiempo: le iban a dar toda la tierra que pueda recorrer caminando durante un día, con la condición de regresar al punto de partida antes del atardecer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tolstói narra el desenlace con una maestría desoladora: Pajóm, ciego de ambición, se exige tanto que  se desploma y muere exhausto con el sol, al completar el recorrido.  Su sirviente toma su pala y le cava una tumba. Cuánta tierra necesita un hombre? Dos metros de tierra, de la cabeza a los pies, era todo lo que necesitaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tolstói decía que &amp;#34;no hay grandeza donde no hay verdad&amp;#34;, y este cuento es un ejemplo de su capacidad para revelar esas verdades fundamentales de la naturaleza humana. Al leerlo, no solo vemos la tragedia de Pajóm, sino que somos llevados a cuestionar nuestras propias vidas: Estamos corriendo tras algo que realmente necesitamos o estamos atrapados en una carrera interminable hacia el vacío?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Un abrazo, y hasta la próxima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p><span>Hay tanto por leer. Tantas historias. No nos va a alcanzar la vida para leer una fracción de lo que existe. Por eso creo que tenemos que escoger con cuidado qué leer. Al final, cada uno tiene sus gustos e intereses,  y cada uno lee lo que mejor le parezca. Personalmente, a mí me gusta leer los clásicos, porque son historias que ya han pasado esa terrible prueba del tiempo. No leo exclusivamente clásicos, pero es lo que normalmente procuro leer. Tampoco soy de los que leen 20 libros por mes ni nada por el estilo. A veces me quedo medio año, o más, pensando en un solo libro, o en un solo personaje. Y no me parece mucho.  </span></p><p><br></p><p><span>Desde hace un tiempo tengo la certeza de que no me va alcanzar la vida para leer todo lo que quisiera haber leído. Tal vez sea por eso que la mayoría de las veces elijo gastar, o  usar, mejor dicho, mi tiempo leyendo los clásicos, en vez de las novedades.</span></p><p><span>Simplemente es un problema de finitud. La relación costo-beneficio que tienen los clásicos es imbatible. Al menos para mí.</span></p><p><br></p><p><span>Pero bueno, y qué hace que los clásicos sean clásicos? </span></p><p><br></p><p><span>Cuando hice el episodio sobre Don Casmuro, decía que  los estudiosos deben tener excelentes explicaciones sobre cómo los clásicos supieron captar los estigmas de su sociedad y cómo rompieron los paradigmas literarios de su tiempo, pero que yo me conformaba con la simple idea de que los clásicos son clásicos por la especial manera que tuvieron de capturar y reflejar la esencia humana.</span></p><p><span>Entre los maestros de la literatura universal, León Tolstói ocupa un lugar único como narrador de las más profundas complejidades del alma. Sus relatos  nos muestran la eterna lucha entre el bien y el mal; y la búsqueda, siempre presente, del sentido de la vida  frente a la inevitabilidad de la muerte.</span></p><p><span>Nos muestran también, cómo las relaciones humanas pueden ser tanto una fuente de sufrimiento, como de redención, y nos muestran, una y otra vez,  el conflicto inmemorial entre las ambiciones terrenales y nuestras aspiraciones morales, éticas, o espirituales.</span></p><p><span>En fin, las historias de Tolstói son un espejo de las pasiones, contradicciones y búsquedas esenciales de la humanidad, presentadas de una forma tan poderosa y con tal sensibilidad, que son de esas historias que probablemente perdurarán por siempre. </span></p><p><span>Hoy quería hablar de uno de sus cuentos: Cuánta tierra necesita un hombre. Ya el título me parece brutal. Cuánta tierra necesita un hombre. Porque de entrada nos conecta con tres cosas antiquísimas y, perdón la redundancia, esenciales, en esta nuestra historia como seres humanos: la primera de estas cosas es la misma tierra, que tal vez sea una de las primeras cosas que el ser humano ha sentido la necesidad de poseer, por lo que su posesión es mucho más simbólica, e íntima, que poseer un auto, por ejemplo. De hecho en  muchas mitologías, incluida la cristiana, somos formados primeramente de tierra, justamente, de barro. Y en varias otras mitologías la tierra misma es una deidad. En términos generales quizás no exista posesión más significativa que la de la tierra, por la que se han librado, se libran y se continuarán librando guerras de guerras entre naciones, entre familias y entre hermanos. </span></p><p><span>La segunda de estas cosas, con las que de entrada nos conecta el título, es el concepto mismo de poseer algo. La idea de la propiedad privada, que sin duda debe tener sus orígenes en la agricultura, en el mismo uso de la tierra. Lo que hace más poderosa la conexión.</span></p><p><span>Y la tercera, la avaricia. Uno de los pecados capitales y de las más antiguas y documentadas cualidades humanas. Cuánta tierra necesita un hombre. Y saliendonos un poco del significado literal de la palabra tierra, en el título y en la historia, obviamente la tierra juega el papal de cualquier posesión. En otra palabras: Cuánto necesita un hombre. Infelizmente, la respuesta la sabemos todos antes de comenzar a leer: más. Siempre más.</span></p><p><span>En su juventud Tolstóii compró unas tierras  en lo que hoy sería Rusia central, de una tribu nómada,  los baskires, y esta  terminó siendo la mejor inversión de su vida. Pero más adelante, Tolstói sufre una profunda crisis y transformación existencial. Uno de los resultados de ese proceso fueron sus posturas en contra de la propiedad privada y la herencia, por ejemplo. Se termina convirtiendo en un anarquista cristiano y se reprocha a sí mismo la compra de esas tierras, por haber aportado de ese modo a un sistema que él ahora despreciaba, y se reprocha a sí mismo habérselas dado a sus hijos, porque pensaba que así les había causado un enorme daño.</span></p><p><span>En esa etapa, incluso teniendo  aparentemente todo: era un conde aristócrata y rico, tenía una familia, y ya había alcanzado el más grande éxito literario y la admiración universal con  sus libros Guerra y Paz y  Ana Karenina. Pero a pesar de todo eso, sentía un gran vacío y una enorme desilusión.  Encontraba su vida carente de significado, a pesar de haber logrado lo que muchos considerarían la cúspide del éxito.</span></p><p><span>En este periodo la muerte se convierte en una obsesión para él. Se preguntaba constantemente: </span><strong>&#34;¿Qué sentido tiene la vida si al final todo termina en la muerte?&#34;</strong><span>. Este pensamiento lo atormentaba, especialmente porque sentía que nada en su vida mundana podía darle una respuesta.</span></p><p><span>Se sumergió en la lectura de filósofos y pensadores, tanto occidentales como orientales, en busca de respuestas. Pero no encontraba nada que  le diera paz interior.</span></p><p><span>Al mismo tiempo, empezó a admirar la vida simple y espiritual de los campesinos rusos. Veía en ellos una autenticidad y una conexión con la naturaleza que sentía que la aristocracia había perdido.</span></p><p><span>Eventualmente desarrolló su propia interpretación del cristianismo, basada en los Evangelios, especialmente en el Sermón de la Montaña. Sus ideas incluían el pacifismo, la no resistencia al mal, la renuncia a la propiedad privada y el rechazo a la violencia en todas sus formas. Más tarde estas ideas influyeron en  figuras como Mahatma Gandhi, o Martin Luther King.</span></p><p><span>Fue en este periodo, en 1886,  que Tolstói escribió Cuánta tierra necesita un hombre. Es un reflejo directo de la crisis espiritual y moral que lo llevó a rechazar la vida  que llevaba y a buscar una verdad más simple y pura.</span></p><p><span>Aunque él nunca pudo dejar totalmente sus privilegios, él era consciente de sus propias contradicciones, y hablaba libremente sobre ello.</span></p><p><span>Ahora, el cuento en sí tiene un lenguaje sencillo, pero describe increíblemente bien absolutamente todo. Por ejemplo la primera vez que Pajóm, el protagonista, se convierte en propietario de tierras, Tolstoi describe cómo Pajóm mira maravillado las mismas piedras que hasta ayer eran piedras cualquieras. Y ahora las veía totalmente diferentes, porque eran sus piedras, sus pastos, sus árboles. Verlas lo llenaba de satisfacción. Por eso es que estas historias son universales. Está tan bien escrita que todos nos identificamos con Pajóm.</span></p><p><span>Pajóm es un campesino relativamente humilde que sueña con tener más tierras, porque está seguro de que así sería feliz. Pero cada vez que adquiere más, por una u otra razón, la felicidad se le escapa entre las manos, y su avaricia lo empuja a buscar más y más. </span></p><p><span>Al final, la oferta aparentemente irresistible de una tribu nómada lo lleva a una trágica carrera contra el tiempo: le iban a dar toda la tierra que pueda recorrer caminando durante un día, con la condición de regresar al punto de partida antes del atardecer.</span></p><p><span>Tolstói narra el desenlace con una maestría desoladora: Pajóm, ciego de ambición, se exige tanto que  se desploma y muere exhausto con el sol, al completar el recorrido.  Su sirviente toma su pala y le cava una tumba. Cuánta tierra necesita un hombre? Dos metros de tierra, de la cabeza a los pies, era todo lo que necesitaba.</span></p><p><span>Tolstói decía que &#34;no hay grandeza donde no hay verdad&#34;, y este cuento es un ejemplo de su capacidad para revelar esas verdades fundamentales de la naturaleza humana. Al leerlo, no solo vemos la tragedia de Pajóm, sino que somos llevados a cuestionar nuestras propias vidas: Estamos corriendo tras algo que realmente necesitamos o estamos atrapados en una carrera interminable hacia el vacío?</span></p><p><span>Un abrazo, y hasta la próxima.</span></p><p><br></p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hay tanto por leer. Tantas historias. No nos va a alcanzar la vida para leer una fracción de lo que existe. Por eso creo que tenemos que escoger con cuidado qué leer. Al final, cada uno tiene sus gustos e intereses,  y cada uno lee lo que mejor le parezca. Personalmente, a mí me gusta leer los clásicos, porque son historias que ya han pasado esa terrible prueba del tiempo. No leo exclusivamente clásicos, pero es lo que normalmente procuro leer. Tampoco soy de los que leen 20 libros por mes ni nada por el estilo. A veces me quedo medio año, o más, pensando en un solo libro, o en un solo personaje. Y no me parece mucho.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Desde hace un tiempo tengo la certeza de que no me va alcanzar la vida para leer todo lo que quisiera haber leído. Tal vez sea por eso que la mayoría de las veces elijo gastar, o  usar, mejor dicho, mi tiempo leyendo los clásicos, en vez de las novedades.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Simplemente es un problema de finitud. La relación costo-beneficio que tienen los clásicos es imbatible. Al menos para mí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pero bueno, y qué hace que los clásicos sean clásicos? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Cuando hice el episodio sobre Don Casmuro, decía que  los estudiosos deben tener excelentes explicaciones sobre cómo los clásicos supieron captar los estigmas de su sociedad y cómo rompieron los paradigmas literarios de su tiempo, pero que yo me conformaba con la simple idea de que los clásicos son clásicos por la especial manera que tuvieron de capturar y reflejar la esencia humana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entre los maestros de la literatura universal, León Tolstói ocupa un lugar único como narrador de las más profundas complejidades del alma. Sus relatos  nos muestran la eterna lucha entre el bien y el mal; y la búsqueda, siempre presente, del sentido de la vida  frente a la inevitabilidad de la muerte.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Nos muestran también, cómo las relaciones humanas pueden ser tanto una fuente de sufrimiento, como de redención, y nos muestran, una y otra vez,  el conflicto inmemorial entre las ambiciones terrenales y nuestras aspiraciones morales, éticas, o espirituales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En fin, las historias de Tolstói son un espejo de las pasiones, contradicciones y búsquedas esenciales de la humanidad, presentadas de una forma tan poderosa y con tal sensibilidad, que son de esas historias que probablemente perdurarán por siempre. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hoy quería hablar de uno de sus cuentos: Cuánta tierra necesita un hombre. Ya el título me parece brutal. Cuánta tierra necesita un hombre. Porque de entrada nos conecta con tres cosas antiquísimas y, perdón la redundancia, esenciales, en esta nuestra historia como seres humanos: la primera de estas cosas es la misma tierra, que tal vez sea una de las primeras cosas que el ser humano ha sentido la necesidad de poseer, por lo que su posesión es mucho más simbólica, e íntima, que poseer un auto, por ejemplo. De hecho en  muchas mitologías, incluida la cristiana, somos formados primeramente de tierra, justamente, de barro. Y en varias otras mitologías la tierra misma es una deidad. En términos generales quizás no exista posesión más significativa que la de la tierra, por la que se han librado, se libran y se continuarán librando guerras de guerras entre naciones, entre familias y entre hermanos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;La segunda de estas cosas, con las que de entrada nos conecta el título, es el concepto mismo de poseer algo. La idea de la propiedad privada, que sin duda debe tener sus orígenes en la agricultura, en el mismo uso de la tierra. Lo que hace más poderosa la conexión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y la tercera, la avaricia. Uno de los pecados capitales y de las más antiguas y documentadas cualidades humanas. Cuánta tierra necesita un hombre. Y saliendonos un poco del significado literal de la palabra tierra, en el título y en la historia, obviamente la tierra juega el papal de cualquier posesión. En otra palabras: Cuánto necesita un hombre. Infelizmente, la respuesta la sabemos todos antes de comenzar a leer: más. Siempre más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En su juventud Tolstóii compró unas tierras  en lo que hoy sería Rusia central, de una tribu nómada,  los baskires, y esta  terminó siendo la mejor inversión de su vida. Pero más adelante, Tolstói sufre una profunda crisis y transformación existencial. Uno de los resultados de ese proceso fueron sus posturas en contra de la propiedad privada y la herencia, por ejemplo. Se termina convirtiendo en un anarquista cristiano y se reprocha a sí mismo la compra de esas tierras, por haber aportado de ese modo a un sistema que él ahora despreciaba, y se reprocha a sí mismo habérselas dado a sus hijos, porque pensaba que así les había causado un enorme daño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En esa etapa, incluso teniendo  aparentemente todo: era un conde aristócrata y rico, tenía una familia, y ya había alcanzado el más grande éxito literario y la admiración universal con  sus libros Guerra y Paz y  Ana Karenina. Pero a pesar de todo eso, sentía un gran vacío y una enorme desilusión.  Encontraba su vida carente de significado, a pesar de haber logrado lo que muchos considerarían la cúspide del éxito.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En este periodo la muerte se convierte en una obsesión para él. Se preguntaba constantemente: &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&amp;#34;¿Qué sentido tiene la vida si al final todo termina en la muerte?&amp;#34;&lt;/strong&gt;&lt;span&gt;. Este pensamiento lo atormentaba, especialmente porque sentía que nada en su vida mundana podía darle una respuesta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Se sumergió en la lectura de filósofos y pensadores, tanto occidentales como orientales, en busca de respuestas. Pero no encontraba nada que  le diera paz interior.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al mismo tiempo, empezó a admirar la vida simple y espiritual de los campesinos rusos. Veía en ellos una autenticidad y una conexión con la naturaleza que sentía que la aristocracia había perdido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Eventualmente desarrolló su propia interpretación del cristianismo, basada en los Evangelios, especialmente en el Sermón de la Montaña. Sus ideas incluían el pacifismo, la no resistencia al mal, la renuncia a la propiedad privada y el rechazo a la violencia en todas sus formas. Más tarde estas ideas influyeron en  figuras como Mahatma Gandhi, o Martin Luther King.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Fue en este periodo, en 1886,  que Tolstói escribió Cuánta tierra necesita un hombre. Es un reflejo directo de la crisis espiritual y moral que lo llevó a rechazar la vida  que llevaba y a buscar una verdad más simple y pura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Aunque él nunca pudo dejar totalmente sus privilegios, él era consciente de sus propias contradicciones, y hablaba libremente sobre ello.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Ahora, el cuento en sí tiene un lenguaje sencillo, pero describe increíblemente bien absolutamente todo. Por ejemplo la primera vez que Pajóm, el protagonista, se convierte en propietario de tierras, Tolstoi describe cómo Pajóm mira maravillado las mismas piedras que hasta ayer eran piedras cualquieras. Y ahora las veía totalmente diferentes, porque eran sus piedras, sus pastos, sus árboles. Verlas lo llenaba de satisfacción. Por eso es que estas historias son universales. Está tan bien escrita que todos nos identificamos con Pajóm.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Pajóm es un campesino relativamente humilde que sueña con tener más tierras, porque está seguro de que así sería feliz. Pero cada vez que adquiere más, por una u otra razón, la felicidad se le escapa entre las manos, y su avaricia lo empuja a buscar más y más. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Al final, la oferta aparentemente irresistible de una tribu nómada lo lleva a una trágica carrera contra el tiempo: le iban a dar toda la tierra que pueda recorrer caminando durante un día, con la condición de regresar al punto de partida antes del atardecer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tolstói narra el desenlace con una maestría desoladora: Pajóm, ciego de ambición, se exige tanto que  se desploma y muere exhausto con el sol, al completar el recorrido.  Su sirviente toma su pala y le cava una tumba. Cuánta tierra necesita un hombre? Dos metros de tierra, de la cabeza a los pies, era todo lo que necesitaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tolstói decía que &amp;#34;no hay grandeza donde no hay verdad&amp;#34;, y este cuento es un ejemplo de su capacidad para revelar esas verdades fundamentales de la naturaleza humana. Al leerlo, no solo vemos la tragedia de Pajóm, sino que somos llevados a cuestionar nuestras propias vidas: Estamos corriendo tras algo que realmente necesitamos o estamos atrapados en una carrera interminable hacia el vacío?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Un abrazo, y hasta la próxima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 29 Dec 2024 11:07:00 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title># 23 El Futuro - Julio Cortazar</itunes:title>
                <title># 23 El Futuro - Julio Cortazar</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Y sé muy bien que no estarás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No estarás en la calle,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;en el murmullo que brota de noche&lt;/p&gt;&lt;p&gt;de los postes de alumbrado,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en el gesto de elegir el menú,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en la sonrisa que alivia&lt;/p&gt;&lt;p&gt;los completos de los subtes,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en los libros prestados&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en el hasta mañana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No estarás en mis sueños,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;en el destino original&lt;/p&gt;&lt;p&gt;de mis palabras,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en una cifra telefónica estarás&lt;/p&gt;&lt;p&gt;o en el color de un par de guantes&lt;/p&gt;&lt;p&gt;o una blusa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me enojaré amor mío,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;sin que sea por ti,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y compraré bombones&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pero no para ti,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;me pararé en la esquina&lt;/p&gt;&lt;p&gt;a la que no vendrás,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y diré las palabras que se dicen&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y comeré las cosas que se comen&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y soñaré las cosas que se sueñan&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y sé muy bien que no estarás,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni aquí adentro, la cárcel&lt;/p&gt;&lt;p&gt;donde aún te retengo,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni allí fuera, este río de calles&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y de puentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No estarás para nada,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;no serás ni recuerdo,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y cuando piense en ti&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pensaré un pensamiento&lt;/p&gt;&lt;p&gt;que oscuramente&lt;/p&gt;&lt;p&gt;trata de acordarse de ti.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Y sé muy bien que no estarás.</p><p>No estarás en la calle,</p><p>en el murmullo que brota de noche</p><p>de los postes de alumbrado,</p><p>ni en el gesto de elegir el menú,</p><p>ni en la sonrisa que alivia</p><p>los completos de los subtes,</p><p>ni en los libros prestados</p><p>ni en el hasta mañana.</p><p><br></p><p>No estarás en mis sueños,</p><p>en el destino original</p><p>de mis palabras,</p><p>ni en una cifra telefónica estarás</p><p>o en el color de un par de guantes</p><p>o una blusa.</p><p>Me enojaré amor mío,</p><p>sin que sea por ti,</p><p>y compraré bombones</p><p>pero no para ti,</p><p>me pararé en la esquina</p><p>a la que no vendrás,</p><p>y diré las palabras que se dicen</p><p>y comeré las cosas que se comen</p><p>y soñaré las cosas que se sueñan</p><p>y sé muy bien que no estarás,</p><p>ni aquí adentro, la cárcel</p><p>donde aún te retengo,</p><p>ni allí fuera, este río de calles</p><p>y de puentes.</p><p>No estarás para nada,</p><p>no serás ni recuerdo,</p><p>y cuando piense en ti</p><p>pensaré un pensamiento</p><p>que oscuramente</p><p>trata de acordarse de ti.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Y sé muy bien que no estarás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No estarás en la calle,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;en el murmullo que brota de noche&lt;/p&gt;&lt;p&gt;de los postes de alumbrado,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en el gesto de elegir el menú,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en la sonrisa que alivia&lt;/p&gt;&lt;p&gt;los completos de los subtes,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en los libros prestados&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en el hasta mañana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No estarás en mis sueños,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;en el destino original&lt;/p&gt;&lt;p&gt;de mis palabras,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni en una cifra telefónica estarás&lt;/p&gt;&lt;p&gt;o en el color de un par de guantes&lt;/p&gt;&lt;p&gt;o una blusa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me enojaré amor mío,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;sin que sea por ti,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y compraré bombones&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pero no para ti,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;me pararé en la esquina&lt;/p&gt;&lt;p&gt;a la que no vendrás,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y diré las palabras que se dicen&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y comeré las cosas que se comen&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y soñaré las cosas que se sueñan&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y sé muy bien que no estarás,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni aquí adentro, la cárcel&lt;/p&gt;&lt;p&gt;donde aún te retengo,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni allí fuera, este río de calles&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y de puentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No estarás para nada,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;no serás ni recuerdo,&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y cuando piense en ti&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pensaré un pensamiento&lt;/p&gt;&lt;p&gt;que oscuramente&lt;/p&gt;&lt;p&gt;trata de acordarse de ti.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 24 Nov 2024 11:08:00 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#22 Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar - Luis Sepúlveda</itunes:title>
                <title>#22 Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar - Luis Sepúlveda</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;En Marzo hice un episodio sobre la Historia Interminable, y dije que era uno de esos libros indispensables que va creciendo conmigo, bueno, este otro de esos libros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la portada dice que es un libro para niños de 8 a 88 años, y creo que esa es la mejor descripción que se puede hacer de este librito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una historia escrita de una manera tan simple y con una sensibilidad tan auténtica y sincera que tiene el poder de conectarnos con esa primerísima esencia que nos hace humanos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una historia sobre nuestro innato deseo de pertenencia, sobre la diversidad, sobre la familia, la amistad, la resiliencia y la paciencia, sobre la muerte, y sobre el amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El otro día lo compré para leerlo con Aurelio, y sobre la historia en sí, no hay mayor misterio, en el nombre ya está todo, es la historia de un gato que tiene que ver cómo le va a enseñarar a volar a una gaviota. No es un libro que se lea para saber cuál es el final, sino para saber cómo fue que pasó todo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una historia de lo que se llama “rito de iniciación”. Es el tipo de historia en el que uno de los personajes a través de un viaje de aprendizaje y transformación tiene que pasar de una fase de la vida a otra. Por ejemplo cuando un adolescente que tiene que convertirse en hombre, o cuando alguien tiene que aceptar la muerte de un ser querido, o en el caso de esta gaviota, tiene que aprender a volar, y en el caso del gato, tiene que aprender a enseñar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fui leyendo el libro poco a poco con Aurelio hasta que nos faltaban más o menos unos 3 o 4 capítulos para terminar. Entonces ya no pude aguantar leerlo de a poco y una mañana me lo llevé al trabajo y lo terminé de leer en el metro, claro que después lo leí con Aurelio también, pero ese rato quería terminar de una vez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y me desbordó. Mientras iba en el metro leía cómo el gato hacía lo imposible para cumplir sus promesas, y como la gaviotita con el corazón inflamado de miedo y de emoción, tambaleaba sus patitas la noche de lluvia en la que aprendió a volar. Me desbordó ese sentimiento de conexión con esa esencia de la que estaba hablando. Me desbordó, y de repente en medio de ese metro lleno de adultos apurados yendo a trabajar, no pude evitarlo y me puse a llorar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando leí el libro siendo niño no me había pasado nada de eso. Había sido simplemente la bonita historia de una gaviota que quería volar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese es uno de los misterios de los libros que van creciendo con uno. Es diferente cada vez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hacer este episodio puede que sea un intento de entender mejor cuál es esa esencia, y de acercarme un poco a ese misterio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, fue el primer libro que leí solo, sin ayuda de un adulto. Ya había leído cuentos cortos yo solito, pero ese fue el primer libro que yo consideraba “ de verdad”. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que tenía unos 11 años y compartía el cuarto con mi hermano Sabastián. Yo acababa de volver de vivir uno de mis mejores años, en La Paz, con mi padre y con Mónica, que se quedaron por allá todavía unos meses más. Ahora vivíamos en una casa a la que le decíamos “ el tefren” porque estaba al frente de la casa de Yoyó. Y en esa época hablabamos al revés muchas palabras. En realidad vivíamos en las dos casas. Teníamos un patio que recuerdo ser enorme, con tres o cuatro árboles de manga y una perra que se llamaba Sandunga. En esa casa mi madre tenía su taller de serigrafía, y una marca que se llamaba Borequi, que vendía ropa y accesorios para turistas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entre tantas cosas me acuerdo que un día cayó un loro tuerto y viejo, con aires de pirata, que no sé si se quedó o se tuvo que quedar a vivir con nosotros, y que en un sillón rojo con líneas amarillas que traspasaban pequeños cuadrados azules, mi madre se sentaba a escuchar música y comer jalapeños, esperando que nazca mi hermana Lucía. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esa casa Yoyó nos contaba aventuras legendarias de Chano Mentira, de su amigo al que le decían Perro y de su hermano Polo, al que le encantaba comer pan con palta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue ahí también donde una navidad recibí de regalo la bicicleta que me cambió la vida. Una bici es una máquina de independencia y libertad para cualquier persona. Con esa bicicleta viví muchos de mis más preciados recuerdos con mi padre, con Yoyó, con Sebastián, con mi tío Chichín, con mi primo Don Diego… con el que hacíamos cada cosa, cosas que nadie debería hacer en bicicleta a ninguna edad… Cuando nos mudamos a otra casa, en la calle Guayacán, fue con esa bicicleta que descubrí el nuevo barrio y me hice amiguísimo de Kiu. Incluso fué en esa bici que di mi primer beso. Yo no sé si Kiu algún día escuchará esto, pero yo creo que él sabe que guardo con muchísimo cariño las conversaciones, nuestros paseos en bici por calles conocidas y por conocer, nuestras noches de ajedrez, el básquet uno a uno, la comida de su abuelo y el infinito afecto que me dió toda su familia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa bici me esperó fielmente en un garaje cuando nos fuimos a vivir con mi padre a Guatemala, que significa lugar de muchos árboles. En Guatemala ví las cosas que más me han impresionado en este mundo terrenal. La primera y la más impresionante, es como se levantan las ruinas de Tikal en medio de esos árboles enormes y majestuosos. Y la segunda fue cuando una tarde, volviendo de comprar alguna cosa, de repente el cielo se enrojeció y vimos el poder de un volcán haciendo erupción.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En Guatemala nos hicimos muy amigos de Diego y su familia y desde esa época comenzó a pasar sus vacaciones en nuestra casa en Bolivia. Con Diego hemos compartido tanto, se hizo primo de mis primos y amigo de mis amigos, hicimos exploraciones al país de las sirenas, y varios años más tarde compartió conmigo otro de mis mejores años, en el sur de Dinamarca. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando volvimos de Guatemala, nos mudamos de casa de nuevo, nos fuimos a un barrio que se llama Cataluña, que fue el lugar en el que más he vivido, y donde más cosas me han pasado. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero fue justamente en ese barrio que fui dejando de ser el niño que leyó la historia de la gaviota y del gato que le enseñó a volar. Por eso la mayoría de esas cosas ya no entran en este relato.. por ejemplo el famosísimo proyecto de mi amigo Maki, de exportar plátano verdes al Japón, o el haber podido entrenar durante la pandemia con Paku, Alonzo, Lorenzo y Papitowski en un tatami armado en el patio de la casa de mi madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, por ser las cosas como son, en Cataluña fui dejando de ver a mis amigos del otro barrio, fui dejando de andar en bici, y la bicicleta dejó de ser importante en mi vida durante unos 10 años. Esa mi bici de mil batallas mi madre se la regaló a Pedro, el jardinero del barrio, que aunque ahora ya tiene otras, la sigue usando más de 20 años después. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En Cataluña conocí a Tanja, a Verónica, a Laura, a Alejandra, a Paola…fui parte de las chicas del barrio, y crecimos juntos. Que suerte haberlas tenido, que suerte tenerlas todavía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me acuerdo que Vero silbaba desde la puerta para salir a darle vueltas y vueltas al barrio. Silbaba porque las casas no tienen ni timbre ni candados. Y como yo nunca aprendí a silbar, desde su puerta gritaba Tanjjjjaaaa cuando la iba a buscar. No teníamos celulares. Cómo no estar agradecido con la vida. Hacíamos fogatas, le poníamos nombre a las estrellas, inventábamos historias entre varios, probamos dell ron barato, aprendíamos a bailar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Crecimos Juntos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Incluso después Tanja fue conmigo a la Universidad y con Vero hasta vivimos en la misma casa un par de años.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy tengo 37 años y desde mis 13 que les hablo cuando algo va bien, cuando algo va mal. Aunque sea de lejos, me alegra tenerlas todavía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la casa de Vero y de Tanja fue donde yo conocí a Stephi, años más tarde nos terminamos mudando a un departamento cerca de la casa del tefren justamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de que nazca Aurelio alquilamos una casa en Cataluña y al día siguiente que nació nos mudamos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue así que en la tercera casa del barrio, Aurelio conoció el asombro. Nunca me voy a olvidar de sus ojos abiertos de par en par, viendo el baile que hacen las hojas al son del viento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese niño que fuí la primera vez que leí la historia del gato y de la gaviota, nunca habría podido imaginar que le iban a pasar todas esas cosas y mucho más, para terminar convirtiéndose en este hombre más o menos mediocre que ahora soy. Que un día iba a tener un hijo bávaro al que amaría más que a nada en este mundo y que haría cualquier cosa con tal de enseñarle a volar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así como hacían con él, así como hicieron conmigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Gracias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa es la esencia con la que me conecta esta bellísima historia que Luis Sepúlveda escribió en la Selva Negra alemana. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para terminar, el poemita “Las Gaviotas” de Bernardo Atxaga que también aparece en el libro:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero su pobre corazón&lt;/p&gt;&lt;p&gt;- Que es el de los equilibristas - &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por nada suspira tanto&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como por esa lluvia tonta&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que casi siempre trae viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que casi siempre trae sol.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>En Marzo hice un episodio sobre la Historia Interminable, y dije que era uno de esos libros indispensables que va creciendo conmigo, bueno, este otro de esos libros.</p><p><br></p><p>En la portada dice que es un libro para niños de 8 a 88 años, y creo que esa es la mejor descripción que se puede hacer de este librito.</p><p><br></p><p>Es una historia escrita de una manera tan simple y con una sensibilidad tan auténtica y sincera que tiene el poder de conectarnos con esa primerísima esencia que nos hace humanos.</p><p><br></p><p>Es una historia sobre nuestro innato deseo de pertenencia, sobre la diversidad, sobre la familia, la amistad, la resiliencia y la paciencia, sobre la muerte, y sobre el amor.</p><p><br></p><p>El otro día lo compré para leerlo con Aurelio, y sobre la historia en sí, no hay mayor misterio, en el nombre ya está todo, es la historia de un gato que tiene que ver cómo le va a enseñarar a volar a una gaviota. No es un libro que se lea para saber cuál es el final, sino para saber cómo fue que pasó todo.</p><p><br></p><p>Es una historia de lo que se llama “rito de iniciación”. Es el tipo de historia en el que uno de los personajes a través de un viaje de aprendizaje y transformación tiene que pasar de una fase de la vida a otra. Por ejemplo cuando un adolescente que tiene que convertirse en hombre, o cuando alguien tiene que aceptar la muerte de un ser querido, o en el caso de esta gaviota, tiene que aprender a volar, y en el caso del gato, tiene que aprender a enseñar.</p><p><br></p><p>Fui leyendo el libro poco a poco con Aurelio hasta que nos faltaban más o menos unos 3 o 4 capítulos para terminar. Entonces ya no pude aguantar leerlo de a poco y una mañana me lo llevé al trabajo y lo terminé de leer en el metro, claro que después lo leí con Aurelio también, pero ese rato quería terminar de una vez.</p><p><br></p><p>Y me desbordó. Mientras iba en el metro leía cómo el gato hacía lo imposible para cumplir sus promesas, y como la gaviotita con el corazón inflamado de miedo y de emoción, tambaleaba sus patitas la noche de lluvia en la que aprendió a volar. Me desbordó ese sentimiento de conexión con esa esencia de la que estaba hablando. Me desbordó, y de repente en medio de ese metro lleno de adultos apurados yendo a trabajar, no pude evitarlo y me puse a llorar.</p><p><br></p><p>Cuando leí el libro siendo niño no me había pasado nada de eso. Había sido simplemente la bonita historia de una gaviota que quería volar.</p><p>Ese es uno de los misterios de los libros que van creciendo con uno. Es diferente cada vez.</p><p><br></p><p>Hacer este episodio puede que sea un intento de entender mejor cuál es esa esencia, y de acercarme un poco a ese misterio.</p><p><br></p><p>Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, fue el primer libro que leí solo, sin ayuda de un adulto. Ya había leído cuentos cortos yo solito, pero ese fue el primer libro que yo consideraba “ de verdad”. </p><p>Creo que tenía unos 11 años y compartía el cuarto con mi hermano Sabastián. Yo acababa de volver de vivir uno de mis mejores años, en La Paz, con mi padre y con Mónica, que se quedaron por allá todavía unos meses más. Ahora vivíamos en una casa a la que le decíamos “ el tefren” porque estaba al frente de la casa de Yoyó. Y en esa época hablabamos al revés muchas palabras. En realidad vivíamos en las dos casas. Teníamos un patio que recuerdo ser enorme, con tres o cuatro árboles de manga y una perra que se llamaba Sandunga. En esa casa mi madre tenía su taller de serigrafía, y una marca que se llamaba Borequi, que vendía ropa y accesorios para turistas.</p><p><br></p><p>Entre tantas cosas me acuerdo que un día cayó un loro tuerto y viejo, con aires de pirata, que no sé si se quedó o se tuvo que quedar a vivir con nosotros, y que en un sillón rojo con líneas amarillas que traspasaban pequeños cuadrados azules, mi madre se sentaba a escuchar música y comer jalapeños, esperando que nazca mi hermana Lucía. </p><p><br></p><p>En esa casa Yoyó nos contaba aventuras legendarias de Chano Mentira, de su amigo al que le decían Perro y de su hermano Polo, al que le encantaba comer pan con palta.</p><p><br></p><p>Fue ahí también donde una navidad recibí de regalo la bicicleta que me cambió la vida. Una bici es una máquina de independencia y libertad para cualquier persona. Con esa bicicleta viví muchos de mis más preciados recuerdos con mi padre, con Yoyó, con Sebastián, con mi tío Chichín, con mi primo Don Diego… con el que hacíamos cada cosa, cosas que nadie debería hacer en bicicleta a ninguna edad… Cuando nos mudamos a otra casa, en la calle Guayacán, fue con esa bicicleta que descubrí el nuevo barrio y me hice amiguísimo de Kiu. Incluso fué en esa bici que di mi primer beso. Yo no sé si Kiu algún día escuchará esto, pero yo creo que él sabe que guardo con muchísimo cariño las conversaciones, nuestros paseos en bici por calles conocidas y por conocer, nuestras noches de ajedrez, el básquet uno a uno, la comida de su abuelo y el infinito afecto que me dió toda su familia. </p><p><br></p><p>Esa bici me esperó fielmente en un garaje cuando nos fuimos a vivir con mi padre a Guatemala, que significa lugar de muchos árboles. En Guatemala ví las cosas que más me han impresionado en este mundo terrenal. La primera y la más impresionante, es como se levantan las ruinas de Tikal en medio de esos árboles enormes y majestuosos. Y la segunda fue cuando una tarde, volviendo de comprar alguna cosa, de repente el cielo se enrojeció y vimos el poder de un volcán haciendo erupción.</p><p><br></p><p>En Guatemala nos hicimos muy amigos de Diego y su familia y desde esa época comenzó a pasar sus vacaciones en nuestra casa en Bolivia. Con Diego hemos compartido tanto, se hizo primo de mis primos y amigo de mis amigos, hicimos exploraciones al país de las sirenas, y varios años más tarde compartió conmigo otro de mis mejores años, en el sur de Dinamarca. </p><p><br></p><p>Cuando volvimos de Guatemala, nos mudamos de casa de nuevo, nos fuimos a un barrio que se llama Cataluña, que fue el lugar en el que más he vivido, y donde más cosas me han pasado. </p><p><br></p><p>Pero fue justamente en ese barrio que fui dejando de ser el niño que leyó la historia de la gaviota y del gato que le enseñó a volar. Por eso la mayoría de esas cosas ya no entran en este relato.. por ejemplo el famosísimo proyecto de mi amigo Maki, de exportar plátano verdes al Japón, o el haber podido entrenar durante la pandemia con Paku, Alonzo, Lorenzo y Papitowski en un tatami armado en el patio de la casa de mi madre.</p><p><br></p><p>En fin, por ser las cosas como son, en Cataluña fui dejando de ver a mis amigos del otro barrio, fui dejando de andar en bici, y la bicicleta dejó de ser importante en mi vida durante unos 10 años. Esa mi bici de mil batallas mi madre se la regaló a Pedro, el jardinero del barrio, que aunque ahora ya tiene otras, la sigue usando más de 20 años después. </p><p><br></p><p>En Cataluña conocí a Tanja, a Verónica, a Laura, a Alejandra, a Paola…fui parte de las chicas del barrio, y crecimos juntos. Que suerte haberlas tenido, que suerte tenerlas todavía.</p><p>Me acuerdo que Vero silbaba desde la puerta para salir a darle vueltas y vueltas al barrio. Silbaba porque las casas no tienen ni timbre ni candados. Y como yo nunca aprendí a silbar, desde su puerta gritaba Tanjjjjaaaa cuando la iba a buscar. No teníamos celulares. Cómo no estar agradecido con la vida. Hacíamos fogatas, le poníamos nombre a las estrellas, inventábamos historias entre varios, probamos dell ron barato, aprendíamos a bailar.</p><p>Crecimos Juntos.</p><p>Incluso después Tanja fue conmigo a la Universidad y con Vero hasta vivimos en la misma casa un par de años.  </p><p><br></p><p>Hoy tengo 37 años y desde mis 13 que les hablo cuando algo va bien, cuando algo va mal. Aunque sea de lejos, me alegra tenerlas todavía.</p><p><br></p><p>En la casa de Vero y de Tanja fue donde yo conocí a Stephi, años más tarde nos terminamos mudando a un departamento cerca de la casa del tefren justamente.</p><p><br></p><p>Antes de que nazca Aurelio alquilamos una casa en Cataluña y al día siguiente que nació nos mudamos. </p><p><br></p><p>Fue así que en la tercera casa del barrio, Aurelio conoció el asombro. Nunca me voy a olvidar de sus ojos abiertos de par en par, viendo el baile que hacen las hojas al son del viento.</p><p><br></p><p>Ese niño que fuí la primera vez que leí la historia del gato y de la gaviota, nunca habría podido imaginar que le iban a pasar todas esas cosas y mucho más, para terminar convirtiéndose en este hombre más o menos mediocre que ahora soy. Que un día iba a tener un hijo bávaro al que amaría más que a nada en este mundo y que haría cualquier cosa con tal de enseñarle a volar.</p><p><br></p><p>Así como hacían con él, así como hicieron conmigo.</p><p>Gracias.</p><p><br></p><p>Esa es la esencia con la que me conecta esta bellísima historia que Luis Sepúlveda escribió en la Selva Negra alemana. </p><p><br></p><p>Para terminar, el poemita “Las Gaviotas” de Bernardo Atxaga que también aparece en el libro:</p><p><br></p><p>Pero su pobre corazón</p><p>- Que es el de los equilibristas - </p><p>Por nada suspira tanto</p><p>Como por esa lluvia tonta</p><p>Que casi siempre trae viento</p><p>Que casi siempre trae sol.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;En Marzo hice un episodio sobre la Historia Interminable, y dije que era uno de esos libros indispensables que va creciendo conmigo, bueno, este otro de esos libros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la portada dice que es un libro para niños de 8 a 88 años, y creo que esa es la mejor descripción que se puede hacer de este librito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una historia escrita de una manera tan simple y con una sensibilidad tan auténtica y sincera que tiene el poder de conectarnos con esa primerísima esencia que nos hace humanos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una historia sobre nuestro innato deseo de pertenencia, sobre la diversidad, sobre la familia, la amistad, la resiliencia y la paciencia, sobre la muerte, y sobre el amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El otro día lo compré para leerlo con Aurelio, y sobre la historia en sí, no hay mayor misterio, en el nombre ya está todo, es la historia de un gato que tiene que ver cómo le va a enseñarar a volar a una gaviota. No es un libro que se lea para saber cuál es el final, sino para saber cómo fue que pasó todo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es una historia de lo que se llama “rito de iniciación”. Es el tipo de historia en el que uno de los personajes a través de un viaje de aprendizaje y transformación tiene que pasar de una fase de la vida a otra. Por ejemplo cuando un adolescente que tiene que convertirse en hombre, o cuando alguien tiene que aceptar la muerte de un ser querido, o en el caso de esta gaviota, tiene que aprender a volar, y en el caso del gato, tiene que aprender a enseñar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fui leyendo el libro poco a poco con Aurelio hasta que nos faltaban más o menos unos 3 o 4 capítulos para terminar. Entonces ya no pude aguantar leerlo de a poco y una mañana me lo llevé al trabajo y lo terminé de leer en el metro, claro que después lo leí con Aurelio también, pero ese rato quería terminar de una vez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y me desbordó. Mientras iba en el metro leía cómo el gato hacía lo imposible para cumplir sus promesas, y como la gaviotita con el corazón inflamado de miedo y de emoción, tambaleaba sus patitas la noche de lluvia en la que aprendió a volar. Me desbordó ese sentimiento de conexión con esa esencia de la que estaba hablando. Me desbordó, y de repente en medio de ese metro lleno de adultos apurados yendo a trabajar, no pude evitarlo y me puse a llorar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando leí el libro siendo niño no me había pasado nada de eso. Había sido simplemente la bonita historia de una gaviota que quería volar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese es uno de los misterios de los libros que van creciendo con uno. Es diferente cada vez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hacer este episodio puede que sea un intento de entender mejor cuál es esa esencia, y de acercarme un poco a ese misterio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, fue el primer libro que leí solo, sin ayuda de un adulto. Ya había leído cuentos cortos yo solito, pero ese fue el primer libro que yo consideraba “ de verdad”. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que tenía unos 11 años y compartía el cuarto con mi hermano Sabastián. Yo acababa de volver de vivir uno de mis mejores años, en La Paz, con mi padre y con Mónica, que se quedaron por allá todavía unos meses más. Ahora vivíamos en una casa a la que le decíamos “ el tefren” porque estaba al frente de la casa de Yoyó. Y en esa época hablabamos al revés muchas palabras. En realidad vivíamos en las dos casas. Teníamos un patio que recuerdo ser enorme, con tres o cuatro árboles de manga y una perra que se llamaba Sandunga. En esa casa mi madre tenía su taller de serigrafía, y una marca que se llamaba Borequi, que vendía ropa y accesorios para turistas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entre tantas cosas me acuerdo que un día cayó un loro tuerto y viejo, con aires de pirata, que no sé si se quedó o se tuvo que quedar a vivir con nosotros, y que en un sillón rojo con líneas amarillas que traspasaban pequeños cuadrados azules, mi madre se sentaba a escuchar música y comer jalapeños, esperando que nazca mi hermana Lucía. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esa casa Yoyó nos contaba aventuras legendarias de Chano Mentira, de su amigo al que le decían Perro y de su hermano Polo, al que le encantaba comer pan con palta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue ahí también donde una navidad recibí de regalo la bicicleta que me cambió la vida. Una bici es una máquina de independencia y libertad para cualquier persona. Con esa bicicleta viví muchos de mis más preciados recuerdos con mi padre, con Yoyó, con Sebastián, con mi tío Chichín, con mi primo Don Diego… con el que hacíamos cada cosa, cosas que nadie debería hacer en bicicleta a ninguna edad… Cuando nos mudamos a otra casa, en la calle Guayacán, fue con esa bicicleta que descubrí el nuevo barrio y me hice amiguísimo de Kiu. Incluso fué en esa bici que di mi primer beso. Yo no sé si Kiu algún día escuchará esto, pero yo creo que él sabe que guardo con muchísimo cariño las conversaciones, nuestros paseos en bici por calles conocidas y por conocer, nuestras noches de ajedrez, el básquet uno a uno, la comida de su abuelo y el infinito afecto que me dió toda su familia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa bici me esperó fielmente en un garaje cuando nos fuimos a vivir con mi padre a Guatemala, que significa lugar de muchos árboles. En Guatemala ví las cosas que más me han impresionado en este mundo terrenal. La primera y la más impresionante, es como se levantan las ruinas de Tikal en medio de esos árboles enormes y majestuosos. Y la segunda fue cuando una tarde, volviendo de comprar alguna cosa, de repente el cielo se enrojeció y vimos el poder de un volcán haciendo erupción.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En Guatemala nos hicimos muy amigos de Diego y su familia y desde esa época comenzó a pasar sus vacaciones en nuestra casa en Bolivia. Con Diego hemos compartido tanto, se hizo primo de mis primos y amigo de mis amigos, hicimos exploraciones al país de las sirenas, y varios años más tarde compartió conmigo otro de mis mejores años, en el sur de Dinamarca. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando volvimos de Guatemala, nos mudamos de casa de nuevo, nos fuimos a un barrio que se llama Cataluña, que fue el lugar en el que más he vivido, y donde más cosas me han pasado. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero fue justamente en ese barrio que fui dejando de ser el niño que leyó la historia de la gaviota y del gato que le enseñó a volar. Por eso la mayoría de esas cosas ya no entran en este relato.. por ejemplo el famosísimo proyecto de mi amigo Maki, de exportar plátano verdes al Japón, o el haber podido entrenar durante la pandemia con Paku, Alonzo, Lorenzo y Papitowski en un tatami armado en el patio de la casa de mi madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, por ser las cosas como son, en Cataluña fui dejando de ver a mis amigos del otro barrio, fui dejando de andar en bici, y la bicicleta dejó de ser importante en mi vida durante unos 10 años. Esa mi bici de mil batallas mi madre se la regaló a Pedro, el jardinero del barrio, que aunque ahora ya tiene otras, la sigue usando más de 20 años después. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En Cataluña conocí a Tanja, a Verónica, a Laura, a Alejandra, a Paola…fui parte de las chicas del barrio, y crecimos juntos. Que suerte haberlas tenido, que suerte tenerlas todavía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me acuerdo que Vero silbaba desde la puerta para salir a darle vueltas y vueltas al barrio. Silbaba porque las casas no tienen ni timbre ni candados. Y como yo nunca aprendí a silbar, desde su puerta gritaba Tanjjjjaaaa cuando la iba a buscar. No teníamos celulares. Cómo no estar agradecido con la vida. Hacíamos fogatas, le poníamos nombre a las estrellas, inventábamos historias entre varios, probamos dell ron barato, aprendíamos a bailar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Crecimos Juntos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Incluso después Tanja fue conmigo a la Universidad y con Vero hasta vivimos en la misma casa un par de años.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy tengo 37 años y desde mis 13 que les hablo cuando algo va bien, cuando algo va mal. Aunque sea de lejos, me alegra tenerlas todavía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la casa de Vero y de Tanja fue donde yo conocí a Stephi, años más tarde nos terminamos mudando a un departamento cerca de la casa del tefren justamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de que nazca Aurelio alquilamos una casa en Cataluña y al día siguiente que nació nos mudamos. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fue así que en la tercera casa del barrio, Aurelio conoció el asombro. Nunca me voy a olvidar de sus ojos abiertos de par en par, viendo el baile que hacen las hojas al son del viento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese niño que fuí la primera vez que leí la historia del gato y de la gaviota, nunca habría podido imaginar que le iban a pasar todas esas cosas y mucho más, para terminar convirtiéndose en este hombre más o menos mediocre que ahora soy. Que un día iba a tener un hijo bávaro al que amaría más que a nada en este mundo y que haría cualquier cosa con tal de enseñarle a volar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así como hacían con él, así como hicieron conmigo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Gracias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa es la esencia con la que me conecta esta bellísima historia que Luis Sepúlveda escribió en la Selva Negra alemana. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para terminar, el poemita “Las Gaviotas” de Bernardo Atxaga que también aparece en el libro:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero su pobre corazón&lt;/p&gt;&lt;p&gt;- Que es el de los equilibristas - &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por nada suspira tanto&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como por esa lluvia tonta&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que casi siempre trae viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que casi siempre trae sol.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 24 Nov 2024 10:12:35 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#21 Los Buddenbrook - Thomas Mann</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Los Buddenbrook - Thomas Mann&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la ceremonia en la que otorgaba el premio Nobel de Literatura de 1929, el representante de la Fundación comentaba que el gran aporte del siglo XIX a la literatura había sido la novela realista. Él explicaba que en la novela realista se mostraban las experiencias más secretas del alma humana sobre sus contextos sociales, dejando ver la interdependencia entre lo general y lo particular, logrando retratar la experiencia humana de una forma tan fidedigna y completa, que no tenía paralelos en la literatura antigua. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Buddenbrook, fue la primer novela alemana de este tipo, fue un éxito inmediato que hizo de su autor una estrella literaria y casi treinta años después de su publicación fue el principal motivo por el que le otorgaron el premio Nobel.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En resumen, los Bundenbrook es la historia de 4 generaciones de una familia de comerciantes del norte de Alemania durante el siglo XIX. Es un clásico de la literatura alemana y universal, y hace unos meses lo leí en otro de mis intentos por conocer y entender mejor el país en el que ahora estoy viviendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, como trasfondo histórico a las vicisitudes y vaivenes de la familia Buddenbrook tenemos el proceso de unificación del Estado Alemán, del que nos vamos enterando por comentarios en alguna conversación o por hechos que terminan afectando a la familia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro comienza alrededor de 1834, con Prusia impulsando la Unión Aduanera entre los Estados alemanes y termina en 1877, ya en plena era imperial. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Curiosamente, leyendo la historia de los Buddenbrook muchas veces pensé en Cien años de Soledad y la historia de los Buendía. Si bien en el libro de Thomas Mann no hay nada parecido a niños que nacen con colas de cerdo, ni mujeres que tranquilamente ascienden a los cielos para no volver jamás, también hay cosas que reflejan lo surreal que puede ser la realidad, como la historía de un tío que se muere de hipo, o como el suegro del Consul que ofendido porque el pueblo se subleva y no puede llegar a su casa a las 5 para comer con su esposa, se muere en un repentino ataque de rabia. O la mujer sorda que leía a gritos la Biblia en casa de la Consulesa, en la época en que su beatitud era tal, que acogía prácticamente a cualquier religioso que pasaba por la ciudad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y no es porque en su desmesura nuestros escritores del siglo xx le hayan añadido lo “mágico” entre comillas, al realismo de los europeos, sino porque simplemente, como decía Manuel Scorza, nuestras realidades han sido y son delirantes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo, al ser ambas historias sobre la generación y degeneración de una familia a través del tiempo, me han dejado algunas sensaciones semejantes. Y así como los Buendía son el perfecto reflejo del imaginario de lo latinoameericano, al menos para mí, así también creo que los Buddenbrook son el reflejo del imaginario de lo alemán. Son reflejos de realidades y conflictos totalmente diferentes y vividos de distintas maneras, pero que en ambos casos se muestran al lector a través de las venturas y desventuras de varias generaciones de una familia legendaria. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay una cosa curiosa que me pasó cuando comencé a leer el libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo vivo en una ciudad pequeña al norte de Múnich, pero trabajo en Múnich. Y cuando estoy en la gran ciudad, todos los días paso caminando por un barrio que se llama Schwabing, y ya había pasado todos los días por ahí, durante meses, antes de comenzar a leer el libro, pero a los dos, tres días de comenzar a leer Los Buddenbrook, me di cuenta que en una de las casas por las que pasaba todos los días había una plaqueta que decía que en esa casa había vivido Thomas Mann por algunos años, y que fue justamente ahí, en el verano del año 1900, donde terminó de escribir Los Buddenbrook.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cosas que pasan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sigamos…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así como en Saramago sentí la sombra de la muerte aparecer y espiar desde cada esquina o en Garcia Marquez la fuerza implacable e inequívoca del destino que zarandea y apabulla a las personas de este mundo, en Thomas Mann aparece la fuerza, edificadora y devastadora a la vez, del sentimiento del deber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es un mundo en el que el cumplimiento del deber no nos salva de las desgracias de la vida, pero vivir ignorándolo es un pecado imperdonable, que nos condena al ostracismo y la exclusión, incluso y sobre todo, de nuestro círculo más íntimo. Si no existimos para cumplir nuestro deber, tampoco conseguimos liberarnos de él, sino que comenzamos a existir en contraposición a él. Así que de una forma u otra nos termina definiendo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando la voluntad o el deseo individual está en armonía con ese sentimiento del deber, da la impresión que todo sale bien, abunda una paz que es productiva, y flotamos en una tranquila felicidad que abarca la totalidad del tiempo presente, pasado y futuro. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frente a esa paz y tranquilidad se encuentran todas las pasiones y lo que acarrean: la sensualidad, el caos, el desorden, lo inesperado, el descontrol, la aventura, la holgazanería, la introspección desmedida… o por ejemplo el teatro, o la música, como cualquier otra pasión, cuando no vienen con el poder constructor de la disciplina y el trabajo, encarnan el peligro del abismo, la devastación, y la locura. Recordemos que el más pasional y apasionado de los Buddenbrook terminó en un manicomio. Este pobre señor hubiese sido uno de los amigos más cuerdos de nuestro queridísimo Capitán Vasco Moscoso de Aragão en la Bahía de Jorge Amado, o un promotor de las altas artes y la cultura en Macondo o en Santa Cruz de la Sierra. Y ese fantasma que no dejaba de llamarlo desde las ventanas, sería uno más del montón si hubiese vivido en Comala.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Volviendo a Thomas Mann y el sentimiento del deber, da la impresión que cuando uno quiere una cosa contraria a lo que supuestamente debería querer, se desata la mayor de las tormentas, y la tempestad revuelve todo en nuestro interior y entre los nuestros y no hay paz, ni alegría posible, el tiempo que pasa nos tortura, y mirar al pasado o al futuro también.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todavía no he leído otro libro de Mann, pero creo que es un tema recurrente en su obra. En Los Buddenbrook es una tensión permanente a lo largo de las generaciones desde el primer conflicto que vemos en el libro entre el Cónsul y su hijo mayor, con el que está peleado y distanciado hace años y hasta la muerte, además, porque se casó con una mujer a la que el padre no aprobaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sobre este tema hay muchos ejemplos en la historia, pero hay una escena que es muy fuerte en relación a esto cuando Toni, la hija del cónsul, se acaba de casar con un tipo que le parece despreciable, porque sentía que estaba haciendo lo correcto. Lo que tenía que hacer. Y en su matrimonio, en su fiesta de matrimonio, antes de irse en la carroza con su marido, Toni se acerca a su padre y le pregunta bajito: “estás contento conmigo?”. El padre le agarra las manos con cariño y la deja ir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando se va, la Consulesa, la mamá de Toni le pregunta: “Crees que será feliz con él?” y el Cónsul Johan Buddenbrook le responde:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Ay Bethsy, está contenta consigo misma; esa es la dicha más sólida que podemos alcanzar en la tierra.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No voy a contar cómo continúa el matrimonio de Toni, solo quería compartir que cuando estaba leyendo el libro, una y otra vez me quedaba pensando en la forma que cada personaje va asumiendo a la hora de encarar la idea que tienen del deber… y claro, en las formas que he asumido y asumo yo, sobre las cosas que considero mi deber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Buddenbrook es una novela inspirada en la propia familia de Thomas Mann, y este tema entre el deber y lo prohibido parece ser central en su propia vida privada también. Por ejemplo, al parecer él siempre tuvo deseos homoeróticos, pero en su adolescencia fue rechazado por el muchacho al que le escribía poemas, y además su hermano y otros se burlaron de él. A partir de entonces todo eso fue quedando encerrado dentro del espacio de lo peligroso, de lo prohibido, de lo que iba en contra de lo correcto o aceptado y creo que de hecho nunca llegó a tener ninguna pareja masculina ni nada por el estilo, pero parece que esos deseos siempre estuvieron ahí encadenados en el sótano.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Rosa Sala Rose, una ensayista y germanista que es realmente interesante de escuchar, tiene unas conferencias sobre Thomas Mann que se pueden ver en Youtube, la primera parte se llama “Thomas Mann: La vida desde la barrera” y la segunda “El espíritu de Alemania en la obra de Thomas Mann”. Las recomiendo muchísimo para los que estén interesados en saber más sobre su vida y obra, además escuchar a esa señora es un verdadero placer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora Volviendo al libro, Los Buddenbrook es una novela llena de frases largas y bellísimas, pero también de muchos detalles que pueden aburrir a algunas personas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es un libro que requiere cierto esfuerzo de parte del lector, pero es definitivamente uno de los libros que más me han impresionado, sobre todo dos capítulos, sobre los que quería hablar antes de terminar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El primero es el de la muerte de la Consulesa Bundenbrook y el segundo es la discusión que tienen los hermanos antes del velorio, en un cuarto que estaba al lado del salón en el que descansaba su difunta madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como estaba diciendo, el libro es largo, y hay que leerlo con paciencia, pero por ejemplo hay escenas, como estas dos, que ganan mucha fuerza justamente por la longitud del libro. En el primero esta es una mujer a la que conocemos desde su juventud, la hemos visto en la alegría de dar a luz a su bebé, criar y casar a sus hijos, la hemos visto sobrevivir a su marido, la hemos visto siendo abuela y la hemos acompañado en su vejez, y ahora, después de tantos años, la vemos en su cama debatiéndose entre la vida y la muerte, en medio de alucinaciones, de miedo y de dolor.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La consulesa se muere pero no se quiere morir, y después de horas de agonía se quiere morir pero no puede. Es una escena exasperante. Y la reacción de toda la familia, unos llorando al pie de la cama , otros parados en el umbral pensando en el deber, el otro ausente porque no puede soportar ver a su madre así. Es una cosa tan bien contada que parece va pasando de verdad delante nuestro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y el segundo de los episodios también saca mucha de su fuerza de lo largo y detallado que es el libro. ..Vemos a estos hermanos que ahora discuten, al principio por unas cucharas de plata y después por mucho más, pero a estos tipos, los conocemos desde niños, los hemos visto crecer.. y cada gesto durante la discusión, cada entonación, el dedo con el que Christian Budenbrook golpea la mesa, la forma en que se para, sus botones blancos en esa hora de luto, todo … es el tipo que ha vivido toda su vida a la sombra del hermano, en sumisión pero en oposición a él; y por fin, después de la muerte de la madre decide decirle lo que no se ha atrevido a decir nunca, es el clímax de la vida entera de una relación de hermanos. Es una escena tremenda, además narrada con maestría, el manejo de la tensión, del conflicto en aumento, los silencios.. El silencio absoluto de la esposa de Thomas, el mayor, se siente durante toda la discusión, y los llantos de la otra hermana, Toni, que esperaba el momento indicado para preguntar por la casa. La bendita casa en la que crecieron, y que de hecho hoy es un museo dedicado a la obra de Thomas Mann y de su hermano Heinrich que también fue un reconocidísimo autor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, ese capítulo está tremendamente escrito. Cuando terminé de leer esa escena estaba emocionalmente cansado y pensando que es de lo mejor que he leído en la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y un detalle, el tipo escribió todo esto antes de sus 26, 27 años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No deja de sorprenderme lo increíble que es el invento de contar historias. Sin haber estado nunca ahí, ahora Lübeck, con su majestuosa puerta de la ciudad, con su danza de la muerte, con su orgulloso pasado de ciudad libre y Hanseática, es para mí mucho más que una simple ciudad cerca del mar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuando la visite y pase caminando por la calle Fischergrube, si es que llegó a ver una floristería, pensaré que fue ahí donde una helada mañana de Febrero, en medio de la ciudad cubierta de nieve, Thomas Buddenbrook se despidió de su amor de ojos malayos para hacer lo él pensaba que tenía que hacer. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;E incluso aquí en Múnich, la Feilitzschstrasse por la que camino todos los días, los imponentes lagos al pie de los Alpes o las montañas por los que paso maravillado desde la moto… todo se vuelve un poco más especial y misterioso porque también por estos lugares acompañamos a Toni Buddenbrook en su camino de inocencia, de esperanza y de aflicción. Y porque aquí Thomas Mann escribió todo esto que definitivamente sucedió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Los Buddenbrook - Thomas Mann</p><p><br></p><p><br></p><p>En la ceremonia en la que otorgaba el premio Nobel de Literatura de 1929, el representante de la Fundación comentaba que el gran aporte del siglo XIX a la literatura había sido la novela realista. Él explicaba que en la novela realista se mostraban las experiencias más secretas del alma humana sobre sus contextos sociales, dejando ver la interdependencia entre lo general y lo particular, logrando retratar la experiencia humana de una forma tan fidedigna y completa, que no tenía paralelos en la literatura antigua. </p><p>Los Buddenbrook, fue la primer novela alemana de este tipo, fue un éxito inmediato que hizo de su autor una estrella literaria y casi treinta años después de su publicación fue el principal motivo por el que le otorgaron el premio Nobel.</p><p>En resumen, los Bundenbrook es la historia de 4 generaciones de una familia de comerciantes del norte de Alemania durante el siglo XIX. Es un clásico de la literatura alemana y universal, y hace unos meses lo leí en otro de mis intentos por conocer y entender mejor el país en el que ahora estoy viviendo.</p><p>De hecho, como trasfondo histórico a las vicisitudes y vaivenes de la familia Buddenbrook tenemos el proceso de unificación del Estado Alemán, del que nos vamos enterando por comentarios en alguna conversación o por hechos que terminan afectando a la familia. </p><p>El libro comienza alrededor de 1834, con Prusia impulsando la Unión Aduanera entre los Estados alemanes y termina en 1877, ya en plena era imperial. </p><p>Curiosamente, leyendo la historia de los Buddenbrook muchas veces pensé en Cien años de Soledad y la historia de los Buendía. Si bien en el libro de Thomas Mann no hay nada parecido a niños que nacen con colas de cerdo, ni mujeres que tranquilamente ascienden a los cielos para no volver jamás, también hay cosas que reflejan lo surreal que puede ser la realidad, como la historía de un tío que se muere de hipo, o como el suegro del Consul que ofendido porque el pueblo se subleva y no puede llegar a su casa a las 5 para comer con su esposa, se muere en un repentino ataque de rabia. O la mujer sorda que leía a gritos la Biblia en casa de la Consulesa, en la época en que su beatitud era tal, que acogía prácticamente a cualquier religioso que pasaba por la ciudad.</p><p>Y no es porque en su desmesura nuestros escritores del siglo xx le hayan añadido lo “mágico” entre comillas, al realismo de los europeos, sino porque simplemente, como decía Manuel Scorza, nuestras realidades han sido y son delirantes.</p><p>Sin embargo, al ser ambas historias sobre la generación y degeneración de una familia a través del tiempo, me han dejado algunas sensaciones semejantes. Y así como los Buendía son el perfecto reflejo del imaginario de lo latinoameericano, al menos para mí, así también creo que los Buddenbrook son el reflejo del imaginario de lo alemán. Son reflejos de realidades y conflictos totalmente diferentes y vividos de distintas maneras, pero que en ambos casos se muestran al lector a través de las venturas y desventuras de varias generaciones de una familia legendaria. </p><p>Hay una cosa curiosa que me pasó cuando comencé a leer el libro.</p><p>Yo vivo en una ciudad pequeña al norte de Múnich, pero trabajo en Múnich. Y cuando estoy en la gran ciudad, todos los días paso caminando por un barrio que se llama Schwabing, y ya había pasado todos los días por ahí, durante meses, antes de comenzar a leer el libro, pero a los dos, tres días de comenzar a leer Los Buddenbrook, me di cuenta que en una de las casas por las que pasaba todos los días había una plaqueta que decía que en esa casa había vivido Thomas Mann por algunos años, y que fue justamente ahí, en el verano del año 1900, donde terminó de escribir Los Buddenbrook.</p><p>Cosas que pasan.</p><p>Sigamos…</p><p>Así como en Saramago sentí la sombra de la muerte aparecer y espiar desde cada esquina o en Garcia Marquez la fuerza implacable e inequívoca del destino que zarandea y apabulla a las personas de este mundo, en Thomas Mann aparece la fuerza, edificadora y devastadora a la vez, del sentimiento del deber.</p><p>Es un mundo en el que el cumplimiento del deber no nos salva de las desgracias de la vida, pero vivir ignorándolo es un pecado imperdonable, que nos condena al ostracismo y la exclusión, incluso y sobre todo, de nuestro círculo más íntimo. Si no existimos para cumplir nuestro deber, tampoco conseguimos liberarnos de él, sino que comenzamos a existir en contraposición a él. Así que de una forma u otra nos termina definiendo. </p><p>Cuando la voluntad o el deseo individual está en armonía con ese sentimiento del deber, da la impresión que todo sale bien, abunda una paz que es productiva, y flotamos en una tranquila felicidad que abarca la totalidad del tiempo presente, pasado y futuro. </p><p>Frente a esa paz y tranquilidad se encuentran todas las pasiones y lo que acarrean: la sensualidad, el caos, el desorden, lo inesperado, el descontrol, la aventura, la holgazanería, la introspección desmedida… o por ejemplo el teatro, o la música, como cualquier otra pasión, cuando no vienen con el poder constructor de la disciplina y el trabajo, encarnan el peligro del abismo, la devastación, y la locura. Recordemos que el más pasional y apasionado de los Buddenbrook terminó en un manicomio. Este pobre señor hubiese sido uno de los amigos más cuerdos de nuestro queridísimo Capitán Vasco Moscoso de Aragão en la Bahía de Jorge Amado, o un promotor de las altas artes y la cultura en Macondo o en Santa Cruz de la Sierra. Y ese fantasma que no dejaba de llamarlo desde las ventanas, sería uno más del montón si hubiese vivido en Comala.</p><p>Volviendo a Thomas Mann y el sentimiento del deber, da la impresión que cuando uno quiere una cosa contraria a lo que supuestamente debería querer, se desata la mayor de las tormentas, y la tempestad revuelve todo en nuestro interior y entre los nuestros y no hay paz, ni alegría posible, el tiempo que pasa nos tortura, y mirar al pasado o al futuro también.</p><p>Todavía no he leído otro libro de Mann, pero creo que es un tema recurrente en su obra. En Los Buddenbrook es una tensión permanente a lo largo de las generaciones desde el primer conflicto que vemos en el libro entre el Cónsul y su hijo mayor, con el que está peleado y distanciado hace años y hasta la muerte, además, porque se casó con una mujer a la que el padre no aprobaba.</p><p>Sobre este tema hay muchos ejemplos en la historia, pero hay una escena que es muy fuerte en relación a esto cuando Toni, la hija del cónsul, se acaba de casar con un tipo que le parece despreciable, porque sentía que estaba haciendo lo correcto. Lo que tenía que hacer. Y en su matrimonio, en su fiesta de matrimonio, antes de irse en la carroza con su marido, Toni se acerca a su padre y le pregunta bajito: “estás contento conmigo?”. El padre le agarra las manos con cariño y la deja ir.</p><p>Cuando se va, la Consulesa, la mamá de Toni le pregunta: “Crees que será feliz con él?” y el Cónsul Johan Buddenbrook le responde:</p><p>“Ay Bethsy, está contenta consigo misma; esa es la dicha más sólida que podemos alcanzar en la tierra.”</p><p>No voy a contar cómo continúa el matrimonio de Toni, solo quería compartir que cuando estaba leyendo el libro, una y otra vez me quedaba pensando en la forma que cada personaje va asumiendo a la hora de encarar la idea que tienen del deber… y claro, en las formas que he asumido y asumo yo, sobre las cosas que considero mi deber.</p><p>Los Buddenbrook es una novela inspirada en la propia familia de Thomas Mann, y este tema entre el deber y lo prohibido parece ser central en su propia vida privada también. Por ejemplo, al parecer él siempre tuvo deseos homoeróticos, pero en su adolescencia fue rechazado por el muchacho al que le escribía poemas, y además su hermano y otros se burlaron de él. A partir de entonces todo eso fue quedando encerrado dentro del espacio de lo peligroso, de lo prohibido, de lo que iba en contra de lo correcto o aceptado y creo que de hecho nunca llegó a tener ninguna pareja masculina ni nada por el estilo, pero parece que esos deseos siempre estuvieron ahí encadenados en el sótano.  </p><p>Rosa Sala Rose, una ensayista y germanista que es realmente interesante de escuchar, tiene unas conferencias sobre Thomas Mann que se pueden ver en Youtube, la primera parte se llama “Thomas Mann: La vida desde la barrera” y la segunda “El espíritu de Alemania en la obra de Thomas Mann”. Las recomiendo muchísimo para los que estén interesados en saber más sobre su vida y obra, además escuchar a esa señora es un verdadero placer.</p><p>Ahora Volviendo al libro, Los Buddenbrook es una novela llena de frases largas y bellísimas, pero también de muchos detalles que pueden aburrir a algunas personas.</p><p>Es un libro que requiere cierto esfuerzo de parte del lector, pero es definitivamente uno de los libros que más me han impresionado, sobre todo dos capítulos, sobre los que quería hablar antes de terminar.</p><p>El primero es el de la muerte de la Consulesa Bundenbrook y el segundo es la discusión que tienen los hermanos antes del velorio, en un cuarto que estaba al lado del salón en el que descansaba su difunta madre.</p><p>Como estaba diciendo, el libro es largo, y hay que leerlo con paciencia, pero por ejemplo hay escenas, como estas dos, que ganan mucha fuerza justamente por la longitud del libro. En el primero esta es una mujer a la que conocemos desde su juventud, la hemos visto en la alegría de dar a luz a su bebé, criar y casar a sus hijos, la hemos visto sobrevivir a su marido, la hemos visto siendo abuela y la hemos acompañado en su vejez, y ahora, después de tantos años, la vemos en su cama debatiéndose entre la vida y la muerte, en medio de alucinaciones, de miedo y de dolor.  </p><p>La consulesa se muere pero no se quiere morir, y después de horas de agonía se quiere morir pero no puede. Es una escena exasperante. Y la reacción de toda la familia, unos llorando al pie de la cama , otros parados en el umbral pensando en el deber, el otro ausente porque no puede soportar ver a su madre así. Es una cosa tan bien contada que parece va pasando de verdad delante nuestro.</p><p>Y el segundo de los episodios también saca mucha de su fuerza de lo largo y detallado que es el libro. ..Vemos a estos hermanos que ahora discuten, al principio por unas cucharas de plata y después por mucho más, pero a estos tipos, los conocemos desde niños, los hemos visto crecer.. y cada gesto durante la discusión, cada entonación, el dedo con el que Christian Budenbrook golpea la mesa, la forma en que se para, sus botones blancos en esa hora de luto, todo … es el tipo que ha vivido toda su vida a la sombra del hermano, en sumisión pero en oposición a él; y por fin, después de la muerte de la madre decide decirle lo que no se ha atrevido a decir nunca, es el clímax de la vida entera de una relación de hermanos. Es una escena tremenda, además narrada con maestría, el manejo de la tensión, del conflicto en aumento, los silencios.. El silencio absoluto de la esposa de Thomas, el mayor, se siente durante toda la discusión, y los llantos de la otra hermana, Toni, que esperaba el momento indicado para preguntar por la casa. La bendita casa en la que crecieron, y que de hecho hoy es un museo dedicado a la obra de Thomas Mann y de su hermano Heinrich que también fue un reconocidísimo autor.</p><p>En fin, ese capítulo está tremendamente escrito. Cuando terminé de leer esa escena estaba emocionalmente cansado y pensando que es de lo mejor que he leído en la vida.</p><p>Y un detalle, el tipo escribió todo esto antes de sus 26, 27 años.</p><p>No deja de sorprenderme lo increíble que es el invento de contar historias. Sin haber estado nunca ahí, ahora Lübeck, con su majestuosa puerta de la ciudad, con su danza de la muerte, con su orgulloso pasado de ciudad libre y Hanseática, es para mí mucho más que una simple ciudad cerca del mar.</p><p>Y cuando la visite y pase caminando por la calle Fischergrube, si es que llegó a ver una floristería, pensaré que fue ahí donde una helada mañana de Febrero, en medio de la ciudad cubierta de nieve, Thomas Buddenbrook se despidió de su amor de ojos malayos para hacer lo él pensaba que tenía que hacer. </p><p>E incluso aquí en Múnich, la Feilitzschstrasse por la que camino todos los días, los imponentes lagos al pie de los Alpes o las montañas por los que paso maravillado desde la moto… todo se vuelve un poco más especial y misterioso porque también por estos lugares acompañamos a Toni Buddenbrook en su camino de inocencia, de esperanza y de aflicción. Y porque aquí Thomas Mann escribió todo esto que definitivamente sucedió.</p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Los Buddenbrook - Thomas Mann&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la ceremonia en la que otorgaba el premio Nobel de Literatura de 1929, el representante de la Fundación comentaba que el gran aporte del siglo XIX a la literatura había sido la novela realista. Él explicaba que en la novela realista se mostraban las experiencias más secretas del alma humana sobre sus contextos sociales, dejando ver la interdependencia entre lo general y lo particular, logrando retratar la experiencia humana de una forma tan fidedigna y completa, que no tenía paralelos en la literatura antigua. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Buddenbrook, fue la primer novela alemana de este tipo, fue un éxito inmediato que hizo de su autor una estrella literaria y casi treinta años después de su publicación fue el principal motivo por el que le otorgaron el premio Nobel.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En resumen, los Bundenbrook es la historia de 4 generaciones de una familia de comerciantes del norte de Alemania durante el siglo XIX. Es un clásico de la literatura alemana y universal, y hace unos meses lo leí en otro de mis intentos por conocer y entender mejor el país en el que ahora estoy viviendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, como trasfondo histórico a las vicisitudes y vaivenes de la familia Buddenbrook tenemos el proceso de unificación del Estado Alemán, del que nos vamos enterando por comentarios en alguna conversación o por hechos que terminan afectando a la familia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro comienza alrededor de 1834, con Prusia impulsando la Unión Aduanera entre los Estados alemanes y termina en 1877, ya en plena era imperial. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Curiosamente, leyendo la historia de los Buddenbrook muchas veces pensé en Cien años de Soledad y la historia de los Buendía. Si bien en el libro de Thomas Mann no hay nada parecido a niños que nacen con colas de cerdo, ni mujeres que tranquilamente ascienden a los cielos para no volver jamás, también hay cosas que reflejan lo surreal que puede ser la realidad, como la historía de un tío que se muere de hipo, o como el suegro del Consul que ofendido porque el pueblo se subleva y no puede llegar a su casa a las 5 para comer con su esposa, se muere en un repentino ataque de rabia. O la mujer sorda que leía a gritos la Biblia en casa de la Consulesa, en la época en que su beatitud era tal, que acogía prácticamente a cualquier religioso que pasaba por la ciudad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y no es porque en su desmesura nuestros escritores del siglo xx le hayan añadido lo “mágico” entre comillas, al realismo de los europeos, sino porque simplemente, como decía Manuel Scorza, nuestras realidades han sido y son delirantes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo, al ser ambas historias sobre la generación y degeneración de una familia a través del tiempo, me han dejado algunas sensaciones semejantes. Y así como los Buendía son el perfecto reflejo del imaginario de lo latinoameericano, al menos para mí, así también creo que los Buddenbrook son el reflejo del imaginario de lo alemán. Son reflejos de realidades y conflictos totalmente diferentes y vividos de distintas maneras, pero que en ambos casos se muestran al lector a través de las venturas y desventuras de varias generaciones de una familia legendaria. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay una cosa curiosa que me pasó cuando comencé a leer el libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo vivo en una ciudad pequeña al norte de Múnich, pero trabajo en Múnich. Y cuando estoy en la gran ciudad, todos los días paso caminando por un barrio que se llama Schwabing, y ya había pasado todos los días por ahí, durante meses, antes de comenzar a leer el libro, pero a los dos, tres días de comenzar a leer Los Buddenbrook, me di cuenta que en una de las casas por las que pasaba todos los días había una plaqueta que decía que en esa casa había vivido Thomas Mann por algunos años, y que fue justamente ahí, en el verano del año 1900, donde terminó de escribir Los Buddenbrook.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cosas que pasan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sigamos…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así como en Saramago sentí la sombra de la muerte aparecer y espiar desde cada esquina o en Garcia Marquez la fuerza implacable e inequívoca del destino que zarandea y apabulla a las personas de este mundo, en Thomas Mann aparece la fuerza, edificadora y devastadora a la vez, del sentimiento del deber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es un mundo en el que el cumplimiento del deber no nos salva de las desgracias de la vida, pero vivir ignorándolo es un pecado imperdonable, que nos condena al ostracismo y la exclusión, incluso y sobre todo, de nuestro círculo más íntimo. Si no existimos para cumplir nuestro deber, tampoco conseguimos liberarnos de él, sino que comenzamos a existir en contraposición a él. Así que de una forma u otra nos termina definiendo. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando la voluntad o el deseo individual está en armonía con ese sentimiento del deber, da la impresión que todo sale bien, abunda una paz que es productiva, y flotamos en una tranquila felicidad que abarca la totalidad del tiempo presente, pasado y futuro. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frente a esa paz y tranquilidad se encuentran todas las pasiones y lo que acarrean: la sensualidad, el caos, el desorden, lo inesperado, el descontrol, la aventura, la holgazanería, la introspección desmedida… o por ejemplo el teatro, o la música, como cualquier otra pasión, cuando no vienen con el poder constructor de la disciplina y el trabajo, encarnan el peligro del abismo, la devastación, y la locura. Recordemos que el más pasional y apasionado de los Buddenbrook terminó en un manicomio. Este pobre señor hubiese sido uno de los amigos más cuerdos de nuestro queridísimo Capitán Vasco Moscoso de Aragão en la Bahía de Jorge Amado, o un promotor de las altas artes y la cultura en Macondo o en Santa Cruz de la Sierra. Y ese fantasma que no dejaba de llamarlo desde las ventanas, sería uno más del montón si hubiese vivido en Comala.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Volviendo a Thomas Mann y el sentimiento del deber, da la impresión que cuando uno quiere una cosa contraria a lo que supuestamente debería querer, se desata la mayor de las tormentas, y la tempestad revuelve todo en nuestro interior y entre los nuestros y no hay paz, ni alegría posible, el tiempo que pasa nos tortura, y mirar al pasado o al futuro también.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todavía no he leído otro libro de Mann, pero creo que es un tema recurrente en su obra. En Los Buddenbrook es una tensión permanente a lo largo de las generaciones desde el primer conflicto que vemos en el libro entre el Cónsul y su hijo mayor, con el que está peleado y distanciado hace años y hasta la muerte, además, porque se casó con una mujer a la que el padre no aprobaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sobre este tema hay muchos ejemplos en la historia, pero hay una escena que es muy fuerte en relación a esto cuando Toni, la hija del cónsul, se acaba de casar con un tipo que le parece despreciable, porque sentía que estaba haciendo lo correcto. 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El padre le agarra las manos con cariño y la deja ir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando se va, la Consulesa, la mamá de Toni le pregunta: “Crees que será feliz con él?” y el Cónsul Johan Buddenbrook le responde:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Ay Bethsy, está contenta consigo misma; esa es la dicha más sólida que podemos alcanzar en la tierra.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No voy a contar cómo continúa el matrimonio de Toni, solo quería compartir que cuando estaba leyendo el libro, una y otra vez me quedaba pensando en la forma que cada personaje va asumiendo a la hora de encarar la idea que tienen del deber… y claro, en las formas que he asumido y asumo yo, sobre las cosas que considero mi deber.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Buddenbrook es una novela inspirada en la propia familia de Thomas Mann, y este tema entre el deber y lo prohibido parece ser central en su propia vida privada también. Por ejemplo, al parecer él siempre tuvo deseos homoeróticos, pero en su adolescencia fue rechazado por el muchacho al que le escribía poemas, y además su hermano y otros se burlaron de él. A partir de entonces todo eso fue quedando encerrado dentro del espacio de lo peligroso, de lo prohibido, de lo que iba en contra de lo correcto o aceptado y creo que de hecho nunca llegó a tener ninguna pareja masculina ni nada por el estilo, pero parece que esos deseos siempre estuvieron ahí encadenados en el sótano.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Rosa Sala Rose, una ensayista y germanista que es realmente interesante de escuchar, tiene unas conferencias sobre Thomas Mann que se pueden ver en Youtube, la primera parte se llama “Thomas Mann: La vida desde la barrera” y la segunda “El espíritu de Alemania en la obra de Thomas Mann”. Las recomiendo muchísimo para los que estén interesados en saber más sobre su vida y obra, además escuchar a esa señora es un verdadero placer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora Volviendo al libro, Los Buddenbrook es una novela llena de frases largas y bellísimas, pero también de muchos detalles que pueden aburrir a algunas personas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es un libro que requiere cierto esfuerzo de parte del lector, pero es definitivamente uno de los libros que más me han impresionado, sobre todo dos capítulos, sobre los que quería hablar antes de terminar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El primero es el de la muerte de la Consulesa Bundenbrook y el segundo es la discusión que tienen los hermanos antes del velorio, en un cuarto que estaba al lado del salón en el que descansaba su difunta madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como estaba diciendo, el libro es largo, y hay que leerlo con paciencia, pero por ejemplo hay escenas, como estas dos, que ganan mucha fuerza justamente por la longitud del libro. En el primero esta es una mujer a la que conocemos desde su juventud, la hemos visto en la alegría de dar a luz a su bebé, criar y casar a sus hijos, la hemos visto sobrevivir a su marido, la hemos visto siendo abuela y la hemos acompañado en su vejez, y ahora, después de tantos años, la vemos en su cama debatiéndose entre la vida y la muerte, en medio de alucinaciones, de miedo y de dolor.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La consulesa se muere pero no se quiere morir, y después de horas de agonía se quiere morir pero no puede. Es una escena exasperante. Y la reacción de toda la familia, unos llorando al pie de la cama , otros parados en el umbral pensando en el deber, el otro ausente porque no puede soportar ver a su madre así. Es una cosa tan bien contada que parece va pasando de verdad delante nuestro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y el segundo de los episodios también saca mucha de su fuerza de lo largo y detallado que es el libro. ..Vemos a estos hermanos que ahora discuten, al principio por unas cucharas de plata y después por mucho más, pero a estos tipos, los conocemos desde niños, los hemos visto crecer.. y cada gesto durante la discusión, cada entonación, el dedo con el que Christian Budenbrook golpea la mesa, la forma en que se para, sus botones blancos en esa hora de luto, todo … es el tipo que ha vivido toda su vida a la sombra del hermano, en sumisión pero en oposición a él; y por fin, después de la muerte de la madre decide decirle lo que no se ha atrevido a decir nunca, es el clímax de la vida entera de una relación de hermanos. Es una escena tremenda, además narrada con maestría, el manejo de la tensión, del conflicto en aumento, los silencios.. El silencio absoluto de la esposa de Thomas, el mayor, se siente durante toda la discusión, y los llantos de la otra hermana, Toni, que esperaba el momento indicado para preguntar por la casa. La bendita casa en la que crecieron, y que de hecho hoy es un museo dedicado a la obra de Thomas Mann y de su hermano Heinrich que también fue un reconocidísimo autor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, ese capítulo está tremendamente escrito. Cuando terminé de leer esa escena estaba emocionalmente cansado y pensando que es de lo mejor que he leído en la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y un detalle, el tipo escribió todo esto antes de sus 26, 27 años.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No deja de sorprenderme lo increíble que es el invento de contar historias. Sin haber estado nunca ahí, ahora Lübeck, con su majestuosa puerta de la ciudad, con su danza de la muerte, con su orgulloso pasado de ciudad libre y Hanseática, es para mí mucho más que una simple ciudad cerca del mar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuando la visite y pase caminando por la calle Fischergrube, si es que llegó a ver una floristería, pensaré que fue ahí donde una helada mañana de Febrero, en medio de la ciudad cubierta de nieve, Thomas Buddenbrook se despidió de su amor de ojos malayos para hacer lo él pensaba que tenía que hacer. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;E incluso aquí en Múnich, la Feilitzschstrasse por la que camino todos los días, los imponentes lagos al pie de los Alpes o las montañas por los que paso maravillado desde la moto… todo se vuelve un poco más especial y misterioso porque también por estos lugares acompañamos a Toni Buddenbrook en su camino de inocencia, de esperanza y de aflicción. Y porque aquí Thomas Mann escribió todo esto que definitivamente sucedió.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 23 Sep 2024 08:49:57 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#19 Las Intermitencias de la muerte  - José Saramago</itunes:title>
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                <itunes:summary>&lt;p&gt;El tiempo, lo efímero de la vida. El acecho, siempre presente de la muerte y el olvido. Y frente a estos, el poder de la palabra inmortal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estas son algunas de las constantes que siento una y otra vez en la obra de Saramago.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Además de un permanente enfrentamiento, no solo con la religión, sino con Dios, con sus designios, o con los nuestros, con la realidad tal como es, como la hemos hecho: sus jerarquías, su mezquindad, sus injusticias, su crueldad, su aparente inevitabilidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Además de este permanente enfrentamiento, decía, hay una búsqueda - siempre incompleta- de algún tipo de cambio, de reorganización, ya sea individual, colectiva o universal, ya sea simbólica, o ya sea material, que rectifique la existencia, y que nos ayude a entender lo inentendible, a soportar lo insoportable, a vivir… y si realmente no existe otra posibilidad, a morir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus personajes e historias contagían la energía vital de la rebeldía, pero al mismo tiempo transmmiten la melancolía de quien sabe que al final nada va cambiar. Me deja con una extraña sensación de triteza, pero no de esa tristeza amarga de la negación, sino esa otra que es casi una sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El otro día estaba en el tren y de la nada me vino el recuerdo del prefacio dell Evangelio según Jesucristo, que es una descripción verdaderamente impresionante del grabado “La crucifixion” de uno de los artistas alemanes más importantes Alberto Durero - Albrecht Duerer- creo que se dice en alemán. Y para mi esa debe ser la mejor descripción sobre cualquier cosa que he leído en mi vida. Va entre narración, explicación y reflexión, es como una síntesis de lo que se nos viene en el libro, que comienza y termina en la cruz: el problema de la culpa, la humanísima historia de Jesús, en conflicto primero con su padre José, luego con el Diablo, luego con su madre, luego con su padre Díos, al que cuestiona, al que cuestiona también el narrador, al que cuestiona también el Diablo, al que cuestionamos también nosotros, pero él que no cambia nada, porque no quiere, porque porque la vida es así y siempre lo será. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jesús en su cruz nos pide: Perdonadlo, no sabe lo que hace.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El Evangelio según Jesucristo es un libraso, incluso recuerdo que fue después de la primera vez que lo leí que comencé a interesarme por leer la Biblia, porque aunque uno no sea religioso es super interesante conocer bien la mitología de la cultura de la que somos parte. Otro libro que tiene que va más o menos por ahí es Caín.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, ese día que iba en el tren y me acordé de ese prefacio tuve que buscar en el celular el tal grabado La Crucifixión, ventajas del mundo moderno, acceso al arte de hace 600 años al instante, y después tuve que buscar y leer el prefacio, y después todo libro, y después otro libro de Saramago, y después otro, y de un tirón eso es lo que he estado leyendo últimamente. Segunda vez que me pasa. Cuando tenía unos veinte años me enganché más o menos así con los libros de Saramago.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tiene este estilo único que le sale todo seguido sin respetar las tradiciones de los espacios y los puntos, exige un poco de concentración, pero vale la pena, porque vamos como navegando por la historia y las ideas a toda velocidad, como sin frenos. Uno llega sin aliento al final de cada párrafo, donde de tanto en tanto nos espera la estocada de alguna frase brutal que nos deja en blanco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Al día siguiente no murió nadie.” &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta es por ejemplo una de esas frases. Así comienza las Intermitencias de la muerte, en el que un primero de enero la muerte, por primera vez en su larga carrera, decide dejar de matar. La gente no deja de envejecer o de enfermar, simplemente deja de morir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luego, durante medio libro acompañamos una reflexión sobre la muerte, y sobre cómo sería la vida en su ausencia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de meses de huelga, la muerte vuelve aparecer, pero esta vez con un nuevo sistema. Ahora las personas antes de morir van a recibir una carta color violeta una semana antes de que les llegue la hora para que así puedan decidir cómo pasar sus últimos días.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así va trabajando la muerte, enviando por correo su correspondencia letal, hasta que pasa lo impensable: por primera vez desde que la muerte es muerte, un hombre que debería haber muerto hace una semana, resulta que no muere. Por alguna razón cada vez que la muerte le manda la carta violeta, la carta le vuelve aparecer sobre su escritorio. Inexplicablemente no puede llegar a su destinatario final: un pobre músico solitario que vive sin saber que su tiempo se ha acabado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desconcertada, la muerte lo sigue día y noche y termina transformándose en mujer de carne y hueso para entregarle en persona la carta mortal. En dos ocasiones lo encuentra, conversa con él, pero no puede entregarle la carta, parece que no se anima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la última noche del plazo que se había dado ella misma para resolver el problema del violonchelista que no moría, va a tocar el timbre de su casa y esto fue lo que pasó:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Eran las once cuando sonó el timbre de la puerta. Algún vecino con problemas, pensó el violonchelista, y se levantó para abrir. Buenas noches, dijo la mujer del palco, pisando el umbral, Buenas noches, respondió el músico, esforzándose por dominar el pasmo que le contraía la glotis, No me pide que entre, Claro que sí, por favor. Se apartó para dejarla pasar, cerró la puerta, todo despacio, lentamente, para que el corazón no le explotara. Con las piernas temblando la acompañó a la sala de música, con la mano que temblaba le indicó el sillón. Pensé que ya se habría ido, dijo, Como ve, decidí quedarme, respondió la mujer, Pero partirá mañana, A eso me comprometí, Supongo que ha venido para traerme la carta, que no la ha roto, Sí, la tengo aquí en este bolso, Démela, entonces, Tenemos tiempo, recuerdo haberle dicho que las prisas son malas consejeras, Como quiera, estoy a su disposición, Lo dice en serio, Es mi mayor defecto, todo lo digo en serio, incluso cuando hago reír, principalmente cuando hago reír, En ese caso me atrevo a pedirle un favor, Cuál, Compénseme por haber faltado ayer al concierto, No veo de qué manera, Ahí tiene un piano, Ni se le ocurra, soy un pianista mediocre, O el violonchelo, Eso es otra cosa, sí, podré tocarle una o dos piezas si se empeña, Puedo escoger, preguntó la mujer, Sí, pero sólo lo que esté a mi alcance, dentro de mis posibilidades. La mujer tomó el cuaderno de la suite número seis de bach y dijo, Esto, Es muy larga, lleva más de media hora, y ya comienza a ser tarde, Le repito que tenemos tiempo, Hay un pasaje en el preludio en que tengo dificultades, No importa, sálteselo cuando llegue, dijo la mujer, o ni será preciso, ya verá que tocará aún mejor que rostropovich. El violonchelista sonrió, Puede tener la certeza. Abrió el cuaderno sobre el atril, respiró hondo, colocó la mano izquierda en el brazo del violonchelo, la mano derecha condujo el arco hasta casi rozar las cuerdas, y comenzó. Demás sabía que no era rostropovich, que no pasaba de un solista de orquesta cuando la casualidad del programa lo exigía, pero aquí, ante esta mujer, con su perro echado a los pies, a esta hora de la noche, rodeado de libros, de cuadernos de música, de partituras, era el propio johann Sebastian bach componiendo en cóthen lo que más tarde sería llamado opus mil doce, obras ellas casi tantas como fueron las de la creación. El pasaje difícil fue traspasado sin que él se hubiera dado cuenta de la proeza que había cometido, manos felices hacían murmurar, hablar, cantar, rugir al violonchelo, he aquí lo que le faltó a rostropovich, esta sala de música, esta hora, esta mujer. Cuando él terminó, las manos de ella ya no estaban frías, las suyas ardían, por eso las manos se dieron a las manos y no se extrañaron. Pasaba mucho de la una de la madrugada cuando el violonchelista preguntó, Quiere que llame un taxi que la lleve al hotel, y la mujer respondió, No, me quedaré contigo, y le ofreció la boca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entraron en el dormitorio, se desnudaron, y lo que estaba escrito que sucedería sucedió por fin, y otra vez, y otra aún. Él se durmió, ella no. Entonces ella, la muerte, se levantó, abrió el bolso que había dejado en la sala y sacó la carta color violeta. Miró alrededor como si buscara un lugar donde poder dejarla, sobre el piano, sujeta entre las cuerdas del violonchelo o quizás en el propio dormitorio, debajo de la almohada en que la cabeza del hombre descansaba. No lo hizo. Fue a la cocina, encendió una cerilla, una humilde cerilla, ella que podría deshacer el papel con una mirada, reducirlo a un impalpable polvo, ella que podría pegarle fuego sólo con el contacto de los dedos, y era una simple cerilla, una cerilla común, la cerilla de todos los días, la que hacía arder la carta de la muerte, esa que sólo la muerte podía destruir. No quedaron cenizas.La muerte volvió a la cama, se abrazó al hombre, y, sin comprender lo que le estaba sucediendo, ella que nunca dormía, sintió que el sueño le bajaba suavemente los párpados. Al día siguiente no murió nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Increible no? La muerte enamorada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que siempre es bueno tener a la muerte presente y esta es una linda novela para no olvidarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay una parte del libro cuando la muerte, que era el típico esqueleto con su manto negro y su gadaña y se transforma en una mujer de carne y hueso y sonrisa irresistible, para entregar aquella carta, y a su paso va dejando un difuso perfume mitad rosa y mitad crisantemo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Resulta que ese es el mismo olor que se siente entre los papeles de la Conservaduría General de Registro Civil, en la que trabaja Don José, el protagonista de Todos los nombres, y cuyo Conservador tuvo la revolucionaria decisión de juntar en un solo archivo todos los nombres y papeles de los vivos y los muertos que tenía a su cuidado, alegando que solo juntos podían representar a la humanidad como debería ser entendida, un todo absoluto, independientemente del tiempo y los lugares y que haberlos tenido separados había sido un crimen contra el espíritu.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todos los nombres es una novela cortita, en la que curiosamente el único nombre que aparece es el de Don José, un funcionario cincuentón de la Conservaduría del Registro Civil al que no le había pasado nada muy interesante en la vida, hasta que por accidente se le entrepapela la ficha de una mujer desconocida y de repente Don José no puede pensar en otra cosa, quién será esa mujer, cómo habrá sido su vida. Entonces es tomado por la decisión de averiguarlo, porque son las decisiones las que nos toman y no al contrario, y por primera vez comienza a vivir una aventura de verdad. Una aventura que también transita entre la vida y la muerte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi escena favorita es cuando Don José entra al departamento de la mujer desconocida, y pasa lo siguiente:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La puerta chirrió al abrirse, sobresaltando al visitante, repentinamente con dudas sobre la eficacia de la justificación que había pensado dar a la portera en el caso de que lo interpelara. Se deslizó con rapidez al interior de la casa, cerró la puerta con todo cuidado y se encontró en medio de una penumbra densa, a la que le faltaba poco para ser oscuridad. Palpó la pared junto al marco de la puerta, encontró un interruptor, pero prudentemente no lo hizo funcionar, podría ser peligroso encender las luces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Poco a poco los ojos de don José estaban habituándose a la penumbra, se diría que en situación semejante lo mismo le ocurre a cualquier persona, pero lo que comúnmente no se sabe es que los escribientes de la Conservaduría General, dada la frecuentación regular al archivo de los muertos a que están obligados, adquieren, al cabo de cierto tiempo, facultades de adecuación óptica absolutamente fuera de lo común. Llegarían a tener ojos de gato si no los alcanzase primero la edad de la jubilación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aunque el suelo estuviese enmoquetado, don José creyó que sería mejor descalzarse los zapatos para evitar cualquier choque o vibración que pudiese denunciar su presencia a los inquilinos del piso de abajo. Con mil cuidados descorrió los cerrojos de los postigos de una de las ventanas que daba a la calle pero sólo los abrió lo suficiente para que entrase alguna luz. Estaba en un dormitorio. Había una cómoda, un armario, una mesilla de noche. La cama, estrecha, de soltera, como se decía antes. Los muebles eran de líneas simples y claras, lo contrario del estilo bazo y pesado del mobiliario de la casa de los padres. Don José dio una vuelta por las restantes habitaciones del apartamento, que se limitaban a una sala de estar amueblada con los sofás de costumbre y una estantería de libros que ocupaba de extremo a extremo una pared, una habitación más pequeña que servía de despacho, la cocina minúscula, el cuarto de baño reducido a lo indispensable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí vivió una mujer que se suicidó por motivos desconocidos, que había estado casada y se divorció, que podría haber vuelto a vivir con los padres después del divorcio, pero que prefirió continuar sola, una mujer que como todas fue niña y muchacha, que ya en ese tiempo, de una cierta e indefinible manera, era la mujer que llegó a ser, una profesora de matemáticas que tuvo su nombre de viva en el Registro Civil junto a los nombres de todas las personas vivas de esta ciudad, una mujer cuyo nombre de muerta volvió al mundo vivo porque este don José fue a rescatarlo al mundo de los muertos, apenas el nombre, no a ella, que no podría un escribiente tanto. Con las puertas de comunicación interiores todas abiertas, la claridad del día ilumina más o menos la casa, pero don José tendrá que despacharse en la búsqueda si no quiere dejarla a medias. Abrió un cajón de la mesa del despacho, pasó los ojos vagamente por lo que había dentro, le parecieron ejercicios escolares de matemáticas, cálculos, ecuaciones, nada que le pudiese explicar las razones de la vida y de la muerte de la mujer que se sentaba en este sillón, que encendía esta lámpara, que sostenía este lápiz y con él escribía. Don José cerró lentamente el cajón, todavía comenzó a abrir otro pero no llegó al final del movimiento, se detuvo pensando un largo minuto, o fueron solamente uno pocos segundos que parecieron horas, después empujó el cajón con firmeza, después salió del despacho, después se sentó en uno de los sofás de la sala y allí se quedó. Miraba los viejos calcetines zurcidos que traía puestos, los pantalones sin raya un poco subidos, las canillas blancas y delgadas, con escaso vello. Sentía que su cuerpo se acomodaba a la concavidad suave del tapizado y de los muelles del sofá dejada por otro cuerpo, Nunca más se sentará aquí, murmuró. El silencio, que le había parecido absoluto, era cortado ahora por los sonidos de la calle, sobre todo, de vez en cuando, con el paso de un coche, pero había en el aire también una respiración pausada, un latir lento, sería tal vez la respiración de las casas cuando las dejan solas, ésta, probablemente, aún no se percató de que tiene alguien dentro. Don José se dice a sí mismo que a
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Me deja con una extraña sensación de triteza, pero no de esa tristeza amarga de la negación, sino esa otra que es casi una sonrisa.</p><p>El otro día estaba en el tren y de la nada me vino el recuerdo del prefacio dell Evangelio según Jesucristo, que es una descripción verdaderamente impresionante del grabado “La crucifixion” de uno de los artistas alemanes más importantes Alberto Durero - Albrecht Duerer- creo que se dice en alemán. Y para mi esa debe ser la mejor descripción sobre cualquier cosa que he leído en mi vida. Va entre narración, explicación y reflexión, es como una síntesis de lo que se nos viene en el libro, que comienza y termina en la cruz: el problema de la culpa, la humanísima historia de Jesús, en conflicto primero con su padre José, luego con el Diablo, luego con su madre, luego con su padre Díos, al que cuestiona, al que cuestiona también el narrador, al que cuestiona también el Diablo, al que cuestionamos también nosotros, pero él que no cambia nada, porque no quiere, porque porque la vida es así y siempre lo será. </p><p>Jesús en su cruz nos pide: Perdonadlo, no sabe lo que hace.</p><p>El Evangelio según Jesucristo es un libraso, incluso recuerdo que fue después de la primera vez que lo leí que comencé a interesarme por leer la Biblia, porque aunque uno no sea religioso es super interesante conocer bien la mitología de la cultura de la que somos parte. 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Uno llega sin aliento al final de cada párrafo, donde de tanto en tanto nos espera la estocada de alguna frase brutal que nos deja en blanco.</p><p>“Al día siguiente no murió nadie.” </p><p>Esta es por ejemplo una de esas frases. Así comienza las Intermitencias de la muerte, en el que un primero de enero la muerte, por primera vez en su larga carrera, decide dejar de matar. La gente no deja de envejecer o de enfermar, simplemente deja de morir.</p><p>Luego, durante medio libro acompañamos una reflexión sobre la muerte, y sobre cómo sería la vida en su ausencia. </p><p>Después de meses de huelga, la muerte vuelve aparecer, pero esta vez con un nuevo sistema. Ahora las personas antes de morir van a recibir una carta color violeta una semana antes de que les llegue la hora para que así puedan decidir cómo pasar sus últimos días.</p><p>Así va trabajando la muerte, enviando por correo su correspondencia letal, hasta que pasa lo impensable: por primera vez desde que la muerte es muerte, un hombre que debería haber muerto hace una semana, resulta que no muere. Por alguna razón cada vez que la muerte le manda la carta violeta, la carta le vuelve aparecer sobre su escritorio. Inexplicablemente no puede llegar a su destinatario final: un pobre músico solitario que vive sin saber que su tiempo se ha acabado.</p><p>Desconcertada, la muerte lo sigue día y noche y termina transformándose en mujer de carne y hueso para entregarle en persona la carta mortal. En dos ocasiones lo encuentra, conversa con él, pero no puede entregarle la carta, parece que no se anima.</p><p>En la última noche del plazo que se había dado ella misma para resolver el problema del violonchelista que no moría, va a tocar el timbre de su casa y esto fue lo que pasó:</p><p>Eran las once cuando sonó el timbre de la puerta. Algún vecino con problemas, pensó el violonchelista, y se levantó para abrir. Buenas noches, dijo la mujer del palco, pisando el umbral, Buenas noches, respondió el músico, esforzándose por dominar el pasmo que le contraía la glotis, No me pide que entre, Claro que sí, por favor. Se apartó para dejarla pasar, cerró la puerta, todo despacio, lentamente, para que el corazón no le explotara. Con las piernas temblando la acompañó a la sala de música, con la mano que temblaba le indicó el sillón. Pensé que ya se habría ido, dijo, Como ve, decidí quedarme, respondió la mujer, Pero partirá mañana, A eso me comprometí, Supongo que ha venido para traerme la carta, que no la ha roto, Sí, la tengo aquí en este bolso, Démela, entonces, Tenemos tiempo, recuerdo haberle dicho que las prisas son malas consejeras, Como quiera, estoy a su disposición, Lo dice en serio, Es mi mayor defecto, todo lo digo en serio, incluso cuando hago reír, principalmente cuando hago reír, En ese caso me atrevo a pedirle un favor, Cuál, Compénseme por haber faltado ayer al concierto, No veo de qué manera, Ahí tiene un piano, Ni se le ocurra, soy un pianista mediocre, O el violonchelo, Eso es otra cosa, sí, podré tocarle una o dos piezas si se empeña, Puedo escoger, preguntó la mujer, Sí, pero sólo lo que esté a mi alcance, dentro de mis posibilidades. La mujer tomó el cuaderno de la suite número seis de bach y dijo, Esto, Es muy larga, lleva más de media hora, y ya comienza a ser tarde, Le repito que tenemos tiempo, Hay un pasaje en el preludio en que tengo dificultades, No importa, sálteselo cuando llegue, dijo la mujer, o ni será preciso, ya verá que tocará aún mejor que rostropovich. El violonchelista sonrió, Puede tener la certeza. Abrió el cuaderno sobre el atril, respiró hondo, colocó la mano izquierda en el brazo del violonchelo, la mano derecha condujo el arco hasta casi rozar las cuerdas, y comenzó. Demás sabía que no era rostropovich, que no pasaba de un solista de orquesta cuando la casualidad del programa lo exigía, pero aquí, ante esta mujer, con su perro echado a los pies, a esta hora de la noche, rodeado de libros, de cuadernos de música, de partituras, era el propio johann Sebastian bach componiendo en cóthen lo que más tarde sería llamado opus mil doce, obras ellas casi tantas como fueron las de la creación. El pasaje difícil fue traspasado sin que él se hubiera dado cuenta de la proeza que había cometido, manos felices hacían murmurar, hablar, cantar, rugir al violonchelo, he aquí lo que le faltó a rostropovich, esta sala de música, esta hora, esta mujer. Cuando él terminó, las manos de ella ya no estaban frías, las suyas ardían, por eso las manos se dieron a las manos y no se extrañaron. Pasaba mucho de la una de la madrugada cuando el violonchelista preguntó, Quiere que llame un taxi que la lleve al hotel, y la mujer respondió, No, me quedaré contigo, y le ofreció la boca.</p><p>Entraron en el dormitorio, se desnudaron, y lo que estaba escrito que sucedería sucedió por fin, y otra vez, y otra aún. Él se durmió, ella no. Entonces ella, la muerte, se levantó, abrió el bolso que había dejado en la sala y sacó la carta color violeta. Miró alrededor como si buscara un lugar donde poder dejarla, sobre el piano, sujeta entre las cuerdas del violonchelo o quizás en el propio dormitorio, debajo de la almohada en que la cabeza del hombre descansaba. No lo hizo. Fue a la cocina, encendió una cerilla, una humilde cerilla, ella que podría deshacer el papel con una mirada, reducirlo a un impalpable polvo, ella que podría pegarle fuego sólo con el contacto de los dedos, y era una simple cerilla, una cerilla común, la cerilla de todos los días, la que hacía arder la carta de la muerte, esa que sólo la muerte podía destruir. No quedaron cenizas.La muerte volvió a la cama, se abrazó al hombre, y, sin comprender lo que le estaba sucediendo, ella que nunca dormía, sintió que el sueño le bajaba suavemente los párpados. Al día siguiente no murió nadie.</p><p>Increible no? La muerte enamorada.</p><p>Creo que siempre es bueno tener a la muerte presente y esta es una linda novela para no olvidarla.</p><p>Hay una parte del libro cuando la muerte, que era el típico esqueleto con su manto negro y su gadaña y se transforma en una mujer de carne y hueso y sonrisa irresistible, para entregar aquella carta, y a su paso va dejando un difuso perfume mitad rosa y mitad crisantemo.</p><p>Resulta que ese es el mismo olor que se siente entre los papeles de la Conservaduría General de Registro Civil, en la que trabaja Don José, el protagonista de Todos los nombres, y cuyo Conservador tuvo la revolucionaria decisión de juntar en un solo archivo todos los nombres y papeles de los vivos y los muertos que tenía a su cuidado, alegando que solo juntos podían representar a la humanidad como debería ser entendida, un todo absoluto, independientemente del tiempo y los lugares y que haberlos tenido separados había sido un crimen contra el espíritu.</p><p>Todos los nombres es una novela cortita, en la que curiosamente el único nombre que aparece es el de Don José, un funcionario cincuentón de la Conservaduría del Registro Civil al que no le había pasado nada muy interesante en la vida, hasta que por accidente se le entrepapela la ficha de una mujer desconocida y de repente Don José no puede pensar en otra cosa, quién será esa mujer, cómo habrá sido su vida. Entonces es tomado por la decisión de averiguarlo, porque son las decisiones las que nos toman y no al contrario, y por primera vez comienza a vivir una aventura de verdad. Una aventura que también transita entre la vida y la muerte.</p><p>Mi escena favorita es cuando Don José entra al departamento de la mujer desconocida, y pasa lo siguiente:</p><p>La puerta chirrió al abrirse, sobresaltando al visitante, repentinamente con dudas sobre la eficacia de la justificación que había pensado dar a la portera en el caso de que lo interpelara. Se deslizó con rapidez al interior de la casa, cerró la puerta con todo cuidado y se encontró en medio de una penumbra densa, a la que le faltaba poco para ser oscuridad. Palpó la pared junto al marco de la puerta, encontró un interruptor, pero prudentemente no lo hizo funcionar, podría ser peligroso encender las luces.</p><p>Poco a poco los ojos de don José estaban habituándose a la penumbra, se diría que en situación semejante lo mismo le ocurre a cualquier persona, pero lo que comúnmente no se sabe es que los escribientes de la Conservaduría General, dada la frecuentación regular al archivo de los muertos a que están obligados, adquieren, al cabo de cierto tiempo, facultades de adecuación óptica absolutamente fuera de lo común. Llegarían a tener ojos de gato si no los alcanzase primero la edad de la jubilación.</p><p>Aunque el suelo estuviese enmoquetado, don José creyó que sería mejor descalzarse los zapatos para evitar cualquier choque o vibración que pudiese denunciar su presencia a los inquilinos del piso de abajo. Con mil cuidados descorrió los cerrojos de los postigos de una de las ventanas que daba a la calle pero sólo los abrió lo suficiente para que entrase alguna luz. Estaba en un dormitorio. Había una cómoda, un armario, una mesilla de noche. La cama, estrecha, de soltera, como se decía antes. Los muebles eran de líneas simples y claras, lo contrario del estilo bazo y pesado del mobiliario de la casa de los padres. Don José dio una vuelta por las restantes habitaciones del apartamento, que se limitaban a una sala de estar amueblada con los sofás de costumbre y una estantería de libros que ocupaba de extremo a extremo una pared, una habitación más pequeña que servía de despacho, la cocina minúscula, el cuarto de baño reducido a lo indispensable.</p><p>Aquí vivió una mujer que se suicidó por motivos desconocidos, que había estado casada y se divorció, que podría haber vuelto a vivir con los padres después del divorcio, pero que prefirió continuar sola, una mujer que como todas fue niña y muchacha, que ya en ese tiempo, de una cierta e indefinible manera, era la mujer que llegó a ser, una profesora de matemáticas que tuvo su nombre de viva en el Registro Civil junto a los nombres de todas las personas vivas de esta ciudad, una mujer cuyo nombre de muerta volvió al mundo vivo porque este don José fue a rescatarlo al mundo de los muertos, apenas el nombre, no a ella, que no podría un escribiente tanto. Con las puertas de comunicación interiores todas abiertas, la claridad del día ilumina más o menos la casa, pero don José tendrá que despacharse en la búsqueda si no quiere dejarla a medias. Abrió un cajón de la mesa del despacho, pasó los ojos vagamente por lo que había dentro, le parecieron ejercicios escolares de matemáticas, cálculos, ecuaciones, nada que le pudiese explicar las razones de la vida y de la muerte de la mujer que se sentaba en este sillón, que encendía esta lámpara, que sostenía este lápiz y con él escribía. Don José cerró lentamente el cajón, todavía comenzó a abrir otro pero no llegó al final del movimiento, se detuvo pensando un largo minuto, o fueron solamente uno pocos segundos que parecieron horas, después empujó el cajón con firmeza, después salió del despacho, después se sentó en uno de los sofás de la sala y allí se quedó. Miraba los viejos calcetines zurcidos que traía puestos, los pantalones sin raya un poco subidos, las canillas blancas y delgadas, con escaso vello. Sentía que su cuerpo se acomodaba a la concavidad suave del tapizado y de los muelles del sofá dejada por otro cuerpo, Nunca más se sentará aquí, murmuró. El silencio, que le había parecido absoluto, era cortado ahora por los sonidos de la calle, sobre todo, de vez en cuando, con el paso de un coche, pero había en el aire también una respiración pausada, un latir lento, sería tal vez la respiración de las casas cuando las dejan solas, ésta, probablemente, aún no se percató de que tiene alguien dentro. Don José se dice a sí mismo que a
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                <content:encoded>&lt;p&gt;El tiempo, lo efímero de la vida. El acecho, siempre presente de la muerte y el olvido. Y frente a estos, el poder de la palabra inmortal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estas son algunas de las constantes que siento una y otra vez en la obra de Saramago.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Además de un permanente enfrentamiento, no solo con la religión, sino con Dios, con sus designios, o con los nuestros, con la realidad tal como es, como la hemos hecho: sus jerarquías, su mezquindad, sus injusticias, su crueldad, su aparente inevitabilidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Además de este permanente enfrentamiento, decía, hay una búsqueda - siempre incompleta- de algún tipo de cambio, de reorganización, ya sea individual, colectiva o universal, ya sea simbólica, o ya sea material, que rectifique la existencia, y que nos ayude a entender lo inentendible, a soportar lo insoportable, a vivir… y si realmente no existe otra posibilidad, a morir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus personajes e historias contagían la energía vital de la rebeldía, pero al mismo tiempo transmmiten la melancolía de quien sabe que al final nada va cambiar. Me deja con una extraña sensación de triteza, pero no de esa tristeza amarga de la negación, sino esa otra que es casi una sonrisa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El otro día estaba en el tren y de la nada me vino el recuerdo del prefacio dell Evangelio según Jesucristo, que es una descripción verdaderamente impresionante del grabado “La crucifixion” de uno de los artistas alemanes más importantes Alberto Durero - Albrecht Duerer- creo que se dice en alemán. Y para mi esa debe ser la mejor descripción sobre cualquier cosa que he leído en mi vida. Va entre narración, explicación y reflexión, es como una síntesis de lo que se nos viene en el libro, que comienza y termina en la cruz: el problema de la culpa, la humanísima historia de Jesús, en conflicto primero con su padre José, luego con el Diablo, luego con su madre, luego con su padre Díos, al que cuestiona, al que cuestiona también el narrador, al que cuestiona también el Diablo, al que cuestionamos también nosotros, pero él que no cambia nada, porque no quiere, porque porque la vida es así y siempre lo será. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jesús en su cruz nos pide: Perdonadlo, no sabe lo que hace.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El Evangelio según Jesucristo es un libraso, incluso recuerdo que fue después de la primera vez que lo leí que comencé a interesarme por leer la Biblia, porque aunque uno no sea religioso es super interesante conocer bien la mitología de la cultura de la que somos parte. Otro libro que tiene que va más o menos por ahí es Caín.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, ese día que iba en el tren y me acordé de ese prefacio tuve que buscar en el celular el tal grabado La Crucifixión, ventajas del mundo moderno, acceso al arte de hace 600 años al instante, y después tuve que buscar y leer el prefacio, y después todo libro, y después otro libro de Saramago, y después otro, y de un tirón eso es lo que he estado leyendo últimamente. Segunda vez que me pasa. Cuando tenía unos veinte años me enganché más o menos así con los libros de Saramago.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tiene este estilo único que le sale todo seguido sin respetar las tradiciones de los espacios y los puntos, exige un poco de concentración, pero vale la pena, porque vamos como navegando por la historia y las ideas a toda velocidad, como sin frenos. Uno llega sin aliento al final de cada párrafo, donde de tanto en tanto nos espera la estocada de alguna frase brutal que nos deja en blanco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Al día siguiente no murió nadie.” &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta es por ejemplo una de esas frases. Así comienza las Intermitencias de la muerte, en el que un primero de enero la muerte, por primera vez en su larga carrera, decide dejar de matar. La gente no deja de envejecer o de enfermar, simplemente deja de morir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luego, durante medio libro acompañamos una reflexión sobre la muerte, y sobre cómo sería la vida en su ausencia. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de meses de huelga, la muerte vuelve aparecer, pero esta vez con un nuevo sistema. Ahora las personas antes de morir van a recibir una carta color violeta una semana antes de que les llegue la hora para que así puedan decidir cómo pasar sus últimos días.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así va trabajando la muerte, enviando por correo su correspondencia letal, hasta que pasa lo impensable: por primera vez desde que la muerte es muerte, un hombre que debería haber muerto hace una semana, resulta que no muere. Por alguna razón cada vez que la muerte le manda la carta violeta, la carta le vuelve aparecer sobre su escritorio. Inexplicablemente no puede llegar a su destinatario final: un pobre músico solitario que vive sin saber que su tiempo se ha acabado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desconcertada, la muerte lo sigue día y noche y termina transformándose en mujer de carne y hueso para entregarle en persona la carta mortal. En dos ocasiones lo encuentra, conversa con él, pero no puede entregarle la carta, parece que no se anima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la última noche del plazo que se había dado ella misma para resolver el problema del violonchelista que no moría, va a tocar el timbre de su casa y esto fue lo que pasó:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Eran las once cuando sonó el timbre de la puerta. Algún vecino con problemas, pensó el violonchelista, y se levantó para abrir. Buenas noches, dijo la mujer del palco, pisando el umbral, Buenas noches, respondió el músico, esforzándose por dominar el pasmo que le contraía la glotis, No me pide que entre, Claro que sí, por favor. Se apartó para dejarla pasar, cerró la puerta, todo despacio, lentamente, para que el corazón no le explotara. Con las piernas temblando la acompañó a la sala de música, con la mano que temblaba le indicó el sillón. Pensé que ya se habría ido, dijo, Como ve, decidí quedarme, respondió la mujer, Pero partirá mañana, A eso me comprometí, Supongo que ha venido para traerme la carta, que no la ha roto, Sí, la tengo aquí en este bolso, Démela, entonces, Tenemos tiempo, recuerdo haberle dicho que las prisas son malas consejeras, Como quiera, estoy a su disposición, Lo dice en serio, Es mi mayor defecto, todo lo digo en serio, incluso cuando hago reír, principalmente cuando hago reír, En ese caso me atrevo a pedirle un favor, Cuál, Compénseme por haber faltado ayer al concierto, No veo de qué manera, Ahí tiene un piano, Ni se le ocurra, soy un pianista mediocre, O el violonchelo, Eso es otra cosa, sí, podré tocarle una o dos piezas si se empeña, Puedo escoger, preguntó la mujer, Sí, pero sólo lo que esté a mi alcance, dentro de mis posibilidades. La mujer tomó el cuaderno de la suite número seis de bach y dijo, Esto, Es muy larga, lleva más de media hora, y ya comienza a ser tarde, Le repito que tenemos tiempo, Hay un pasaje en el preludio en que tengo dificultades, No importa, sálteselo cuando llegue, dijo la mujer, o ni será preciso, ya verá que tocará aún mejor que rostropovich. El violonchelista sonrió, Puede tener la certeza. Abrió el cuaderno sobre el atril, respiró hondo, colocó la mano izquierda en el brazo del violonchelo, la mano derecha condujo el arco hasta casi rozar las cuerdas, y comenzó. Demás sabía que no era rostropovich, que no pasaba de un solista de orquesta cuando la casualidad del programa lo exigía, pero aquí, ante esta mujer, con su perro echado a los pies, a esta hora de la noche, rodeado de libros, de cuadernos de música, de partituras, era el propio johann Sebastian bach componiendo en cóthen lo que más tarde sería llamado opus mil doce, obras ellas casi tantas como fueron las de la creación. El pasaje difícil fue traspasado sin que él se hubiera dado cuenta de la proeza que había cometido, manos felices hacían murmurar, hablar, cantar, rugir al violonchelo, he aquí lo que le faltó a rostropovich, esta sala de música, esta hora, esta mujer. Cuando él terminó, las manos de ella ya no estaban frías, las suyas ardían, por eso las manos se dieron a las manos y no se extrañaron. Pasaba mucho de la una de la madrugada cuando el violonchelista preguntó, Quiere que llame un taxi que la lleve al hotel, y la mujer respondió, No, me quedaré contigo, y le ofreció la boca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entraron en el dormitorio, se desnudaron, y lo que estaba escrito que sucedería sucedió por fin, y otra vez, y otra aún. Él se durmió, ella no. Entonces ella, la muerte, se levantó, abrió el bolso que había dejado en la sala y sacó la carta color violeta. Miró alrededor como si buscara un lugar donde poder dejarla, sobre el piano, sujeta entre las cuerdas del violonchelo o quizás en el propio dormitorio, debajo de la almohada en que la cabeza del hombre descansaba. No lo hizo. Fue a la cocina, encendió una cerilla, una humilde cerilla, ella que podría deshacer el papel con una mirada, reducirlo a un impalpable polvo, ella que podría pegarle fuego sólo con el contacto de los dedos, y era una simple cerilla, una cerilla común, la cerilla de todos los días, la que hacía arder la carta de la muerte, esa que sólo la muerte podía destruir. No quedaron cenizas.La muerte volvió a la cama, se abrazó al hombre, y, sin comprender lo que le estaba sucediendo, ella que nunca dormía, sintió que el sueño le bajaba suavemente los párpados. Al día siguiente no murió nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Increible no? La muerte enamorada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que siempre es bueno tener a la muerte presente y esta es una linda novela para no olvidarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay una parte del libro cuando la muerte, que era el típico esqueleto con su manto negro y su gadaña y se transforma en una mujer de carne y hueso y sonrisa irresistible, para entregar aquella carta, y a su paso va dejando un difuso perfume mitad rosa y mitad crisantemo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Resulta que ese es el mismo olor que se siente entre los papeles de la Conservaduría General de Registro Civil, en la que trabaja Don José, el protagonista de Todos los nombres, y cuyo Conservador tuvo la revolucionaria decisión de juntar en un solo archivo todos los nombres y papeles de los vivos y los muertos que tenía a su cuidado, alegando que solo juntos podían representar a la humanidad como debería ser entendida, un todo absoluto, independientemente del tiempo y los lugares y que haberlos tenido separados había sido un crimen contra el espíritu.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todos los nombres es una novela cortita, en la que curiosamente el único nombre que aparece es el de Don José, un funcionario cincuentón de la Conservaduría del Registro Civil al que no le había pasado nada muy interesante en la vida, hasta que por accidente se le entrepapela la ficha de una mujer desconocida y de repente Don José no puede pensar en otra cosa, quién será esa mujer, cómo habrá sido su vida. Entonces es tomado por la decisión de averiguarlo, porque son las decisiones las que nos toman y no al contrario, y por primera vez comienza a vivir una aventura de verdad. Una aventura que también transita entre la vida y la muerte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi escena favorita es cuando Don José entra al departamento de la mujer desconocida, y pasa lo siguiente:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La puerta chirrió al abrirse, sobresaltando al visitante, repentinamente con dudas sobre la eficacia de la justificación que había pensado dar a la portera en el caso de que lo interpelara. Se deslizó con rapidez al interior de la casa, cerró la puerta con todo cuidado y se encontró en medio de una penumbra densa, a la que le faltaba poco para ser oscuridad. Palpó la pared junto al marco de la puerta, encontró un interruptor, pero prudentemente no lo hizo funcionar, podría ser peligroso encender las luces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Poco a poco los ojos de don José estaban habituándose a la penumbra, se diría que en situación semejante lo mismo le ocurre a cualquier persona, pero lo que comúnmente no se sabe es que los escribientes de la Conservaduría General, dada la frecuentación regular al archivo de los muertos a que están obligados, adquieren, al cabo de cierto tiempo, facultades de adecuación óptica absolutamente fuera de lo común. Llegarían a tener ojos de gato si no los alcanzase primero la edad de la jubilación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aunque el suelo estuviese enmoquetado, don José creyó que sería mejor descalzarse los zapatos para evitar cualquier choque o vibración que pudiese denunciar su presencia a los inquilinos del piso de abajo. Con mil cuidados descorrió los cerrojos de los postigos de una de las ventanas que daba a la calle pero sólo los abrió lo suficiente para que entrase alguna luz. Estaba en un dormitorio. Había una cómoda, un armario, una mesilla de noche. La cama, estrecha, de soltera, como se decía antes. Los muebles eran de líneas simples y claras, lo contrario del estilo bazo y pesado del mobiliario de la casa de los padres. Don José dio una vuelta por las restantes habitaciones del apartamento, que se limitaban a una sala de estar amueblada con los sofás de costumbre y una estantería de libros que ocupaba de extremo a extremo una pared, una habitación más pequeña que servía de despacho, la cocina minúscula, el cuarto de baño reducido a lo indispensable.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí vivió una mujer que se suicidó por motivos desconocidos, que había estado casada y se divorció, que podría haber vuelto a vivir con los padres después del divorcio, pero que prefirió continuar sola, una mujer que como todas fue niña y muchacha, que ya en ese tiempo, de una cierta e indefinible manera, era la mujer que llegó a ser, una profesora de matemáticas que tuvo su nombre de viva en el Registro Civil junto a los nombres de todas las personas vivas de esta ciudad, una mujer cuyo nombre de muerta volvió al mundo vivo porque este don José fue a rescatarlo al mundo de los muertos, apenas el nombre, no a ella, que no podría un escribiente tanto. Con las puertas de comunicación interiores todas abiertas, la claridad del día ilumina más o menos la casa, pero don José tendrá que despacharse en la búsqueda si no quiere dejarla a medias. Abrió un cajón de la mesa del despacho, pasó los ojos vagamente por lo que había dentro, le parecieron ejercicios escolares de matemáticas, cálculos, ecuaciones, nada que le pudiese explicar las razones de la vida y de la muerte de la mujer que se sentaba en este sillón, que encendía esta lámpara, que sostenía este lápiz y con él escribía. Don José cerró lentamente el cajón, todavía comenzó a abrir otro pero no llegó al final del movimiento, se detuvo pensando un largo minuto, o fueron solamente uno pocos segundos que parecieron horas, después empujó el cajón con firmeza, después salió del despacho, después se sentó en uno de los sofás de la sala y allí se quedó. Miraba los viejos calcetines zurcidos que traía puestos, los pantalones sin raya un poco subidos, las canillas blancas y delgadas, con escaso vello. Sentía que su cuerpo se acomodaba a la concavidad suave del tapizado y de los muelles del sofá dejada por otro cuerpo, Nunca más se sentará aquí, murmuró. El silencio, que le había parecido absoluto, era cortado ahora por los sonidos de la calle, sobre todo, de vez en cuando, con el paso de un coche, pero había en el aire también una respiración pausada, un latir lento, sería tal vez la respiración de las casas cuando las dejan solas, ésta, probablemente, aún no se percató de que tiene alguien dentro. Don José se dice a sí mismo que a
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                <pubDate>Wed, 19 Jun 2024 12:28:52 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#18 La Historia Interminable - Michael Ende</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Hola Hola, cómo les va?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quería hablarles de La Historia Interminable, de Michael Ende, es uno de mis libros indispensables, de esos que van creciendo conmigo, todos tenemos de esos libros, al que uno vuelve varias veces y cada vez es un libro distinto, obviamente porque el que va cambiando es uno, pero al mismo tiempo, cuando uno lo vuelve a leer, además de ser un largo reencuentro con el libro y con sus personajes, también de alguna forma es un largo reencuentro con la persona que fuimos todas aquellas veces que leímos el libro anteriormente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La Historia sin fin, o la historia interminable, fue escrita originalmente en alemán, y hace unos días volví a leer el libro, entre otras cosas para practicar el idioma. Lo menciono porque muchas veces dicen que el alemán es un idioma tosco o que suena agresivo, pero este es un libro tan dulce… realmente es una prueba viviente de la dulzura con la que se puede usar el alemán. Está realmente escrito con la misma ternura y simplicidad con la que uno le habla a un niño para hacerlo dormir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que ya saben, es ideal para los que quieran practicar su alemán.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Además, es mucho más que una simple historia infantil. Es un libro con una historia profunda y compleja, contada de una forma simple y llena de encanto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuál es esta historia profunda y compleja? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En su simplicidad y profundidad, la Historia Interminable es un libro en muchos sentidos sobre la condición humana, a mi entender. Sobre nuestra relación con lo real y lo fantástico, sobre nuestro infinito mundo interior como fuente de significado y de vida, y sobre la importancia de compartir, también, ese mundo con otras personas en el mundo real; es un libro sobre el amor propio, pero también sobre el amor fraternal, o sea, sobre la amistad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También es un libro sobre equilibrios, y en ese equilibrio entre la realidad y la fantasía, entre el mundo interior y el exterior, y tantos otros equilibrio que también están en el libro, o que también hay en el libro, también está el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad. Para mi ese es de los puntos más importantes del libro. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque, Qué es la libertad sin responsabilidad? Qué es el individuo sin los demás? Cómo alimentarnos del poder de nuestra voluntad sin perdernos en el laberinto de los deseos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En ese sentido el periplo de Bastian por Fantasía me hace acuerdo al dilema inicial de la Insoportable levedad del ser. Pero nos estamos adelantando… volvamos a empezar&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La Historia Interminable es la historia de un niño de unos 10 años que se llama Bastian y que está atravesando por un muy mal momento. No encuentra la forma de relacionarse con su padre, sufre bullying en el colegio y nadie aprecia su único talento: el de inventar historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En algún momento ya habíamos dicho que no buscamos historias para escapar de la realidad, sino para encontrarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y es ese precisamente el viaje que sin saberlo tiene que hacer Bastian Baltasar Bux por el reino sin fronteras de Fantasía para encontrarse a sí mismo, y a su verdadera voluntad; voluntad necesaria, además, para curar, entre comillas, el mundo en el que le tocó vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y al acompañarlo, ese es un poco también el viaje que también nosotros hacemos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro está dividido en dos partes. La primera es el viaje de Bastian desde el mundo real al mundo de Fantasía. Pero este viaje no lo puede hacer por sí mismo. Es a través de las aventuras de Atreyu que Bastian puede llegar hasta Fantasía. Es un viaje del exterior al interior.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La vida real no tiene color, ni sentido. Y es a través de Atreyu que Bastian comienza su viaje de transformación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Atreyu también es un niño, pero ni hace falta decir, es un niño lleno de cualidades que Bastián no tiene. Atreyu es el perfecto niño héroe capaz de enfrentar cualquier peligro para salvar el mundo en el que tocó vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Atreyu vive en Fantasía, y Fantasía está en peligro, día a día está siendo consumida por la nada, porque hace mucho tiempo que personas del mundo real ya no la visitan para llenarla de nuevas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ya que así como el mundo real es invivible o insoportable sin fantasía, Fantasía no puede existir sin el mundo real.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un mundo se alimenta del otro, y están entrelazados el uno al otro de la misma forma que el símbolo que se encuentra en la tapa del libro: las dos serpientes que se muerden mutuamente la cola formando la señal del infinito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El peligro mortal que la nada representa es el drama de Fantasía y Atreyu es el héroe escogido, que para salvarla tiene que encontrar un niño de carne y hueso que traiga nuevas historias. A través de la Gran búsqueda de Atreyu Bastian se va enamorando del maravilloso mundo de Fantasía, que lo llama y lo jala cada vez con más fuerza, y a nosotros junto a él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fantasía está llena de magia, de misterios, y de personajes increíbles como Fújur, el dragón de la suerte, con sus ojos rojos como un rubí y cuyo canto con su voz de bronce es de las cosas más bellas que existen, o Pérellin la selva de colores fosforescentes que nace cada noche y no deja de crecer y crecer, y crecería tanto que se consumiría el mundo entero si no fuera porque cada día al amanecer despierta Graógraman, un león que cambia de colores como un camaleón y cuyo cuerpo emite un calor tal que derrite toda la selva y la convierte en un impresionante desierto multicolor. Pero cada atardecer, Graógraman se convierte en piedra y nuevamente la selva comienza a crecer y crecer, hasta que sale el sol, cuando Graógraman vuelve a despertar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Aquí otra vez la idea de un eterno equilibrio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otro episodio fascinante es cuando La Emperatriz Infantil va en busca del Viejo Errante de la Montaña. Son uno como la contraparte y el reflejo opuesto del otro. Ella siempre niña, él siempre viejo, ella como la adorada inspiración a través de la cual existen todas las historias que forman Fantasía, y él, quien las escribe disciplinadamente en soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella se ve forzada a ir a verlo, porque incluso después de la larga búsqueda que hace Atreyu, Bastián no se anima a dar el último paso para entrar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, muy cansada, y muy enferma, ya que la nada lo está consumiendo todo, la Emperatriz Infantil va en busca del Viejo Errante para pedirle que narre desde el principio la Historia Interminable. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuando se encuentran es realmente un momento fascinante y confuso, que ahora al volver a leerlo me hizo pensar en la fijación o fascinación que tiene Borges por los espejos, y por las mil y una noches.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El Viejo Errante le hace caso y comienza contar la historia desde el principio, y esta vez Bastián se lee así mismo dentro del libro, se ve a sí mismo dentro del libro, el cual se repetiría desde el principio hasta ese momento una y otra vez para siempre, a menos que él haga algo, lo que lo fuerza a entrar en el Reino de Fantasía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y aquí comienza la segunda parte del libro. El viaje de regreso de Bastian desde Fantasía hasta el mundo real. Un viaje del interior al exterior. El viaje de retorno, es el viaje necesario para curar el mundo en el que tocó vivir, después de beber el agua de la vida en el mundo interior.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esta parte de la historia es imposible no recordar, para mi es imposible no recordar el podcast que hice sobre Teseo y el Minotauro, porque resulta que hay un problema: Bastian no quiere volver, y Fantasía entonces se convierte en el Laberinto, en un laberinto del que Bastián no puede salir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al llegar a Fantasía, para llenarla de historias, pero también para encontrar su propia voluntad, a Bastian se le otorga el poder de hacer realidad todos sus deseos. Y es así que Bastian comienza a transitar el peligrosísimo camino de los deseos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Usando el poder de sus deseos Bastián salva a Fantasía de la nada, la llena de historias, de todo tipo de historias, pero al mismo tiempo se va transformando en todo lo que no era y él quería ser: al principio se vuelve super atractivo y fuerte, luego se hace resistente a todo tipo de adversidades, luego se hace popular y querido, luego adminado, luego respetado y más adelante hasta temido. Pero como todo en la vida tiene un costo, cada deseo le costaba un recuerdo. Por lo que poco a poco se va quedando sin recuerdos del mundo real. En el momento en que se hace fuerte, por ejemplo, se olvida que una vez fue débil, en el momento que se hace valiente, se olvida que una vez fue miedoso… Y el que no tiene recuerdos nada puede desear, y sin deseos tampoco puede encontrar su verdadera voluntad, ni el camino de regreso a casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, de poderoso, temido y respetado, Bastian pasa al olvido, y por poco se pierde para siempre en en el mundo irreal, con un par de deseos de sobra, es solo con paciencia y trabajo en la mina donde se encuentran los sueños perdidos es que Bastian encuentra su verdadera voluntad: que es ser capaz de amar, de amarse así mismo tal y cual él es, y de compartir ese amor, el amor de vivir con su padre, y con el mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y es una vez más gracias a la ayuda de Atreyu que Bastian llega a la fuente del agua de la vida, recupera sus recuerdos y logra volver. Bastian, que ha encontrado la alegría de vivir, al volver la comparte con su padre, y cura de cierta forma su mundo y su realidad, y al mismo tiempo, se convierte en nuestro Atreyu, y nos lleva de regreso a Fantasía, para que… Quien sabe, tal vez nosotros podamos también beber de la fuente del agua de la vida y curar el mundo en el que nos tocó vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Hola Hola, cómo les va?</p><p>Hoy quería hablarles de La Historia Interminable, de Michael Ende, es uno de mis libros indispensables, de esos que van creciendo conmigo, todos tenemos de esos libros, al que uno vuelve varias veces y cada vez es un libro distinto, obviamente porque el que va cambiando es uno, pero al mismo tiempo, cuando uno lo vuelve a leer, además de ser un largo reencuentro con el libro y con sus personajes, también de alguna forma es un largo reencuentro con la persona que fuimos todas aquellas veces que leímos el libro anteriormente.</p><p>La Historia sin fin, o la historia interminable, fue escrita originalmente en alemán, y hace unos días volví a leer el libro, entre otras cosas para practicar el idioma. Lo menciono porque muchas veces dicen que el alemán es un idioma tosco o que suena agresivo, pero este es un libro tan dulce… realmente es una prueba viviente de la dulzura con la que se puede usar el alemán. Está realmente escrito con la misma ternura y simplicidad con la que uno le habla a un niño para hacerlo dormir.</p><p>Así que ya saben, es ideal para los que quieran practicar su alemán.</p><p>Además, es mucho más que una simple historia infantil. Es un libro con una historia profunda y compleja, contada de una forma simple y llena de encanto.</p><p>Y cuál es esta historia profunda y compleja? </p><p>En su simplicidad y profundidad, la Historia Interminable es un libro en muchos sentidos sobre la condición humana, a mi entender. Sobre nuestra relación con lo real y lo fantástico, sobre nuestro infinito mundo interior como fuente de significado y de vida, y sobre la importancia de compartir, también, ese mundo con otras personas en el mundo real; es un libro sobre el amor propio, pero también sobre el amor fraternal, o sea, sobre la amistad.</p><p>También es un libro sobre equilibrios, y en ese equilibrio entre la realidad y la fantasía, entre el mundo interior y el exterior, y tantos otros equilibrio que también están en el libro, o que también hay en el libro, también está el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad. Para mi ese es de los puntos más importantes del libro. </p><p>Porque, Qué es la libertad sin responsabilidad? Qué es el individuo sin los demás? Cómo alimentarnos del poder de nuestra voluntad sin perdernos en el laberinto de los deseos?</p><p>En ese sentido el periplo de Bastian por Fantasía me hace acuerdo al dilema inicial de la Insoportable levedad del ser. Pero nos estamos adelantando… volvamos a empezar</p><p>La Historia Interminable es la historia de un niño de unos 10 años que se llama Bastian y que está atravesando por un muy mal momento. No encuentra la forma de relacionarse con su padre, sufre bullying en el colegio y nadie aprecia su único talento: el de inventar historias.</p><p>En algún momento ya habíamos dicho que no buscamos historias para escapar de la realidad, sino para encontrarla.</p><p>Y es ese precisamente el viaje que sin saberlo tiene que hacer Bastian Baltasar Bux por el reino sin fronteras de Fantasía para encontrarse a sí mismo, y a su verdadera voluntad; voluntad necesaria, además, para curar, entre comillas, el mundo en el que le tocó vivir.</p><p>Y al acompañarlo, ese es un poco también el viaje que también nosotros hacemos.</p><p>El libro está dividido en dos partes. La primera es el viaje de Bastian desde el mundo real al mundo de Fantasía. Pero este viaje no lo puede hacer por sí mismo. Es a través de las aventuras de Atreyu que Bastian puede llegar hasta Fantasía. Es un viaje del exterior al interior.</p><p>La vida real no tiene color, ni sentido. Y es a través de Atreyu que Bastian comienza su viaje de transformación.</p><p>Atreyu también es un niño, pero ni hace falta decir, es un niño lleno de cualidades que Bastián no tiene. Atreyu es el perfecto niño héroe capaz de enfrentar cualquier peligro para salvar el mundo en el que tocó vivir.</p><p>Atreyu vive en Fantasía, y Fantasía está en peligro, día a día está siendo consumida por la nada, porque hace mucho tiempo que personas del mundo real ya no la visitan para llenarla de nuevas historias.</p><p>Ya que así como el mundo real es invivible o insoportable sin fantasía, Fantasía no puede existir sin el mundo real.</p><p>Un mundo se alimenta del otro, y están entrelazados el uno al otro de la misma forma que el símbolo que se encuentra en la tapa del libro: las dos serpientes que se muerden mutuamente la cola formando la señal del infinito.</p><p>El peligro mortal que la nada representa es el drama de Fantasía y Atreyu es el héroe escogido, que para salvarla tiene que encontrar un niño de carne y hueso que traiga nuevas historias. A través de la Gran búsqueda de Atreyu Bastian se va enamorando del maravilloso mundo de Fantasía, que lo llama y lo jala cada vez con más fuerza, y a nosotros junto a él.</p><p>Fantasía está llena de magia, de misterios, y de personajes increíbles como Fújur, el dragón de la suerte, con sus ojos rojos como un rubí y cuyo canto con su voz de bronce es de las cosas más bellas que existen, o Pérellin la selva de colores fosforescentes que nace cada noche y no deja de crecer y crecer, y crecería tanto que se consumiría el mundo entero si no fuera porque cada día al amanecer despierta Graógraman, un león que cambia de colores como un camaleón y cuyo cuerpo emite un calor tal que derrite toda la selva y la convierte en un impresionante desierto multicolor. Pero cada atardecer, Graógraman se convierte en piedra y nuevamente la selva comienza a crecer y crecer, hasta que sale el sol, cuando Graógraman vuelve a despertar.</p><p> Aquí otra vez la idea de un eterno equilibrio.</p><p>Otro episodio fascinante es cuando La Emperatriz Infantil va en busca del Viejo Errante de la Montaña. Son uno como la contraparte y el reflejo opuesto del otro. Ella siempre niña, él siempre viejo, ella como la adorada inspiración a través de la cual existen todas las historias que forman Fantasía, y él, quien las escribe disciplinadamente en soledad.</p><p>Ella se ve forzada a ir a verlo, porque incluso después de la larga búsqueda que hace Atreyu, Bastián no se anima a dar el último paso para entrar. </p><p>Entonces, muy cansada, y muy enferma, ya que la nada lo está consumiendo todo, la Emperatriz Infantil va en busca del Viejo Errante para pedirle que narre desde el principio la Historia Interminable. </p><p>Y cuando se encuentran es realmente un momento fascinante y confuso, que ahora al volver a leerlo me hizo pensar en la fijación o fascinación que tiene Borges por los espejos, y por las mil y una noches.</p><p>El Viejo Errante le hace caso y comienza contar la historia desde el principio, y esta vez Bastián se lee así mismo dentro del libro, se ve a sí mismo dentro del libro, el cual se repetiría desde el principio hasta ese momento una y otra vez para siempre, a menos que él haga algo, lo que lo fuerza a entrar en el Reino de Fantasía.</p><p>Y aquí comienza la segunda parte del libro. El viaje de regreso de Bastian desde Fantasía hasta el mundo real. Un viaje del interior al exterior. El viaje de retorno, es el viaje necesario para curar el mundo en el que tocó vivir, después de beber el agua de la vida en el mundo interior.</p><p>En esta parte de la historia es imposible no recordar, para mi es imposible no recordar el podcast que hice sobre Teseo y el Minotauro, porque resulta que hay un problema: Bastian no quiere volver, y Fantasía entonces se convierte en el Laberinto, en un laberinto del que Bastián no puede salir.</p><p>Al llegar a Fantasía, para llenarla de historias, pero también para encontrar su propia voluntad, a Bastian se le otorga el poder de hacer realidad todos sus deseos. Y es así que Bastian comienza a transitar el peligrosísimo camino de los deseos.</p><p>Usando el poder de sus deseos Bastián salva a Fantasía de la nada, la llena de historias, de todo tipo de historias, pero al mismo tiempo se va transformando en todo lo que no era y él quería ser: al principio se vuelve super atractivo y fuerte, luego se hace resistente a todo tipo de adversidades, luego se hace popular y querido, luego adminado, luego respetado y más adelante hasta temido. Pero como todo en la vida tiene un costo, cada deseo le costaba un recuerdo. Por lo que poco a poco se va quedando sin recuerdos del mundo real. En el momento en que se hace fuerte, por ejemplo, se olvida que una vez fue débil, en el momento que se hace valiente, se olvida que una vez fue miedoso… Y el que no tiene recuerdos nada puede desear, y sin deseos tampoco puede encontrar su verdadera voluntad, ni el camino de regreso a casa.</p><p>Entonces, de poderoso, temido y respetado, Bastian pasa al olvido, y por poco se pierde para siempre en en el mundo irreal, con un par de deseos de sobra, es solo con paciencia y trabajo en la mina donde se encuentran los sueños perdidos es que Bastian encuentra su verdadera voluntad: que es ser capaz de amar, de amarse así mismo tal y cual él es, y de compartir ese amor, el amor de vivir con su padre, y con el mundo.</p><p>Y es una vez más gracias a la ayuda de Atreyu que Bastian llega a la fuente del agua de la vida, recupera sus recuerdos y logra volver. Bastian, que ha encontrado la alegría de vivir, al volver la comparte con su padre, y cura de cierta forma su mundo y su realidad, y al mismo tiempo, se convierte en nuestro Atreyu, y nos lleva de regreso a Fantasía, para que… Quien sabe, tal vez nosotros podamos también beber de la fuente del agua de la vida y curar el mundo en el que nos tocó vivir.</p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Hola Hola, cómo les va?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quería hablarles de La Historia Interminable, de Michael Ende, es uno de mis libros indispensables, de esos que van creciendo conmigo, todos tenemos de esos libros, al que uno vuelve varias veces y cada vez es un libro distinto, obviamente porque el que va cambiando es uno, pero al mismo tiempo, cuando uno lo vuelve a leer, además de ser un largo reencuentro con el libro y con sus personajes, también de alguna forma es un largo reencuentro con la persona que fuimos todas aquellas veces que leímos el libro anteriormente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La Historia sin fin, o la historia interminable, fue escrita originalmente en alemán, y hace unos días volví a leer el libro, entre otras cosas para practicar el idioma. Lo menciono porque muchas veces dicen que el alemán es un idioma tosco o que suena agresivo, pero este es un libro tan dulce… realmente es una prueba viviente de la dulzura con la que se puede usar el alemán. Está realmente escrito con la misma ternura y simplicidad con la que uno le habla a un niño para hacerlo dormir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que ya saben, es ideal para los que quieran practicar su alemán.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Además, es mucho más que una simple historia infantil. Es un libro con una historia profunda y compleja, contada de una forma simple y llena de encanto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuál es esta historia profunda y compleja? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En su simplicidad y profundidad, la Historia Interminable es un libro en muchos sentidos sobre la condición humana, a mi entender. Sobre nuestra relación con lo real y lo fantástico, sobre nuestro infinito mundo interior como fuente de significado y de vida, y sobre la importancia de compartir, también, ese mundo con otras personas en el mundo real; es un libro sobre el amor propio, pero también sobre el amor fraternal, o sea, sobre la amistad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También es un libro sobre equilibrios, y en ese equilibrio entre la realidad y la fantasía, entre el mundo interior y el exterior, y tantos otros equilibrio que también están en el libro, o que también hay en el libro, también está el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad. Para mi ese es de los puntos más importantes del libro. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque, Qué es la libertad sin responsabilidad? Qué es el individuo sin los demás? Cómo alimentarnos del poder de nuestra voluntad sin perdernos en el laberinto de los deseos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En ese sentido el periplo de Bastian por Fantasía me hace acuerdo al dilema inicial de la Insoportable levedad del ser. Pero nos estamos adelantando… volvamos a empezar&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La Historia Interminable es la historia de un niño de unos 10 años que se llama Bastian y que está atravesando por un muy mal momento. No encuentra la forma de relacionarse con su padre, sufre bullying en el colegio y nadie aprecia su único talento: el de inventar historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En algún momento ya habíamos dicho que no buscamos historias para escapar de la realidad, sino para encontrarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y es ese precisamente el viaje que sin saberlo tiene que hacer Bastian Baltasar Bux por el reino sin fronteras de Fantasía para encontrarse a sí mismo, y a su verdadera voluntad; voluntad necesaria, además, para curar, entre comillas, el mundo en el que le tocó vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y al acompañarlo, ese es un poco también el viaje que también nosotros hacemos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro está dividido en dos partes. La primera es el viaje de Bastian desde el mundo real al mundo de Fantasía. Pero este viaje no lo puede hacer por sí mismo. Es a través de las aventuras de Atreyu que Bastian puede llegar hasta Fantasía. Es un viaje del exterior al interior.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La vida real no tiene color, ni sentido. Y es a través de Atreyu que Bastian comienza su viaje de transformación.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Atreyu también es un niño, pero ni hace falta decir, es un niño lleno de cualidades que Bastián no tiene. Atreyu es el perfecto niño héroe capaz de enfrentar cualquier peligro para salvar el mundo en el que tocó vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Atreyu vive en Fantasía, y Fantasía está en peligro, día a día está siendo consumida por la nada, porque hace mucho tiempo que personas del mundo real ya no la visitan para llenarla de nuevas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ya que así como el mundo real es invivible o insoportable sin fantasía, Fantasía no puede existir sin el mundo real.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un mundo se alimenta del otro, y están entrelazados el uno al otro de la misma forma que el símbolo que se encuentra en la tapa del libro: las dos serpientes que se muerden mutuamente la cola formando la señal del infinito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El peligro mortal que la nada representa es el drama de Fantasía y Atreyu es el héroe escogido, que para salvarla tiene que encontrar un niño de carne y hueso que traiga nuevas historias. A través de la Gran búsqueda de Atreyu Bastian se va enamorando del maravilloso mundo de Fantasía, que lo llama y lo jala cada vez con más fuerza, y a nosotros junto a él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fantasía está llena de magia, de misterios, y de personajes increíbles como Fújur, el dragón de la suerte, con sus ojos rojos como un rubí y cuyo canto con su voz de bronce es de las cosas más bellas que existen, o Pérellin la selva de colores fosforescentes que nace cada noche y no deja de crecer y crecer, y crecería tanto que se consumiría el mundo entero si no fuera porque cada día al amanecer despierta Graógraman, un león que cambia de colores como un camaleón y cuyo cuerpo emite un calor tal que derrite toda la selva y la convierte en un impresionante desierto multicolor. Pero cada atardecer, Graógraman se convierte en piedra y nuevamente la selva comienza a crecer y crecer, hasta que sale el sol, cuando Graógraman vuelve a despertar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Aquí otra vez la idea de un eterno equilibrio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otro episodio fascinante es cuando La Emperatriz Infantil va en busca del Viejo Errante de la Montaña. Son uno como la contraparte y el reflejo opuesto del otro. Ella siempre niña, él siempre viejo, ella como la adorada inspiración a través de la cual existen todas las historias que forman Fantasía, y él, quien las escribe disciplinadamente en soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ella se ve forzada a ir a verlo, porque incluso después de la larga búsqueda que hace Atreyu, Bastián no se anima a dar el último paso para entrar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, muy cansada, y muy enferma, ya que la nada lo está consumiendo todo, la Emperatriz Infantil va en busca del Viejo Errante para pedirle que narre desde el principio la Historia Interminable. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuando se encuentran es realmente un momento fascinante y confuso, que ahora al volver a leerlo me hizo pensar en la fijación o fascinación que tiene Borges por los espejos, y por las mil y una noches.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El Viejo Errante le hace caso y comienza contar la historia desde el principio, y esta vez Bastián se lee así mismo dentro del libro, se ve a sí mismo dentro del libro, el cual se repetiría desde el principio hasta ese momento una y otra vez para siempre, a menos que él haga algo, lo que lo fuerza a entrar en el Reino de Fantasía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y aquí comienza la segunda parte del libro. El viaje de regreso de Bastian desde Fantasía hasta el mundo real. Un viaje del interior al exterior. El viaje de retorno, es el viaje necesario para curar el mundo en el que tocó vivir, después de beber el agua de la vida en el mundo interior.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esta parte de la historia es imposible no recordar, para mi es imposible no recordar el podcast que hice sobre Teseo y el Minotauro, porque resulta que hay un problema: Bastian no quiere volver, y Fantasía entonces se convierte en el Laberinto, en un laberinto del que Bastián no puede salir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al llegar a Fantasía, para llenarla de historias, pero también para encontrar su propia voluntad, a Bastian se le otorga el poder de hacer realidad todos sus deseos. Y es así que Bastian comienza a transitar el peligrosísimo camino de los deseos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Usando el poder de sus deseos Bastián salva a Fantasía de la nada, la llena de historias, de todo tipo de historias, pero al mismo tiempo se va transformando en todo lo que no era y él quería ser: al principio se vuelve super atractivo y fuerte, luego se hace resistente a todo tipo de adversidades, luego se hace popular y querido, luego adminado, luego respetado y más adelante hasta temido. Pero como todo en la vida tiene un costo, cada deseo le costaba un recuerdo. Por lo que poco a poco se va quedando sin recuerdos del mundo real. En el momento en que se hace fuerte, por ejemplo, se olvida que una vez fue débil, en el momento que se hace valiente, se olvida que una vez fue miedoso… Y el que no tiene recuerdos nada puede desear, y sin deseos tampoco puede encontrar su verdadera voluntad, ni el camino de regreso a casa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, de poderoso, temido y respetado, Bastian pasa al olvido, y por poco se pierde para siempre en en el mundo irreal, con un par de deseos de sobra, es solo con paciencia y trabajo en la mina donde se encuentran los sueños perdidos es que Bastian encuentra su verdadera voluntad: que es ser capaz de amar, de amarse así mismo tal y cual él es, y de compartir ese amor, el amor de vivir con su padre, y con el mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y es una vez más gracias a la ayuda de Atreyu que Bastian llega a la fuente del agua de la vida, recupera sus recuerdos y logra volver. Bastian, que ha encontrado la alegría de vivir, al volver la comparte con su padre, y cura de cierta forma su mundo y su realidad, y al mismo tiempo, se convierte en nuestro Atreyu, y nos lleva de regreso a Fantasía, para que… Quien sabe, tal vez nosotros podamos también beber de la fuente del agua de la vida y curar el mundo en el que nos tocó vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Tue, 26 Mar 2024 20:55:37 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#17 El problema de los tres cuerpos - Liu Cixin</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;span&gt;¿Qué tal amigos? ¿Cómo les va? Hace tiempo que no estoy por acá, no es que no haya estado leyendo, sino que he estado leyendo cosas que no tenían mucho parecido con el podcast. Por alguna razón he estado interesado en libros que no tienen nada que ver con el contenido que he hecho hasta ahora Y no quería traer esas lecturas aquí, se sentía un poco como una traición, pero extraño hacer el podcast que al final es como una terapia gratuita pero al mismo tiempo sigo interesado en otro tipo de libros he intentado leer cosas que quisiera comentar en el podcast cosas que me gustan y que quiero leer pero que últimamente no he podido llegar a terminar parece que estoy en una fase de leer otras cosas y como no quiero dejar de hacer el podcast ni quiero dejar de leer lo que me está interesando. Voy a tratar de comentar las cosas que vaya leyendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hace unas semanas conseguí el último libro de una trilogía que se llama El Recuerdo del Pasado de la Tierra del escritor chino Liu Cixin aunque no sé muy bien cómo se pronuncia de verdad su nombre y... ya leí los dos primeros pero los acabo de releer para refrescar la memoria el último todavía no lo terminé pero tuve que parar hacer el podcast porque qué libro! qué librazo, sobre todo el segundo libro que se llama El Bosque Oscuro es tremendo, tremendo. Algunas cosas del final no me encantaron, pero la sensación que me dejó la totalidad del libro fue realmente de asombro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Este no es un tipo, no es un libro así, tipo thriller en el que lo que más importa es saber qué es lo que va a pasar a continuación si no es de esos otros libros que te confrontan con cuestiones profundas y esenciales de la realidad y del ser humano no quisiera contar muchos detalles de la historia porque creo que es mejor leerlos sin saberlos sino como siempre, simplemente compartir algunas impresiones pero desde ya lo que puedo decir es que el libro tiene unas escenas poderosísimas. No recuerdo la verdad el último libro que me haya hecho imaginar tanto y quedar nuevamente sorprendido del poder mismo de la imaginación. Estamos tan acostumbrados a todo tipo de efectos especiales, de historias con todo tipo de seres y criaturas e imposibilidades que ya resulta difícil sorprenderse con algo nuevo, cada vez es más difícil tener esa sensación de niño cuando te cuentan algo increíble y maravilloso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Bueno, estos libros lo consiguieron y me trajeron de nuevo esa sensación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con creatividad y usando esa habilidad para generar asombro Liu nos confronta una y otra vez con conflictos morales, conflictos éticos, sobre el uso del poder, sobre las posibilidades mismas de la existencia y de la realidad, nos hace reflexionar sobre la eterna pregunta de la maldad en el ser humano, sobre nuestro breve paso por la monstruosa enormidad del universo, sobre nuestra convivencia en este pedacito de tierra en el que giramos en el espacio, sobre nuestro tiempo y lo que hacemos con él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El problema de los tres cuerpos comienza en Pekín a finales de los años 60, en plena revolución cultural, con guardias rojos enfrentándose entre ellos y acusándose mutuamente de contrarrevolucionarios también van humillando y ejecutando intelectuales, por ejemplo, públicamente. Uno de los intelectuales es un profesor de física al que cuestionan, humillan y al final matan, con la excusa de lo que él le enseña, como la teoría de la relatividad o la teoría del big bang van en contra de los ideales comunistas. Incluso su esposa llega a participar del acto, por sus propios motivos, y su hija que en esa época era universitaria se encuentra también ahí entre los testigos sin poder hacer nada. Esa joven se llama Ye Wenji y es una de las protagonistas más importantes de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Antes de morir, sin embargo, el profesor de física, cuando está siendo cuestionado por los guardias rojos, hace una pregunta, como defendiéndose en esa, digamos, confrontación pública que tienen. Hace la pregunta de si la filosofía debe guiar a los experimentos o los experimentos deben guiar a la filosofía. Él usa la palabra experimentos, pero creo que también podríamos usar las palabras ciencia o tecnología. Desde mi punto de vista, esta es la reflexión y la pregunta que mueve al primer libro. Y es imposible no ponerse a pensar. Obviamente también están en las cosas internas que le van pasando a los protagonistas, a los protagonistas del libro, ¿no? Por ejemplo a Ye Wenji observar, digamos, ver a su madre haciendo esto, no solo a su madre sino a todos, cuestionando, torturando básicamente a su padre, humillándolo ahí en público, y al final matándolo, obviamente todo esto la lleva a una decepción, una tremenda decepción por la humanidad, por la vida, por todo que después la llevan a hacer cosas que no les voy a contar, pero obviamente también existen todos esos motivos internos de cada personaje, pero,en general,  la pregunta general digamos de la historia del libro me parece que es esta. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y a través de Ye Wenji y su historia personal vemos algunas respuestas extremas esta pregunta, pero son innumerables las posibles historias que han habido y que pueden haber en relación a este tema, cosas que pueden pasar cuando ideas se convierten en dogma y guían y o norman o financian la búsqueda del conocimiento esperando permanentemente conseguir una autovalidación  o el otro extremo, cuando sea crea o se usa tecnología sin ningún tipo de pensamiento o reflexión o entendimiento de lo que esta tecnología puede llegar a significar. Posibilidad que con la super especialización del conocimiento parece crecer exponencialmente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Antes de hacer el podcast, le hice la misma pregunta que hizo el profesor de física, se la hice aquí a nuestro amigo el chatGPT. Me respondió que hay, digamos, personas, hay dos variantes, hay personas que creen que son los experimentos, la ciencia,  que debe guiar a la filosofía y también hay lo contrario. Los que creen que la ciencia que debe guiar a la filosofía… es el empirismo científico que defiende que los experimentos científicos deberían guiar a la filosofía y por otro lado el estudio de la epistemología y de la filosofía de la ciencia argumentan que la reflexión filosófica sobre la naturaleza del conocimiento, sobre la evidencia que es evidencia, que no es evidencia sobre la metodología científica, ¿no? qué métodos se usan para generar, para adquirir conocimiento…puede proporcionar orientación y marcos conceptuales importantes para la investigación y para la interpretación de los experimentos, que la filosofía puede guiar y cuestionar la dirección de la investigación científica y ofrecer perspectivas críticas sobre los supuestos subyacentes. Chat PT termina diciendo, concluyendo,que en la práctica ambas perspectivas interactúan y se complementan mutuamente. Que puede ser que sea así en la mayoría de los casos, pero al final de la conversación aquí con la inteligencia artificial me quedé yo con la impresión que el chatGTP tiene una impresión, justamente,  bastante benevolente sobre la humanidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En fin. Y el segundo libro, el segundo libro es un intento dramático de resolver otra pregunta, que es la paradoja de Fermi. La paradoja de Fermi es la discrepancia entre la falta de evidencia concluyente de vida extraterrestre avanzada y la aparente alta probabilidad de su existencia. O sea, las probabilidades que seamos los únicos seres con vida inteligente en la vastedad de todo lo que existe, es minúscula; y sin embargo, no hay ninguna evidencia de lo contrario. ¿Por qué? Esa es la pregunta del segundo libro, que me parece, de la misma forma que es la pregunta que guía la historia en términos generales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El Bosque Oscuro comienza con un encuentro entre Ye Wenji, ya anciana, con su compañero de estudios. Bueno, no compañero de estudios, con un compañero de estudios de su hija, en realidad. Que se llama Luo Ji, en su breve encuentro, Ye Wenji le sugiere crear una nueva rama de estudios: la sociología cósmica, que sería el estudio teórico de cómo serían las dinámicas y las relaciones entre supuestas civilizaciones de diferentes planetas. Pero al mismo tiempo, también, cómo serían las dinámicas internas entre las relaciones entre los estados y las personas en la Tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El libro también nos hace pensar sobre eso, el primer libro también ya ya nos hace pensar sobre esas cosas ¿se uniría la humanidad en una sola comunidad digamos identitaria frente a la posibilidad de que existan otros? o se dividirían aún más como por ejemplo pasó con los nativos americanos cuando llegaron los europeos a América.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, son cosas que son interesantes, no? muy interesantes de pensar y aquí en el libro las vemos dramatizadas y es super, super interesante. Y otra vez, con una increíble capacidad de generar asombro, Liu dramatiza ideas de la teoría de los juegos, por ejemplo, como el dilema de seguridad o el dilema del prisionero, y nos confronta con las nociones más básicas de lo que significa ser humano. Este libro me encantó porque este es un tema que me apasiona desde hace mucho tiempo a mí. Y la verdad que no es muy seguido que aparece tan bien explicado y dramatizado como en estos libros. Especialmente en el Bosque Oscuro. La verdad, espectacular. Espectacular esa parte. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;No quiero contar más detalles de la historia para no fregarle la experiencia. Pero por ejemplo, solo así como que para hablar un poco sobre del tema. Recuerdo que en la película de Batman el caballero de la noche también hay una escena en la que el guasón intenta usar el dilema del prisionero como un arma en su batalla moral que tiene con Batman. Coloca bombas en dos barcos, uno con prisioneros y otros con ciudadanos que no son prisioneros. Cada barco tiene un detonador para la bomba del otro barco y de detonar el otro barco antes de la medianoche para salvarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;O sea, los unos pueden hacer explotar al otro, ¿no? En la película, los ciudadanos de Ciudad Gótica tienen la fuerza necesaria para aferrarse a sus principios, a sus ideales, para tomar una decisión moral, incluso en una situación extrema, y así llegan a resolver el dilema. Sin embargo, esta no es la única, y me parece que tampoco es la más probable solución o respuesta al dilema del prisionero. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En fin, El Bosco Oscuro es un librazo, un librazo para leerse en un fin de semana largo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tiene una de las mejores escenas de batallas que he leído, por si acaso, para los que le interesa eso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sobre el tercer libro no voy a decir nada porque todavía lo estoy leyendo, todavía lo estoy disfrutando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otra de las cosas que me gustó de los libros, que un poco da como pena no saber chino, no? Pasa un poco cuando uno lee cualquier libro traducido, pero incluso a través de la traducción se puede apreciar cierta forma de expresión asiática como el uso de la palabra responsabilidad o de la palabra deber en situaciones en la que probablemente en el mundo occidental se usarían otras formas de expresión. Para mí, este es uno de los encantos del libro aunque sería espectacular poder leer cada libro en su idioma original.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;No cuesta nada soñar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otro de sus encantos es el contexto histórico obre todo en el primer libro que comienza en plena revolución cultural como ya conté y luego nos va llevando como de casualidad a través de aciertos y tragedias por el proceso de transformación del estado y de la sociedad china de la segunda mitad del siglo pasado la verdad que es muy interesante eso, no? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y por último otra cosa que me gustó es la capacidad que tiene Liu para contagiar su pasión por las matemáticas, los algoritmos, los números. Él mismo cuenta en una nota al final del primer libro que lo que él intenta hacer en su trabajo es poner en palabras las historias y la belleza que esconden o que están escondidas en las ecuaciones. Con esa habilidad nos muestra y nos comparte un increíble mundo lleno de fantásticas pero eternas y coherentes posibilidades en el que hasta lo más ínfimo puede tomar características colosales o donde la totalidad del todo puede estar en el más pequeño grano de arena del último desierto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Que también no deja de tener su encanto oriental… la verdad es muy bueno, muy bueno espero que les interese ahora yo me voy a continuar leyendo el último libro..&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si lo leen y quieren comentarlo pueden escribirme a &lt;/span&gt;&lt;a href=&#34;mailto:lecturasdelbosque@gmail.com&#34; rel=&#34;nofollow&#34;&gt;lecturasdelbosque@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Estoy pensando hacer un canal de Telegram en el que se pueda conversar sobre las lecturas... al que le interesa, si hay alguien que le interese participar me puede mandar su contacto a ese correo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Bueno, un abrazo y hasta la próxima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p><span>¿Qué tal amigos? ¿Cómo les va? Hace tiempo que no estoy por acá, no es que no haya estado leyendo, sino que he estado leyendo cosas que no tenían mucho parecido con el podcast. Por alguna razón he estado interesado en libros que no tienen nada que ver con el contenido que he hecho hasta ahora Y no quería traer esas lecturas aquí, se sentía un poco como una traición, pero extraño hacer el podcast que al final es como una terapia gratuita pero al mismo tiempo sigo interesado en otro tipo de libros he intentado leer cosas que quisiera comentar en el podcast cosas que me gustan y que quiero leer pero que últimamente no he podido llegar a terminar parece que estoy en una fase de leer otras cosas y como no quiero dejar de hacer el podcast ni quiero dejar de leer lo que me está interesando. Voy a tratar de comentar las cosas que vaya leyendo.</span></p><p><span>Hace unas semanas conseguí el último libro de una trilogía que se llama El Recuerdo del Pasado de la Tierra del escritor chino Liu Cixin aunque no sé muy bien cómo se pronuncia de verdad su nombre y... ya leí los dos primeros pero los acabo de releer para refrescar la memoria el último todavía no lo terminé pero tuve que parar hacer el podcast porque qué libro! qué librazo, sobre todo el segundo libro que se llama El Bosque Oscuro es tremendo, tremendo. Algunas cosas del final no me encantaron, pero la sensación que me dejó la totalidad del libro fue realmente de asombro.</span></p><p><span>Este no es un tipo, no es un libro así, tipo thriller en el que lo que más importa es saber qué es lo que va a pasar a continuación si no es de esos otros libros que te confrontan con cuestiones profundas y esenciales de la realidad y del ser humano no quisiera contar muchos detalles de la historia porque creo que es mejor leerlos sin saberlos sino como siempre, simplemente compartir algunas impresiones pero desde ya lo que puedo decir es que el libro tiene unas escenas poderosísimas. No recuerdo la verdad el último libro que me haya hecho imaginar tanto y quedar nuevamente sorprendido del poder mismo de la imaginación. Estamos tan acostumbrados a todo tipo de efectos especiales, de historias con todo tipo de seres y criaturas e imposibilidades que ya resulta difícil sorprenderse con algo nuevo, cada vez es más difícil tener esa sensación de niño cuando te cuentan algo increíble y maravilloso.</span></p><p><span>Bueno, estos libros lo consiguieron y me trajeron de nuevo esa sensación.</span></p><p><span>Con creatividad y usando esa habilidad para generar asombro Liu nos confronta una y otra vez con conflictos morales, conflictos éticos, sobre el uso del poder, sobre las posibilidades mismas de la existencia y de la realidad, nos hace reflexionar sobre la eterna pregunta de la maldad en el ser humano, sobre nuestro breve paso por la monstruosa enormidad del universo, sobre nuestra convivencia en este pedacito de tierra en el que giramos en el espacio, sobre nuestro tiempo y lo que hacemos con él.</span></p><p><span>El problema de los tres cuerpos comienza en Pekín a finales de los años 60, en plena revolución cultural, con guardias rojos enfrentándose entre ellos y acusándose mutuamente de contrarrevolucionarios también van humillando y ejecutando intelectuales, por ejemplo, públicamente. Uno de los intelectuales es un profesor de física al que cuestionan, humillan y al final matan, con la excusa de lo que él le enseña, como la teoría de la relatividad o la teoría del big bang van en contra de los ideales comunistas. Incluso su esposa llega a participar del acto, por sus propios motivos, y su hija que en esa época era universitaria se encuentra también ahí entre los testigos sin poder hacer nada. Esa joven se llama Ye Wenji y es una de las protagonistas más importantes de la historia.</span></p><p><span>Antes de morir, sin embargo, el profesor de física, cuando está siendo cuestionado por los guardias rojos, hace una pregunta, como defendiéndose en esa, digamos, confrontación pública que tienen. Hace la pregunta de si la filosofía debe guiar a los experimentos o los experimentos deben guiar a la filosofía. Él usa la palabra experimentos, pero creo que también podríamos usar las palabras ciencia o tecnología. Desde mi punto de vista, esta es la reflexión y la pregunta que mueve al primer libro. Y es imposible no ponerse a pensar. Obviamente también están en las cosas internas que le van pasando a los protagonistas, a los protagonistas del libro, ¿no? Por ejemplo a Ye Wenji observar, digamos, ver a su madre haciendo esto, no solo a su madre sino a todos, cuestionando, torturando básicamente a su padre, humillándolo ahí en público, y al final matándolo, obviamente todo esto la lleva a una decepción, una tremenda decepción por la humanidad, por la vida, por todo que después la llevan a hacer cosas que no les voy a contar, pero obviamente también existen todos esos motivos internos de cada personaje, pero,en general,  la pregunta general digamos de la historia del libro me parece que es esta. </span></p><p><span>Y a través de Ye Wenji y su historia personal vemos algunas respuestas extremas esta pregunta, pero son innumerables las posibles historias que han habido y que pueden haber en relación a este tema, cosas que pueden pasar cuando ideas se convierten en dogma y guían y o norman o financian la búsqueda del conocimiento esperando permanentemente conseguir una autovalidación  o el otro extremo, cuando sea crea o se usa tecnología sin ningún tipo de pensamiento o reflexión o entendimiento de lo que esta tecnología puede llegar a significar. Posibilidad que con la super especialización del conocimiento parece crecer exponencialmente.</span></p><p><span>Antes de hacer el podcast, le hice la misma pregunta que hizo el profesor de física, se la hice aquí a nuestro amigo el chatGPT. Me respondió que hay, digamos, personas, hay dos variantes, hay personas que creen que son los experimentos, la ciencia,  que debe guiar a la filosofía y también hay lo contrario. Los que creen que la ciencia que debe guiar a la filosofía… es el empirismo científico que defiende que los experimentos científicos deberían guiar a la filosofía y por otro lado el estudio de la epistemología y de la filosofía de la ciencia argumentan que la reflexión filosófica sobre la naturaleza del conocimiento, sobre la evidencia que es evidencia, que no es evidencia sobre la metodología científica, ¿no? qué métodos se usan para generar, para adquirir conocimiento…puede proporcionar orientación y marcos conceptuales importantes para la investigación y para la interpretación de los experimentos, que la filosofía puede guiar y cuestionar la dirección de la investigación científica y ofrecer perspectivas críticas sobre los supuestos subyacentes. Chat PT termina diciendo, concluyendo,que en la práctica ambas perspectivas interactúan y se complementan mutuamente. Que puede ser que sea así en la mayoría de los casos, pero al final de la conversación aquí con la inteligencia artificial me quedé yo con la impresión que el chatGTP tiene una impresión, justamente,  bastante benevolente sobre la humanidad. </span></p><p><span>En fin. Y el segundo libro, el segundo libro es un intento dramático de resolver otra pregunta, que es la paradoja de Fermi. La paradoja de Fermi es la discrepancia entre la falta de evidencia concluyente de vida extraterrestre avanzada y la aparente alta probabilidad de su existencia. O sea, las probabilidades que seamos los únicos seres con vida inteligente en la vastedad de todo lo que existe, es minúscula; y sin embargo, no hay ninguna evidencia de lo contrario. ¿Por qué? Esa es la pregunta del segundo libro, que me parece, de la misma forma que es la pregunta que guía la historia en términos generales.</span></p><p><span>El Bosque Oscuro comienza con un encuentro entre Ye Wenji, ya anciana, con su compañero de estudios. Bueno, no compañero de estudios, con un compañero de estudios de su hija, en realidad. Que se llama Luo Ji, en su breve encuentro, Ye Wenji le sugiere crear una nueva rama de estudios: la sociología cósmica, que sería el estudio teórico de cómo serían las dinámicas y las relaciones entre supuestas civilizaciones de diferentes planetas. Pero al mismo tiempo, también, cómo serían las dinámicas internas entre las relaciones entre los estados y las personas en la Tierra.</span></p><p><span>El libro también nos hace pensar sobre eso, el primer libro también ya ya nos hace pensar sobre esas cosas ¿se uniría la humanidad en una sola comunidad digamos identitaria frente a la posibilidad de que existan otros? o se dividirían aún más como por ejemplo pasó con los nativos americanos cuando llegaron los europeos a América.</span></p><p><span>Entonces, son cosas que son interesantes, no? muy interesantes de pensar y aquí en el libro las vemos dramatizadas y es super, super interesante. Y otra vez, con una increíble capacidad de generar asombro, Liu dramatiza ideas de la teoría de los juegos, por ejemplo, como el dilema de seguridad o el dilema del prisionero, y nos confronta con las nociones más básicas de lo que significa ser humano. Este libro me encantó porque este es un tema que me apasiona desde hace mucho tiempo a mí. Y la verdad que no es muy seguido que aparece tan bien explicado y dramatizado como en estos libros. Especialmente en el Bosque Oscuro. La verdad, espectacular. Espectacular esa parte. </span></p><p><span>No quiero contar más detalles de la historia para no fregarle la experiencia. Pero por ejemplo, solo así como que para hablar un poco sobre del tema. Recuerdo que en la película de Batman el caballero de la noche también hay una escena en la que el guasón intenta usar el dilema del prisionero como un arma en su batalla moral que tiene con Batman. Coloca bombas en dos barcos, uno con prisioneros y otros con ciudadanos que no son prisioneros. Cada barco tiene un detonador para la bomba del otro barco y de detonar el otro barco antes de la medianoche para salvarse.</span></p><p><span>O sea, los unos pueden hacer explotar al otro, ¿no? En la película, los ciudadanos de Ciudad Gótica tienen la fuerza necesaria para aferrarse a sus principios, a sus ideales, para tomar una decisión moral, incluso en una situación extrema, y así llegan a resolver el dilema. Sin embargo, esta no es la única, y me parece que tampoco es la más probable solución o respuesta al dilema del prisionero. </span></p><p><span>En fin, El Bosco Oscuro es un librazo, un librazo para leerse en un fin de semana largo. </span></p><p><span>Tiene una de las mejores escenas de batallas que he leído, por si acaso, para los que le interesa eso.</span></p><p><span>Sobre el tercer libro no voy a decir nada porque todavía lo estoy leyendo, todavía lo estoy disfrutando.</span></p><p><span>Otra de las cosas que me gustó de los libros, que un poco da como pena no saber chino, no? Pasa un poco cuando uno lee cualquier libro traducido, pero incluso a través de la traducción se puede apreciar cierta forma de expresión asiática como el uso de la palabra responsabilidad o de la palabra deber en situaciones en la que probablemente en el mundo occidental se usarían otras formas de expresión. Para mí, este es uno de los encantos del libro aunque sería espectacular poder leer cada libro en su idioma original.</span></p><p><span>No cuesta nada soñar.</span></p><p><span>Otro de sus encantos es el contexto histórico obre todo en el primer libro que comienza en plena revolución cultural como ya conté y luego nos va llevando como de casualidad a través de aciertos y tragedias por el proceso de transformación del estado y de la sociedad china de la segunda mitad del siglo pasado la verdad que es muy interesante eso, no? </span></p><p><span>Y por último otra cosa que me gustó es la capacidad que tiene Liu para contagiar su pasión por las matemáticas, los algoritmos, los números. Él mismo cuenta en una nota al final del primer libro que lo que él intenta hacer en su trabajo es poner en palabras las historias y la belleza que esconden o que están escondidas en las ecuaciones. Con esa habilidad nos muestra y nos comparte un increíble mundo lleno de fantásticas pero eternas y coherentes posibilidades en el que hasta lo más ínfimo puede tomar características colosales o donde la totalidad del todo puede estar en el más pequeño grano de arena del último desierto.</span></p><p><span>Que también no deja de tener su encanto oriental… la verdad es muy bueno, muy bueno espero que les interese ahora yo me voy a continuar leyendo el último libro..</span></p><p><span>Si lo leen y quieren comentarlo pueden escribirme a </span><a href="mailto:lecturasdelbosque@gmail.com" rel="nofollow">lecturasdelbosque@gmail.com</a><span> </span></p><p><span>Estoy pensando hacer un canal de Telegram en el que se pueda conversar sobre las lecturas... al que le interesa, si hay alguien que le interese participar me puede mandar su contacto a ese correo. </span></p><p><span>Bueno, un abrazo y hasta la próxima.</span></p><p><br></p>
]]></description>
                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;span&gt;¿Qué tal amigos? ¿Cómo les va? Hace tiempo que no estoy por acá, no es que no haya estado leyendo, sino que he estado leyendo cosas que no tenían mucho parecido con el podcast. Por alguna razón he estado interesado en libros que no tienen nada que ver con el contenido que he hecho hasta ahora Y no quería traer esas lecturas aquí, se sentía un poco como una traición, pero extraño hacer el podcast que al final es como una terapia gratuita pero al mismo tiempo sigo interesado en otro tipo de libros he intentado leer cosas que quisiera comentar en el podcast cosas que me gustan y que quiero leer pero que últimamente no he podido llegar a terminar parece que estoy en una fase de leer otras cosas y como no quiero dejar de hacer el podcast ni quiero dejar de leer lo que me está interesando. Voy a tratar de comentar las cosas que vaya leyendo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Hace unas semanas conseguí el último libro de una trilogía que se llama El Recuerdo del Pasado de la Tierra del escritor chino Liu Cixin aunque no sé muy bien cómo se pronuncia de verdad su nombre y... ya leí los dos primeros pero los acabo de releer para refrescar la memoria el último todavía no lo terminé pero tuve que parar hacer el podcast porque qué libro! qué librazo, sobre todo el segundo libro que se llama El Bosque Oscuro es tremendo, tremendo. Algunas cosas del final no me encantaron, pero la sensación que me dejó la totalidad del libro fue realmente de asombro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Este no es un tipo, no es un libro así, tipo thriller en el que lo que más importa es saber qué es lo que va a pasar a continuación si no es de esos otros libros que te confrontan con cuestiones profundas y esenciales de la realidad y del ser humano no quisiera contar muchos detalles de la historia porque creo que es mejor leerlos sin saberlos sino como siempre, simplemente compartir algunas impresiones pero desde ya lo que puedo decir es que el libro tiene unas escenas poderosísimas. No recuerdo la verdad el último libro que me haya hecho imaginar tanto y quedar nuevamente sorprendido del poder mismo de la imaginación. Estamos tan acostumbrados a todo tipo de efectos especiales, de historias con todo tipo de seres y criaturas e imposibilidades que ya resulta difícil sorprenderse con algo nuevo, cada vez es más difícil tener esa sensación de niño cuando te cuentan algo increíble y maravilloso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Bueno, estos libros lo consiguieron y me trajeron de nuevo esa sensación.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Con creatividad y usando esa habilidad para generar asombro Liu nos confronta una y otra vez con conflictos morales, conflictos éticos, sobre el uso del poder, sobre las posibilidades mismas de la existencia y de la realidad, nos hace reflexionar sobre la eterna pregunta de la maldad en el ser humano, sobre nuestro breve paso por la monstruosa enormidad del universo, sobre nuestra convivencia en este pedacito de tierra en el que giramos en el espacio, sobre nuestro tiempo y lo que hacemos con él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El problema de los tres cuerpos comienza en Pekín a finales de los años 60, en plena revolución cultural, con guardias rojos enfrentándose entre ellos y acusándose mutuamente de contrarrevolucionarios también van humillando y ejecutando intelectuales, por ejemplo, públicamente. Uno de los intelectuales es un profesor de física al que cuestionan, humillan y al final matan, con la excusa de lo que él le enseña, como la teoría de la relatividad o la teoría del big bang van en contra de los ideales comunistas. Incluso su esposa llega a participar del acto, por sus propios motivos, y su hija que en esa época era universitaria se encuentra también ahí entre los testigos sin poder hacer nada. Esa joven se llama Ye Wenji y es una de las protagonistas más importantes de la historia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Antes de morir, sin embargo, el profesor de física, cuando está siendo cuestionado por los guardias rojos, hace una pregunta, como defendiéndose en esa, digamos, confrontación pública que tienen. Hace la pregunta de si la filosofía debe guiar a los experimentos o los experimentos deben guiar a la filosofía. Él usa la palabra experimentos, pero creo que también podríamos usar las palabras ciencia o tecnología. Desde mi punto de vista, esta es la reflexión y la pregunta que mueve al primer libro. Y es imposible no ponerse a pensar. Obviamente también están en las cosas internas que le van pasando a los protagonistas, a los protagonistas del libro, ¿no? Por ejemplo a Ye Wenji observar, digamos, ver a su madre haciendo esto, no solo a su madre sino a todos, cuestionando, torturando básicamente a su padre, humillándolo ahí en público, y al final matándolo, obviamente todo esto la lleva a una decepción, una tremenda decepción por la humanidad, por la vida, por todo que después la llevan a hacer cosas que no les voy a contar, pero obviamente también existen todos esos motivos internos de cada personaje, pero,en general,  la pregunta general digamos de la historia del libro me parece que es esta. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y a través de Ye Wenji y su historia personal vemos algunas respuestas extremas esta pregunta, pero son innumerables las posibles historias que han habido y que pueden haber en relación a este tema, cosas que pueden pasar cuando ideas se convierten en dogma y guían y o norman o financian la búsqueda del conocimiento esperando permanentemente conseguir una autovalidación  o el otro extremo, cuando sea crea o se usa tecnología sin ningún tipo de pensamiento o reflexión o entendimiento de lo que esta tecnología puede llegar a significar. Posibilidad que con la super especialización del conocimiento parece crecer exponencialmente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Antes de hacer el podcast, le hice la misma pregunta que hizo el profesor de física, se la hice aquí a nuestro amigo el chatGPT. Me respondió que hay, digamos, personas, hay dos variantes, hay personas que creen que son los experimentos, la ciencia,  que debe guiar a la filosofía y también hay lo contrario. Los que creen que la ciencia que debe guiar a la filosofía… es el empirismo científico que defiende que los experimentos científicos deberían guiar a la filosofía y por otro lado el estudio de la epistemología y de la filosofía de la ciencia argumentan que la reflexión filosófica sobre la naturaleza del conocimiento, sobre la evidencia que es evidencia, que no es evidencia sobre la metodología científica, ¿no? qué métodos se usan para generar, para adquirir conocimiento…puede proporcionar orientación y marcos conceptuales importantes para la investigación y para la interpretación de los experimentos, que la filosofía puede guiar y cuestionar la dirección de la investigación científica y ofrecer perspectivas críticas sobre los supuestos subyacentes. Chat PT termina diciendo, concluyendo,que en la práctica ambas perspectivas interactúan y se complementan mutuamente. Que puede ser que sea así en la mayoría de los casos, pero al final de la conversación aquí con la inteligencia artificial me quedé yo con la impresión que el chatGTP tiene una impresión, justamente,  bastante benevolente sobre la humanidad. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En fin. Y el segundo libro, el segundo libro es un intento dramático de resolver otra pregunta, que es la paradoja de Fermi. La paradoja de Fermi es la discrepancia entre la falta de evidencia concluyente de vida extraterrestre avanzada y la aparente alta probabilidad de su existencia. O sea, las probabilidades que seamos los únicos seres con vida inteligente en la vastedad de todo lo que existe, es minúscula; y sin embargo, no hay ninguna evidencia de lo contrario. ¿Por qué? Esa es la pregunta del segundo libro, que me parece, de la misma forma que es la pregunta que guía la historia en términos generales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El Bosque Oscuro comienza con un encuentro entre Ye Wenji, ya anciana, con su compañero de estudios. Bueno, no compañero de estudios, con un compañero de estudios de su hija, en realidad. Que se llama Luo Ji, en su breve encuentro, Ye Wenji le sugiere crear una nueva rama de estudios: la sociología cósmica, que sería el estudio teórico de cómo serían las dinámicas y las relaciones entre supuestas civilizaciones de diferentes planetas. Pero al mismo tiempo, también, cómo serían las dinámicas internas entre las relaciones entre los estados y las personas en la Tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;El libro también nos hace pensar sobre eso, el primer libro también ya ya nos hace pensar sobre esas cosas ¿se uniría la humanidad en una sola comunidad digamos identitaria frente a la posibilidad de que existan otros? o se dividirían aún más como por ejemplo pasó con los nativos americanos cuando llegaron los europeos a América.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Entonces, son cosas que son interesantes, no? muy interesantes de pensar y aquí en el libro las vemos dramatizadas y es super, super interesante. Y otra vez, con una increíble capacidad de generar asombro, Liu dramatiza ideas de la teoría de los juegos, por ejemplo, como el dilema de seguridad o el dilema del prisionero, y nos confronta con las nociones más básicas de lo que significa ser humano. Este libro me encantó porque este es un tema que me apasiona desde hace mucho tiempo a mí. Y la verdad que no es muy seguido que aparece tan bien explicado y dramatizado como en estos libros. Especialmente en el Bosque Oscuro. La verdad, espectacular. Espectacular esa parte. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;No quiero contar más detalles de la historia para no fregarle la experiencia. Pero por ejemplo, solo así como que para hablar un poco sobre del tema. Recuerdo que en la película de Batman el caballero de la noche también hay una escena en la que el guasón intenta usar el dilema del prisionero como un arma en su batalla moral que tiene con Batman. Coloca bombas en dos barcos, uno con prisioneros y otros con ciudadanos que no son prisioneros. Cada barco tiene un detonador para la bomba del otro barco y de detonar el otro barco antes de la medianoche para salvarse.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;O sea, los unos pueden hacer explotar al otro, ¿no? En la película, los ciudadanos de Ciudad Gótica tienen la fuerza necesaria para aferrarse a sus principios, a sus ideales, para tomar una decisión moral, incluso en una situación extrema, y así llegan a resolver el dilema. Sin embargo, esta no es la única, y me parece que tampoco es la más probable solución o respuesta al dilema del prisionero. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;En fin, El Bosco Oscuro es un librazo, un librazo para leerse en un fin de semana largo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Tiene una de las mejores escenas de batallas que he leído, por si acaso, para los que le interesa eso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Sobre el tercer libro no voy a decir nada porque todavía lo estoy leyendo, todavía lo estoy disfrutando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otra de las cosas que me gustó de los libros, que un poco da como pena no saber chino, no? Pasa un poco cuando uno lee cualquier libro traducido, pero incluso a través de la traducción se puede apreciar cierta forma de expresión asiática como el uso de la palabra responsabilidad o de la palabra deber en situaciones en la que probablemente en el mundo occidental se usarían otras formas de expresión. Para mí, este es uno de los encantos del libro aunque sería espectacular poder leer cada libro en su idioma original.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;No cuesta nada soñar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Otro de sus encantos es el contexto histórico obre todo en el primer libro que comienza en plena revolución cultural como ya conté y luego nos va llevando como de casualidad a través de aciertos y tragedias por el proceso de transformación del estado y de la sociedad china de la segunda mitad del siglo pasado la verdad que es muy interesante eso, no? &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Y por último otra cosa que me gustó es la capacidad que tiene Liu para contagiar su pasión por las matemáticas, los algoritmos, los números. Él mismo cuenta en una nota al final del primer libro que lo que él intenta hacer en su trabajo es poner en palabras las historias y la belleza que esconden o que están escondidas en las ecuaciones. Con esa habilidad nos muestra y nos comparte un increíble mundo lleno de fantásticas pero eternas y coherentes posibilidades en el que hasta lo más ínfimo puede tomar características colosales o donde la totalidad del todo puede estar en el más pequeño grano de arena del último desierto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Que también no deja de tener su encanto oriental… la verdad es muy bueno, muy bueno espero que les interese ahora yo me voy a continuar leyendo el último libro..&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Si lo leen y quieren comentarlo pueden escribirme a &lt;/span&gt;&lt;a href=&#34;mailto:lecturasdelbosque@gmail.com&#34; rel=&#34;nofollow&#34;&gt;lecturasdelbosque@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Estoy pensando hacer un canal de Telegram en el que se pueda conversar sobre las lecturas... al que le interesa, si hay alguien que le interese participar me puede mandar su contacto a ese correo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span&gt;Bueno, un abrazo y hasta la próxima.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 14 Jan 2024 18:02:37 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#16 El Infierno tan temido - Juan Carlos Onetti</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Lectura de unos de los mejores cuentos del reconocido escritor uruguayo Juan Carlos Onetti.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sat, 25 Mar 2023 16:49:42 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#15 Tlön, Uqbar, Orbis Tertius  - Jorge Luis Borges</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Confieso que hasta hace poco no había leído casi nada de Borges, porque aunque suene a pecado, no me había llamado mucho la atención. Tal vez por la fama que tiene Borges de escribir cosas super mentales y complejas, tal vez por todo el aire intelectual que gira a su alrededor, tal vez por esa especie de respeto y nostalgia que inspira todo el personaje: el viejo ciego, erudito y de bastón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y eso que tuve durante años, en el estante de mis libros ,un retrato de Borges, pintado por Ricardo Jordan, un cuadro que me había prestado Yoyó. Y aún así no lo leía, he sido una farsa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero creo que debo estar lejos de ser la única persona que se haya sentido intimidada por Borges. Así que en este episodio quería hablar de uno de sus cuentos, a ver si se animan a leerlo, porque disfrutar a Borges no es tan complicado como parece, y además, los va a enriquecer con un arsenal de frases tremendas, y de ideas loquísimas, que desafian el límite mismo de lo que se puede imaginar y que se pueden usar hasta para los más maquiavélicos de los proyectos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El caso para mi se resolvió el pasado Diciembre, cuando fui a visitar a mi familia, y unos días después de navidad vi a uno de mis tíos, a mi tio Quico. Mi tío Quico es un tipo super interesante. A pesar que desprecia la mayoria de las cosas que lee y que ha leido, el tipo siempre está leyendo. Conozco a pocas personas que lean tanto como él. Y además, como es medio hipocondriaco, siempre está comiendo sano y haciendo ejercicios. Asi que, qunque tiene una tendencia a renegar a gritos sobre cualquier cosa que no le agrada – y pocas cosas le agradan – debe estar aparentando unos 20 años menos de los que tiene en realidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La cosa es que unos días después de navidad me topé con mi tio Quico, y le comenté que estaba haciendo este podcast. Me preguntó si había hecho algo sobre Borges y cuando le dije que no había leido mucho de Borges pude ver como se le iba perdiendo la mirada y como comenzaban a rechinarle los dientes, casi que le temblaba el labio de arriba, pero se aguantó las ganas de renegar hasta que se levantó. Despues de un rato volvió con un librito de cubierta de cuero oscuro y letras doraras: era Ficciones, de Borges, lo puso en la mesa y me lo regaló. Y así due comencé de leer de verdad a Borges. Hace poco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quería hablar de uno de sus cuentos: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ya de entrada vemos que comienza con un nombre medio extraño. Pero no se asusten.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el prólogo, Borges, que nunca escribió nada que no fuese breve, ya nos dice:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explorar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario. Así procedió Carlyle en Sator Resartus; así Butler en The Fair Haven; obras que tienen la imperfección de ser libros también, no menos tautalógicos que los otros. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y este cuento es basicamente eso, notas sobre un libro imaginario. Pero no es cualquier libro. Ya vamos a llegar a lo importante. Por ahora sigamos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el cuento, el propio Borges hace de narrador personaje y nos va contando cómo va descubriendo más y más cosas sobre ese libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En ese libro se describe un universo diseñado durante varias generaciones, por un número incierto de personas, cada una especializada en una disciplina diferente. Unos inventaron su geografía, otros su fauna y flora, otros sus leyes físicas, otros su geometría, otros sus lenguajes, otros sus poesías, sus filosofías, sus religiones, etc. Un trabajazo ultra detallado que van haciendo en diferentes tomos de su propia enciclopedia que poco a poco van siendo filtradas al público en general.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero en ese mundo todas estas disciplinas tenían algo en común: todas estaban guiadas por un profundo idealismo subjetivo. O sea, la idea principal de que la sustancia material no existe, sino que todas las cosas son percebidas por la mente. La idea de que ser, es ser percebido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El obispo y filosofo irlandés George Berkeley basó su filosofia en esta idea. Para él, la cosas materiales no existen, o mejor dicho, solo existen en tanto las percebimos; y nuestra realidad es básicamente un conjunto de ideas compartidas que podemos percibir gracias a la conciencia de Dios, que nos hace percebirlas de manera coherente. Como si estuviesemos viviendo en una especie programa tipo Matrix que tiene Dios para nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el cuento, también aparece don George Berkeley, como uno de los miembros que diseñan este mundo imaginario. El nombre del mundo es Tlon. Y en Tlön, la realidad, en lugar de estar hecha de la consciencia de Dios, está hecha de las conciencias del grupo de personas que van imaginando y diseñando el mundo en su enciclopedia, o a través de su enciclopedia. En Tlön, los hombres cumplen el papel de Dios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hasta aquí todo benevolo e inofensivo. Pero las cosas se ponen más interesantes cuando poco a poco la realidad de Tlon comienza a invadir la nuestra. Cuando poco a poco nuestro mundo comienza a convertirse en Tlon.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alucinante es poco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para saber cómo es que pasa eso, hay que leer el libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas esencialísimas y siempre importantes en la que nos deja pensando el cuento es en la naturaleza misma de la realidad:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué es la realidad? El sufrimiento de una de persona en el Donbás? Las noticias de las barbaridades que pasan en las calles? La idea y el sentimiento colectivo de de la percepción de una injusticia? O Los profundos e infinitos laberintos de mi propio mundo interior? O del mundo de Victor Hugo, no es terrible también sufrimiento de Jean Valjean.? No es real? Qué es real?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las novedades de conocidos y desconocidos en redes sociales? Porque ya casi que parece que si algo no está en internet no ha sucedido realmente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Reemplacemos la palabra real por la palabra importante. Qué es lo que hace que algo sea importante? Las efímeras emociones que nos provacan? Su permanencia en la conciencia de la gente? El hecho de que podamos no solo mirarlas sino tambiñen tocarlas? O el hecho de que algo sea, de alguna forma, parte de nosotros? Si seguimos así en cualquier momento nos topamos con dios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Puede que parezca algo trivial, pero es una de las preguntas más antiguas que se viene haciendo el ser humano. Cómo puede uno andar por la vida sin preguntarse qué es la realidad, qué es la verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se habla mucho de lo fantástico en Borges, pero este fantástico no es de magos con varitas mágicas, dragones que escupen fuego, o de leones que pueden hablar; tampoco es fantástico en el sentido de tener mariposas amarillas que persiguen por todas partes a un hombre enamorado, o pueblos fantasmas en el que sus habitantes se niegan a morir. Sus historias, como pudieron ver, son fantásticas en el sentido que decía antes, que llegan a desafiar a nuestra propia imaginación, nuestra capacidad misma de imaginars; por ejemplo: un libro infinito que resulta que es un laberinto, en el que los caminos estan hechos de tiempo y no de espacio, o un hombre que da vida a otro hombre tan solo soñándolo, y que para evitarle el sufrimiento, le oculta su origen onírico, solo para descubrir más tarde, que él mismo también estaba siendo soñado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que locura no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí leo un fragmento justamente de Tlön, para que se hagan una idea:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“ … unas de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya &lt;em&gt;todo el tiempo &lt;/em&gt;y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo – y en ella nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas – es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que solo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuantas novelas, series, peliculas, obras de teatro pueden salir solamente de ese párrafo? haha&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Algunas películas modernas se parecen a estas ideas Borges. Christopher Nolan, de hecho es su admirador confeso, y no es de extrañar que películas como Interestellar, Tennet, Memento, o Inception, nos hagan recuerdo a algunas historias de Borges. O sea que si te gustan estas películas, y te gusta leer, es practicamente seguro que te va gustar Borges.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ademas de estas ideas que desafían la propia fantasía, Borges tiene un uso del lenguage que a veces es... no se, brutal y sublime, al mismo tiempo. En una frase te tira dos sopapos, que te dejan pasmado, pensando. En una frase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por ejemplo, en el episodio que hice, aquñí en el podcast sobre mi queridísimo Capitan de Ultramar, al querer expresar que la vida es en realidad como la recordamos, usé la cita de García Marquez de que la vida no es como uno la vive, sino como uno la recuerda para contarla. Pero si en ese entonces ya hubiese leído a Borges, sin duda hubiese citado a Borges, que queda mucho más elegante, y que también combina perfectamente con mi amigo Vasco Moscoso de Aragao, escuchen a Borges:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“somos nuestra memoria, somos ese químerico museo de formas inconsistentes, ese monton de espejos rotos”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, repito, leer a Borges solo nos puede enriquecer. Espero que se animen y que disfruten.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para quien esté interesado en un buen análisis sobre Borges y su obra, voy a dejar un link aquí en la descripción, un link de una serie de videos de una conferencia sobre Borges que da Ricardo Piglia que es muy buena.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un abrazo, y hasta la próxima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;https://www.youtube.com/results?search_query=borges&#43;por&#43;piglia&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Confieso que hasta hace poco no había leído casi nada de Borges, porque aunque suene a pecado, no me había llamado mucho la atención. Tal vez por la fama que tiene Borges de escribir cosas super mentales y complejas, tal vez por todo el aire intelectual que gira a su alrededor, tal vez por esa especie de respeto y nostalgia que inspira todo el personaje: el viejo ciego, erudito y de bastón.</p><p>Y eso que tuve durante años, en el estante de mis libros ,un retrato de Borges, pintado por Ricardo Jordan, un cuadro que me había prestado Yoyó. Y aún así no lo leía, he sido una farsa.</p><p>Pero creo que debo estar lejos de ser la única persona que se haya sentido intimidada por Borges. Así que en este episodio quería hablar de uno de sus cuentos, a ver si se animan a leerlo, porque disfrutar a Borges no es tan complicado como parece, y además, los va a enriquecer con un arsenal de frases tremendas, y de ideas loquísimas, que desafian el límite mismo de lo que se puede imaginar y que se pueden usar hasta para los más maquiavélicos de los proyectos.</p><p>El caso para mi se resolvió el pasado Diciembre, cuando fui a visitar a mi familia, y unos días después de navidad vi a uno de mis tíos, a mi tio Quico. Mi tío Quico es un tipo super interesante. A pesar que desprecia la mayoria de las cosas que lee y que ha leido, el tipo siempre está leyendo. Conozco a pocas personas que lean tanto como él. Y además, como es medio hipocondriaco, siempre está comiendo sano y haciendo ejercicios. Asi que, qunque tiene una tendencia a renegar a gritos sobre cualquier cosa que no le agrada – y pocas cosas le agradan – debe estar aparentando unos 20 años menos de los que tiene en realidad.</p><p>La cosa es que unos días después de navidad me topé con mi tio Quico, y le comenté que estaba haciendo este podcast. Me preguntó si había hecho algo sobre Borges y cuando le dije que no había leido mucho de Borges pude ver como se le iba perdiendo la mirada y como comenzaban a rechinarle los dientes, casi que le temblaba el labio de arriba, pero se aguantó las ganas de renegar hasta que se levantó. Despues de un rato volvió con un librito de cubierta de cuero oscuro y letras doraras: era Ficciones, de Borges, lo puso en la mesa y me lo regaló. Y así due comencé de leer de verdad a Borges. Hace poco.</p><p>Hoy quería hablar de uno de sus cuentos: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.</p><p>Ya de entrada vemos que comienza con un nombre medio extraño. Pero no se asusten.</p><p>En el prólogo, Borges, que nunca escribió nada que no fuese breve, ya nos dice:</p><p>“Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explorar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario. Así procedió Carlyle en Sator Resartus; así Butler en The Fair Haven; obras que tienen la imperfección de ser libros también, no menos tautalógicos que los otros. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios.”</p><p>Y este cuento es basicamente eso, notas sobre un libro imaginario. Pero no es cualquier libro. Ya vamos a llegar a lo importante. Por ahora sigamos.</p><p>En el cuento, el propio Borges hace de narrador personaje y nos va contando cómo va descubriendo más y más cosas sobre ese libro.</p><p>En ese libro se describe un universo diseñado durante varias generaciones, por un número incierto de personas, cada una especializada en una disciplina diferente. Unos inventaron su geografía, otros su fauna y flora, otros sus leyes físicas, otros su geometría, otros sus lenguajes, otros sus poesías, sus filosofías, sus religiones, etc. Un trabajazo ultra detallado que van haciendo en diferentes tomos de su propia enciclopedia que poco a poco van siendo filtradas al público en general.</p><p>Pero en ese mundo todas estas disciplinas tenían algo en común: todas estaban guiadas por un profundo idealismo subjetivo. O sea, la idea principal de que la sustancia material no existe, sino que todas las cosas son percebidas por la mente. La idea de que ser, es ser percebido.</p><p>El obispo y filosofo irlandés George Berkeley basó su filosofia en esta idea. Para él, la cosas materiales no existen, o mejor dicho, solo existen en tanto las percebimos; y nuestra realidad es básicamente un conjunto de ideas compartidas que podemos percibir gracias a la conciencia de Dios, que nos hace percebirlas de manera coherente. Como si estuviesemos viviendo en una especie programa tipo Matrix que tiene Dios para nosotros.</p><p>En el cuento, también aparece don George Berkeley, como uno de los miembros que diseñan este mundo imaginario. El nombre del mundo es Tlon. Y en Tlön, la realidad, en lugar de estar hecha de la consciencia de Dios, está hecha de las conciencias del grupo de personas que van imaginando y diseñando el mundo en su enciclopedia, o a través de su enciclopedia. En Tlön, los hombres cumplen el papel de Dios.</p><p>Hasta aquí todo benevolo e inofensivo. Pero las cosas se ponen más interesantes cuando poco a poco la realidad de Tlon comienza a invadir la nuestra. Cuando poco a poco nuestro mundo comienza a convertirse en Tlon.</p><p>Alucinante es poco.</p><p>Para saber cómo es que pasa eso, hay que leer el libro.</p><p>Una de las cosas esencialísimas y siempre importantes en la que nos deja pensando el cuento es en la naturaleza misma de la realidad:</p><p>Qué es la realidad? El sufrimiento de una de persona en el Donbás? Las noticias de las barbaridades que pasan en las calles? La idea y el sentimiento colectivo de de la percepción de una injusticia? O Los profundos e infinitos laberintos de mi propio mundo interior? O del mundo de Victor Hugo, no es terrible también sufrimiento de Jean Valjean.? No es real? Qué es real?</p><p>Las novedades de conocidos y desconocidos en redes sociales? Porque ya casi que parece que si algo no está en internet no ha sucedido realmente.</p><p>Reemplacemos la palabra real por la palabra importante. Qué es lo que hace que algo sea importante? Las efímeras emociones que nos provacan? Su permanencia en la conciencia de la gente? El hecho de que podamos no solo mirarlas sino tambiñen tocarlas? O el hecho de que algo sea, de alguna forma, parte de nosotros? Si seguimos así en cualquier momento nos topamos con dios.</p><p>Puede que parezca algo trivial, pero es una de las preguntas más antiguas que se viene haciendo el ser humano. Cómo puede uno andar por la vida sin preguntarse qué es la realidad, qué es la verdad.</p><p>Se habla mucho de lo fantástico en Borges, pero este fantástico no es de magos con varitas mágicas, dragones que escupen fuego, o de leones que pueden hablar; tampoco es fantástico en el sentido de tener mariposas amarillas que persiguen por todas partes a un hombre enamorado, o pueblos fantasmas en el que sus habitantes se niegan a morir. Sus historias, como pudieron ver, son fantásticas en el sentido que decía antes, que llegan a desafiar a nuestra propia imaginación, nuestra capacidad misma de imaginars; por ejemplo: un libro infinito que resulta que es un laberinto, en el que los caminos estan hechos de tiempo y no de espacio, o un hombre que da vida a otro hombre tan solo soñándolo, y que para evitarle el sufrimiento, le oculta su origen onírico, solo para descubrir más tarde, que él mismo también estaba siendo soñado.</p><p>Que locura no?</p><p>Aquí leo un fragmento justamente de Tlön, para que se hagan una idea:</p><p>“ … unas de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya <em>todo el tiempo </em>y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo – y en ella nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas – es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.</p><p>Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que solo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.”</p><p>Cuantas novelas, series, peliculas, obras de teatro pueden salir solamente de ese párrafo? haha</p><p>Algunas películas modernas se parecen a estas ideas Borges. Christopher Nolan, de hecho es su admirador confeso, y no es de extrañar que películas como Interestellar, Tennet, Memento, o Inception, nos hagan recuerdo a algunas historias de Borges. O sea que si te gustan estas películas, y te gusta leer, es practicamente seguro que te va gustar Borges.</p><p>Ademas de estas ideas que desafían la propia fantasía, Borges tiene un uso del lenguage que a veces es... no se, brutal y sublime, al mismo tiempo. En una frase te tira dos sopapos, que te dejan pasmado, pensando. En una frase.</p><p>Por ejemplo, en el episodio que hice, aquñí en el podcast sobre mi queridísimo Capitan de Ultramar, al querer expresar que la vida es en realidad como la recordamos, usé la cita de García Marquez de que la vida no es como uno la vive, sino como uno la recuerda para contarla. Pero si en ese entonces ya hubiese leído a Borges, sin duda hubiese citado a Borges, que queda mucho más elegante, y que también combina perfectamente con mi amigo Vasco Moscoso de Aragao, escuchen a Borges:</p><p>“somos nuestra memoria, somos ese químerico museo de formas inconsistentes, ese monton de espejos rotos”.</p><p>En fin, repito, leer a Borges solo nos puede enriquecer. Espero que se animen y que disfruten.</p><p>Para quien esté interesado en un buen análisis sobre Borges y su obra, voy a dejar un link aquí en la descripción, un link de una serie de videos de una conferencia sobre Borges que da Ricardo Piglia que es muy buena.</p><p>Un abrazo, y hasta la próxima.</p><p>https://www.youtube.com/results?search_query=borges+por+piglia</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Confieso que hasta hace poco no había leído casi nada de Borges, porque aunque suene a pecado, no me había llamado mucho la atención. Tal vez por la fama que tiene Borges de escribir cosas super mentales y complejas, tal vez por todo el aire intelectual que gira a su alrededor, tal vez por esa especie de respeto y nostalgia que inspira todo el personaje: el viejo ciego, erudito y de bastón.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y eso que tuve durante años, en el estante de mis libros ,un retrato de Borges, pintado por Ricardo Jordan, un cuadro que me había prestado Yoyó. Y aún así no lo leía, he sido una farsa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero creo que debo estar lejos de ser la única persona que se haya sentido intimidada por Borges. Así que en este episodio quería hablar de uno de sus cuentos, a ver si se animan a leerlo, porque disfrutar a Borges no es tan complicado como parece, y además, los va a enriquecer con un arsenal de frases tremendas, y de ideas loquísimas, que desafian el límite mismo de lo que se puede imaginar y que se pueden usar hasta para los más maquiavélicos de los proyectos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El caso para mi se resolvió el pasado Diciembre, cuando fui a visitar a mi familia, y unos días después de navidad vi a uno de mis tíos, a mi tio Quico. Mi tío Quico es un tipo super interesante. A pesar que desprecia la mayoria de las cosas que lee y que ha leido, el tipo siempre está leyendo. Conozco a pocas personas que lean tanto como él. Y además, como es medio hipocondriaco, siempre está comiendo sano y haciendo ejercicios. Asi que, qunque tiene una tendencia a renegar a gritos sobre cualquier cosa que no le agrada – y pocas cosas le agradan – debe estar aparentando unos 20 años menos de los que tiene en realidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La cosa es que unos días después de navidad me topé con mi tio Quico, y le comenté que estaba haciendo este podcast. Me preguntó si había hecho algo sobre Borges y cuando le dije que no había leido mucho de Borges pude ver como se le iba perdiendo la mirada y como comenzaban a rechinarle los dientes, casi que le temblaba el labio de arriba, pero se aguantó las ganas de renegar hasta que se levantó. Despues de un rato volvió con un librito de cubierta de cuero oscuro y letras doraras: era Ficciones, de Borges, lo puso en la mesa y me lo regaló. Y así due comencé de leer de verdad a Borges. Hace poco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quería hablar de uno de sus cuentos: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ya de entrada vemos que comienza con un nombre medio extraño. Pero no se asusten.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el prólogo, Borges, que nunca escribió nada que no fuese breve, ya nos dice:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explorar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Mejor procedimiento es simular que esos libros ya existen y ofrecer un resumen, un comentario. Así procedió Carlyle en Sator Resartus; así Butler en The Fair Haven; obras que tienen la imperfección de ser libros también, no menos tautalógicos que los otros. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y este cuento es basicamente eso, notas sobre un libro imaginario. Pero no es cualquier libro. Ya vamos a llegar a lo importante. Por ahora sigamos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el cuento, el propio Borges hace de narrador personaje y nos va contando cómo va descubriendo más y más cosas sobre ese libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En ese libro se describe un universo diseñado durante varias generaciones, por un número incierto de personas, cada una especializada en una disciplina diferente. Unos inventaron su geografía, otros su fauna y flora, otros sus leyes físicas, otros su geometría, otros sus lenguajes, otros sus poesías, sus filosofías, sus religiones, etc. Un trabajazo ultra detallado que van haciendo en diferentes tomos de su propia enciclopedia que poco a poco van siendo filtradas al público en general.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero en ese mundo todas estas disciplinas tenían algo en común: todas estaban guiadas por un profundo idealismo subjetivo. O sea, la idea principal de que la sustancia material no existe, sino que todas las cosas son percebidas por la mente. La idea de que ser, es ser percebido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El obispo y filosofo irlandés George Berkeley basó su filosofia en esta idea. Para él, la cosas materiales no existen, o mejor dicho, solo existen en tanto las percebimos; y nuestra realidad es básicamente un conjunto de ideas compartidas que podemos percibir gracias a la conciencia de Dios, que nos hace percebirlas de manera coherente. Como si estuviesemos viviendo en una especie programa tipo Matrix que tiene Dios para nosotros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el cuento, también aparece don George Berkeley, como uno de los miembros que diseñan este mundo imaginario. El nombre del mundo es Tlon. Y en Tlön, la realidad, en lugar de estar hecha de la consciencia de Dios, está hecha de las conciencias del grupo de personas que van imaginando y diseñando el mundo en su enciclopedia, o a través de su enciclopedia. En Tlön, los hombres cumplen el papel de Dios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hasta aquí todo benevolo e inofensivo. Pero las cosas se ponen más interesantes cuando poco a poco la realidad de Tlon comienza a invadir la nuestra. Cuando poco a poco nuestro mundo comienza a convertirse en Tlon.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alucinante es poco.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para saber cómo es que pasa eso, hay que leer el libro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas esencialísimas y siempre importantes en la que nos deja pensando el cuento es en la naturaleza misma de la realidad:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué es la realidad? El sufrimiento de una de persona en el Donbás? Las noticias de las barbaridades que pasan en las calles? La idea y el sentimiento colectivo de de la percepción de una injusticia? O Los profundos e infinitos laberintos de mi propio mundo interior? O del mundo de Victor Hugo, no es terrible también sufrimiento de Jean Valjean.? No es real? Qué es real?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Las novedades de conocidos y desconocidos en redes sociales? Porque ya casi que parece que si algo no está en internet no ha sucedido realmente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Reemplacemos la palabra real por la palabra importante. Qué es lo que hace que algo sea importante? Las efímeras emociones que nos provacan? Su permanencia en la conciencia de la gente? El hecho de que podamos no solo mirarlas sino tambiñen tocarlas? O el hecho de que algo sea, de alguna forma, parte de nosotros? Si seguimos así en cualquier momento nos topamos con dios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Puede que parezca algo trivial, pero es una de las preguntas más antiguas que se viene haciendo el ser humano. Cómo puede uno andar por la vida sin preguntarse qué es la realidad, qué es la verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se habla mucho de lo fantástico en Borges, pero este fantástico no es de magos con varitas mágicas, dragones que escupen fuego, o de leones que pueden hablar; tampoco es fantástico en el sentido de tener mariposas amarillas que persiguen por todas partes a un hombre enamorado, o pueblos fantasmas en el que sus habitantes se niegan a morir. Sus historias, como pudieron ver, son fantásticas en el sentido que decía antes, que llegan a desafiar a nuestra propia imaginación, nuestra capacidad misma de imaginars; por ejemplo: un libro infinito que resulta que es un laberinto, en el que los caminos estan hechos de tiempo y no de espacio, o un hombre que da vida a otro hombre tan solo soñándolo, y que para evitarle el sufrimiento, le oculta su origen onírico, solo para descubrir más tarde, que él mismo también estaba siendo soñado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que locura no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí leo un fragmento justamente de Tlön, para que se hagan una idea:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“ … unas de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente. Otra escuela declara que ha transcurrido ya &lt;em&gt;todo el tiempo &lt;/em&gt;y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo – y en ella nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas – es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que solo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuantas novelas, series, peliculas, obras de teatro pueden salir solamente de ese párrafo? haha&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Algunas películas modernas se parecen a estas ideas Borges. Christopher Nolan, de hecho es su admirador confeso, y no es de extrañar que películas como Interestellar, Tennet, Memento, o Inception, nos hagan recuerdo a algunas historias de Borges. O sea que si te gustan estas películas, y te gusta leer, es practicamente seguro que te va gustar Borges.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ademas de estas ideas que desafían la propia fantasía, Borges tiene un uso del lenguage que a veces es... no se, brutal y sublime, al mismo tiempo. En una frase te tira dos sopapos, que te dejan pasmado, pensando. En una frase.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por ejemplo, en el episodio que hice, aquñí en el podcast sobre mi queridísimo Capitan de Ultramar, al querer expresar que la vida es en realidad como la recordamos, usé la cita de García Marquez de que la vida no es como uno la vive, sino como uno la recuerda para contarla. Pero si en ese entonces ya hubiese leído a Borges, sin duda hubiese citado a Borges, que queda mucho más elegante, y que también combina perfectamente con mi amigo Vasco Moscoso de Aragao, escuchen a Borges:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“somos nuestra memoria, somos ese químerico museo de formas inconsistentes, ese monton de espejos rotos”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, repito, leer a Borges solo nos puede enriquecer. Espero que se animen y que disfruten.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para quien esté interesado en un buen análisis sobre Borges y su obra, voy a dejar un link aquí en la descripción, un link de una serie de videos de una conferencia sobre Borges que da Ricardo Piglia que es muy buena.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un abrazo, y hasta la próxima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;https://www.youtube.com/results?search_query=borges&#43;por&#43;piglia&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sat, 11 Mar 2023 21:27:58 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#14 Los Reyes - Julio Cortázar</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Mi madre tenía un maestro de tai chi, el Sr. Zhu, un viejito de China, muy sabio, con el que tuve la suerte de conversar con él algunas veces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un día el Sr Zhu me dice así con su español a medias que todo es lo mismo que nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese rato no supe muy bien como responderle, pero esa frase se me quedó, y de vez en cuando vuelve para atormentarme haha. Mientras pensaba en hacer este episodio la frase estuvo flotando todo el tiempo aquí a mi alrededor, así que la dejo aquí de Intro antes de comenzar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora sí. Hola Hola mi nombre es Camilo, y bienvenidos a Lecturas del Bosque. Hoy día quiero hablar de un libro de Julio Cortázar que se llama Los Reyes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Julio Cortazar es uno de los escritores argentinos más famosos y reconocidos, fue parte del boom latinoamericano y es considerado uno de los autores más innovadores de su tiempo. Por ejemplo su libro más famoso, Rayuela - que yo no he leído todavía, está anotado en las deudas pendientes - tiene diferentes finales y diferentes formas de leerse, es un libro muy estudiado y analizado por los críticos literarios. Otro día hablaremos sobre Rayuela. Continuemos con Los Reyes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Reyes parece que fue el primer libro publicado con su nombre, cuando todavía era un autor relativamente desconocido. En su momento pasó desapercibido, pero en él ya podemos ver el afán de Cortázar de ver, o de descubrir el otro lado de las cosas, el lado escondido, lo que no se ve a simple vista, o lo que no nos cuentan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Reyes está compuesta de versos endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos. Escrita como una obra de teatro, llena de un lenguaje antiguo y elegante, nos lleva a un ambiente medio épico, mitológico, justamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que más me gustan del libro es que nos deja con más ganas de saber más sobre la historia de Teseo, del laberinto y del Minotauro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y para cualquier persona que se interese por ese mito, debería estar sí o sí en su lista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora les voy a dejar el fragmento de una entrevista en la que Julio Cortázar cuenta, con su acento afrancesado, sobre cómo escribió Los Reyes. Es una anécdota muy bonita. Para que vean que la historia promete.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En cuanto a Los Reyes, bueno, ese es un caso muy extraño, ese librito que tú has calificado de poema dramático, algo así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La idea del libro me nació en un colectivo, tú sabes lo que es un colectivo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-      Un autobús, no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sí, unos pequeños autobuses que habían. Un microbús donde nos metían como sardinas a quince personas, pero que era muy cómodo porque uno iba de un lado al otro, y eran muy baratos, además. Y volviendo a mi casa. Yo vivía en Extramuros, bastante lejos del centro. Un día de golpe, así en un viaje de esos en que te aburres, de golpe sentí toda la presencia de algo que resultó ser pura mitología griega. Lo cual creo que le da razón a Jung y a su teoría de los arquetipos no? En el sentido que todo está en nosotros, que hay una especie de memoria de los antepasados y que por ahí un archibisabuelo tuyo, que vivió en Creta 4 mil años antes de Cristo, pues, a través de los genes y de los cromosomas, te manda así algo que corresponde a su tiempo y no al tuyo. Y tú sin darte cuenta escribes un cuento o una novela, y en realidad estás transmitiendo un mensaje muy antiguo y muy arcaico… no tengo otra explicación que dar, a parte de que es muy bonita, tu admitirás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No tengo otra explicación que dar, porque en ese momento yo no tenía preocupaciones de tipo mitológicas, ni mucho menos. Me interesó siempre la literatura griega y la mitología, pero no al punto de identificarme así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bueno, pues eso. En ese colectivo, que nada tiene de griego, salió así, la noción del laberinto, en fin, el mito de Teseo y el Minotauro. Pero sucede que yo lo vi al revés. Y eso es lo que me interesó. Y cuando llegué a mi casa comencé a escribirlo, y creo que en un par de días o tres días lo hice.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es decir, la noción es lo contrario. Existe la versión oficial del mito: Teseo es el héroe que entra en el laberinto, guiado por el libro de Ariadna, para poder volver a salir. Y busca a ese monstruo espantoso que es el Minotauro, que devora a jóvenes rehenes. Entonces lo mata, y sale como el héroe. Yo vi eso totalmente al revés. Yo vi en el Minotauro al poeta, al hombre libre, al hombre diferente. Y que por lo tanto es el hombre al que la sociedad, el sistema, encierra inmediatamente. A veces los meten en clínicas psiquiátricas y a veces los meten en laberintos. En ese caso era un laberinto. Y entonces Teseo en cambio, es el perfecto defensor del orden. El entra allí para hacerle el juego a Minos, al Rey. Es un poco el gánster del rey. Que va ahí a matar al poeta, y efectivamente, en ese poema, cuando tú conoces el secreto del Minotauro, es que el Minotauro no se ha comido a nadie. El Minotauro es un ser inocente, que vive con sus rehenes, y que juega y danza, y ellos son felices dentro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llega entonces este joven Teseo, que tiene los procedimientos de un perfecto fascista, y que lo mata inmediatamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-      Es el Nazi&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si quieres, me da lo mismo. Están todos en el mismo juego.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Que bonita entrevista no? La entrevista completa es super interesante y está disponible en youtube para el que quiera verla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces. Es eso, desde hace miles de años que nos venimos contando y recontando ese mensaje antiguo, arcaico, del que habla Cortazar en la entrevista. La historia de Teseo y el Minotauro, nos la venimos contando de manera oral, en crónicas, en piezas de teatro, en cuentos, en novelas y hasta en películas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Normalmente la historia es la misma: La isla de Creta era el reino más poderoso de su tiempo, Minos competía con sus hermanos por el trono, y para hacerse con el poder pide ayuda a Poseidón, dios del mar, pidiéndole que se manifieste mandándole un toro divino al que Minos habría de sacrificar en su honor. Poseidón hace nace del mar un toro magnífico, blanco como la nieve, y al ver la belleza del toro, Minos desea quedarse con él, y sacrificar otro toro en su lugar. Eventualmente consigue el trono de Creta, y se vuelve en el rey más poderoso de su tiempo. Pero al anteponer el privilegio privado al bienestar público quedándose con el toro divino en lugar de sacrificarlo, simbólicamente se convierte en un tirano al no cumplir su rol, al no cumplir su papel.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Poseidón, en venganza, hace que Pasifae, la esposa de Minos, se enamore perdidamente del toro. Entonces, mientras Minos estaba ocupado en batallas y rutas comerciales, Pasifae, seducida por el toro, pide ayuda a Dédalo, que era una especie de científico loco de la época, el que termina construyendo una vaca de madera para que Pasifae pueda engañar y conquistar al toro, lo que consigue. Así es que nace el Minotauro, una bestia con cuerpo de hombre y cabeza de toro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por temor, y por vergüenza, Minos acude también a Dédalo, para que construya un laberinto donde esconder y encerrar al Minotauro, y en lugar del perfecto Juez y guía se convierte en el símbolo del Rey tirano que todo lo puede por medio de la fuerza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como una promesa, la cultura naciente de Atenas comienza a amenazar la hegemonía de Creta. Como símbolo de sumisión, Minos pide que cada 9 años 7 hombres y 7 mujeres jóvenes, elegidos al azar sean enviados a Creta para entrar en el Laberinto como una ofrenda al Minotauro. Teseo todavía no era muy querido en esa ciudad, era extranjero y el hijo bastardo del Rey. Ya había vivido algunas aventuras de cierto renombre, pero la gente todavía lo veía con escepticismo. Entonces, cuando tocaba el siguiente envío, Teseo se ofrece como voluntario para viajar a Creta, y promete matar al Minotauro y poner fin a la sumisión de Atenas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así es que Teseo llega a Creta. – Entre paréntesis, aquí es donde comienza la historia en Los Reyes, con la llegada de Teseo - Y en el mito clásico, tras su llegada Ariadna se enamora de él, y se ofrece a ayudarlo a salir del laberinto si Teseo promete llevarla con él una vez vencido el Minotauro. Para esto, Ariadna recurre una vez más a Dédalo. Ella también recurre a Dédalo, quien le da el hilo con el cual guiar a Teseo de vuelta hacia la libertad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En resumen Teseo entra en el laberinto, mata a la bestia, y vuelve a casa para convertirse en Rey.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La matanza del minotauro eleva a Teseo a las grandes ligas de los bravos ídolos griegos. El arquetipo del héroe ecnuentra en él a su gran representante. Hasta aquí es el mito propiamente de Teseo y el Minotauro, pero vale la pena algunas palabras sobre lo que vino después.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En este punto, incluso en el mito clásico hay muchas versiones sobre cómo y por qué lo hace, pero Ariadna no llega hasta Atenas con Teseo, se queda en el camino, por voluntad propia en algunas versiones, por que es secuestrada en otras, para casarse con Dionisio o porque Teseo la quiso abandonar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El asunto es que Ariadna se queda en el camino y que más tarde Teseo se casaría con su hermana menor, Fedra, en otra interesantísima historia que tendrá que ser comentada en otra oportunidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También hay varias versiones sobre por qué y cómo es que al regresar de Creta no izan las velas blancas en señal de triunfo, Teseo vuelve con velas negras. Entonces Egeo, su padre, al ver esto desde lejos, no puede con la tristeza de pensar que su hijo ha muerto y se suicida lanzándose al mar, que desde entonces lleva su nombre. El mar Egeo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Teseo al regresar se convierte en Rey, y unifica en Atenas a toda la región del Ática que estaba dividida en varias pequeñas ciudades. Llama a todos a una ciudad en términos de igualdad, y al parecer comienza la tradición democrática de Atenas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el mito clásico, más adelante Teseo vive muchas más aventuras, la mayoría al lado de su mejor amigo, Pirítoo, cómo la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro, o el viaje al mismísimo infierno para intentar secuestrar a Perséfone, esposa de Hades o el secuestro de Helena de Troya, cuando esta todavía era una niña, - secuestro que le termina costando el trono, pues los hermanos de Helena colocan otro rey en Atenas en su ausencia: Menesteo, que es el que comanda más adelante las naves atenienses en La Ilíada. -&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando Teseo es rescatado del Hades por Hércules, que dicen que era su primo y en cierto sentido su inspiración y rival, vuelve a Atenas solo para ser rechazado. Termina su vida lejos de su ciudad y de su gente. En algunas versiones empujado desde un precipicio por un precavido rey y en otras se cae por accidente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A grandes rasgos esa es una de las historias que de una y otra formas nos hemos estado contado desde la antigüedad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En 1947, Jorge Luis Borges ya nos da otra mirada sobre el mito del Minotauro en su interesante cuento La casa de Asterión, en el que el Minotauro no es un monstruo malvado, sino un ser solitario e incomprendido, marginado por la sociedad, que mata, casi sin querer, a las personas que entran en el laberinto y que al final se deja matar con Teseo como si este fuese una especie de redentor que lo libraría de su solitaria existencia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En 1949 Cortazar, siendo todavía un escritor prácticamente desconocido publica Los Reyes, y aquí el Minotauro no solo no es una bestia malvada, sino que es un filósofo, un poeta, que no mata, sino ilustra a todos los que entran al laberinto, quienes lo tratan con admiración y como a un maestro. Ariadna no está enamorada de Teseo, sino del Minotauro. Y el hilo que le da era para engañosamente salvar al Minotauro. En esta versión Teseo es un fascista al que nada le importa mucho más que el poder de su propia voluntad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí le leo un fragmento en el que Ariadna, que en Los Reyes se llama Ariana narra con qué intenciones le da el hilo a Teseo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…) Los ojos de Teseo me miraron con ternura. “Cosa de mujer, tu ovillo; jamás hubiera hallado el retorno sin tu astucia.” Porque todo él es camino de ida. Nada sabe de nocturna espera, del combate saladísimo entre el amor y la libertad (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…) Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana”. Marchó sin más preguntas, seguro de mi soberbia, pronto a satisfacerla. “Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana…” ¡Minotauro, cabeza de purpúreos relámpagos, ve cómo te lleva la liberación, cómo pone la llave entre las manos que lo harán pedazos! (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero el Minotauro, que también ama a Ariadna, al ver a Teseo con el hilo, piensa que ella lo ha traicionado, y en lugar de luchar contra Teseo, elige la muerte y se deja matar, con la esperanza de vivir por siempre en los sueños de los hombres, donde todo es permitido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así el Minotauro le dice a Teseo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…)Muerto seré más yo(…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…)Qué sabes tú de muerte, dador de la vida profunda. Mira, sólo hay un medio para matar monstruos: aceptarlos. (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…)¿No comprendes que te estoy pidiendo que me mates, que te estoy pidiendo la vida? (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…)Llegaré a Ariana antes que tú. Estaré entre ella y tu deseo. Alzado como una luna roja iré en la proa de tu nave. Te aclamarán los hombres del puerto. Yo bajaré a habitar los sueños de sus noches, de sus hijos, del tiempo inevitable de la estirpe. Desde allí cornearé tu trono, el cetro inseguro de tu raza… Desde mi libertad final y ubicua, mi laberinto diminuto y terrible en cada corazón de hombre(…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…)Cuando el último hueso se haya separado de la carne, y esté mi figura vuelta olvido, naceré de verdad en mi reino incontable. Allí habitaré por siempre, como un hermano ausente y magnífico. ¡Oh residencia diáfana del aire! ¡Mar de los cantos, árbol de murmullo! (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro termina con la muerte del Minotauro, y con Teseo saliéndose con la suya, pero no como héroe. Lo interesante es ver como Cortazar cambia todo el sentido de la historia sin cambiar las acciones de la misma. O sea, a pesar que suceden las mismas cosas que en el mito clásico, tiene de algún modo todo al revés. Los personajes hacen las mismas cosas, pero con otras intenciones y desde otras perspectivas, lo que cambia el significado de la historia y nos deja con la pregunta:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Son las intenciones y los pensamientos con las que se hacen las cosas lo que les da su significado? ¿Son estos igual o más importantes que las acciones en sí? O, por el contrario, y al margen de las intenciones, será que lo que realmente importa es lo que se termina haciendo, y ya?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los dejo con la reflexión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En los Reyes, al cambiar las intenciones de los personajes, cambia todo el significado de la historia. Pero yo creo que al mismo tiempo enriquece al mito tradicional, porque por algo son mitos, son historias que se van alimentando y creciendo con todas las versiones que la forman.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En 1946, André Gide, escribe un hermoso librito llamado Teseo, en el que nos cuenta la misma historia clásica, pero desde la perspectiva de un Teseo ya envejecido, que cuenta sus memorias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En este libro, Teseo, en su juventud, tiene actitudes bastantes similares a las del Teseo de Los Reyes, tamb
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                <description><![CDATA[<p>Mi madre tenía un maestro de tai chi, el Sr. Zhu, un viejito de China, muy sabio, con el que tuve la suerte de conversar con él algunas veces.</p><p>Un día el Sr Zhu me dice así con su español a medias que todo es lo mismo que nada.</p><p>Ese rato no supe muy bien como responderle, pero esa frase se me quedó, y de vez en cuando vuelve para atormentarme haha. Mientras pensaba en hacer este episodio la frase estuvo flotando todo el tiempo aquí a mi alrededor, así que la dejo aquí de Intro antes de comenzar.</p><p>Ahora sí. Hola Hola mi nombre es Camilo, y bienvenidos a Lecturas del Bosque. Hoy día quiero hablar de un libro de Julio Cortázar que se llama Los Reyes.</p><p>Julio Cortazar es uno de los escritores argentinos más famosos y reconocidos, fue parte del boom latinoamericano y es considerado uno de los autores más innovadores de su tiempo. Por ejemplo su libro más famoso, Rayuela - que yo no he leído todavía, está anotado en las deudas pendientes - tiene diferentes finales y diferentes formas de leerse, es un libro muy estudiado y analizado por los críticos literarios. Otro día hablaremos sobre Rayuela. Continuemos con Los Reyes.</p><p>Los Reyes parece que fue el primer libro publicado con su nombre, cuando todavía era un autor relativamente desconocido. En su momento pasó desapercibido, pero en él ya podemos ver el afán de Cortázar de ver, o de descubrir el otro lado de las cosas, el lado escondido, lo que no se ve a simple vista, o lo que no nos cuentan.</p><p>Los Reyes está compuesta de versos endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos. Escrita como una obra de teatro, llena de un lenguaje antiguo y elegante, nos lleva a un ambiente medio épico, mitológico, justamente.</p><p>Una de las cosas que más me gustan del libro es que nos deja con más ganas de saber más sobre la historia de Teseo, del laberinto y del Minotauro.</p><p>Y para cualquier persona que se interese por ese mito, debería estar sí o sí en su lista.</p><p>Ahora les voy a dejar el fragmento de una entrevista en la que Julio Cortázar cuenta, con su acento afrancesado, sobre cómo escribió Los Reyes. Es una anécdota muy bonita. Para que vean que la historia promete.</p><p>En cuanto a Los Reyes, bueno, ese es un caso muy extraño, ese librito que tú has calificado de poema dramático, algo así.</p><p>La idea del libro me nació en un colectivo, tú sabes lo que es un colectivo?</p><p>-      Un autobús, no?</p><p>Sí, unos pequeños autobuses que habían. Un microbús donde nos metían como sardinas a quince personas, pero que era muy cómodo porque uno iba de un lado al otro, y eran muy baratos, además. Y volviendo a mi casa. Yo vivía en Extramuros, bastante lejos del centro. Un día de golpe, así en un viaje de esos en que te aburres, de golpe sentí toda la presencia de algo que resultó ser pura mitología griega. Lo cual creo que le da razón a Jung y a su teoría de los arquetipos no? En el sentido que todo está en nosotros, que hay una especie de memoria de los antepasados y que por ahí un archibisabuelo tuyo, que vivió en Creta 4 mil años antes de Cristo, pues, a través de los genes y de los cromosomas, te manda así algo que corresponde a su tiempo y no al tuyo. Y tú sin darte cuenta escribes un cuento o una novela, y en realidad estás transmitiendo un mensaje muy antiguo y muy arcaico… no tengo otra explicación que dar, a parte de que es muy bonita, tu admitirás.</p><p>No tengo otra explicación que dar, porque en ese momento yo no tenía preocupaciones de tipo mitológicas, ni mucho menos. Me interesó siempre la literatura griega y la mitología, pero no al punto de identificarme así.</p><p>Bueno, pues eso. En ese colectivo, que nada tiene de griego, salió así, la noción del laberinto, en fin, el mito de Teseo y el Minotauro. Pero sucede que yo lo vi al revés. Y eso es lo que me interesó. Y cuando llegué a mi casa comencé a escribirlo, y creo que en un par de días o tres días lo hice.</p><p>Es decir, la noción es lo contrario. Existe la versión oficial del mito: Teseo es el héroe que entra en el laberinto, guiado por el libro de Ariadna, para poder volver a salir. Y busca a ese monstruo espantoso que es el Minotauro, que devora a jóvenes rehenes. Entonces lo mata, y sale como el héroe. Yo vi eso totalmente al revés. Yo vi en el Minotauro al poeta, al hombre libre, al hombre diferente. Y que por lo tanto es el hombre al que la sociedad, el sistema, encierra inmediatamente. A veces los meten en clínicas psiquiátricas y a veces los meten en laberintos. En ese caso era un laberinto. Y entonces Teseo en cambio, es el perfecto defensor del orden. El entra allí para hacerle el juego a Minos, al Rey. Es un poco el gánster del rey. Que va ahí a matar al poeta, y efectivamente, en ese poema, cuando tú conoces el secreto del Minotauro, es que el Minotauro no se ha comido a nadie. El Minotauro es un ser inocente, que vive con sus rehenes, y que juega y danza, y ellos son felices dentro.</p><p>Llega entonces este joven Teseo, que tiene los procedimientos de un perfecto fascista, y que lo mata inmediatamente.</p><p>-      Es el Nazi</p><p>Si quieres, me da lo mismo. Están todos en el mismo juego.</p><p> Que bonita entrevista no? La entrevista completa es super interesante y está disponible en youtube para el que quiera verla.</p><p>Entonces. Es eso, desde hace miles de años que nos venimos contando y recontando ese mensaje antiguo, arcaico, del que habla Cortazar en la entrevista. La historia de Teseo y el Minotauro, nos la venimos contando de manera oral, en crónicas, en piezas de teatro, en cuentos, en novelas y hasta en películas.</p><p>Normalmente la historia es la misma: La isla de Creta era el reino más poderoso de su tiempo, Minos competía con sus hermanos por el trono, y para hacerse con el poder pide ayuda a Poseidón, dios del mar, pidiéndole que se manifieste mandándole un toro divino al que Minos habría de sacrificar en su honor. Poseidón hace nace del mar un toro magnífico, blanco como la nieve, y al ver la belleza del toro, Minos desea quedarse con él, y sacrificar otro toro en su lugar. Eventualmente consigue el trono de Creta, y se vuelve en el rey más poderoso de su tiempo. Pero al anteponer el privilegio privado al bienestar público quedándose con el toro divino en lugar de sacrificarlo, simbólicamente se convierte en un tirano al no cumplir su rol, al no cumplir su papel.</p><p>Poseidón, en venganza, hace que Pasifae, la esposa de Minos, se enamore perdidamente del toro. Entonces, mientras Minos estaba ocupado en batallas y rutas comerciales, Pasifae, seducida por el toro, pide ayuda a Dédalo, que era una especie de científico loco de la época, el que termina construyendo una vaca de madera para que Pasifae pueda engañar y conquistar al toro, lo que consigue. Así es que nace el Minotauro, una bestia con cuerpo de hombre y cabeza de toro.</p><p>Por temor, y por vergüenza, Minos acude también a Dédalo, para que construya un laberinto donde esconder y encerrar al Minotauro, y en lugar del perfecto Juez y guía se convierte en el símbolo del Rey tirano que todo lo puede por medio de la fuerza.</p><p>Como una promesa, la cultura naciente de Atenas comienza a amenazar la hegemonía de Creta. Como símbolo de sumisión, Minos pide que cada 9 años 7 hombres y 7 mujeres jóvenes, elegidos al azar sean enviados a Creta para entrar en el Laberinto como una ofrenda al Minotauro. Teseo todavía no era muy querido en esa ciudad, era extranjero y el hijo bastardo del Rey. Ya había vivido algunas aventuras de cierto renombre, pero la gente todavía lo veía con escepticismo. Entonces, cuando tocaba el siguiente envío, Teseo se ofrece como voluntario para viajar a Creta, y promete matar al Minotauro y poner fin a la sumisión de Atenas.</p><p>Así es que Teseo llega a Creta. – Entre paréntesis, aquí es donde comienza la historia en Los Reyes, con la llegada de Teseo - Y en el mito clásico, tras su llegada Ariadna se enamora de él, y se ofrece a ayudarlo a salir del laberinto si Teseo promete llevarla con él una vez vencido el Minotauro. Para esto, Ariadna recurre una vez más a Dédalo. Ella también recurre a Dédalo, quien le da el hilo con el cual guiar a Teseo de vuelta hacia la libertad.</p><p>En resumen Teseo entra en el laberinto, mata a la bestia, y vuelve a casa para convertirse en Rey.</p><p>La matanza del minotauro eleva a Teseo a las grandes ligas de los bravos ídolos griegos. El arquetipo del héroe ecnuentra en él a su gran representante. Hasta aquí es el mito propiamente de Teseo y el Minotauro, pero vale la pena algunas palabras sobre lo que vino después.</p><p>En este punto, incluso en el mito clásico hay muchas versiones sobre cómo y por qué lo hace, pero Ariadna no llega hasta Atenas con Teseo, se queda en el camino, por voluntad propia en algunas versiones, por que es secuestrada en otras, para casarse con Dionisio o porque Teseo la quiso abandonar.</p><p>El asunto es que Ariadna se queda en el camino y que más tarde Teseo se casaría con su hermana menor, Fedra, en otra interesantísima historia que tendrá que ser comentada en otra oportunidad.</p><p>También hay varias versiones sobre por qué y cómo es que al regresar de Creta no izan las velas blancas en señal de triunfo, Teseo vuelve con velas negras. Entonces Egeo, su padre, al ver esto desde lejos, no puede con la tristeza de pensar que su hijo ha muerto y se suicida lanzándose al mar, que desde entonces lleva su nombre. El mar Egeo.</p><p>Teseo al regresar se convierte en Rey, y unifica en Atenas a toda la región del Ática que estaba dividida en varias pequeñas ciudades. Llama a todos a una ciudad en términos de igualdad, y al parecer comienza la tradición democrática de Atenas.</p><p>En el mito clásico, más adelante Teseo vive muchas más aventuras, la mayoría al lado de su mejor amigo, Pirítoo, cómo la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro, o el viaje al mismísimo infierno para intentar secuestrar a Perséfone, esposa de Hades o el secuestro de Helena de Troya, cuando esta todavía era una niña, - secuestro que le termina costando el trono, pues los hermanos de Helena colocan otro rey en Atenas en su ausencia: Menesteo, que es el que comanda más adelante las naves atenienses en La Ilíada. -</p><p>Cuando Teseo es rescatado del Hades por Hércules, que dicen que era su primo y en cierto sentido su inspiración y rival, vuelve a Atenas solo para ser rechazado. Termina su vida lejos de su ciudad y de su gente. En algunas versiones empujado desde un precipicio por un precavido rey y en otras se cae por accidente.</p><p>A grandes rasgos esa es una de las historias que de una y otra formas nos hemos estado contado desde la antigüedad.</p><p>En 1947, Jorge Luis Borges ya nos da otra mirada sobre el mito del Minotauro en su interesante cuento La casa de Asterión, en el que el Minotauro no es un monstruo malvado, sino un ser solitario e incomprendido, marginado por la sociedad, que mata, casi sin querer, a las personas que entran en el laberinto y que al final se deja matar con Teseo como si este fuese una especie de redentor que lo libraría de su solitaria existencia.</p><p>En 1949 Cortazar, siendo todavía un escritor prácticamente desconocido publica Los Reyes, y aquí el Minotauro no solo no es una bestia malvada, sino que es un filósofo, un poeta, que no mata, sino ilustra a todos los que entran al laberinto, quienes lo tratan con admiración y como a un maestro. Ariadna no está enamorada de Teseo, sino del Minotauro. Y el hilo que le da era para engañosamente salvar al Minotauro. En esta versión Teseo es un fascista al que nada le importa mucho más que el poder de su propia voluntad.</p><p>Aquí le leo un fragmento en el que Ariadna, que en Los Reyes se llama Ariana narra con qué intenciones le da el hilo a Teseo:</p><p>(…) Los ojos de Teseo me miraron con ternura. “Cosa de mujer, tu ovillo; jamás hubiera hallado el retorno sin tu astucia.” Porque todo él es camino de ida. Nada sabe de nocturna espera, del combate saladísimo entre el amor y la libertad (…)</p><p>(…) Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana”. Marchó sin más preguntas, seguro de mi soberbia, pronto a satisfacerla. “Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana…” ¡Minotauro, cabeza de purpúreos relámpagos, ve cómo te lleva la liberación, cómo pone la llave entre las manos que lo harán pedazos! (…)</p><p>Pero el Minotauro, que también ama a Ariadna, al ver a Teseo con el hilo, piensa que ella lo ha traicionado, y en lugar de luchar contra Teseo, elige la muerte y se deja matar, con la esperanza de vivir por siempre en los sueños de los hombres, donde todo es permitido.</p><p>Así el Minotauro le dice a Teseo:</p><p>(…)Muerto seré más yo(…)</p><p>(…)Qué sabes tú de muerte, dador de la vida profunda. Mira, sólo hay un medio para matar monstruos: aceptarlos. (…)</p><p>(…)¿No comprendes que te estoy pidiendo que me mates, que te estoy pidiendo la vida? (…)</p><p>(…)Llegaré a Ariana antes que tú. Estaré entre ella y tu deseo. Alzado como una luna roja iré en la proa de tu nave. Te aclamarán los hombres del puerto. Yo bajaré a habitar los sueños de sus noches, de sus hijos, del tiempo inevitable de la estirpe. Desde allí cornearé tu trono, el cetro inseguro de tu raza… Desde mi libertad final y ubicua, mi laberinto diminuto y terrible en cada corazón de hombre(…)</p><p>(…)Cuando el último hueso se haya separado de la carne, y esté mi figura vuelta olvido, naceré de verdad en mi reino incontable. Allí habitaré por siempre, como un hermano ausente y magnífico. ¡Oh residencia diáfana del aire! ¡Mar de los cantos, árbol de murmullo! (…)</p><p>El libro termina con la muerte del Minotauro, y con Teseo saliéndose con la suya, pero no como héroe. Lo interesante es ver como Cortazar cambia todo el sentido de la historia sin cambiar las acciones de la misma. O sea, a pesar que suceden las mismas cosas que en el mito clásico, tiene de algún modo todo al revés. Los personajes hacen las mismas cosas, pero con otras intenciones y desde otras perspectivas, lo que cambia el significado de la historia y nos deja con la pregunta:</p><p>¿Son las intenciones y los pensamientos con las que se hacen las cosas lo que les da su significado? ¿Son estos igual o más importantes que las acciones en sí? O, por el contrario, y al margen de las intenciones, será que lo que realmente importa es lo que se termina haciendo, y ya?</p><p>Los dejo con la reflexión.</p><p>En los Reyes, al cambiar las intenciones de los personajes, cambia todo el significado de la historia. Pero yo creo que al mismo tiempo enriquece al mito tradicional, porque por algo son mitos, son historias que se van alimentando y creciendo con todas las versiones que la forman.</p><p>En 1946, André Gide, escribe un hermoso librito llamado Teseo, en el que nos cuenta la misma historia clásica, pero desde la perspectiva de un Teseo ya envejecido, que cuenta sus memorias.</p><p>En este libro, Teseo, en su juventud, tiene actitudes bastantes similares a las del Teseo de Los Reyes, tamb
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Mi madre tenía un maestro de tai chi, el Sr. Zhu, un viejito de China, muy sabio, con el que tuve la suerte de conversar con él algunas veces.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un día el Sr Zhu me dice así con su español a medias que todo es lo mismo que nada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese rato no supe muy bien como responderle, pero esa frase se me quedó, y de vez en cuando vuelve para atormentarme haha. Mientras pensaba en hacer este episodio la frase estuvo flotando todo el tiempo aquí a mi alrededor, así que la dejo aquí de Intro antes de comenzar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora sí. Hola Hola mi nombre es Camilo, y bienvenidos a Lecturas del Bosque. Hoy día quiero hablar de un libro de Julio Cortázar que se llama Los Reyes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Julio Cortazar es uno de los escritores argentinos más famosos y reconocidos, fue parte del boom latinoamericano y es considerado uno de los autores más innovadores de su tiempo. Por ejemplo su libro más famoso, Rayuela - que yo no he leído todavía, está anotado en las deudas pendientes - tiene diferentes finales y diferentes formas de leerse, es un libro muy estudiado y analizado por los críticos literarios. Otro día hablaremos sobre Rayuela. Continuemos con Los Reyes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Reyes parece que fue el primer libro publicado con su nombre, cuando todavía era un autor relativamente desconocido. En su momento pasó desapercibido, pero en él ya podemos ver el afán de Cortázar de ver, o de descubrir el otro lado de las cosas, el lado escondido, lo que no se ve a simple vista, o lo que no nos cuentan.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los Reyes está compuesta de versos endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos. Escrita como una obra de teatro, llena de un lenguaje antiguo y elegante, nos lleva a un ambiente medio épico, mitológico, justamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que más me gustan del libro es que nos deja con más ganas de saber más sobre la historia de Teseo, del laberinto y del Minotauro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y para cualquier persona que se interese por ese mito, debería estar sí o sí en su lista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora les voy a dejar el fragmento de una entrevista en la que Julio Cortázar cuenta, con su acento afrancesado, sobre cómo escribió Los Reyes. Es una anécdota muy bonita. Para que vean que la historia promete.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En cuanto a Los Reyes, bueno, ese es un caso muy extraño, ese librito que tú has calificado de poema dramático, algo así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La idea del libro me nació en un colectivo, tú sabes lo que es un colectivo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-      Un autobús, no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sí, unos pequeños autobuses que habían. Un microbús donde nos metían como sardinas a quince personas, pero que era muy cómodo porque uno iba de un lado al otro, y eran muy baratos, además. Y volviendo a mi casa. Yo vivía en Extramuros, bastante lejos del centro. Un día de golpe, así en un viaje de esos en que te aburres, de golpe sentí toda la presencia de algo que resultó ser pura mitología griega. Lo cual creo que le da razón a Jung y a su teoría de los arquetipos no? En el sentido que todo está en nosotros, que hay una especie de memoria de los antepasados y que por ahí un archibisabuelo tuyo, que vivió en Creta 4 mil años antes de Cristo, pues, a través de los genes y de los cromosomas, te manda así algo que corresponde a su tiempo y no al tuyo. Y tú sin darte cuenta escribes un cuento o una novela, y en realidad estás transmitiendo un mensaje muy antiguo y muy arcaico… no tengo otra explicación que dar, a parte de que es muy bonita, tu admitirás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No tengo otra explicación que dar, porque en ese momento yo no tenía preocupaciones de tipo mitológicas, ni mucho menos. Me interesó siempre la literatura griega y la mitología, pero no al punto de identificarme así.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bueno, pues eso. En ese colectivo, que nada tiene de griego, salió así, la noción del laberinto, en fin, el mito de Teseo y el Minotauro. Pero sucede que yo lo vi al revés. Y eso es lo que me interesó. Y cuando llegué a mi casa comencé a escribirlo, y creo que en un par de días o tres días lo hice.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es decir, la noción es lo contrario. Existe la versión oficial del mito: Teseo es el héroe que entra en el laberinto, guiado por el libro de Ariadna, para poder volver a salir. Y busca a ese monstruo espantoso que es el Minotauro, que devora a jóvenes rehenes. Entonces lo mata, y sale como el héroe. Yo vi eso totalmente al revés. Yo vi en el Minotauro al poeta, al hombre libre, al hombre diferente. Y que por lo tanto es el hombre al que la sociedad, el sistema, encierra inmediatamente. A veces los meten en clínicas psiquiátricas y a veces los meten en laberintos. En ese caso era un laberinto. Y entonces Teseo en cambio, es el perfecto defensor del orden. El entra allí para hacerle el juego a Minos, al Rey. Es un poco el gánster del rey. Que va ahí a matar al poeta, y efectivamente, en ese poema, cuando tú conoces el secreto del Minotauro, es que el Minotauro no se ha comido a nadie. El Minotauro es un ser inocente, que vive con sus rehenes, y que juega y danza, y ellos son felices dentro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Llega entonces este joven Teseo, que tiene los procedimientos de un perfecto fascista, y que lo mata inmediatamente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;-      Es el Nazi&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si quieres, me da lo mismo. Están todos en el mismo juego.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Que bonita entrevista no? La entrevista completa es super interesante y está disponible en youtube para el que quiera verla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces. Es eso, desde hace miles de años que nos venimos contando y recontando ese mensaje antiguo, arcaico, del que habla Cortazar en la entrevista. La historia de Teseo y el Minotauro, nos la venimos contando de manera oral, en crónicas, en piezas de teatro, en cuentos, en novelas y hasta en películas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Normalmente la historia es la misma: La isla de Creta era el reino más poderoso de su tiempo, Minos competía con sus hermanos por el trono, y para hacerse con el poder pide ayuda a Poseidón, dios del mar, pidiéndole que se manifieste mandándole un toro divino al que Minos habría de sacrificar en su honor. Poseidón hace nace del mar un toro magnífico, blanco como la nieve, y al ver la belleza del toro, Minos desea quedarse con él, y sacrificar otro toro en su lugar. Eventualmente consigue el trono de Creta, y se vuelve en el rey más poderoso de su tiempo. Pero al anteponer el privilegio privado al bienestar público quedándose con el toro divino en lugar de sacrificarlo, simbólicamente se convierte en un tirano al no cumplir su rol, al no cumplir su papel.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Poseidón, en venganza, hace que Pasifae, la esposa de Minos, se enamore perdidamente del toro. Entonces, mientras Minos estaba ocupado en batallas y rutas comerciales, Pasifae, seducida por el toro, pide ayuda a Dédalo, que era una especie de científico loco de la época, el que termina construyendo una vaca de madera para que Pasifae pueda engañar y conquistar al toro, lo que consigue. Así es que nace el Minotauro, una bestia con cuerpo de hombre y cabeza de toro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por temor, y por vergüenza, Minos acude también a Dédalo, para que construya un laberinto donde esconder y encerrar al Minotauro, y en lugar del perfecto Juez y guía se convierte en el símbolo del Rey tirano que todo lo puede por medio de la fuerza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como una promesa, la cultura naciente de Atenas comienza a amenazar la hegemonía de Creta. Como símbolo de sumisión, Minos pide que cada 9 años 7 hombres y 7 mujeres jóvenes, elegidos al azar sean enviados a Creta para entrar en el Laberinto como una ofrenda al Minotauro. Teseo todavía no era muy querido en esa ciudad, era extranjero y el hijo bastardo del Rey. Ya había vivido algunas aventuras de cierto renombre, pero la gente todavía lo veía con escepticismo. Entonces, cuando tocaba el siguiente envío, Teseo se ofrece como voluntario para viajar a Creta, y promete matar al Minotauro y poner fin a la sumisión de Atenas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así es que Teseo llega a Creta. – Entre paréntesis, aquí es donde comienza la historia en Los Reyes, con la llegada de Teseo - Y en el mito clásico, tras su llegada Ariadna se enamora de él, y se ofrece a ayudarlo a salir del laberinto si Teseo promete llevarla con él una vez vencido el Minotauro. Para esto, Ariadna recurre una vez más a Dédalo. Ella también recurre a Dédalo, quien le da el hilo con el cual guiar a Teseo de vuelta hacia la libertad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En resumen Teseo entra en el laberinto, mata a la bestia, y vuelve a casa para convertirse en Rey.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La matanza del minotauro eleva a Teseo a las grandes ligas de los bravos ídolos griegos. El arquetipo del héroe ecnuentra en él a su gran representante. Hasta aquí es el mito propiamente de Teseo y el Minotauro, pero vale la pena algunas palabras sobre lo que vino después.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En este punto, incluso en el mito clásico hay muchas versiones sobre cómo y por qué lo hace, pero Ariadna no llega hasta Atenas con Teseo, se queda en el camino, por voluntad propia en algunas versiones, por que es secuestrada en otras, para casarse con Dionisio o porque Teseo la quiso abandonar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El asunto es que Ariadna se queda en el camino y que más tarde Teseo se casaría con su hermana menor, Fedra, en otra interesantísima historia que tendrá que ser comentada en otra oportunidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También hay varias versiones sobre por qué y cómo es que al regresar de Creta no izan las velas blancas en señal de triunfo, Teseo vuelve con velas negras. Entonces Egeo, su padre, al ver esto desde lejos, no puede con la tristeza de pensar que su hijo ha muerto y se suicida lanzándose al mar, que desde entonces lleva su nombre. 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Llama a todos a una ciudad en términos de igualdad, y al parecer comienza la tradición democrática de Atenas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el mito clásico, más adelante Teseo vive muchas más aventuras, la mayoría al lado de su mejor amigo, Pirítoo, cómo la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro, o el viaje al mismísimo infierno para intentar secuestrar a Perséfone, esposa de Hades o el secuestro de Helena de Troya, cuando esta todavía era una niña, - secuestro que le termina costando el trono, pues los hermanos de Helena colocan otro rey en Atenas en su ausencia: Menesteo, que es el que comanda más adelante las naves atenienses en La Ilíada. -&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando Teseo es rescatado del Hades por Hércules, que dicen que era su primo y en cierto sentido su inspiración y rival, vuelve a Atenas solo para ser rechazado. Termina su vida lejos de su ciudad y de su gente. 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Ariadna no está enamorada de Teseo, sino del Minotauro. Y el hilo que le da era para engañosamente salvar al Minotauro. En esta versión Teseo es un fascista al que nada le importa mucho más que el poder de su propia voluntad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí le leo un fragmento en el que Ariadna, que en Los Reyes se llama Ariana narra con qué intenciones le da el hilo a Teseo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…) Los ojos de Teseo me miraron con ternura. “Cosa de mujer, tu ovillo; jamás hubiera hallado el retorno sin tu astucia.” Porque todo él es camino de ida. Nada sabe de nocturna espera, del combate saladísimo entre el amor y la libertad (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…) Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana”. Marchó sin más preguntas, seguro de mi soberbia, pronto a satisfacerla. “Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana…” ¡Minotauro, cabeza de purpúreos relámpagos, ve cómo te lleva la liberación, cómo pone la llave entre las manos que lo harán pedazos! 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Desde allí cornearé tu trono, el cetro inseguro de tu raza… Desde mi libertad final y ubicua, mi laberinto diminuto y terrible en cada corazón de hombre(…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(…)Cuando el último hueso se haya separado de la carne, y esté mi figura vuelta olvido, naceré de verdad en mi reino incontable. Allí habitaré por siempre, como un hermano ausente y magnífico. ¡Oh residencia diáfana del aire! ¡Mar de los cantos, árbol de murmullo! (…)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro termina con la muerte del Minotauro, y con Teseo saliéndose con la suya, pero no como héroe. Lo interesante es ver como Cortazar cambia todo el sentido de la historia sin cambiar las acciones de la misma. O sea, a pesar que suceden las mismas cosas que en el mito clásico, tiene de algún modo todo al revés. Los personajes hacen las mismas cosas, pero con otras intenciones y desde otras perspectivas, lo que cambia el significado de la historia y nos deja con la pregunta:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Son las intenciones y los pensamientos con las que se hacen las cosas lo que les da su significado? ¿Son estos igual o más importantes que las acciones en sí? O, por el contrario, y al margen de las intenciones, será que lo que realmente importa es lo que se termina haciendo, y ya?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los dejo con la reflexión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En los Reyes, al cambiar las intenciones de los personajes, cambia todo el significado de la historia. Pero yo creo que al mismo tiempo enriquece al mito tradicional, porque por algo son mitos, son historias que se van alimentando y creciendo con todas las versiones que la forman.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En 1946, André Gide, escribe un hermoso librito llamado Teseo, en el que nos cuenta la misma historia clásica, pero desde la perspectiva de un Teseo ya envejecido, que cuenta sus memorias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En este libro, Teseo, en su juventud, tiene actitudes bastantes similares a las del Teseo de Los Reyes, tamb
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                <pubDate>Sat, 21 Jan 2023 20:47:33 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#13 Don Casmurro - Machado de Assis</itunes:title>
                <title>#13 Don Casmurro - Machado de Assis</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Desde tiempos ancestrales las historias nos ayudan a entender o interpretar la realidad, a darle algún tipo de sentido. Nos asisten en el interminable intento de explicarnos de dónde venimos, a dónde vamos, quiénes somos, qué es lo que está pasando a nuestro alrededor, o qué fue lo que pasó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En definitiva, las historias iluminan y dirigen el escenario de nuestras vidas, y son parte integral de lo que somos o de lo que creemos ser, como individuos, como sociedad, como especia humana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, el famoso historiador Yuval Harari habla sobre cómo lo que nos diferencia de todas las otras especies y nos ha permitido prácticamente dominar el mundo, es la capacidad de contar historias. Lo que nos permite cooperar de manera flexible y a gran escala. Explico un poco:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ninguna otra especie puede hacer esto. Hay algunas como las abejas, o las hormigas, que pueden cooperar a gran escala, pero no de manera flexible. Por lo que no pueden adaptarse rápidamente a nuevos peligros o aprovechar nuevas oportunidades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otras especies, como los lobos o los chimpancés, pueden cooperar de manera flexible, pero no a gran escala. Y el motivo por el que no pueden cooperar a gran escala, es porque necesitan conocer personalmente a los otros miembros de su especie para poder confiar y así cooperar con ellos. Y eso siempre tiene un límite, no puede ser a gran escala.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El ser humano sin embargo, puede cooperar a gran escala y de manera flexible, incluso con desconocidos. Y esto es precisamente gracias a las historias. A los mitos compartidos. Porque estos nos ayudan a crear o a inventar objetivos, reglas, y toda clase de ideas comunes, ya sean estas sobre el bien y el mal, sobre los derechos inalienables, o sobre una mano invisible que controla el mercado. Es nuestra capacidad de contar historias lo que nos da la posibilidad de viajar por el espacio sideral o por las desconocidas profundidades de los mundos submarinos; de hacer revoluciones libertarias o implacables guerras de conquista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En nuestro afán de explicar, o reemplazar, o entender la realidad, creo que la mayoría de las buenas historias nos dan respuestas a nuestras preguntas más profundas. En ellas nos vemos reflejados y decimos: sí, así es la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero también historias que nos llevan por otro camino, y en lugar de dejarnos con respuestas sobre la realidad, nos dejan llenos de preguntas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al leerlas no nos quedamos asintiendo diciendo que sí, que así es la vida. Tampoco rechazamos que no lo sea así, sino no sería una buena historia. Las buenas historias nos tienen que contar alguna Verdad. Por lo menos tenemos que sentir que nos cuentan alguna Verdad. Verdad con mayúscula. Aunque sea a través de la duda… que nos cuenten esa verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, al leer este tipo de historias, en lugar de asentir, nos preguntamos, una y otra vez: es así la vida? Será que es así la vida?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estas historias pueden ser muy poderosas, porque a veces una buena pregunta vale más que todas las respuestas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y creo que ese es el caso de Don Casmurro, la novela de la que quiero hablar hoy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por qué digo que Dom Casmurro es un libro que nos llena de preguntas?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque personalmente, creo que esa es la intención del libro. Creo que ha sido escrito como un enigma. Pero incluso sobre cuál es la intención del libro se han librado y se libran intensos e interminables debates. Lo que refuerza mi impresión de la historia como enigma, como pregunta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Incluso en unos de los capítulos del libro, el narrador reflexiona sobre la diferencia entre libros confusos y libros omisos, y nos cuenta sobre su preferencia por los omisos, y sobre su afición por cerrar los ojos y ponerse a llenar las lagunas que la historia le dejó y al mismo tiempo nos invita a hacer lo mismo con la historia que nos está contando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es así que el libro está lleno de lagunas, contradicciones y detalles que nos pueden llevar tanto en una como en otra dirección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero de qué se trata la historia de Don Camurro?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia comienza cuando un tipo rico, Dom Casmurro, que es el narrador, ya al final de su vida decide contarnos sus memorias, según él, nos dice que lo hace a modo de calentamiento, antes de comenzar a escribir un libro más serio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora, por qué es realmente es que se pone a escribir su vida entera?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Motivo de intenso debate.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mas allá de sus motivos, el hilo conductor la vida que nos cuenta, es la historia de amor con su vecina de infancia, Capitú. Historia que vemos nascer y crecer en medio de enredos y desenredos hasta que llegan a casare, y a tener una vida aparentemente plena y feliz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Algunas historias terminan ahí; pero raramente la vida es así. Por lo que esas historias normalmente son malísimas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nuestra historia continúa, y la aparente plenitud que vivían se acaba con la muerte de Escobar, que era el mejor amigo de Don Casmurro, que por ese entonces todavía no tenía ese apodo, lo llamaban simplemente por su nombre: Bento, o Bentinho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Don Casmurro nos cuenta cómo después de la muerte de Escobar, de manera aparentemente repentina, al parecer gracias a una mirada delatora, él toma total y absoluta conciencia de la infedilidad de Capitu.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A partir de ahí, lo que sigue es la historia del deterioro y la destrucción de todo, que termina en la soledad de Don Casmurro, quien dice haberse perdido a si mismo en el camino, quien termina reconstruyendo en la vejez la casa de la adolescencia y escribiendo y contando sus memorias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Don Casmurro es un clásico de clásicos de la literatura brasilera, el típico libro que se estudia en la escuela, y es prácticamente imposible conversar sobre literatura con una persona de Brasil sin escuchar, aunque sea un poco, sobre Machado de Assis.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero qué es al final de cuenta un clásico?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los estudiosos de la forma y del estilo tienen interminables y laberínticas formas de explicar cómo y porqué los clásicos son clásicos, de qué forma captaron los más profundos estigmas de su sociedad y rompieron los paradigmas literarios de su tiempo ganándose un lugar imperecedero en nuestras vidas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro lado yo, ya sea por ignorancia o ya sea por flojera, me contento con la simple idea de que los clásicos son clásicos porque de una u otra forma supieron reflejar de especial manera la esencia del ser humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y en este caso cómo atrapa don casmurro la escencia humana?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es en ese sentido que yo realmente disfruté de Dom Casmurro, por el cuidado con el que se va armando la historia, por cada detalle que dice, por cada detalle que omite decir, por el interminable debate que provoca, es una historia que se termina convirtiendo en una herramienta de reflexión, tanto individual y colectiva.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si quieren conocer bien a alguien, pídanle que lea Don Casmurro y después háganle unas cuantas preguntas sobre el libro, y rápido van a saber mejor con quien están hablando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si quieren conocerse mejor a si mismos, es cuestión de leer el libro y después comenzar a pensar por qué lo interpretamos de la forma en que lo hacemos. O sentarnos a pensar en qué creemos que pasó en las lagunas y vericuetos de la historia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro funciona así por qué nos es dado precisamente como un enigma, por lo menos eso es lo que creo yo, desde el principio hasta el final. Un enigma sin respuesta, pero gracias al cuál podemos apreciar el misterio mismo de los caminos interiores del ser humano. Y no solo leyendo el libro, sino sobre todo después...en las conversaciones con otras personas que también hayan leido el libro o en artículos, estudios, ensayos, tesis,videos, charlas, conferencias, entrevistas, etc.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El debate sobre Don Casmurro nos lleva por un vendaval imparable de simpatías y odios encarnizados, de fieros ataques y de defensas apasionadas, y en cada opinión en realidad llegamos a conocer más sobre el que está opinando que sobre qué fue lo que pasó realmente entre Bentinho y Capitu.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El drama de Don Casmurro, en apariencia parece ser bastante sencillo, pero por la forma en que está escrito, puede ser leído como un libro sobre la traición, o como un libro sobre los celos, o como un libro sobre las personas que lo leen y lo interpretan, o como un libro sobre la sociedad en las que estas personas viven y aprendieron a leer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De todas sus lecturas posibles, hay alguna que sea la indicada o la correcta? La mejor? Personalmente creo que no, porque tal vez, solo tal vez, puede ser que la vida sí sea así, un enigma más omiso que confuso, en el que el acto de imaginar sea más importante que el de saber, y en el que preguntar sea más importante que responder.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Les voy a leer una partecita del libro, una de las escenas de amor más bonitas que ya leí, a ver si así se animan a leer o releer la historia, como siempre. espero que les guste.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo era materia de las curiosidades de Capitú. Hubo un caso, sin embargo, del cual no sé si aprendió o enseñó, o si hizo ambas cosas, como yo. Es lo que contaré en el otro capítulo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En éste diré solamente que, pasados algunos días del acuerdo con el agregado, fui a ver a mi amiga; eran las diez de la mañana. Doña Fortunata, que estaba en el patio, ni esperó que yo le preguntara por la hija.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Está en la sala, peinándose, me dijo; ve despacito para darle un susto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fui despacio, pero el pie o el espejo me traicionaron. Puede ser que éste no; era un espejito de baratija (perdonadme el menosprecio), comprado a un mercero italiano, moldura tosca, argollita de latón, pendiente de la pared, entre las dos ventanas. Si no fue el espejo, fue el pie. Uno u otro, la verdad es que, apenas entré en la sala, peine, cabellos, toda ella voló por los aires, y sólo le oí esta pregunta:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Hay alguna novedad?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–No, ninguna, respondí; vine a verte antes de que el padre Cabral llegue para la&lt;/p&gt;&lt;p&gt;lección. ¿Cómo pasaste la noche?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Yo bien, ¿José Dias todavía no habló?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Parece que no.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Pero entonces cuándo hablará?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Me dijo que hoy o mañana piensa tocar el asunto: no va a ir luego de golpe, hablará largo y tendido, un toque. Después, va a entrar en materia. Primero quiere ver si mamá tiene la decisión tomada...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–De que la tiene, la tiene, me interrumpió Capitú. Y si no fuese necesario alguien para vencer luego, y del todo, no se le hablaría. Yo ya ni sé si José Dias podrá influir tanto; creo que hará todo, si siente que realmente no quieres ser cura, ¿pero podrá lograrlo...? Él es escuchado; si, no obstante... ¡Esto es un infierno! Insiste con él, Benito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Insisto; hoy mismo ha de hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Lo juras?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¡Lo juro! Déjame ver tus ojos, Capitú.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me había acordado de la definición que José Dias había hecho, “ojos de gitana oblicua y disimulada”. Yo no sabía lo que era oblicua, pero disimulada sí, y quería ver si se podían llamar así. Capitú se dejó ver y examinar. Sólo me preguntaba qué pasaba, si nunca los había visto; yo nada encontré de extraordinario; el color y la dulzura eran mis conocidos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La demora de la contemplación creo que le dio otra idea de mi propósito; pensó que era un pretexto para mirarlos más de cerca, con mis ojos grandes, constantes, metidos en ellos, y a esto le atribuyo que empezaran a estar agrandados, agrandados y sombríos, con tal expresión que...Retórica de los enamorados, dame una comparación exacta y poética para decir lo que fueron aquellos ojos de Capitú. No me acude imagen capaz de decir, sin romper la dignidad del estilo, lo que fueron y me dijeron. ¿Ojos de resaca? Vaya, de resaca. Es lo que me da&lt;/p&gt;&lt;p&gt;idea de aquel aspecto nuevo. Traían no sé qué fluido misterioso y enérgico, una fuerza que arrastraba hacia adentro, como la ola que se retira de la playa en los días de resaca. Para no ser arrastrado, me agarré de las otras partes cercanas, de las orejas, de los brazos, de los cabellos esparcidos por los hombros; pero tan rápido buscaba las pupilas, la ola que salía de ellas venía creciendo, cava y oscura, amenazando con arrollarme, jalarme y tragarme.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Cuántos minutos consumimos en aquel juego? Sólo los relojes del cielo habrán marcado ese tiempo infinito y breve. La eternidad tiene sus péndulos; no por no acabar nunca deja de querer saber la duración de las felicidades y de los suplicios. Ha de duplicar el gozo a los bienaventurados del cielo conocer la suma de los tormentos que ya habrán padecido en el infierno sus enemigos; así también la cantidad de las delicias que habrán gozado en el cielo sus desafectos aumentará los dolores a los condenados del infierno. Este otro suplicio se le olvidó al divino Dante, pero yo no estoy aquí para enmendar poetas. Sí para contar que, al cabo de un tiempo no marcado, me agarré definitivamente de los cabellos de Capitú, pero entonces con las manos, y le dije –por decir algo– que podía peinarlos si quisiera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Tú?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Yo mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Vas a enredarme todo el cabello, eso sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Si lo enredo, te lo desenredas después.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Vamos a ver.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Capitú me dio la espalda, volteándose al espejito. La así de los cabellos, los sujeté todos y empecé a alisarlos con el peine, desde la frente hasta las últimas puntas, que le bajaban a la cintura. De pie no había manera: no olvidaste que era un poquito más alta que yo, pero aunque tuviese la misma estatura. Le pedí que se sentara.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Siéntate aquí, es mejor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se sentó. “Vamos a ver al gran peluquero”, me dijo riendo. Seguí alisando los cabellos, con mucho cuidado, y los dividí en dos partes iguales, para hacer las dos trenzas. No las hice luego, ni así deprisa, como pueden suponer los peluqueros de oficio, sino despacio, despacito, saboreando con el tacto aquellos hilos gruesos, que eran parte de ella. El trabajo era desordenado, unas veces por ineptitud, otras a propósito, para deshacer lo hecho o rehacerlo. Los dedos rozaban la nuca de la pequeña o la espalda vestida de percal, y la sensación era un deleite. Pero, al fin, los cabellos acabaron, por más que yo los quisiera interminables. No pedí al cielo que fuesen tan largos como los de la Aurora, porque no conocía todavía a esta divinidad que los viejos poetas me presentaron después; pero, deseé peinarlos por todos los siglos de los siglos, tejer dos trenzas que pudiesen envolver el infinito por un número innombrable de veces. Si esto os parece enfático, desventurado lector, es que nunca peinasteis a una pequeña, nunca pusisteis las manos adolescentes en la joven cabeza de una ninfa... ¡Una ninfa! Ando todo mitológico. Todavía hace poco, hablando de los ojos de resaca, llegué a escribir Tetis; borré Tetis; borremos ninfa; digamos solamente una criatura amada, palabra que incluye todas las potencias cristianas y paganas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Finalmente, acabé las dos trenzas. ¿Dónde estaba la cinta para atarles las puntas? Encima de la mesa, un triste pedazo de cinta sucia. Junté las puntas de las trenzas, las uní con un nudo, retoqué la obra, jalando aquí, acortando ahí, hasta que exclamé:&lt;/
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                <description><![CDATA[<p>Desde tiempos ancestrales las historias nos ayudan a entender o interpretar la realidad, a darle algún tipo de sentido. Nos asisten en el interminable intento de explicarnos de dónde venimos, a dónde vamos, quiénes somos, qué es lo que está pasando a nuestro alrededor, o qué fue lo que pasó.</p><p>En definitiva, las historias iluminan y dirigen el escenario de nuestras vidas, y son parte integral de lo que somos o de lo que creemos ser, como individuos, como sociedad, como especia humana.</p><p>De hecho, el famoso historiador Yuval Harari habla sobre cómo lo que nos diferencia de todas las otras especies y nos ha permitido prácticamente dominar el mundo, es la capacidad de contar historias. Lo que nos permite cooperar de manera flexible y a gran escala. Explico un poco:</p><p>Ninguna otra especie puede hacer esto. Hay algunas como las abejas, o las hormigas, que pueden cooperar a gran escala, pero no de manera flexible. Por lo que no pueden adaptarse rápidamente a nuevos peligros o aprovechar nuevas oportunidades.</p><p>Otras especies, como los lobos o los chimpancés, pueden cooperar de manera flexible, pero no a gran escala. Y el motivo por el que no pueden cooperar a gran escala, es porque necesitan conocer personalmente a los otros miembros de su especie para poder confiar y así cooperar con ellos. Y eso siempre tiene un límite, no puede ser a gran escala.</p><p>El ser humano sin embargo, puede cooperar a gran escala y de manera flexible, incluso con desconocidos. Y esto es precisamente gracias a las historias. A los mitos compartidos. Porque estos nos ayudan a crear o a inventar objetivos, reglas, y toda clase de ideas comunes, ya sean estas sobre el bien y el mal, sobre los derechos inalienables, o sobre una mano invisible que controla el mercado. Es nuestra capacidad de contar historias lo que nos da la posibilidad de viajar por el espacio sideral o por las desconocidas profundidades de los mundos submarinos; de hacer revoluciones libertarias o implacables guerras de conquista.</p><p>En nuestro afán de explicar, o reemplazar, o entender la realidad, creo que la mayoría de las buenas historias nos dan respuestas a nuestras preguntas más profundas. En ellas nos vemos reflejados y decimos: sí, así es la vida.</p><p>Pero también historias que nos llevan por otro camino, y en lugar de dejarnos con respuestas sobre la realidad, nos dejan llenos de preguntas.</p><p>Al leerlas no nos quedamos asintiendo diciendo que sí, que así es la vida. Tampoco rechazamos que no lo sea así, sino no sería una buena historia. Las buenas historias nos tienen que contar alguna Verdad. Por lo menos tenemos que sentir que nos cuentan alguna Verdad. Verdad con mayúscula. Aunque sea a través de la duda… que nos cuenten esa verdad.</p><p>En fin, al leer este tipo de historias, en lugar de asentir, nos preguntamos, una y otra vez: es así la vida? Será que es así la vida?</p><p>Estas historias pueden ser muy poderosas, porque a veces una buena pregunta vale más que todas las respuestas.</p><p>Y creo que ese es el caso de Don Casmurro, la novela de la que quiero hablar hoy.</p><p>Por qué digo que Dom Casmurro es un libro que nos llena de preguntas?</p><p>Porque personalmente, creo que esa es la intención del libro. Creo que ha sido escrito como un enigma. Pero incluso sobre cuál es la intención del libro se han librado y se libran intensos e interminables debates. Lo que refuerza mi impresión de la historia como enigma, como pregunta.</p><p>Incluso en unos de los capítulos del libro, el narrador reflexiona sobre la diferencia entre libros confusos y libros omisos, y nos cuenta sobre su preferencia por los omisos, y sobre su afición por cerrar los ojos y ponerse a llenar las lagunas que la historia le dejó y al mismo tiempo nos invita a hacer lo mismo con la historia que nos está contando.</p><p>Es así que el libro está lleno de lagunas, contradicciones y detalles que nos pueden llevar tanto en una como en otra dirección.</p><p>Pero de qué se trata la historia de Don Camurro?</p><p>La historia comienza cuando un tipo rico, Dom Casmurro, que es el narrador, ya al final de su vida decide contarnos sus memorias, según él, nos dice que lo hace a modo de calentamiento, antes de comenzar a escribir un libro más serio.</p><p>Ahora, por qué es realmente es que se pone a escribir su vida entera?</p><p>Motivo de intenso debate.</p><p>Mas allá de sus motivos, el hilo conductor la vida que nos cuenta, es la historia de amor con su vecina de infancia, Capitú. Historia que vemos nascer y crecer en medio de enredos y desenredos hasta que llegan a casare, y a tener una vida aparentemente plena y feliz.</p><p>Algunas historias terminan ahí; pero raramente la vida es así. Por lo que esas historias normalmente son malísimas.</p><p>Nuestra historia continúa, y la aparente plenitud que vivían se acaba con la muerte de Escobar, que era el mejor amigo de Don Casmurro, que por ese entonces todavía no tenía ese apodo, lo llamaban simplemente por su nombre: Bento, o Bentinho.</p><p>Don Casmurro nos cuenta cómo después de la muerte de Escobar, de manera aparentemente repentina, al parecer gracias a una mirada delatora, él toma total y absoluta conciencia de la infedilidad de Capitu.</p><p>A partir de ahí, lo que sigue es la historia del deterioro y la destrucción de todo, que termina en la soledad de Don Casmurro, quien dice haberse perdido a si mismo en el camino, quien termina reconstruyendo en la vejez la casa de la adolescencia y escribiendo y contando sus memorias.</p><p>Don Casmurro es un clásico de clásicos de la literatura brasilera, el típico libro que se estudia en la escuela, y es prácticamente imposible conversar sobre literatura con una persona de Brasil sin escuchar, aunque sea un poco, sobre Machado de Assis.</p><p>Pero qué es al final de cuenta un clásico?</p><p>Los estudiosos de la forma y del estilo tienen interminables y laberínticas formas de explicar cómo y porqué los clásicos son clásicos, de qué forma captaron los más profundos estigmas de su sociedad y rompieron los paradigmas literarios de su tiempo ganándose un lugar imperecedero en nuestras vidas.</p><p>Por otro lado yo, ya sea por ignorancia o ya sea por flojera, me contento con la simple idea de que los clásicos son clásicos porque de una u otra forma supieron reflejar de especial manera la esencia del ser humano.</p><p>Y en este caso cómo atrapa don casmurro la escencia humana?</p><p>Es en ese sentido que yo realmente disfruté de Dom Casmurro, por el cuidado con el que se va armando la historia, por cada detalle que dice, por cada detalle que omite decir, por el interminable debate que provoca, es una historia que se termina convirtiendo en una herramienta de reflexión, tanto individual y colectiva.</p><p>Si quieren conocer bien a alguien, pídanle que lea Don Casmurro y después háganle unas cuantas preguntas sobre el libro, y rápido van a saber mejor con quien están hablando.</p><p>Si quieren conocerse mejor a si mismos, es cuestión de leer el libro y después comenzar a pensar por qué lo interpretamos de la forma en que lo hacemos. O sentarnos a pensar en qué creemos que pasó en las lagunas y vericuetos de la historia.</p><p>El libro funciona así por qué nos es dado precisamente como un enigma, por lo menos eso es lo que creo yo, desde el principio hasta el final. Un enigma sin respuesta, pero gracias al cuál podemos apreciar el misterio mismo de los caminos interiores del ser humano. Y no solo leyendo el libro, sino sobre todo después...en las conversaciones con otras personas que también hayan leido el libro o en artículos, estudios, ensayos, tesis,videos, charlas, conferencias, entrevistas, etc.</p><p>El debate sobre Don Casmurro nos lleva por un vendaval imparable de simpatías y odios encarnizados, de fieros ataques y de defensas apasionadas, y en cada opinión en realidad llegamos a conocer más sobre el que está opinando que sobre qué fue lo que pasó realmente entre Bentinho y Capitu.</p><p>El drama de Don Casmurro, en apariencia parece ser bastante sencillo, pero por la forma en que está escrito, puede ser leído como un libro sobre la traición, o como un libro sobre los celos, o como un libro sobre las personas que lo leen y lo interpretan, o como un libro sobre la sociedad en las que estas personas viven y aprendieron a leer.</p><p>De todas sus lecturas posibles, hay alguna que sea la indicada o la correcta? La mejor? Personalmente creo que no, porque tal vez, solo tal vez, puede ser que la vida sí sea así, un enigma más omiso que confuso, en el que el acto de imaginar sea más importante que el de saber, y en el que preguntar sea más importante que responder.</p><p>Les voy a leer una partecita del libro, una de las escenas de amor más bonitas que ya leí, a ver si así se animan a leer o releer la historia, como siempre. espero que les guste.</p><p><br></p><p>Todo era materia de las curiosidades de Capitú. Hubo un caso, sin embargo, del cual no sé si aprendió o enseñó, o si hizo ambas cosas, como yo. Es lo que contaré en el otro capítulo.</p><p>En éste diré solamente que, pasados algunos días del acuerdo con el agregado, fui a ver a mi amiga; eran las diez de la mañana. Doña Fortunata, que estaba en el patio, ni esperó que yo le preguntara por la hija.</p><p>–Está en la sala, peinándose, me dijo; ve despacito para darle un susto.</p><p>Fui despacio, pero el pie o el espejo me traicionaron. Puede ser que éste no; era un espejito de baratija (perdonadme el menosprecio), comprado a un mercero italiano, moldura tosca, argollita de latón, pendiente de la pared, entre las dos ventanas. Si no fue el espejo, fue el pie. Uno u otro, la verdad es que, apenas entré en la sala, peine, cabellos, toda ella voló por los aires, y sólo le oí esta pregunta:</p><p>–¿Hay alguna novedad?</p><p>–No, ninguna, respondí; vine a verte antes de que el padre Cabral llegue para la</p><p>lección. ¿Cómo pasaste la noche?</p><p>–Yo bien, ¿José Dias todavía no habló?</p><p>–Parece que no.</p><p>–¿Pero entonces cuándo hablará?</p><p>–Me dijo que hoy o mañana piensa tocar el asunto: no va a ir luego de golpe, hablará largo y tendido, un toque. Después, va a entrar en materia. Primero quiere ver si mamá tiene la decisión tomada...</p><p>–De que la tiene, la tiene, me interrumpió Capitú. Y si no fuese necesario alguien para vencer luego, y del todo, no se le hablaría. Yo ya ni sé si José Dias podrá influir tanto; creo que hará todo, si siente que realmente no quieres ser cura, ¿pero podrá lograrlo...? Él es escuchado; si, no obstante... ¡Esto es un infierno! Insiste con él, Benito.</p><p>–Insisto; hoy mismo ha de hablar.</p><p>–¿Lo juras?</p><p>–¡Lo juro! Déjame ver tus ojos, Capitú.</p><p>Me había acordado de la definición que José Dias había hecho, “ojos de gitana oblicua y disimulada”. Yo no sabía lo que era oblicua, pero disimulada sí, y quería ver si se podían llamar así. Capitú se dejó ver y examinar. Sólo me preguntaba qué pasaba, si nunca los había visto; yo nada encontré de extraordinario; el color y la dulzura eran mis conocidos.</p><p>La demora de la contemplación creo que le dio otra idea de mi propósito; pensó que era un pretexto para mirarlos más de cerca, con mis ojos grandes, constantes, metidos en ellos, y a esto le atribuyo que empezaran a estar agrandados, agrandados y sombríos, con tal expresión que...Retórica de los enamorados, dame una comparación exacta y poética para decir lo que fueron aquellos ojos de Capitú. No me acude imagen capaz de decir, sin romper la dignidad del estilo, lo que fueron y me dijeron. ¿Ojos de resaca? Vaya, de resaca. Es lo que me da</p><p>idea de aquel aspecto nuevo. Traían no sé qué fluido misterioso y enérgico, una fuerza que arrastraba hacia adentro, como la ola que se retira de la playa en los días de resaca. Para no ser arrastrado, me agarré de las otras partes cercanas, de las orejas, de los brazos, de los cabellos esparcidos por los hombros; pero tan rápido buscaba las pupilas, la ola que salía de ellas venía creciendo, cava y oscura, amenazando con arrollarme, jalarme y tragarme.</p><p>¿Cuántos minutos consumimos en aquel juego? Sólo los relojes del cielo habrán marcado ese tiempo infinito y breve. La eternidad tiene sus péndulos; no por no acabar nunca deja de querer saber la duración de las felicidades y de los suplicios. Ha de duplicar el gozo a los bienaventurados del cielo conocer la suma de los tormentos que ya habrán padecido en el infierno sus enemigos; así también la cantidad de las delicias que habrán gozado en el cielo sus desafectos aumentará los dolores a los condenados del infierno. Este otro suplicio se le olvidó al divino Dante, pero yo no estoy aquí para enmendar poetas. Sí para contar que, al cabo de un tiempo no marcado, me agarré definitivamente de los cabellos de Capitú, pero entonces con las manos, y le dije –por decir algo– que podía peinarlos si quisiera.</p><p>–¿Tú?</p><p>–Yo mismo.</p><p>–Vas a enredarme todo el cabello, eso sí.</p><p>–Si lo enredo, te lo desenredas después.</p><p>–Vamos a ver.</p><p>Capitú me dio la espalda, volteándose al espejito. La así de los cabellos, los sujeté todos y empecé a alisarlos con el peine, desde la frente hasta las últimas puntas, que le bajaban a la cintura. De pie no había manera: no olvidaste que era un poquito más alta que yo, pero aunque tuviese la misma estatura. Le pedí que se sentara.</p><p>–Siéntate aquí, es mejor.</p><p>Se sentó. “Vamos a ver al gran peluquero”, me dijo riendo. Seguí alisando los cabellos, con mucho cuidado, y los dividí en dos partes iguales, para hacer las dos trenzas. No las hice luego, ni así deprisa, como pueden suponer los peluqueros de oficio, sino despacio, despacito, saboreando con el tacto aquellos hilos gruesos, que eran parte de ella. El trabajo era desordenado, unas veces por ineptitud, otras a propósito, para deshacer lo hecho o rehacerlo. Los dedos rozaban la nuca de la pequeña o la espalda vestida de percal, y la sensación era un deleite. Pero, al fin, los cabellos acabaron, por más que yo los quisiera interminables. No pedí al cielo que fuesen tan largos como los de la Aurora, porque no conocía todavía a esta divinidad que los viejos poetas me presentaron después; pero, deseé peinarlos por todos los siglos de los siglos, tejer dos trenzas que pudiesen envolver el infinito por un número innombrable de veces. Si esto os parece enfático, desventurado lector, es que nunca peinasteis a una pequeña, nunca pusisteis las manos adolescentes en la joven cabeza de una ninfa... ¡Una ninfa! Ando todo mitológico. Todavía hace poco, hablando de los ojos de resaca, llegué a escribir Tetis; borré Tetis; borremos ninfa; digamos solamente una criatura amada, palabra que incluye todas las potencias cristianas y paganas.</p><p>Finalmente, acabé las dos trenzas. ¿Dónde estaba la cinta para atarles las puntas? Encima de la mesa, un triste pedazo de cinta sucia. Junté las puntas de las trenzas, las uní con un nudo, retoqué la obra, jalando aquí, acortando ahí, hasta que exclamé:]]></description>
                <content:encoded>&lt;p&gt;Desde tiempos ancestrales las historias nos ayudan a entender o interpretar la realidad, a darle algún tipo de sentido. Nos asisten en el interminable intento de explicarnos de dónde venimos, a dónde vamos, quiénes somos, qué es lo que está pasando a nuestro alrededor, o qué fue lo que pasó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En definitiva, las historias iluminan y dirigen el escenario de nuestras vidas, y son parte integral de lo que somos o de lo que creemos ser, como individuos, como sociedad, como especia humana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, el famoso historiador Yuval Harari habla sobre cómo lo que nos diferencia de todas las otras especies y nos ha permitido prácticamente dominar el mundo, es la capacidad de contar historias. Lo que nos permite cooperar de manera flexible y a gran escala. Explico un poco:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ninguna otra especie puede hacer esto. Hay algunas como las abejas, o las hormigas, que pueden cooperar a gran escala, pero no de manera flexible. Por lo que no pueden adaptarse rápidamente a nuevos peligros o aprovechar nuevas oportunidades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Otras especies, como los lobos o los chimpancés, pueden cooperar de manera flexible, pero no a gran escala. Y el motivo por el que no pueden cooperar a gran escala, es porque necesitan conocer personalmente a los otros miembros de su especie para poder confiar y así cooperar con ellos. Y eso siempre tiene un límite, no puede ser a gran escala.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El ser humano sin embargo, puede cooperar a gran escala y de manera flexible, incluso con desconocidos. Y esto es precisamente gracias a las historias. A los mitos compartidos. Porque estos nos ayudan a crear o a inventar objetivos, reglas, y toda clase de ideas comunes, ya sean estas sobre el bien y el mal, sobre los derechos inalienables, o sobre una mano invisible que controla el mercado. Es nuestra capacidad de contar historias lo que nos da la posibilidad de viajar por el espacio sideral o por las desconocidas profundidades de los mundos submarinos; de hacer revoluciones libertarias o implacables guerras de conquista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En nuestro afán de explicar, o reemplazar, o entender la realidad, creo que la mayoría de las buenas historias nos dan respuestas a nuestras preguntas más profundas. En ellas nos vemos reflejados y decimos: sí, así es la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero también historias que nos llevan por otro camino, y en lugar de dejarnos con respuestas sobre la realidad, nos dejan llenos de preguntas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al leerlas no nos quedamos asintiendo diciendo que sí, que así es la vida. Tampoco rechazamos que no lo sea así, sino no sería una buena historia. Las buenas historias nos tienen que contar alguna Verdad. Por lo menos tenemos que sentir que nos cuentan alguna Verdad. Verdad con mayúscula. Aunque sea a través de la duda… que nos cuenten esa verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, al leer este tipo de historias, en lugar de asentir, nos preguntamos, una y otra vez: es así la vida? Será que es así la vida?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Estas historias pueden ser muy poderosas, porque a veces una buena pregunta vale más que todas las respuestas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y creo que ese es el caso de Don Casmurro, la novela de la que quiero hablar hoy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por qué digo que Dom Casmurro es un libro que nos llena de preguntas?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque personalmente, creo que esa es la intención del libro. Creo que ha sido escrito como un enigma. Pero incluso sobre cuál es la intención del libro se han librado y se libran intensos e interminables debates. Lo que refuerza mi impresión de la historia como enigma, como pregunta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Incluso en unos de los capítulos del libro, el narrador reflexiona sobre la diferencia entre libros confusos y libros omisos, y nos cuenta sobre su preferencia por los omisos, y sobre su afición por cerrar los ojos y ponerse a llenar las lagunas que la historia le dejó y al mismo tiempo nos invita a hacer lo mismo con la historia que nos está contando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es así que el libro está lleno de lagunas, contradicciones y detalles que nos pueden llevar tanto en una como en otra dirección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero de qué se trata la historia de Don Camurro?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia comienza cuando un tipo rico, Dom Casmurro, que es el narrador, ya al final de su vida decide contarnos sus memorias, según él, nos dice que lo hace a modo de calentamiento, antes de comenzar a escribir un libro más serio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora, por qué es realmente es que se pone a escribir su vida entera?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Motivo de intenso debate.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mas allá de sus motivos, el hilo conductor la vida que nos cuenta, es la historia de amor con su vecina de infancia, Capitú. Historia que vemos nascer y crecer en medio de enredos y desenredos hasta que llegan a casare, y a tener una vida aparentemente plena y feliz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Algunas historias terminan ahí; pero raramente la vida es así. Por lo que esas historias normalmente son malísimas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nuestra historia continúa, y la aparente plenitud que vivían se acaba con la muerte de Escobar, que era el mejor amigo de Don Casmurro, que por ese entonces todavía no tenía ese apodo, lo llamaban simplemente por su nombre: Bento, o Bentinho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Don Casmurro nos cuenta cómo después de la muerte de Escobar, de manera aparentemente repentina, al parecer gracias a una mirada delatora, él toma total y absoluta conciencia de la infedilidad de Capitu.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A partir de ahí, lo que sigue es la historia del deterioro y la destrucción de todo, que termina en la soledad de Don Casmurro, quien dice haberse perdido a si mismo en el camino, quien termina reconstruyendo en la vejez la casa de la adolescencia y escribiendo y contando sus memorias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Don Casmurro es un clásico de clásicos de la literatura brasilera, el típico libro que se estudia en la escuela, y es prácticamente imposible conversar sobre literatura con una persona de Brasil sin escuchar, aunque sea un poco, sobre Machado de Assis.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero qué es al final de cuenta un clásico?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los estudiosos de la forma y del estilo tienen interminables y laberínticas formas de explicar cómo y porqué los clásicos son clásicos, de qué forma captaron los más profundos estigmas de su sociedad y rompieron los paradigmas literarios de su tiempo ganándose un lugar imperecedero en nuestras vidas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro lado yo, ya sea por ignorancia o ya sea por flojera, me contento con la simple idea de que los clásicos son clásicos porque de una u otra forma supieron reflejar de especial manera la esencia del ser humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y en este caso cómo atrapa don casmurro la escencia humana?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es en ese sentido que yo realmente disfruté de Dom Casmurro, por el cuidado con el que se va armando la historia, por cada detalle que dice, por cada detalle que omite decir, por el interminable debate que provoca, es una historia que se termina convirtiendo en una herramienta de reflexión, tanto individual y colectiva.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si quieren conocer bien a alguien, pídanle que lea Don Casmurro y después háganle unas cuantas preguntas sobre el libro, y rápido van a saber mejor con quien están hablando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si quieren conocerse mejor a si mismos, es cuestión de leer el libro y después comenzar a pensar por qué lo interpretamos de la forma en que lo hacemos. O sentarnos a pensar en qué creemos que pasó en las lagunas y vericuetos de la historia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El libro funciona así por qué nos es dado precisamente como un enigma, por lo menos eso es lo que creo yo, desde el principio hasta el final. Un enigma sin respuesta, pero gracias al cuál podemos apreciar el misterio mismo de los caminos interiores del ser humano. Y no solo leyendo el libro, sino sobre todo después...en las conversaciones con otras personas que también hayan leido el libro o en artículos, estudios, ensayos, tesis,videos, charlas, conferencias, entrevistas, etc.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El debate sobre Don Casmurro nos lleva por un vendaval imparable de simpatías y odios encarnizados, de fieros ataques y de defensas apasionadas, y en cada opinión en realidad llegamos a conocer más sobre el que está opinando que sobre qué fue lo que pasó realmente entre Bentinho y Capitu.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El drama de Don Casmurro, en apariencia parece ser bastante sencillo, pero por la forma en que está escrito, puede ser leído como un libro sobre la traición, o como un libro sobre los celos, o como un libro sobre las personas que lo leen y lo interpretan, o como un libro sobre la sociedad en las que estas personas viven y aprendieron a leer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De todas sus lecturas posibles, hay alguna que sea la indicada o la correcta? La mejor? Personalmente creo que no, porque tal vez, solo tal vez, puede ser que la vida sí sea así, un enigma más omiso que confuso, en el que el acto de imaginar sea más importante que el de saber, y en el que preguntar sea más importante que responder.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Les voy a leer una partecita del libro, una de las escenas de amor más bonitas que ya leí, a ver si así se animan a leer o releer la historia, como siempre. espero que les guste.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo era materia de las curiosidades de Capitú. Hubo un caso, sin embargo, del cual no sé si aprendió o enseñó, o si hizo ambas cosas, como yo. Es lo que contaré en el otro capítulo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En éste diré solamente que, pasados algunos días del acuerdo con el agregado, fui a ver a mi amiga; eran las diez de la mañana. Doña Fortunata, que estaba en el patio, ni esperó que yo le preguntara por la hija.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Está en la sala, peinándose, me dijo; ve despacito para darle un susto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Fui despacio, pero el pie o el espejo me traicionaron. Puede ser que éste no; era un espejito de baratija (perdonadme el menosprecio), comprado a un mercero italiano, moldura tosca, argollita de latón, pendiente de la pared, entre las dos ventanas. Si no fue el espejo, fue el pie. Uno u otro, la verdad es que, apenas entré en la sala, peine, cabellos, toda ella voló por los aires, y sólo le oí esta pregunta:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Hay alguna novedad?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–No, ninguna, respondí; vine a verte antes de que el padre Cabral llegue para la&lt;/p&gt;&lt;p&gt;lección. ¿Cómo pasaste la noche?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Yo bien, ¿José Dias todavía no habló?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Parece que no.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Pero entonces cuándo hablará?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Me dijo que hoy o mañana piensa tocar el asunto: no va a ir luego de golpe, hablará largo y tendido, un toque. Después, va a entrar en materia. Primero quiere ver si mamá tiene la decisión tomada...&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–De que la tiene, la tiene, me interrumpió Capitú. Y si no fuese necesario alguien para vencer luego, y del todo, no se le hablaría. Yo ya ni sé si José Dias podrá influir tanto; creo que hará todo, si siente que realmente no quieres ser cura, ¿pero podrá lograrlo...? Él es escuchado; si, no obstante... ¡Esto es un infierno! Insiste con él, Benito.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Insisto; hoy mismo ha de hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Lo juras?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¡Lo juro! Déjame ver tus ojos, Capitú.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me había acordado de la definición que José Dias había hecho, “ojos de gitana oblicua y disimulada”. Yo no sabía lo que era oblicua, pero disimulada sí, y quería ver si se podían llamar así. Capitú se dejó ver y examinar. Sólo me preguntaba qué pasaba, si nunca los había visto; yo nada encontré de extraordinario; el color y la dulzura eran mis conocidos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La demora de la contemplación creo que le dio otra idea de mi propósito; pensó que era un pretexto para mirarlos más de cerca, con mis ojos grandes, constantes, metidos en ellos, y a esto le atribuyo que empezaran a estar agrandados, agrandados y sombríos, con tal expresión que...Retórica de los enamorados, dame una comparación exacta y poética para decir lo que fueron aquellos ojos de Capitú. No me acude imagen capaz de decir, sin romper la dignidad del estilo, lo que fueron y me dijeron. ¿Ojos de resaca? Vaya, de resaca. Es lo que me da&lt;/p&gt;&lt;p&gt;idea de aquel aspecto nuevo. Traían no sé qué fluido misterioso y enérgico, una fuerza que arrastraba hacia adentro, como la ola que se retira de la playa en los días de resaca. Para no ser arrastrado, me agarré de las otras partes cercanas, de las orejas, de los brazos, de los cabellos esparcidos por los hombros; pero tan rápido buscaba las pupilas, la ola que salía de ellas venía creciendo, cava y oscura, amenazando con arrollarme, jalarme y tragarme.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Cuántos minutos consumimos en aquel juego? Sólo los relojes del cielo habrán marcado ese tiempo infinito y breve. La eternidad tiene sus péndulos; no por no acabar nunca deja de querer saber la duración de las felicidades y de los suplicios. Ha de duplicar el gozo a los bienaventurados del cielo conocer la suma de los tormentos que ya habrán padecido en el infierno sus enemigos; así también la cantidad de las delicias que habrán gozado en el cielo sus desafectos aumentará los dolores a los condenados del infierno. Este otro suplicio se le olvidó al divino Dante, pero yo no estoy aquí para enmendar poetas. Sí para contar que, al cabo de un tiempo no marcado, me agarré definitivamente de los cabellos de Capitú, pero entonces con las manos, y le dije –por decir algo– que podía peinarlos si quisiera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–¿Tú?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Yo mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Vas a enredarme todo el cabello, eso sí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Si lo enredo, te lo desenredas después.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Vamos a ver.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Capitú me dio la espalda, volteándose al espejito. La así de los cabellos, los sujeté todos y empecé a alisarlos con el peine, desde la frente hasta las últimas puntas, que le bajaban a la cintura. De pie no había manera: no olvidaste que era un poquito más alta que yo, pero aunque tuviese la misma estatura. Le pedí que se sentara.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;–Siéntate aquí, es mejor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se sentó. “Vamos a ver al gran peluquero”, me dijo riendo. Seguí alisando los cabellos, con mucho cuidado, y los dividí en dos partes iguales, para hacer las dos trenzas. No las hice luego, ni así deprisa, como pueden suponer los peluqueros de oficio, sino despacio, despacito, saboreando con el tacto aquellos hilos gruesos, que eran parte de ella. El trabajo era desordenado, unas veces por ineptitud, otras a propósito, para deshacer lo hecho o rehacerlo. Los dedos rozaban la nuca de la pequeña o la espalda vestida de percal, y la sensación era un deleite. Pero, al fin, los cabellos acabaron, por más que yo los quisiera interminables. No pedí al cielo que fuesen tan largos como los de la Aurora, porque no conocía todavía a esta divinidad que los viejos poetas me presentaron después; pero, deseé peinarlos por todos los siglos de los siglos, tejer dos trenzas que pudiesen envolver el infinito por un número innombrable de veces. Si esto os parece enfático, desventurado lector, es que nunca peinasteis a una pequeña, nunca pusisteis las manos adolescentes en la joven cabeza de una ninfa... ¡Una ninfa! Ando todo mitológico. Todavía hace poco, hablando de los ojos de resaca, llegué a escribir Tetis; borré Tetis; borremos ninfa; digamos solamente una criatura amada, palabra que incluye todas las potencias cristianas y paganas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Finalmente, acabé las dos trenzas. ¿Dónde estaba la cinta para atarles las puntas? Encima de la mesa, un triste pedazo de cinta sucia. Junté las puntas de las trenzas, las uní con un nudo, retoqué la obra, jalando aquí, acortando ahí, hasta que exclamé:</content:encoded>
                
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                <pubDate>Sat, 24 Dec 2022 04:29:20 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#12 La Soledad de América Latina - Gabriel García Márquez</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Hola hola, mi nombre es Camilo, y sean bienvenidos a Lecturas del Bosque.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le estaba escapando a hablar sobre Gabriel García Márquez. Porque la verdad es que me gusta tanto que no se bien qué decir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero por alguna razón, después de hacer el capítulo anterior aquí en el podcast me dió la curiosidad leer su biografía escrita por Gerarld Martin, un trabajaso que le tomó unos 18 años, y nos muestra una una vida que termina siendo igual o más fantástica que cualquiera de sus relatos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que aquí estamos. Vamos a intentar hablar un poquito del maestro de maestros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mayoría de las historias de García Márquez están conectadas las unas con las otras, como si casi todas existieran dentro de la misma realidad imaginada. Por ejemplo, las cosas que un personaje dice en un cuento a veces solo se terminan de entender al leer otra novela. O hay personajes que deambulan y se pasean de una historia a otra, como reafirmando que estamos en el mismo mundo, en la tierra de Macondo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay escritores, que escriben toda su obra como si fuese un solo proyecto, como hechizados siempre por la misma idea, tratando de decir lo mismo de todas las formas posibles. En gran medida, ese es el caso de Gabriel García Márquez. Y aunque parezca contrario, o incluso opuesto a lo colorido y a lo lleno de vida que es su mundo imaginario; este es un mundo, aparentemente levantado y fundado, sobre la idea de la soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En una oportunidad Garcia Marquez dijo: «En realidad, uno no escribe sino un libro. Lo difícil es saber cual es el libro que uno está escribiendo. En mi caso, sí es el libro de Macondo, que es lo que más se dice. Pero si lo piensas con cuidado, verás que el libro que yo estoy escribiendo no es el libro de Macondo, sino el libro de la soledad”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero cuál es esta soledad y de dónde viene? En realidad podemos ver el rastro de la soledad por todas partes en su obra, desde la soledad en la que José Arcadio descubría el amor en el oscuro y laberíntico cuarto de Pilar Ternera, hasta la soledad de las batallas perdidas, por ejemplo en la alquímica e infructuosa búsqueda de la fortuna eterna que lleva a su padre, también José Arcadio, a la locura. O en los 32 levantamientos en armas del Coronel Aureliano Buendía, para volver a ser siempre derrotado, o la soledad en la que su tropa de hijos que se tuvieron que criar sin padre, o la soledad en la que la pobre cándida Eréndida tuvo que sobrevivir la bestial soledad de su abuela desalmada. O la soledad a la que se tiene enfrenta Fermina Daza cuando se le muere el viejito de su vida, tratando de bajar a su célebre loro del árbol. O la soledad en la que a Florentino Ariza se le quema el corazon en más de medio siglo de amarla. Pero tal vez, y sobre todo, y en todas partes, la colorida y maravillosa soledad de un mundo en el que nadie puede decidir nada sobre si mismo, porque ya estaba todo escrito desde antes de nacer, un mundo donde nadie vive su vida, sino la sufre, de la mejor manera posible, como a una inevitable consecuencia del destino. Quizás sea esa la más grande soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay un episodio en la vida de Gabriel García Márquez que al parecer tuvo una tremenda importancia en su vida, y que parece que lo termina definiendo como escritor. La importancia de ese episodio es tal, que él mismo comienza a contar su autobiografía con ese episodio: La vez que su madre va a buscarlo a Barranquilla, para que la acompañe a Aracataca, el pueblo en el que vivió su niñez, para vender la casa de sus abuelos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para entender mejor ese episodio, hay que tomar en cuenta que García Márquez, era de la costa colombiana, y que poco después de su mismo nacimiento, tuvo que vivir sus primeros años de vida con el abandono de su madre, que lo dejó en Aracataca para ser criado por sus abuelos, en un pueblo que estaba viviendo la etapa final de una gran bonanza, la bonanza del banano, que había llenado de dinero y de vida toda la zona de la costa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vivió en una casa llena de mujeres, de cuentos y de supersticiones, en la que la fantasía era simplemente otro aspecto de la realidad, y donde el abuelo, un ex combatiente de la guerra de los mil días, diccionario en mano, se convierte para el niño en una figura paterna heroica, y en la voz de la razón. Más adelante García Marquez dirá que desde la muerte del abuelo no le ha pasado nada interesante en la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, unos años más tarde, es García Marquéz quien tiene que dejar el pueblo para irse con su padre a Barranquilla a ayudarlo a buscar nuevas perspectivas, dejando atrás el mágico mundo de los abuelos. Y más tarde, debe irse sólo, a Bogotá, a buscarse una beca para poder seguir estudiando. Bogotá fue un cambio duro para él. Veía en esta ciudad grande y fría una tristeza completamente opuesta a su pueblito costeño lleno de vida, de folclore y de color. Nunca se acostumbró, y vivía en la nostalgia del paraíso perdido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, un día llega su madre y lo invita a volver para vender la casa de sus abuelos. Pero al volver nada era como antes. La bonanza del banano había terminado ya hace años, y el que una vez fue un pueblo lleno de magia y de alegría, era ahora un pueblo fantasma, desierto, envejecido, empobrecido, y abandonado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;García Marquez narra que cuando llegaron, su madre al saludar a una vieja vecina en una tienda, sin decir ni una sola palabra, al encontrase, se abrazaron y lloraron durante media hora. Y que fue en ese momento que a él le viene la idea de contar por escrito el pasado de todo eso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Este enfrentamiento entre el paraíso de sus recuerdos y la realidad que se le presenta, es quizás la imagen de soledad más profunda, y la idea que fecunda toda la obra de García Márquez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mario Vargas Llosa, al comentar este episodio nos recuerda un pasaje de Cien años de Soledad, en el que el Coronel Aureliano Buendía vuelve a Macondo, en medio de una de sus guerras, y en su ausencia el tiempo ha deteriorado a su pueblo y a su casa, como había deteriorado a Aracataca cuando García Márquez volvió con su madre. Dice la novela, refiriéndose al Coronel: &lt;em&gt;«No percibió los minúsculos y desgarradores destrozos que el tiempo había hecho en la casa, y que después de una ausencia tan prolongada habrían parecido un desastre a cualquier hombre que conservara vivos sus recuerdos. No le dolieron las peladuras de cal en las paredes, ni los sucios algodones de telaraña en los rincones, ni el polvo de las begonias, ni las nervaduras del comején en las vigas, ni el musgo de los quicios, ni ninguna de las trampas insidiosas que le tendía la nostalgia» &lt;/em&gt;. Lo que no le ocurre al Coronel le ocurrió a García Márquez: él sí percibió los destrozos, a él sí le pareció aquello un desastre, él sí cayó en la trampa de la memoria.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vargas Llosa continúa explicando el episodio así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sufre, pero, en verdad, no tanto por su pueblo como por él mismo. Su dolor es sincero aunque egoísta: se siente engañado, traicionado, contradicho por la realidad. Una infidelidad es el premio que merece su más honda devoción: la Aracataca a la cual se había mantenido aferrado con toda la furia de sus recuerdos, aquélla que lo había hecho sentirse un forastero en el internado, ya no es más. ¿El tiempo destrozó realmente el pueblo o fue su propia memoria lo que el tiempo alteró? No importa: el adolescente, confrontado con ese desmentido brutal que le inflinge la realidad, se siente súbitamente privado de lo que más ansiosamente añoraba, de lo mejor que tenía: su infancia. Un ‘demonio’ que no lo abandonará más acaba de afirmarse en él, y allí permanecerá, azuzándolo, hasta que él sienta que lo ha exorcizado del todo y lo instale a su vez en el título de un libro: la soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro lado, Gerald Martin en su biografía, analiza que uno de los pasos importantes que tienen que suceder antes de que García Márquez pueda o llegue escribir su obra maestra, es la toma de conciencia de una identidad y una realidad latinoamericana amplias. Es solo después de viajar por medio mundo, de vivir muchas cosas y conocer mucha gente, solo después de reconocer la realidad latinoamericana y contrastarla con otras, que García Márquez la trata de explicar usando sus propias experiencias personales.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa toma de conciencia lo hace seguir escribiendo sobre si mismo y su pueblo, pero desde una perspectiva continental.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, Gerald Martin comienza la primera parte de la biografía así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quinientos años después de que los europeos se toparan con el Nuevo Mundo, a menudo América Latina parece una decepción para sus habitantes. Es como si su destino hubiera sido determinado por Colón, “el gran capitán”, que descubrió el nuevo continente por error, que equivocadamente lo llamó “las indias” y murió lleno de amargura y desilusión a comienzos del siglo XVI; o por Simón Bolivar, que puso fin al gobierno colonial español a principios del siglo XIX, pero murió consternado ante la desunión que reinaba en la región recién emancipada y atenazado por la sombría impresión de que “el que sirve a una revolución, ara el mar”. Más recientemente, el destino de Ernesto “Che” Guevara, el ícono revolucionario romántico por excelencia del siglo XX, que murió como un mártir en Bolivia en 1967. Soló confirmó la idea de que América Latina, el continente desconocido, la tierra del futuro, alberga grandiosos sueños y fracasos calamitosos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mucho antes de que el nombre de Guevara recorriera el obre, en un pequeño pueblo de Colombia que la historia solo iluminó fugazmente durante los años en que la United Fruit Company, con sede en Boston, decidiera plantar allí bananeras a comienzos del siglo XX, un niño escuchaba absorto mientras su abuelo contaba relatos de una guerra que duró mil días y que al acabar le había hecho sentir también la amarga soledad de los vencidos, relatos de hazañas gloriosas de antaño, de héroes y villanos espectrales; historias que le enseñaron al niño que la justicia no se entrama de manera natural en el urdimbre de la vida, que el bien no siempre vence en el reino de este mundo, y que los ideales que llenan los corazones y el espíritu de muchos hombres y mujeres pueden ser derrotados e incluso desaparecer de la faz de la tierra. A menos que perduren en la memoria de quienes viven para contarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(entre paréntesis vuelvo a decir que esta biografía es un librononón que no hay que dejar de leer)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, en esa introducción eso que dice sobre América Latina, sobre ser la tierra del futuro, nueva y sin embargo olvidada, lugar de sueños colosales y de fracasos estrepitosos, marcada siempre por la inevitabilidad del destino, tierra de nadie, de riqueza infinita y de pobreza interminable, saqueada y ultrajada; y sin embargo, hogar predilecto de la esperanza, de la alegría, del baile, del amor, de la vida en su más total expresión; aunque también de la tragedia, de la desdicha y el dolor. Un lugar, donde todo es posible y nada es seguro, donde la mayoría de sus héroes patrios son también vilipendiados de cobardes o de villanos, y que por añadidura luego van a morirse traicionados, en medio del abandono y la desgracia. Sin un mito de origen satisfactorio, una tierra repleta de hijos sin padre, de embusteros y de piratas. Donde la sombra de la ilegitimidad se extiende por los siglos de los siglos, un continente de la contradicción, del caos y de la fantasía, colmado de individuos, familias y sociedades tan fragmentadas y delirantes como nuestras identidades y conciencias de nosotros mismos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo esto, son cosas profundamente ancladas en el imaginario colectivo latinoamericano. Es nuestra peculiar soledad, sobre la que podemos leer hasta enfermarnos, de rabia y frustración, en cualquier buen libro de historia, o escuchar, con incredulidad y asombro, en las historias familiares de prácticamente cualquier familia latinoamericana, o incluso que podemos también verla a nuestro alrededor, en nuestro día a día, o en el noticiero cotidiano. Todos los días hay cosas que no se pueden creer, pero que inexplicablemente suceden. Hay lugares como el nuestro, donde la locura es lo normal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y La obra de Gabriel Garcia Marquéz nos hace sentir todas estas cosas, en mi experiencia, como ninguna otra. Su obra, es como una síntesis de su vida propia, pero también de la vida latinoamericana. Uno lo lee como asintiendo, como reconociéndose a uno mismo y a su entorno en cada página, aunque el tipo escriba sobre la costa Colombiana y uno sea boliviano. Porque la verdad es que tantos y tantos pueblos por toda América se parecen a Macondo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No se si pasará lo mismo con sus lectores en otros continentes. Pero puede que de alguna manera también sí, porque no deja de ser una obra global, especialmente sobre un mundo en transición, rápida y brutal, de sociedades tradicionales a la era industrial.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ademas, la forma en la que escribe es simplemente bellísima, llena de poesía, de ironía y de humor. Incomparable. En todas las casas que yo viví, siempre hubo varios libros de Garcia Marquéz, con ellos comencé a leer mis primeras novelas. Me encantó, siempre me encantó. Incluso puede ser que haber leído a Garcia Marquéz primero, me haya fregado la experiencia de leer otros libros después, porque en ningún otro encontraba la misma belleza, ningún otro me hacia cerrar el libro para repetir unas cuantas veces la frase que acababa de leer. Y la verdad es que hasta ahora, leer nunca ha sido tan placentero como leyendo a Garcia Marquéz. Mas adelante aprendí a apreciar otro tipo de historias, con otro tipo de belleza, pero la preferencia por el estilo inconfundible e inimitable de Garcia Marquéz se me quedó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que más me encanta de sus libros por ejemplo, es que tienen las mejores primeras frases. Vienen con una especia de poder místico y antiguo..&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La primera frase de Los Funerales de la Mamá Grande, por ejemplo, un cuento en el no pasa mucho más que la muerte de una gorda que era la dueña de absolutamente todo, pero es una muerte tan espectacular que nos termina revelando cómo es la sociedad y la vida por estos rumbos. Su primera frase es así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“&lt;em&gt;Esta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes del septiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo Pontífece.”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;O la primera frase de El amor en los tiempos del cólera, la más linda historia de amor que uno pueda leer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que es la historia inspirada en lo que pasó con sus padres, comienza así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“&lt;em&gt;Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y 
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                <description><![CDATA[<p>Hola hola, mi nombre es Camilo, y sean bienvenidos a Lecturas del Bosque.</p><p>Le estaba escapando a hablar sobre Gabriel García Márquez. Porque la verdad es que me gusta tanto que no se bien qué decir.</p><p>Pero por alguna razón, después de hacer el capítulo anterior aquí en el podcast me dió la curiosidad leer su biografía escrita por Gerarld Martin, un trabajaso que le tomó unos 18 años, y nos muestra una una vida que termina siendo igual o más fantástica que cualquiera de sus relatos.</p><p>Así que aquí estamos. Vamos a intentar hablar un poquito del maestro de maestros.</p><p>La mayoría de las historias de García Márquez están conectadas las unas con las otras, como si casi todas existieran dentro de la misma realidad imaginada. Por ejemplo, las cosas que un personaje dice en un cuento a veces solo se terminan de entender al leer otra novela. O hay personajes que deambulan y se pasean de una historia a otra, como reafirmando que estamos en el mismo mundo, en la tierra de Macondo.</p><p>Hay escritores, que escriben toda su obra como si fuese un solo proyecto, como hechizados siempre por la misma idea, tratando de decir lo mismo de todas las formas posibles. En gran medida, ese es el caso de Gabriel García Márquez. Y aunque parezca contrario, o incluso opuesto a lo colorido y a lo lleno de vida que es su mundo imaginario; este es un mundo, aparentemente levantado y fundado, sobre la idea de la soledad.</p><p>En una oportunidad Garcia Marquez dijo: «En realidad, uno no escribe sino un libro. Lo difícil es saber cual es el libro que uno está escribiendo. En mi caso, sí es el libro de Macondo, que es lo que más se dice. Pero si lo piensas con cuidado, verás que el libro que yo estoy escribiendo no es el libro de Macondo, sino el libro de la soledad”.</p><p>Pero cuál es esta soledad y de dónde viene? En realidad podemos ver el rastro de la soledad por todas partes en su obra, desde la soledad en la que José Arcadio descubría el amor en el oscuro y laberíntico cuarto de Pilar Ternera, hasta la soledad de las batallas perdidas, por ejemplo en la alquímica e infructuosa búsqueda de la fortuna eterna que lleva a su padre, también José Arcadio, a la locura. O en los 32 levantamientos en armas del Coronel Aureliano Buendía, para volver a ser siempre derrotado, o la soledad en la que su tropa de hijos que se tuvieron que criar sin padre, o la soledad en la que la pobre cándida Eréndida tuvo que sobrevivir la bestial soledad de su abuela desalmada. O la soledad a la que se tiene enfrenta Fermina Daza cuando se le muere el viejito de su vida, tratando de bajar a su célebre loro del árbol. O la soledad en la que a Florentino Ariza se le quema el corazon en más de medio siglo de amarla. Pero tal vez, y sobre todo, y en todas partes, la colorida y maravillosa soledad de un mundo en el que nadie puede decidir nada sobre si mismo, porque ya estaba todo escrito desde antes de nacer, un mundo donde nadie vive su vida, sino la sufre, de la mejor manera posible, como a una inevitable consecuencia del destino. Quizás sea esa la más grande soledad.</p><p>Hay un episodio en la vida de Gabriel García Márquez que al parecer tuvo una tremenda importancia en su vida, y que parece que lo termina definiendo como escritor. La importancia de ese episodio es tal, que él mismo comienza a contar su autobiografía con ese episodio: La vez que su madre va a buscarlo a Barranquilla, para que la acompañe a Aracataca, el pueblo en el que vivió su niñez, para vender la casa de sus abuelos.</p><p>Para entender mejor ese episodio, hay que tomar en cuenta que García Márquez, era de la costa colombiana, y que poco después de su mismo nacimiento, tuvo que vivir sus primeros años de vida con el abandono de su madre, que lo dejó en Aracataca para ser criado por sus abuelos, en un pueblo que estaba viviendo la etapa final de una gran bonanza, la bonanza del banano, que había llenado de dinero y de vida toda la zona de la costa.</p><p>Vivió en una casa llena de mujeres, de cuentos y de supersticiones, en la que la fantasía era simplemente otro aspecto de la realidad, y donde el abuelo, un ex combatiente de la guerra de los mil días, diccionario en mano, se convierte para el niño en una figura paterna heroica, y en la voz de la razón. Más adelante García Marquez dirá que desde la muerte del abuelo no le ha pasado nada interesante en la vida.</p><p>En fin, unos años más tarde, es García Marquéz quien tiene que dejar el pueblo para irse con su padre a Barranquilla a ayudarlo a buscar nuevas perspectivas, dejando atrás el mágico mundo de los abuelos. Y más tarde, debe irse sólo, a Bogotá, a buscarse una beca para poder seguir estudiando. Bogotá fue un cambio duro para él. Veía en esta ciudad grande y fría una tristeza completamente opuesta a su pueblito costeño lleno de vida, de folclore y de color. Nunca se acostumbró, y vivía en la nostalgia del paraíso perdido.</p><p>Entonces, un día llega su madre y lo invita a volver para vender la casa de sus abuelos. Pero al volver nada era como antes. La bonanza del banano había terminado ya hace años, y el que una vez fue un pueblo lleno de magia y de alegría, era ahora un pueblo fantasma, desierto, envejecido, empobrecido, y abandonado.</p><p>García Marquez narra que cuando llegaron, su madre al saludar a una vieja vecina en una tienda, sin decir ni una sola palabra, al encontrase, se abrazaron y lloraron durante media hora. Y que fue en ese momento que a él le viene la idea de contar por escrito el pasado de todo eso.</p><p>Este enfrentamiento entre el paraíso de sus recuerdos y la realidad que se le presenta, es quizás la imagen de soledad más profunda, y la idea que fecunda toda la obra de García Márquez.</p><p>Mario Vargas Llosa, al comentar este episodio nos recuerda un pasaje de Cien años de Soledad, en el que el Coronel Aureliano Buendía vuelve a Macondo, en medio de una de sus guerras, y en su ausencia el tiempo ha deteriorado a su pueblo y a su casa, como había deteriorado a Aracataca cuando García Márquez volvió con su madre. Dice la novela, refiriéndose al Coronel: <em>«No percibió los minúsculos y desgarradores destrozos que el tiempo había hecho en la casa, y que después de una ausencia tan prolongada habrían parecido un desastre a cualquier hombre que conservara vivos sus recuerdos. No le dolieron las peladuras de cal en las paredes, ni los sucios algodones de telaraña en los rincones, ni el polvo de las begonias, ni las nervaduras del comején en las vigas, ni el musgo de los quicios, ni ninguna de las trampas insidiosas que le tendía la nostalgia» </em>. Lo que no le ocurre al Coronel le ocurrió a García Márquez: él sí percibió los destrozos, a él sí le pareció aquello un desastre, él sí cayó en la trampa de la memoria.</p><p>Vargas Llosa continúa explicando el episodio así:</p><p>Sufre, pero, en verdad, no tanto por su pueblo como por él mismo. Su dolor es sincero aunque egoísta: se siente engañado, traicionado, contradicho por la realidad. Una infidelidad es el premio que merece su más honda devoción: la Aracataca a la cual se había mantenido aferrado con toda la furia de sus recuerdos, aquélla que lo había hecho sentirse un forastero en el internado, ya no es más. ¿El tiempo destrozó realmente el pueblo o fue su propia memoria lo que el tiempo alteró? No importa: el adolescente, confrontado con ese desmentido brutal que le inflinge la realidad, se siente súbitamente privado de lo que más ansiosamente añoraba, de lo mejor que tenía: su infancia. Un ‘demonio’ que no lo abandonará más acaba de afirmarse en él, y allí permanecerá, azuzándolo, hasta que él sienta que lo ha exorcizado del todo y lo instale a su vez en el título de un libro: la soledad.</p><p>Por otro lado, Gerald Martin en su biografía, analiza que uno de los pasos importantes que tienen que suceder antes de que García Márquez pueda o llegue escribir su obra maestra, es la toma de conciencia de una identidad y una realidad latinoamericana amplias. Es solo después de viajar por medio mundo, de vivir muchas cosas y conocer mucha gente, solo después de reconocer la realidad latinoamericana y contrastarla con otras, que García Márquez la trata de explicar usando sus propias experiencias personales.</p><p>Esa toma de conciencia lo hace seguir escribiendo sobre si mismo y su pueblo, pero desde una perspectiva continental.</p><p>De hecho, Gerald Martin comienza la primera parte de la biografía así:</p><p>Quinientos años después de que los europeos se toparan con el Nuevo Mundo, a menudo América Latina parece una decepción para sus habitantes. Es como si su destino hubiera sido determinado por Colón, “el gran capitán”, que descubrió el nuevo continente por error, que equivocadamente lo llamó “las indias” y murió lleno de amargura y desilusión a comienzos del siglo XVI; o por Simón Bolivar, que puso fin al gobierno colonial español a principios del siglo XIX, pero murió consternado ante la desunión que reinaba en la región recién emancipada y atenazado por la sombría impresión de que “el que sirve a una revolución, ara el mar”. Más recientemente, el destino de Ernesto “Che” Guevara, el ícono revolucionario romántico por excelencia del siglo XX, que murió como un mártir en Bolivia en 1967. Soló confirmó la idea de que América Latina, el continente desconocido, la tierra del futuro, alberga grandiosos sueños y fracasos calamitosos.</p><p>Mucho antes de que el nombre de Guevara recorriera el obre, en un pequeño pueblo de Colombia que la historia solo iluminó fugazmente durante los años en que la United Fruit Company, con sede en Boston, decidiera plantar allí bananeras a comienzos del siglo XX, un niño escuchaba absorto mientras su abuelo contaba relatos de una guerra que duró mil días y que al acabar le había hecho sentir también la amarga soledad de los vencidos, relatos de hazañas gloriosas de antaño, de héroes y villanos espectrales; historias que le enseñaron al niño que la justicia no se entrama de manera natural en el urdimbre de la vida, que el bien no siempre vence en el reino de este mundo, y que los ideales que llenan los corazones y el espíritu de muchos hombres y mujeres pueden ser derrotados e incluso desaparecer de la faz de la tierra. A menos que perduren en la memoria de quienes viven para contarla.</p><p>(entre paréntesis vuelvo a decir que esta biografía es un librononón que no hay que dejar de leer)</p><p>En fin, en esa introducción eso que dice sobre América Latina, sobre ser la tierra del futuro, nueva y sin embargo olvidada, lugar de sueños colosales y de fracasos estrepitosos, marcada siempre por la inevitabilidad del destino, tierra de nadie, de riqueza infinita y de pobreza interminable, saqueada y ultrajada; y sin embargo, hogar predilecto de la esperanza, de la alegría, del baile, del amor, de la vida en su más total expresión; aunque también de la tragedia, de la desdicha y el dolor. Un lugar, donde todo es posible y nada es seguro, donde la mayoría de sus héroes patrios son también vilipendiados de cobardes o de villanos, y que por añadidura luego van a morirse traicionados, en medio del abandono y la desgracia. Sin un mito de origen satisfactorio, una tierra repleta de hijos sin padre, de embusteros y de piratas. Donde la sombra de la ilegitimidad se extiende por los siglos de los siglos, un continente de la contradicción, del caos y de la fantasía, colmado de individuos, familias y sociedades tan fragmentadas y delirantes como nuestras identidades y conciencias de nosotros mismos.</p><p>Todo esto, son cosas profundamente ancladas en el imaginario colectivo latinoamericano. Es nuestra peculiar soledad, sobre la que podemos leer hasta enfermarnos, de rabia y frustración, en cualquier buen libro de historia, o escuchar, con incredulidad y asombro, en las historias familiares de prácticamente cualquier familia latinoamericana, o incluso que podemos también verla a nuestro alrededor, en nuestro día a día, o en el noticiero cotidiano. Todos los días hay cosas que no se pueden creer, pero que inexplicablemente suceden. Hay lugares como el nuestro, donde la locura es lo normal.</p><p>Y La obra de Gabriel Garcia Marquéz nos hace sentir todas estas cosas, en mi experiencia, como ninguna otra. Su obra, es como una síntesis de su vida propia, pero también de la vida latinoamericana. Uno lo lee como asintiendo, como reconociéndose a uno mismo y a su entorno en cada página, aunque el tipo escriba sobre la costa Colombiana y uno sea boliviano. Porque la verdad es que tantos y tantos pueblos por toda América se parecen a Macondo.</p><p>No se si pasará lo mismo con sus lectores en otros continentes. Pero puede que de alguna manera también sí, porque no deja de ser una obra global, especialmente sobre un mundo en transición, rápida y brutal, de sociedades tradicionales a la era industrial.</p><p>Ademas, la forma en la que escribe es simplemente bellísima, llena de poesía, de ironía y de humor. Incomparable. En todas las casas que yo viví, siempre hubo varios libros de Garcia Marquéz, con ellos comencé a leer mis primeras novelas. Me encantó, siempre me encantó. Incluso puede ser que haber leído a Garcia Marquéz primero, me haya fregado la experiencia de leer otros libros después, porque en ningún otro encontraba la misma belleza, ningún otro me hacia cerrar el libro para repetir unas cuantas veces la frase que acababa de leer. Y la verdad es que hasta ahora, leer nunca ha sido tan placentero como leyendo a Garcia Marquéz. Mas adelante aprendí a apreciar otro tipo de historias, con otro tipo de belleza, pero la preferencia por el estilo inconfundible e inimitable de Garcia Marquéz se me quedó.</p><p>Una de las cosas que más me encanta de sus libros por ejemplo, es que tienen las mejores primeras frases. Vienen con una especia de poder místico y antiguo..</p><p>La primera frase de Los Funerales de la Mamá Grande, por ejemplo, un cuento en el no pasa mucho más que la muerte de una gorda que era la dueña de absolutamente todo, pero es una muerte tan espectacular que nos termina revelando cómo es la sociedad y la vida por estos rumbos. Su primera frase es así:</p><p>“<em>Esta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes del septiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo Pontífece.”</em></p><p>O la primera frase de El amor en los tiempos del cólera, la más linda historia de amor que uno pueda leer.</p><p>Que es la historia inspirada en lo que pasó con sus padres, comienza así:</p><p>“<em>Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y 
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Hola hola, mi nombre es Camilo, y sean bienvenidos a Lecturas del Bosque.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le estaba escapando a hablar sobre Gabriel García Márquez. Porque la verdad es que me gusta tanto que no se bien qué decir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero por alguna razón, después de hacer el capítulo anterior aquí en el podcast me dió la curiosidad leer su biografía escrita por Gerarld Martin, un trabajaso que le tomó unos 18 años, y nos muestra una una vida que termina siendo igual o más fantástica que cualquiera de sus relatos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que aquí estamos. Vamos a intentar hablar un poquito del maestro de maestros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mayoría de las historias de García Márquez están conectadas las unas con las otras, como si casi todas existieran dentro de la misma realidad imaginada. Por ejemplo, las cosas que un personaje dice en un cuento a veces solo se terminan de entender al leer otra novela. O hay personajes que deambulan y se pasean de una historia a otra, como reafirmando que estamos en el mismo mundo, en la tierra de Macondo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay escritores, que escriben toda su obra como si fuese un solo proyecto, como hechizados siempre por la misma idea, tratando de decir lo mismo de todas las formas posibles. En gran medida, ese es el caso de Gabriel García Márquez. Y aunque parezca contrario, o incluso opuesto a lo colorido y a lo lleno de vida que es su mundo imaginario; este es un mundo, aparentemente levantado y fundado, sobre la idea de la soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En una oportunidad Garcia Marquez dijo: «En realidad, uno no escribe sino un libro. Lo difícil es saber cual es el libro que uno está escribiendo. En mi caso, sí es el libro de Macondo, que es lo que más se dice. Pero si lo piensas con cuidado, verás que el libro que yo estoy escribiendo no es el libro de Macondo, sino el libro de la soledad”.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero cuál es esta soledad y de dónde viene? En realidad podemos ver el rastro de la soledad por todas partes en su obra, desde la soledad en la que José Arcadio descubría el amor en el oscuro y laberíntico cuarto de Pilar Ternera, hasta la soledad de las batallas perdidas, por ejemplo en la alquímica e infructuosa búsqueda de la fortuna eterna que lleva a su padre, también José Arcadio, a la locura. O en los 32 levantamientos en armas del Coronel Aureliano Buendía, para volver a ser siempre derrotado, o la soledad en la que su tropa de hijos que se tuvieron que criar sin padre, o la soledad en la que la pobre cándida Eréndida tuvo que sobrevivir la bestial soledad de su abuela desalmada. O la soledad a la que se tiene enfrenta Fermina Daza cuando se le muere el viejito de su vida, tratando de bajar a su célebre loro del árbol. O la soledad en la que a Florentino Ariza se le quema el corazon en más de medio siglo de amarla. Pero tal vez, y sobre todo, y en todas partes, la colorida y maravillosa soledad de un mundo en el que nadie puede decidir nada sobre si mismo, porque ya estaba todo escrito desde antes de nacer, un mundo donde nadie vive su vida, sino la sufre, de la mejor manera posible, como a una inevitable consecuencia del destino. Quizás sea esa la más grande soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay un episodio en la vida de Gabriel García Márquez que al parecer tuvo una tremenda importancia en su vida, y que parece que lo termina definiendo como escritor. La importancia de ese episodio es tal, que él mismo comienza a contar su autobiografía con ese episodio: La vez que su madre va a buscarlo a Barranquilla, para que la acompañe a Aracataca, el pueblo en el que vivió su niñez, para vender la casa de sus abuelos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Para entender mejor ese episodio, hay que tomar en cuenta que García Márquez, era de la costa colombiana, y que poco después de su mismo nacimiento, tuvo que vivir sus primeros años de vida con el abandono de su madre, que lo dejó en Aracataca para ser criado por sus abuelos, en un pueblo que estaba viviendo la etapa final de una gran bonanza, la bonanza del banano, que había llenado de dinero y de vida toda la zona de la costa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vivió en una casa llena de mujeres, de cuentos y de supersticiones, en la que la fantasía era simplemente otro aspecto de la realidad, y donde el abuelo, un ex combatiente de la guerra de los mil días, diccionario en mano, se convierte para el niño en una figura paterna heroica, y en la voz de la razón. Más adelante García Marquez dirá que desde la muerte del abuelo no le ha pasado nada interesante en la vida.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, unos años más tarde, es García Marquéz quien tiene que dejar el pueblo para irse con su padre a Barranquilla a ayudarlo a buscar nuevas perspectivas, dejando atrás el mágico mundo de los abuelos. Y más tarde, debe irse sólo, a Bogotá, a buscarse una beca para poder seguir estudiando. Bogotá fue un cambio duro para él. Veía en esta ciudad grande y fría una tristeza completamente opuesta a su pueblito costeño lleno de vida, de folclore y de color. Nunca se acostumbró, y vivía en la nostalgia del paraíso perdido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Entonces, un día llega su madre y lo invita a volver para vender la casa de sus abuelos. Pero al volver nada era como antes. La bonanza del banano había terminado ya hace años, y el que una vez fue un pueblo lleno de magia y de alegría, era ahora un pueblo fantasma, desierto, envejecido, empobrecido, y abandonado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;García Marquez narra que cuando llegaron, su madre al saludar a una vieja vecina en una tienda, sin decir ni una sola palabra, al encontrase, se abrazaron y lloraron durante media hora. Y que fue en ese momento que a él le viene la idea de contar por escrito el pasado de todo eso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Este enfrentamiento entre el paraíso de sus recuerdos y la realidad que se le presenta, es quizás la imagen de soledad más profunda, y la idea que fecunda toda la obra de García Márquez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mario Vargas Llosa, al comentar este episodio nos recuerda un pasaje de Cien años de Soledad, en el que el Coronel Aureliano Buendía vuelve a Macondo, en medio de una de sus guerras, y en su ausencia el tiempo ha deteriorado a su pueblo y a su casa, como había deteriorado a Aracataca cuando García Márquez volvió con su madre. Dice la novela, refiriéndose al Coronel: &lt;em&gt;«No percibió los minúsculos y desgarradores destrozos que el tiempo había hecho en la casa, y que después de una ausencia tan prolongada habrían parecido un desastre a cualquier hombre que conservara vivos sus recuerdos. No le dolieron las peladuras de cal en las paredes, ni los sucios algodones de telaraña en los rincones, ni el polvo de las begonias, ni las nervaduras del comején en las vigas, ni el musgo de los quicios, ni ninguna de las trampas insidiosas que le tendía la nostalgia» &lt;/em&gt;. Lo que no le ocurre al Coronel le ocurrió a García Márquez: él sí percibió los destrozos, a él sí le pareció aquello un desastre, él sí cayó en la trampa de la memoria.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vargas Llosa continúa explicando el episodio así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sufre, pero, en verdad, no tanto por su pueblo como por él mismo. Su dolor es sincero aunque egoísta: se siente engañado, traicionado, contradicho por la realidad. Una infidelidad es el premio que merece su más honda devoción: la Aracataca a la cual se había mantenido aferrado con toda la furia de sus recuerdos, aquélla que lo había hecho sentirse un forastero en el internado, ya no es más. ¿El tiempo destrozó realmente el pueblo o fue su propia memoria lo que el tiempo alteró? No importa: el adolescente, confrontado con ese desmentido brutal que le inflinge la realidad, se siente súbitamente privado de lo que más ansiosamente añoraba, de lo mejor que tenía: su infancia. Un ‘demonio’ que no lo abandonará más acaba de afirmarse en él, y allí permanecerá, azuzándolo, hasta que él sienta que lo ha exorcizado del todo y lo instale a su vez en el título de un libro: la soledad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por otro lado, Gerald Martin en su biografía, analiza que uno de los pasos importantes que tienen que suceder antes de que García Márquez pueda o llegue escribir su obra maestra, es la toma de conciencia de una identidad y una realidad latinoamericana amplias. Es solo después de viajar por medio mundo, de vivir muchas cosas y conocer mucha gente, solo después de reconocer la realidad latinoamericana y contrastarla con otras, que García Márquez la trata de explicar usando sus propias experiencias personales.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa toma de conciencia lo hace seguir escribiendo sobre si mismo y su pueblo, pero desde una perspectiva continental.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, Gerald Martin comienza la primera parte de la biografía así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quinientos años después de que los europeos se toparan con el Nuevo Mundo, a menudo América Latina parece una decepción para sus habitantes. Es como si su destino hubiera sido determinado por Colón, “el gran capitán”, que descubrió el nuevo continente por error, que equivocadamente lo llamó “las indias” y murió lleno de amargura y desilusión a comienzos del siglo XVI; o por Simón Bolivar, que puso fin al gobierno colonial español a principios del siglo XIX, pero murió consternado ante la desunión que reinaba en la región recién emancipada y atenazado por la sombría impresión de que “el que sirve a una revolución, ara el mar”. Más recientemente, el destino de Ernesto “Che” Guevara, el ícono revolucionario romántico por excelencia del siglo XX, que murió como un mártir en Bolivia en 1967. Soló confirmó la idea de que América Latina, el continente desconocido, la tierra del futuro, alberga grandiosos sueños y fracasos calamitosos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mucho antes de que el nombre de Guevara recorriera el obre, en un pequeño pueblo de Colombia que la historia solo iluminó fugazmente durante los años en que la United Fruit Company, con sede en Boston, decidiera plantar allí bananeras a comienzos del siglo XX, un niño escuchaba absorto mientras su abuelo contaba relatos de una guerra que duró mil días y que al acabar le había hecho sentir también la amarga soledad de los vencidos, relatos de hazañas gloriosas de antaño, de héroes y villanos espectrales; historias que le enseñaron al niño que la justicia no se entrama de manera natural en el urdimbre de la vida, que el bien no siempre vence en el reino de este mundo, y que los ideales que llenan los corazones y el espíritu de muchos hombres y mujeres pueden ser derrotados e incluso desaparecer de la faz de la tierra. A menos que perduren en la memoria de quienes viven para contarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(entre paréntesis vuelvo a decir que esta biografía es un librononón que no hay que dejar de leer)&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, en esa introducción eso que dice sobre América Latina, sobre ser la tierra del futuro, nueva y sin embargo olvidada, lugar de sueños colosales y de fracasos estrepitosos, marcada siempre por la inevitabilidad del destino, tierra de nadie, de riqueza infinita y de pobreza interminable, saqueada y ultrajada; y sin embargo, hogar predilecto de la esperanza, de la alegría, del baile, del amor, de la vida en su más total expresión; aunque también de la tragedia, de la desdicha y el dolor. Un lugar, donde todo es posible y nada es seguro, donde la mayoría de sus héroes patrios son también vilipendiados de cobardes o de villanos, y que por añadidura luego van a morirse traicionados, en medio del abandono y la desgracia. Sin un mito de origen satisfactorio, una tierra repleta de hijos sin padre, de embusteros y de piratas. Donde la sombra de la ilegitimidad se extiende por los siglos de los siglos, un continente de la contradicción, del caos y de la fantasía, colmado de individuos, familias y sociedades tan fragmentadas y delirantes como nuestras identidades y conciencias de nosotros mismos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo esto, son cosas profundamente ancladas en el imaginario colectivo latinoamericano. Es nuestra peculiar soledad, sobre la que podemos leer hasta enfermarnos, de rabia y frustración, en cualquier buen libro de historia, o escuchar, con incredulidad y asombro, en las historias familiares de prácticamente cualquier familia latinoamericana, o incluso que podemos también verla a nuestro alrededor, en nuestro día a día, o en el noticiero cotidiano. Todos los días hay cosas que no se pueden creer, pero que inexplicablemente suceden. Hay lugares como el nuestro, donde la locura es lo normal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y La obra de Gabriel Garcia Marquéz nos hace sentir todas estas cosas, en mi experiencia, como ninguna otra. Su obra, es como una síntesis de su vida propia, pero también de la vida latinoamericana. Uno lo lee como asintiendo, como reconociéndose a uno mismo y a su entorno en cada página, aunque el tipo escriba sobre la costa Colombiana y uno sea boliviano. Porque la verdad es que tantos y tantos pueblos por toda América se parecen a Macondo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No se si pasará lo mismo con sus lectores en otros continentes. Pero puede que de alguna manera también sí, porque no deja de ser una obra global, especialmente sobre un mundo en transición, rápida y brutal, de sociedades tradicionales a la era industrial.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ademas, la forma en la que escribe es simplemente bellísima, llena de poesía, de ironía y de humor. Incomparable. En todas las casas que yo viví, siempre hubo varios libros de Garcia Marquéz, con ellos comencé a leer mis primeras novelas. Me encantó, siempre me encantó. Incluso puede ser que haber leído a Garcia Marquéz primero, me haya fregado la experiencia de leer otros libros después, porque en ningún otro encontraba la misma belleza, ningún otro me hacia cerrar el libro para repetir unas cuantas veces la frase que acababa de leer. Y la verdad es que hasta ahora, leer nunca ha sido tan placentero como leyendo a Garcia Marquéz. Mas adelante aprendí a apreciar otro tipo de historias, con otro tipo de belleza, pero la preferencia por el estilo inconfundible e inimitable de Garcia Marquéz se me quedó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una de las cosas que más me encanta de sus libros por ejemplo, es que tienen las mejores primeras frases. Vienen con una especia de poder místico y antiguo..&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La primera frase de Los Funerales de la Mamá Grande, por ejemplo, un cuento en el no pasa mucho más que la muerte de una gorda que era la dueña de absolutamente todo, pero es una muerte tan espectacular que nos termina revelando cómo es la sociedad y la vida por estos rumbos. Su primera frase es así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“&lt;em&gt;Esta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes del septiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo Pontífece.”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;O la primera frase de El amor en los tiempos del cólera, la más linda historia de amor que uno pueda leer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que es la historia inspirada en lo que pasó con sus padres, comienza así:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“&lt;em&gt;Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados. El doctor Juvenal Urbino lo percibió desde que entró en la casa todavía en penumbras, adonde había acudido de urgencia a ocuparse de un caso que para él había dejado de ser urgente desde hacía muchos años. El refugiado antillano Jeremiah de Saint-Amour, inválido de guerra, fotógrafo de niños y 
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                <pubDate>Sat, 20 Aug 2022 21:23:50 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#11 La ciudad y los perros - Mario Vargas LLosa</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;La Ciudad y los Perros&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hola Hola, mi nombre es Camilo y sean bienvenidos a Lecturas del Bosque.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quiero hablar un poco sobre La ciudad y los perros, la primer novela de Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura y junto con Gabriel García Marquez quizás los rockstars más grandes del boom latinoamericano. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hace años que no leía nada de Vargas Llosa, fue leyendo Historia de un Deicidio, precisamente su ensayo sobre la obra de García Marquez, que me volví a interesar por sus libros. Comencé a ver videos, entrevistas, charlas que dió sobre literatura, y la verdad es que cuando no habla sobre política, escucharlo narrar cualquier cosa es un verdadero placer. Escucharlo hablar unos minutos sobre Madame Bovary o sobre los Miserables, ya lo deja a uno con ganas de leerlo todo. No he leído sus ensayos sobre Onetti, Victor Hugo, o Flaubert, pero después de leer su ensayo sobre García Marquez creo que entiendo mucho mejor el mundo de Macondo y su origen, y lo que es curioso, en algunos sentidos, también me entiendo mejor a mismo. El ensayo es entretenido y realmente vale la pena leerlo. Además, no deja de ser atractivo leer semejante ensayo literario de un premio nobel sobre la obra de otro premio nobel, que además era su amigo, y cuya amistad terminaría unos años después con uno de los puñetes más famosos del siglo XX.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El sopapito contemporaneo de Will Smith no fue nada comparado con el KO en el que terminó Garcia Marquéz esa vez. Eran otros tiempos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una vez decidido que quería leer a Vargas Llosa, no sabía cuál de sus libros leer para el podcast. No se muy bien por qué me decidí por La ciudad y los perros, pero la verdad es que es una novela tremenda. Tremenda. El libro comienza en la mitad de la historia, ya en medio de la acción. La historia es contada por diferentes narradores y puntos de vista, a través de los cuales vamos conociendo el complejo mundo en el que suceden las cosas. Hay varios personajes importantes, pero los principales son: el Jaguar, el Poeta y el Esclavo. Tres adolescentes totalmente diferentes el uno del otro, pero que coinciden en la misma sección, del mismo año, del colegio militar Leoncio Prado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Conforme la historia va avanzando hacia el final, a veces vamos también para atrás, hacia los inicios en el colegio militar, o antes, hasta las razones por las que terminaron ahí, o incluso antes, hata sus conflictos familiares, y a su niñez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la primera mitad de la novela el viaje a veces puede llegar a parecer confuso, pero luego todo fluye, y en cuanto comenzamos a intuir el panorama de la obra completa, con cada página que pasa comenzamos a apreciar más y más la belleza del paisaje entero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como otras novelas de Vargas Llosa, La ciudad y los perros es una novela con la ambición de contarlo todo, en este caso, de mostrar la sociedad entera a través de la historia de unos cuantos muchachos que están en pleno proceso de transición a la edad adulta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo cuando quiero expresar lo que más me gustó del libro no encuentro la forma, quedo mudo. Así que voy a tratar de hacerlo con la ayuda de otro libro que he estado leyendo en estos días. He estado leyendo a Joseph Campbell, su ideas sobre la importancia de los mitos, los rituales y los símbolos, tantos en nuestras vidas individuales como colectivas me tienen encantado. Pero lo voy leyendo despacio, demorándome un buen tiempo en cada cita que me interesa, o en cada mito que él usa para expresar sus ideas. Por ejemplo, ahí tengo en lista de espera unos 3 libros sobre Teseo y el Minotauro: Borges, Cortazar, y otro premio nobel,  André Gide, escribieron versiones novedosas que quiero leer y comparar con el mito clásico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que es la única forma de realmente aprovechar un libro de esos. Y como pintan las cosas voy a tardar en terminar. De un tiempo a esta parte se me hace que la vida no me va a alcanzar para leer todo lo que quisiera, comienzo a arrepentirme de todas las horas que gasté jugando counter strike cuando estaba el colegio. O FIFA.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mientras tanto, Vargas Llosa cuando era adolescente estaba internado en un colegio militar viviendo las cosas que iban a inspirar su primer novela. De paso, en sus vacaciones de verano, a sus 15 años, ya estaba trabajando en un el periódico La Crónica escribiendo reportajes, notas y entrevistas.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bueno, en fin, en el prólogo que hace en su libro El Héroe de las mil caras,  Joseph Campbell habla sobre la tragedia y la comedia como medios narrativos y sobre el valor simbólico que tiene cada uno de estos medios narrativo en en nuestro viaje interior, así como de su importancia como medio de catarsis y redención.  Para explicar mejor su idea sobre la tragedia Campbell cita a James Joyce, en su novela Retrato de un artista adolescente:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esta novela, a través del stephen dedalus, que por si acaso  viene de Dédalo, el peronaje mitológico que construyó el laberinto del minutauro bueno, a través de este personaje James Joyce dice:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Compasión es el sentimiento que paraliza la mente en la presencia de todo lo que es grave y constante en los sufrimientos humanos y lo une con el humano que sufre. Terror es el sentimiento que paraliza la mente en la presencia de todo lo que es grave y constante en los sufrimientos humanos y lo une con la causa secreta.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pero qué es la causa secreta? Qué quiere decir la causa secreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es lo que no es evidente, es la razón más profunda sobre el por qué pasan las cosas, envuelta siempre en misterio y en un aura de inevitabilidad. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La directora de teatro y opera Anne Bogart explica que así como la ciencia tiene la materia oscura, y las artes visuales tienen el espacio negativo, el teatro tiene la causa secreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo nunca escribí ninguna historia, pero me imagino que no debe ser nada fácil expresar esta causa secreta. Es el alma de la historia, el encanto de lo que no se dice, o de cómo no se lo dice. Más que decirlo hay que mostrarlo. A veces, como en el caso de La ciudad y los perros, hay que decir mucho, contar muchas cosas, para mostrar algo sin decirlo, en otras, tal vez no se necesite contar tanto, pero me imagino que nunca debe ser tarea fácil. Además, una misma serie de sucesos, motivados por distintas razones, llegan a ser historias completamente diferentes. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Joseph Campbell da un ejemplo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un hombre A. mata a un hombre B.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuál es la causa de su muerte?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay una Causa instrumental, una causa formal, y una causa secreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La causa instrumental puede ser la bala con que se mató al hombre B, y una historia centrada en eso podría servir por ejemplo para una noticia o un documental sobre las políticas de control de armas. Infelizmente ese tipo de noticia se ve todo el tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzando un nivel, Campbell propone que el hombre A sea blanco y el hombre B sea negro. La causa formal de la muerte del hombre B puede ser el racismo. Una historia de racismo puede servir para una novela sociológica, o para algún tipo de estudio, pero no es una tragedia en el sentido narrativo y simbólico del que estamos hablando. El terror, para que sea trágico tiene que ser humano, no étnico, no de género, no de clase.Tiene que ser humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzamos otro nivel. El hombre B es Martin Luther King Jr. Quien sabía que si seguía protestando por la igualdad de derechos laborales de los afrodescendientes en Estados Unidos, lo más probable era que lo terminen matando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, un día antes que lo maten el da un famoso discurso en el que cuenta que él sabe que su vida corre peligro, pero explica que la longevidad no es tan importante como la causa por la que él está viviendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Martin Luther King Jr. Sabía que su lucha probablemente le costaría la vida, pero no por eso la abandona, continúa, desafía los límites de lo posible, camina valientemente hacia su destino y al día siguiente de dar ese discurso termina siendo asesinado. Esa es la causa secreta de su muerte, esa es una tragedia humana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora, los personajes de La ciudad y los perros no son héroes defensores de los derechos civiles ni nada por el estilo, son adolescentes de diferentes partes del Perú y de diferentes clases sociales que en medio de todo tipo de violencia tratan de encontrarse a si mismos, pero aun así, cada uno a su manera, también tiene que hacer el viaje del héroe.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Podría haber hecho el mismo análisis sobre la causa secreta con los personajes de La ciudad y los perros, pero el episodio se iba a llenar de spoilers.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahí queda para quien le interese, no deja de ser un ejercicio interesante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo hay algunas cosas que me gustaría mencionar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como en el ejemplo anterior, todas las vidas tienen un límite, y al desafiarlo uno se acerca a este límite, los héroes son quienes siguen su objetivo a pesar de las consecuencias del destino, y la causa secreta de su muerte, es precisamente la forma heróica en que viven. Uno muere en tales o cuales circunstancias o situaciones en gran medida de a cuerdo a las decisiones que uno toma en los grandes momentos de presión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“La causa secreta de todo sufrimiento es la muerte, no puede ser negada si se quiere afirmar la vida”. Dice Joseph Campbell&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora bien, la vida tiene fases, y morimos y renacemos varias veces de manera simbólica antes de nuestra muerte real y definitiva.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La ciudad y los perros es una novela principalmente sobre la transición de la adolescencia a la vida adulta. Una pequeña muerte también. En cada uno de los personajes podemos ver cómo la forma en que viven esa transición es también la causa de como“mueren” para dejar de ser niños y convertirse en hombres.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El servicio no se abandona, salvo muerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa frase se repite tres veces en el primer episodio del libro que se narra desde el punto de vista de Alberto, el poeta. Cada una circunstancia diferente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El servicio no se abandona, salvo muerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hago tanto incapié en este concepto de la causa secreta porque creo que es precisamente de ahí que nace la fuerza y la belleza de La ciudad y los perros. La forma en que Vargas Llosa nos narra la historia nos paraliza de la forma en que explica Joyce, nos paraliza, a ratos con compasión, a ratos con terror.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Al final de la novela se termina de armar el rompecabezas de la historia y quedamos en ese estado semi nirvánico propio de las narraciones bien logradas, apreciando como cada detalle nos fue conduciendo de manera ineludible, casi matemática, yendo y viniendo a través en el tiempo, a través de una estructura perfecta, usando diferentes narradores para aprovechar mejor los conflictos y dilemas de cada personaje. Queriendo abarcarlo todo, La ciudad y los perros es una novela total: trata sobre la masculinadad, la violencia, el poder y la autoridad, las clases sociales, la diversidad de la sociedad peruana, la justicia, la lealtad, la venganza, la sexualidad, trata sobre lo jodido que es ser hombre, que ser hijo, que ser padre, ser madre, sobre lo terrible de haber nacido pobre en un país pobre, sobre la inmutabilidad del mundo, pero al mismo tiempo sobre el poder transformador del amor y de la muerte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Nos va conduciendo, decía, de manera inevitable, a la tragedia, hasta quemarnos en una poderosísima catarsis para llegar luego a la redención.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;– para mi, de hecho, la escena del velorio es una obra maestra en si misma-&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y Al terminar, cerramos el libro diciéndonos a nosotros mismos: Sí, así es la vida. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque todos, al igual que los muchachos de la ciudad y los perros, hemos transitados esos caminos, hemos hecho, cada uno a su modo, aquel viaje, sin duda siempre accidentado, en el que hemos tenido que dejar de ser niños. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En mi caso, yo también tuve una especie de círculo, solo que menos violento, tuve amistades con personajes interesantísimos, como mi amigo Búho, hijo de un sirio dueño de camiones y de un cine para adultos, con el que conocí parte del bajo mundo boliviano, la vida de mercado y de frontera. O mi amigo el Judio, maestro de la carroña humana, O mi amigo Maki, que en cada borrachera soñaba con exportar plátanos verdes al Japón. Qué será de mis amigos. Con algunos todavía tengo contacto, con otros infelizmente, no tanto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una buena historia es siempre una experiencia enriquecedora, por que nos ayuda a gestionar el tesoro más grande: nuestros recuerdos. Esa cadena de memorias fragmentadas de lo que más o menos hemos sido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuál fue la causa secreta que nos hizo tomar las decisiones que tomamos, vivir, de la forma en que lo hicimos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hemos vivido de acuerdo a nuestras convicciones sin importar las consecuencias del destino, o aflojamos a último momento?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cómo ha influido eso en la persona que más o menos hemos llegado a ser?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuál es la causa secreta que nos lleva hoy hacia nuestro ineludible destino?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuando llegue el momento, y nos volvamos a encontrar, frente a frente con la muerte, ya sea en la risa o el abandono de nuestras personas más cercanas, o ya sea en el frío de un salón militar, cómo la vamos a encarar?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quién sabe, tal vez lo hagamos como el Esclavo, o como el Poeta, o como el Jaguar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como siempre, espero que se animen darle una leída al libro, que vale la pena. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cualquier comentario pueden escribirme a &lt;a href=&#34;mailto:lecturasdelbosque@gmail.com&#34; rel=&#34;nofollow&#34;&gt;lecturasdelbosque@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Un abrazo y hasta la próxima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>La Ciudad y los Perros</p><p>Hola Hola, mi nombre es Camilo y sean bienvenidos a Lecturas del Bosque.</p><p>Hoy quiero hablar un poco sobre La ciudad y los perros, la primer novela de Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura y junto con Gabriel García Marquez quizás los rockstars más grandes del boom latinoamericano. </p><p>Hace años que no leía nada de Vargas Llosa, fue leyendo Historia de un Deicidio, precisamente su ensayo sobre la obra de García Marquez, que me volví a interesar por sus libros. Comencé a ver videos, entrevistas, charlas que dió sobre literatura, y la verdad es que cuando no habla sobre política, escucharlo narrar cualquier cosa es un verdadero placer. Escucharlo hablar unos minutos sobre Madame Bovary o sobre los Miserables, ya lo deja a uno con ganas de leerlo todo. No he leído sus ensayos sobre Onetti, Victor Hugo, o Flaubert, pero después de leer su ensayo sobre García Marquez creo que entiendo mucho mejor el mundo de Macondo y su origen, y lo que es curioso, en algunos sentidos, también me entiendo mejor a mismo. El ensayo es entretenido y realmente vale la pena leerlo. Además, no deja de ser atractivo leer semejante ensayo literario de un premio nobel sobre la obra de otro premio nobel, que además era su amigo, y cuya amistad terminaría unos años después con uno de los puñetes más famosos del siglo XX.</p><p>El sopapito contemporaneo de Will Smith no fue nada comparado con el KO en el que terminó Garcia Marquéz esa vez. Eran otros tiempos.</p><p>Una vez decidido que quería leer a Vargas Llosa, no sabía cuál de sus libros leer para el podcast. No se muy bien por qué me decidí por La ciudad y los perros, pero la verdad es que es una novela tremenda. Tremenda. El libro comienza en la mitad de la historia, ya en medio de la acción. La historia es contada por diferentes narradores y puntos de vista, a través de los cuales vamos conociendo el complejo mundo en el que suceden las cosas. Hay varios personajes importantes, pero los principales son: el Jaguar, el Poeta y el Esclavo. Tres adolescentes totalmente diferentes el uno del otro, pero que coinciden en la misma sección, del mismo año, del colegio militar Leoncio Prado.</p><p>Conforme la historia va avanzando hacia el final, a veces vamos también para atrás, hacia los inicios en el colegio militar, o antes, hasta las razones por las que terminaron ahí, o incluso antes, hata sus conflictos familiares, y a su niñez.</p><p>En la primera mitad de la novela el viaje a veces puede llegar a parecer confuso, pero luego todo fluye, y en cuanto comenzamos a intuir el panorama de la obra completa, con cada página que pasa comenzamos a apreciar más y más la belleza del paisaje entero.</p><p>Como otras novelas de Vargas Llosa, La ciudad y los perros es una novela con la ambición de contarlo todo, en este caso, de mostrar la sociedad entera a través de la historia de unos cuantos muchachos que están en pleno proceso de transición a la edad adulta.</p><p>Sin embargo cuando quiero expresar lo que más me gustó del libro no encuentro la forma, quedo mudo. Así que voy a tratar de hacerlo con la ayuda de otro libro que he estado leyendo en estos días. He estado leyendo a Joseph Campbell, su ideas sobre la importancia de los mitos, los rituales y los símbolos, tantos en nuestras vidas individuales como colectivas me tienen encantado. Pero lo voy leyendo despacio, demorándome un buen tiempo en cada cita que me interesa, o en cada mito que él usa para expresar sus ideas. Por ejemplo, ahí tengo en lista de espera unos 3 libros sobre Teseo y el Minotauro: Borges, Cortazar, y otro premio nobel,  André Gide, escribieron versiones novedosas que quiero leer y comparar con el mito clásico.</p><p>Creo que es la única forma de realmente aprovechar un libro de esos. Y como pintan las cosas voy a tardar en terminar. De un tiempo a esta parte se me hace que la vida no me va a alcanzar para leer todo lo que quisiera, comienzo a arrepentirme de todas las horas que gasté jugando counter strike cuando estaba el colegio. O FIFA.</p><p>Mientras tanto, Vargas Llosa cuando era adolescente estaba internado en un colegio militar viviendo las cosas que iban a inspirar su primer novela. De paso, en sus vacaciones de verano, a sus 15 años, ya estaba trabajando en un el periódico La Crónica escribiendo reportajes, notas y entrevistas.  </p><p>Bueno, en fin, en el prólogo que hace en su libro El Héroe de las mil caras,  Joseph Campbell habla sobre la tragedia y la comedia como medios narrativos y sobre el valor simbólico que tiene cada uno de estos medios narrativo en en nuestro viaje interior, así como de su importancia como medio de catarsis y redención.  Para explicar mejor su idea sobre la tragedia Campbell cita a James Joyce, en su novela Retrato de un artista adolescente:</p><p>En esta novela, a través del stephen dedalus, que por si acaso  viene de Dédalo, el peronaje mitológico que construyó el laberinto del minutauro bueno, a través de este personaje James Joyce dice:</p><p>“Compasión es el sentimiento que paraliza la mente en la presencia de todo lo que es grave y constante en los sufrimientos humanos y lo une con el humano que sufre. Terror es el sentimiento que paraliza la mente en la presencia de todo lo que es grave y constante en los sufrimientos humanos y lo une con la causa secreta.”</p><p>pero qué es la causa secreta? Qué quiere decir la causa secreta.</p><p>Es lo que no es evidente, es la razón más profunda sobre el por qué pasan las cosas, envuelta siempre en misterio y en un aura de inevitabilidad. </p><p>La directora de teatro y opera Anne Bogart explica que así como la ciencia tiene la materia oscura, y las artes visuales tienen el espacio negativo, el teatro tiene la causa secreta.</p><p>Yo nunca escribí ninguna historia, pero me imagino que no debe ser nada fácil expresar esta causa secreta. Es el alma de la historia, el encanto de lo que no se dice, o de cómo no se lo dice. Más que decirlo hay que mostrarlo. A veces, como en el caso de La ciudad y los perros, hay que decir mucho, contar muchas cosas, para mostrar algo sin decirlo, en otras, tal vez no se necesite contar tanto, pero me imagino que nunca debe ser tarea fácil. Además, una misma serie de sucesos, motivados por distintas razones, llegan a ser historias completamente diferentes. </p><p>Joseph Campbell da un ejemplo:</p><p>Un hombre A. mata a un hombre B.</p><p>Cuál es la causa de su muerte?</p><p>Hay una Causa instrumental, una causa formal, y una causa secreta.</p><p>La causa instrumental puede ser la bala con que se mató al hombre B, y una historia centrada en eso podría servir por ejemplo para una noticia o un documental sobre las políticas de control de armas. Infelizmente ese tipo de noticia se ve todo el tiempo.</p><p>Avanzando un nivel, Campbell propone que el hombre A sea blanco y el hombre B sea negro. La causa formal de la muerte del hombre B puede ser el racismo. Una historia de racismo puede servir para una novela sociológica, o para algún tipo de estudio, pero no es una tragedia en el sentido narrativo y simbólico del que estamos hablando. El terror, para que sea trágico tiene que ser humano, no étnico, no de género, no de clase.Tiene que ser humano.</p><p>Avanzamos otro nivel. El hombre B es Martin Luther King Jr. Quien sabía que si seguía protestando por la igualdad de derechos laborales de los afrodescendientes en Estados Unidos, lo más probable era que lo terminen matando.</p><p>De hecho, un día antes que lo maten el da un famoso discurso en el que cuenta que él sabe que su vida corre peligro, pero explica que la longevidad no es tan importante como la causa por la que él está viviendo.</p><p>Martin Luther King Jr. Sabía que su lucha probablemente le costaría la vida, pero no por eso la abandona, continúa, desafía los límites de lo posible, camina valientemente hacia su destino y al día siguiente de dar ese discurso termina siendo asesinado. Esa es la causa secreta de su muerte, esa es una tragedia humana.</p><p>Ahora, los personajes de La ciudad y los perros no son héroes defensores de los derechos civiles ni nada por el estilo, son adolescentes de diferentes partes del Perú y de diferentes clases sociales que en medio de todo tipo de violencia tratan de encontrarse a si mismos, pero aun así, cada uno a su manera, también tiene que hacer el viaje del héroe.</p><p>Podría haber hecho el mismo análisis sobre la causa secreta con los personajes de La ciudad y los perros, pero el episodio se iba a llenar de spoilers.</p><p>Ahí queda para quien le interese, no deja de ser un ejercicio interesante.</p><p>Sin embargo hay algunas cosas que me gustaría mencionar.</p><p>Como en el ejemplo anterior, todas las vidas tienen un límite, y al desafiarlo uno se acerca a este límite, los héroes son quienes siguen su objetivo a pesar de las consecuencias del destino, y la causa secreta de su muerte, es precisamente la forma heróica en que viven. Uno muere en tales o cuales circunstancias o situaciones en gran medida de a cuerdo a las decisiones que uno toma en los grandes momentos de presión.</p><p>“La causa secreta de todo sufrimiento es la muerte, no puede ser negada si se quiere afirmar la vida”. Dice Joseph Campbell</p><p>Ahora bien, la vida tiene fases, y morimos y renacemos varias veces de manera simbólica antes de nuestra muerte real y definitiva.</p><p>La ciudad y los perros es una novela principalmente sobre la transición de la adolescencia a la vida adulta. Una pequeña muerte también. En cada uno de los personajes podemos ver cómo la forma en que viven esa transición es también la causa de como“mueren” para dejar de ser niños y convertirse en hombres.</p><p>El servicio no se abandona, salvo muerto.</p><p>Esa frase se repite tres veces en el primer episodio del libro que se narra desde el punto de vista de Alberto, el poeta. Cada una circunstancia diferente.</p><p>El servicio no se abandona, salvo muerto.</p><p>Hago tanto incapié en este concepto de la causa secreta porque creo que es precisamente de ahí que nace la fuerza y la belleza de La ciudad y los perros. La forma en que Vargas Llosa nos narra la historia nos paraliza de la forma en que explica Joyce, nos paraliza, a ratos con compasión, a ratos con terror.</p><p> Al final de la novela se termina de armar el rompecabezas de la historia y quedamos en ese estado semi nirvánico propio de las narraciones bien logradas, apreciando como cada detalle nos fue conduciendo de manera ineludible, casi matemática, yendo y viniendo a través en el tiempo, a través de una estructura perfecta, usando diferentes narradores para aprovechar mejor los conflictos y dilemas de cada personaje. Queriendo abarcarlo todo, La ciudad y los perros es una novela total: trata sobre la masculinadad, la violencia, el poder y la autoridad, las clases sociales, la diversidad de la sociedad peruana, la justicia, la lealtad, la venganza, la sexualidad, trata sobre lo jodido que es ser hombre, que ser hijo, que ser padre, ser madre, sobre lo terrible de haber nacido pobre en un país pobre, sobre la inmutabilidad del mundo, pero al mismo tiempo sobre el poder transformador del amor y de la muerte.</p><p> Nos va conduciendo, decía, de manera inevitable, a la tragedia, hasta quemarnos en una poderosísima catarsis para llegar luego a la redención.</p><p>– para mi, de hecho, la escena del velorio es una obra maestra en si misma-</p><p> y Al terminar, cerramos el libro diciéndonos a nosotros mismos: Sí, así es la vida. </p><p>Porque todos, al igual que los muchachos de la ciudad y los perros, hemos transitados esos caminos, hemos hecho, cada uno a su modo, aquel viaje, sin duda siempre accidentado, en el que hemos tenido que dejar de ser niños. </p><p>En mi caso, yo también tuve una especie de círculo, solo que menos violento, tuve amistades con personajes interesantísimos, como mi amigo Búho, hijo de un sirio dueño de camiones y de un cine para adultos, con el que conocí parte del bajo mundo boliviano, la vida de mercado y de frontera. O mi amigo el Judio, maestro de la carroña humana, O mi amigo Maki, que en cada borrachera soñaba con exportar plátanos verdes al Japón. Qué será de mis amigos. Con algunos todavía tengo contacto, con otros infelizmente, no tanto.</p><p>Una buena historia es siempre una experiencia enriquecedora, por que nos ayuda a gestionar el tesoro más grande: nuestros recuerdos. Esa cadena de memorias fragmentadas de lo que más o menos hemos sido.</p><p>Cuál fue la causa secreta que nos hizo tomar las decisiones que tomamos, vivir, de la forma en que lo hicimos?</p><p>Hemos vivido de acuerdo a nuestras convicciones sin importar las consecuencias del destino, o aflojamos a último momento?</p><p>Cómo ha influido eso en la persona que más o menos hemos llegado a ser?</p><p>Cuál es la causa secreta que nos lleva hoy hacia nuestro ineludible destino?</p><p>Y cuando llegue el momento, y nos volvamos a encontrar, frente a frente con la muerte, ya sea en la risa o el abandono de nuestras personas más cercanas, o ya sea en el frío de un salón militar, cómo la vamos a encarar?</p><p>Quién sabe, tal vez lo hagamos como el Esclavo, o como el Poeta, o como el Jaguar.</p><p>Como siempre, espero que se animen darle una leída al libro, que vale la pena. </p><p>Cualquier comentario pueden escribirme a <a href="mailto:lecturasdelbosque@gmail.com" rel="nofollow">lecturasdelbosque@gmail.com</a></p><p> Un abrazo y hasta la próxima.</p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;La Ciudad y los Perros&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hola Hola, mi nombre es Camilo y sean bienvenidos a Lecturas del Bosque.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quiero hablar un poco sobre La ciudad y los perros, la primer novela de Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura y junto con Gabriel García Marquez quizás los rockstars más grandes del boom latinoamericano. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hace años que no leía nada de Vargas Llosa, fue leyendo Historia de un Deicidio, precisamente su ensayo sobre la obra de García Marquez, que me volví a interesar por sus libros. Comencé a ver videos, entrevistas, charlas que dió sobre literatura, y la verdad es que cuando no habla sobre política, escucharlo narrar cualquier cosa es un verdadero placer. Escucharlo hablar unos minutos sobre Madame Bovary o sobre los Miserables, ya lo deja a uno con ganas de leerlo todo. No he leído sus ensayos sobre Onetti, Victor Hugo, o Flaubert, pero después de leer su ensayo sobre García Marquez creo que entiendo mucho mejor el mundo de Macondo y su origen, y lo que es curioso, en algunos sentidos, también me entiendo mejor a mismo. El ensayo es entretenido y realmente vale la pena leerlo. Además, no deja de ser atractivo leer semejante ensayo literario de un premio nobel sobre la obra de otro premio nobel, que además era su amigo, y cuya amistad terminaría unos años después con uno de los puñetes más famosos del siglo XX.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El sopapito contemporaneo de Will Smith no fue nada comparado con el KO en el que terminó Garcia Marquéz esa vez. Eran otros tiempos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una vez decidido que quería leer a Vargas Llosa, no sabía cuál de sus libros leer para el podcast. No se muy bien por qué me decidí por La ciudad y los perros, pero la verdad es que es una novela tremenda. Tremenda. El libro comienza en la mitad de la historia, ya en medio de la acción. La historia es contada por diferentes narradores y puntos de vista, a través de los cuales vamos conociendo el complejo mundo en el que suceden las cosas. Hay varios personajes importantes, pero los principales son: el Jaguar, el Poeta y el Esclavo. Tres adolescentes totalmente diferentes el uno del otro, pero que coinciden en la misma sección, del mismo año, del colegio militar Leoncio Prado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Conforme la historia va avanzando hacia el final, a veces vamos también para atrás, hacia los inicios en el colegio militar, o antes, hasta las razones por las que terminaron ahí, o incluso antes, hata sus conflictos familiares, y a su niñez.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la primera mitad de la novela el viaje a veces puede llegar a parecer confuso, pero luego todo fluye, y en cuanto comenzamos a intuir el panorama de la obra completa, con cada página que pasa comenzamos a apreciar más y más la belleza del paisaje entero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como otras novelas de Vargas Llosa, La ciudad y los perros es una novela con la ambición de contarlo todo, en este caso, de mostrar la sociedad entera a través de la historia de unos cuantos muchachos que están en pleno proceso de transición a la edad adulta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo cuando quiero expresar lo que más me gustó del libro no encuentro la forma, quedo mudo. Así que voy a tratar de hacerlo con la ayuda de otro libro que he estado leyendo en estos días. He estado leyendo a Joseph Campbell, su ideas sobre la importancia de los mitos, los rituales y los símbolos, tantos en nuestras vidas individuales como colectivas me tienen encantado. Pero lo voy leyendo despacio, demorándome un buen tiempo en cada cita que me interesa, o en cada mito que él usa para expresar sus ideas. Por ejemplo, ahí tengo en lista de espera unos 3 libros sobre Teseo y el Minotauro: Borges, Cortazar, y otro premio nobel,  André Gide, escribieron versiones novedosas que quiero leer y comparar con el mito clásico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Creo que es la única forma de realmente aprovechar un libro de esos. Y como pintan las cosas voy a tardar en terminar. De un tiempo a esta parte se me hace que la vida no me va a alcanzar para leer todo lo que quisiera, comienzo a arrepentirme de todas las horas que gasté jugando counter strike cuando estaba el colegio. O FIFA.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mientras tanto, Vargas Llosa cuando era adolescente estaba internado en un colegio militar viviendo las cosas que iban a inspirar su primer novela. De paso, en sus vacaciones de verano, a sus 15 años, ya estaba trabajando en un el periódico La Crónica escribiendo reportajes, notas y entrevistas.  &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bueno, en fin, en el prólogo que hace en su libro El Héroe de las mil caras,  Joseph Campbell habla sobre la tragedia y la comedia como medios narrativos y sobre el valor simbólico que tiene cada uno de estos medios narrativo en en nuestro viaje interior, así como de su importancia como medio de catarsis y redención.  Para explicar mejor su idea sobre la tragedia Campbell cita a James Joyce, en su novela Retrato de un artista adolescente:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esta novela, a través del stephen dedalus, que por si acaso  viene de Dédalo, el peronaje mitológico que construyó el laberinto del minutauro bueno, a través de este personaje James Joyce dice:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“Compasión es el sentimiento que paraliza la mente en la presencia de todo lo que es grave y constante en los sufrimientos humanos y lo une con el humano que sufre. Terror es el sentimiento que paraliza la mente en la presencia de todo lo que es grave y constante en los sufrimientos humanos y lo une con la causa secreta.”&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pero qué es la causa secreta? Qué quiere decir la causa secreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es lo que no es evidente, es la razón más profunda sobre el por qué pasan las cosas, envuelta siempre en misterio y en un aura de inevitabilidad. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La directora de teatro y opera Anne Bogart explica que así como la ciencia tiene la materia oscura, y las artes visuales tienen el espacio negativo, el teatro tiene la causa secreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo nunca escribí ninguna historia, pero me imagino que no debe ser nada fácil expresar esta causa secreta. Es el alma de la historia, el encanto de lo que no se dice, o de cómo no se lo dice. Más que decirlo hay que mostrarlo. A veces, como en el caso de La ciudad y los perros, hay que decir mucho, contar muchas cosas, para mostrar algo sin decirlo, en otras, tal vez no se necesite contar tanto, pero me imagino que nunca debe ser tarea fácil. Además, una misma serie de sucesos, motivados por distintas razones, llegan a ser historias completamente diferentes. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Joseph Campbell da un ejemplo:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un hombre A. mata a un hombre B.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuál es la causa de su muerte?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hay una Causa instrumental, una causa formal, y una causa secreta.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La causa instrumental puede ser la bala con que se mató al hombre B, y una historia centrada en eso podría servir por ejemplo para una noticia o un documental sobre las políticas de control de armas. Infelizmente ese tipo de noticia se ve todo el tiempo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzando un nivel, Campbell propone que el hombre A sea blanco y el hombre B sea negro. La causa formal de la muerte del hombre B puede ser el racismo. Una historia de racismo puede servir para una novela sociológica, o para algún tipo de estudio, pero no es una tragedia en el sentido narrativo y simbólico del que estamos hablando. El terror, para que sea trágico tiene que ser humano, no étnico, no de género, no de clase.Tiene que ser humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Avanzamos otro nivel. El hombre B es Martin Luther King Jr. Quien sabía que si seguía protestando por la igualdad de derechos laborales de los afrodescendientes en Estados Unidos, lo más probable era que lo terminen matando.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;De hecho, un día antes que lo maten el da un famoso discurso en el que cuenta que él sabe que su vida corre peligro, pero explica que la longevidad no es tan importante como la causa por la que él está viviendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Martin Luther King Jr. Sabía que su lucha probablemente le costaría la vida, pero no por eso la abandona, continúa, desafía los límites de lo posible, camina valientemente hacia su destino y al día siguiente de dar ese discurso termina siendo asesinado. Esa es la causa secreta de su muerte, esa es una tragedia humana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora, los personajes de La ciudad y los perros no son héroes defensores de los derechos civiles ni nada por el estilo, son adolescentes de diferentes partes del Perú y de diferentes clases sociales que en medio de todo tipo de violencia tratan de encontrarse a si mismos, pero aun así, cada uno a su manera, también tiene que hacer el viaje del héroe.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Podría haber hecho el mismo análisis sobre la causa secreta con los personajes de La ciudad y los perros, pero el episodio se iba a llenar de spoilers.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahí queda para quien le interese, no deja de ser un ejercicio interesante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin embargo hay algunas cosas que me gustaría mencionar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como en el ejemplo anterior, todas las vidas tienen un límite, y al desafiarlo uno se acerca a este límite, los héroes son quienes siguen su objetivo a pesar de las consecuencias del destino, y la causa secreta de su muerte, es precisamente la forma heróica en que viven. Uno muere en tales o cuales circunstancias o situaciones en gran medida de a cuerdo a las decisiones que uno toma en los grandes momentos de presión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;“La causa secreta de todo sufrimiento es la muerte, no puede ser negada si se quiere afirmar la vida”. Dice Joseph Campbell&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahora bien, la vida tiene fases, y morimos y renacemos varias veces de manera simbólica antes de nuestra muerte real y definitiva.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La ciudad y los perros es una novela principalmente sobre la transición de la adolescencia a la vida adulta. Una pequeña muerte también. En cada uno de los personajes podemos ver cómo la forma en que viven esa transición es también la causa de como“mueren” para dejar de ser niños y convertirse en hombres.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El servicio no se abandona, salvo muerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa frase se repite tres veces en el primer episodio del libro que se narra desde el punto de vista de Alberto, el poeta. Cada una circunstancia diferente.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El servicio no se abandona, salvo muerto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hago tanto incapié en este concepto de la causa secreta porque creo que es precisamente de ahí que nace la fuerza y la belleza de La ciudad y los perros. La forma en que Vargas Llosa nos narra la historia nos paraliza de la forma en que explica Joyce, nos paraliza, a ratos con compasión, a ratos con terror.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Al final de la novela se termina de armar el rompecabezas de la historia y quedamos en ese estado semi nirvánico propio de las narraciones bien logradas, apreciando como cada detalle nos fue conduciendo de manera ineludible, casi matemática, yendo y viniendo a través en el tiempo, a través de una estructura perfecta, usando diferentes narradores para aprovechar mejor los conflictos y dilemas de cada personaje. Queriendo abarcarlo todo, La ciudad y los perros es una novela total: trata sobre la masculinadad, la violencia, el poder y la autoridad, las clases sociales, la diversidad de la sociedad peruana, la justicia, la lealtad, la venganza, la sexualidad, trata sobre lo jodido que es ser hombre, que ser hijo, que ser padre, ser madre, sobre lo terrible de haber nacido pobre en un país pobre, sobre la inmutabilidad del mundo, pero al mismo tiempo sobre el poder transformador del amor y de la muerte.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Nos va conduciendo, decía, de manera inevitable, a la tragedia, hasta quemarnos en una poderosísima catarsis para llegar luego a la redención.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;– para mi, de hecho, la escena del velorio es una obra maestra en si misma-&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y Al terminar, cerramos el libro diciéndonos a nosotros mismos: Sí, así es la vida. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque todos, al igual que los muchachos de la ciudad y los perros, hemos transitados esos caminos, hemos hecho, cada uno a su modo, aquel viaje, sin duda siempre accidentado, en el que hemos tenido que dejar de ser niños. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En mi caso, yo también tuve una especie de círculo, solo que menos violento, tuve amistades con personajes interesantísimos, como mi amigo Búho, hijo de un sirio dueño de camiones y de un cine para adultos, con el que conocí parte del bajo mundo boliviano, la vida de mercado y de frontera. O mi amigo el Judio, maestro de la carroña humana, O mi amigo Maki, que en cada borrachera soñaba con exportar plátanos verdes al Japón. Qué será de mis amigos. Con algunos todavía tengo contacto, con otros infelizmente, no tanto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una buena historia es siempre una experiencia enriquecedora, por que nos ayuda a gestionar el tesoro más grande: nuestros recuerdos. Esa cadena de memorias fragmentadas de lo que más o menos hemos sido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuál fue la causa secreta que nos hizo tomar las decisiones que tomamos, vivir, de la forma en que lo hicimos?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hemos vivido de acuerdo a nuestras convicciones sin importar las consecuencias del destino, o aflojamos a último momento?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cómo ha influido eso en la persona que más o menos hemos llegado a ser?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuál es la causa secreta que nos lleva hoy hacia nuestro ineludible destino?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y cuando llegue el momento, y nos volvamos a encontrar, frente a frente con la muerte, ya sea en la risa o el abandono de nuestras personas más cercanas, o ya sea en el frío de un salón militar, cómo la vamos a encarar?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quién sabe, tal vez lo hagamos como el Esclavo, o como el Poeta, o como el Jaguar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Como siempre, espero que se animen darle una leída al libro, que vale la pena. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cualquier comentario pueden escribirme a &lt;a href=&#34;mailto:lecturasdelbosque@gmail.com&#34; rel=&#34;nofollow&#34;&gt;lecturasdelbosque@gmail.com&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Un abrazo y hasta la próxima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 18 Jul 2022 20:59:25 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#10 Altazor o el viaje en paracídas (fragmentos Canto II) - Vicente Huidobro</itunes:title>
                <title>#10 Altazor o el viaje en paracídas (fragmentos Canto II) - Vicente Huidobro</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mujer el mundo está amueblado por tus ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Se hace más alto el cielo en tu presencia&lt;/p&gt;&lt;p&gt; La tierra se prolonga de rosa en rosa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y el aire se prolonga de paloma en paloma &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al irte dejas una estrella en tu sitio &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dejas caer tus luces como el barco que pasa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Mientras te sigue mi canto embrujado&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Como una serpiente fiel y melancólica&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Qué combate se libra en el espacio? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esas lanzas de luz entre planetas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Reflejo de armaduras despiadadas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?&lt;/p&gt;&lt;p&gt; En dónde estás triste noctámbula&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Dadora de infinito &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que pasea en el bosque de los sueños &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Heme aquí perdido entre mares desiertos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la&lt;/p&gt;&lt;p&gt;  ( noche &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Te hablan por mí las piedras aporreadas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Te habla por mí el color de los paisajes sin viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dormido en tu memoria &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Te habla por mí el arroyo descubierto&lt;/p&gt;&lt;p&gt; La yerba sobreviviente atada a la aventura&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Aventura de luz y sangre de horizonte&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin más abrigo que una flor que se apaga &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si hay un poco de viento &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué me importan los signos de la noche&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( pecho&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Qué me importa el enigma luminoso&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Los emblemas que alumbran el azar &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y esas islas que viajan por el caos sin destino a&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( mis ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Qué me importa ese miedo de flor en el vacío&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Qué me importa el nombre de la nada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; El nombre del desierto infinito&lt;/p&gt;&lt;p&gt; O de la voluntad o del azar que representan &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( oasis&lt;/p&gt;&lt;p&gt; O banderas de presagio y de muerte &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Con la cabeza levantada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y todo el cabello al viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Eres más hermosa que el relincho de un potro en&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( la montaña&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Que la sirena de un barco que deja escapar toda&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( su alma&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Que un faro en la neblina buscando a quien&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( salvar &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Eres más hermosa que la golondrina atravesada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( por el viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nada se compara a esa leyenda de semillas que&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( deja tu presencia &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tu voz hace un imperio en el espacio&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( colgar soles en el aire &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y ese mirar que escribe mundos en el infinito&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y esa cabeza que se dobla para escuchar un mur-&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( mullo en la eternidad &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y ese pie que es la fiesta de los caminos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( encadenados &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y ese beso que hincha la proa de tus labios&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( vida&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dormido a la sombra de tus senos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; Si tú murieras&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Las estrellas a pesar de su lámpara encendida&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Perderían el camino&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ¿Qué sería del universo? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo que puede ser el hombre con la palabra no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esos son fragmentos del Canto II del Altazor o el viaje en paracaidas, de Vicente Huidobro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cómo hablar de esa poesía sin hablar de mi? Es increíble como el arte y la vida se entrelazan. Cómo decía mi profesor Puky Gutierrez, Somos los libros que hemos leído, las músicas que escuchamos, las personas que hemos amado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por eso, a veces al hablar de libros que o películas es inevitable terminar hablando de uno mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque al contrario de lo que pueda llegar a parecer, leemos y vemos historias, no para escapar de la realidad, sino para encontrarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nuca estuve más de 3 años en ningún colegio. Estuve en diferentes tipos de escuelas, en diferentes ciudades y países. Por lo general no me gustaba mucho ir a clases, con la excepción de dos colegios a los que fui. El primero, se llamaba Técnico Universal Montessori, que fue mi primer colegio, donde jugando uno aprendía desde matemáticas hasta a lavar los platos después de almorzar. Era un lugar maravilloso, donde todo el colegio era como una gran familia. Después pasé por una serie de lugares más tradicionales donde habían pupitres individuales en lugar de mesas grupales, donde había que quedarse quieto en lugar de jugar, y donde se aprendía a multiplicar repitiendo 2x1 2, 2x2 4, 2x3 6. Ni pensar en hacer rondas matutinas, sentados en la alfombra para compartir los sueños de la noche anterior. Parte importante de mi identidad es ser uno de los niños montessori de Miss Mariana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por alguna razón tanto en las historias como en la vida, todo termina en una situación parecida a la que comenzó. Tal vez por eso el otro colegio al que me encantó ir, fue donde hice mis últimos 3 años, el Colegio De la Sierra, donde viví sin duda una de las mejores etapas de mi vida, la pasé rodeado de personas de una inconmensurable calidad humana. Tanto los profesores como mis compañeros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el De la Sierra, teníamos un excelente profesor de Radio, Abraham Ender, tremendo anarquista que nos ayudó a ser adolescentes. En ese entonces  la Radio era un oficio que estaba en decadencia, no se cómo ni porqué el colegio se animó a ofrecer esa materia opcional, pero hoy en día ya vemos como el antiguo oficio de la radio resucita a través de la emergente cultura del Podcast.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También teníamos un profesor de teatro brutal, Jorge Arturo Lora, uno de nuestros mejores actores, que ahora está publicando recomendadísimos relatos, un tipazo que contagia de manera natural la pasión por el arte de contar e interpretar historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Por increíble que parezca, también teníamos una materia que se llamaba Creatividad. Y esta no era opcional. Porque si había una cosa que era importante para Alvaro Puente, nuestro querido amigo y director, era que seamos capaces de pensar por nosotros mismos. Una capacidad que muchas veces es poco deseada y por lo tanto difícil de desarrollar en una sociedad como la de Santa Cruz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El profesor de esta materia era un poeta. Puky Gutierrez. Más tarde Puky también fue mi profesor en la Universidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; La sala de creatividad estaba llena de todo tipo de dibujos que los alumnos hacían en las paredes, y las actividades de la clase iban desde explicar el significado de nuestros nombres, hasta mostrar a los demás de alguna manera creativa cualquier cosa que nos gustara hacer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En una clase Pucky nos mostró la pelicula de Eliseo Subiela, El Lado Oscuro del Corazón, (tremenda película) y fue así que conocí a Mario Benedetti, Oliverio Girondo, Vicente Huidrobro, Alejandra Pizarnik, entre otros poetas cuyas poesías llenan los diálogos y la historia de la película.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Altazor o el viaje en paracaídas es considerada la obra máxima del poeta chileno Vicente Huidobro, tiene un prefacio y 7 cantos en los que se narra el vieje de Altazor desde las alturas del cielo, que mientras va cayendo hace su poema. El ritmo y el ímpetu del poema van cambiando conforme a la caída de Altazor, a veces suave y demorado como una hoja cayendo de un árbol, a veces hay pequeñas pausas en las que su paracaídas puede quedar atascado en alguna estrella, y a veces puede ser rápido y violento como una piedra que cae a toda velocidad. Cada canto también tiene diferentes temas, el Canto I por ejemplo es un tanto metafísico, y el canto II, que es el que está en El Lado Oscuro del Corazón, y también aquí en el Podcast, como vimos, es una Oda a la mujer. Elegí fragmentos de ese Canto para compartir porque fue con ese Canto que llegué a conocer el Poema.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, fue así como llegue a conocer a el viaje en paracaidas, ahora espero que como a mí, el vieje de Altazor los ayude y asista a ustedes también en su propio viaje, sea este el que sea, y que se adueñen y  usen sus palabras y poesía, porque como dijo el cartero en Il Postino, la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi nombre es Camilo, un abrazo y hasta la próxima.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p><br></p><p>Mujer el mundo está amueblado por tus ojos</p><p> Se hace más alto el cielo en tu presencia</p><p> La tierra se prolonga de rosa en rosa</p><p> Y el aire se prolonga de paloma en paloma </p><p><br></p><p>Al irte dejas una estrella en tu sitio </p><p>Dejas caer tus luces como el barco que pasa</p><p> Mientras te sigue mi canto embrujado</p><p> Como una serpiente fiel y melancólica</p><p> Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro </p><p><br></p><p>¿Qué combate se libra en el espacio? </p><p>Esas lanzas de luz entre planetas</p><p> Reflejo de armaduras despiadadas</p><p> ¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?</p><p> En dónde estás triste noctámbula</p><p> Dadora de infinito </p><p>Que pasea en el bosque de los sueños </p><p><br></p><p>Heme aquí perdido entre mares desiertos</p><p> Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la</p><p>  ( noche </p><p><br></p><p>Te hablan por mí las piedras aporreadas</p><p> Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo</p><p> Te habla por mí el color de los paisajes sin viento</p><p> Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas </p><p>Dormido en tu memoria </p><p>Te habla por mí el arroyo descubierto</p><p> La yerba sobreviviente atada a la aventura</p><p> Aventura de luz y sangre de horizonte</p><p>Sin más abrigo que una flor que se apaga </p><p>Si hay un poco de viento </p><p><br></p><p>Qué me importan los signos de la noche</p><p> Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi</p><p> ( pecho</p><p> Qué me importa el enigma luminoso</p><p> Los emblemas que alumbran el azar </p><p>Y esas islas que viajan por el caos sin destino a</p><p> ( mis ojos</p><p> Qué me importa ese miedo de flor en el vacío</p><p> Qué me importa el nombre de la nada</p><p> El nombre del desierto infinito</p><p> O de la voluntad o del azar que representan </p><p>Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de</p><p> ( oasis</p><p> O banderas de presagio y de muerte </p><p><br></p><p>Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos </p><p>Con la cabeza levantada</p><p> Y todo el cabello al viento</p><p> Eres más hermosa que el relincho de un potro en</p><p> ( la montaña</p><p> Que la sirena de un barco que deja escapar toda</p><p> ( su alma</p><p> Que un faro en la neblina buscando a quien</p><p> ( salvar </p><p>Eres más hermosa que la golondrina atravesada</p><p> ( por el viento</p><p><br></p><p>Nada se compara a esa leyenda de semillas que</p><p> ( deja tu presencia </p><p>Tu voz hace un imperio en el espacio</p><p> Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a</p><p> ( colgar soles en el aire </p><p>Y ese mirar que escribe mundos en el infinito</p><p> Y esa cabeza que se dobla para escuchar un mur-</p><p> ( mullo en la eternidad </p><p>Y ese pie que es la fiesta de los caminos</p><p> ( encadenados </p><p>Y ese beso que hincha la proa de tus labios</p><p> Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu</p><p> ( vida</p><p> Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho </p><p>Dormido a la sombra de tus senos</p><p> </p><p> Si tú murieras</p><p> Las estrellas a pesar de su lámpara encendida</p><p> Perderían el camino</p><p> ¿Qué sería del universo? </p><p><br></p><p><br></p><p>Lo que puede ser el hombre con la palabra no?</p><p>Esos son fragmentos del Canto II del Altazor o el viaje en paracaidas, de Vicente Huidobro.</p><p>Cómo hablar de esa poesía sin hablar de mi? Es increíble como el arte y la vida se entrelazan. Cómo decía mi profesor Puky Gutierrez, Somos los libros que hemos leído, las músicas que escuchamos, las personas que hemos amado.</p><p>Por eso, a veces al hablar de libros que o películas es inevitable terminar hablando de uno mismo.</p><p>Porque al contrario de lo que pueda llegar a parecer, leemos y vemos historias, no para escapar de la realidad, sino para encontrarla.</p><p>Nuca estuve más de 3 años en ningún colegio. Estuve en diferentes tipos de escuelas, en diferentes ciudades y países. Por lo general no me gustaba mucho ir a clases, con la excepción de dos colegios a los que fui. El primero, se llamaba Técnico Universal Montessori, que fue mi primer colegio, donde jugando uno aprendía desde matemáticas hasta a lavar los platos después de almorzar. Era un lugar maravilloso, donde todo el colegio era como una gran familia. Después pasé por una serie de lugares más tradicionales donde habían pupitres individuales en lugar de mesas grupales, donde había que quedarse quieto en lugar de jugar, y donde se aprendía a multiplicar repitiendo 2x1 2, 2x2 4, 2x3 6. Ni pensar en hacer rondas matutinas, sentados en la alfombra para compartir los sueños de la noche anterior. Parte importante de mi identidad es ser uno de los niños montessori de Miss Mariana.</p><p>Por alguna razón tanto en las historias como en la vida, todo termina en una situación parecida a la que comenzó. Tal vez por eso el otro colegio al que me encantó ir, fue donde hice mis últimos 3 años, el Colegio De la Sierra, donde viví sin duda una de las mejores etapas de mi vida, la pasé rodeado de personas de una inconmensurable calidad humana. Tanto los profesores como mis compañeros.</p><p>En el De la Sierra, teníamos un excelente profesor de Radio, Abraham Ender, tremendo anarquista que nos ayudó a ser adolescentes. En ese entonces  la Radio era un oficio que estaba en decadencia, no se cómo ni porqué el colegio se animó a ofrecer esa materia opcional, pero hoy en día ya vemos como el antiguo oficio de la radio resucita a través de la emergente cultura del Podcast.</p><p>También teníamos un profesor de teatro brutal, Jorge Arturo Lora, uno de nuestros mejores actores, que ahora está publicando recomendadísimos relatos, un tipazo que contagia de manera natural la pasión por el arte de contar e interpretar historias.</p><p> Por increíble que parezca, también teníamos una materia que se llamaba Creatividad. Y esta no era opcional. Porque si había una cosa que era importante para Alvaro Puente, nuestro querido amigo y director, era que seamos capaces de pensar por nosotros mismos. Una capacidad que muchas veces es poco deseada y por lo tanto difícil de desarrollar en una sociedad como la de Santa Cruz.</p><p>El profesor de esta materia era un poeta. Puky Gutierrez. Más tarde Puky también fue mi profesor en la Universidad.</p><p> La sala de creatividad estaba llena de todo tipo de dibujos que los alumnos hacían en las paredes, y las actividades de la clase iban desde explicar el significado de nuestros nombres, hasta mostrar a los demás de alguna manera creativa cualquier cosa que nos gustara hacer.</p><p>En una clase Pucky nos mostró la pelicula de Eliseo Subiela, El Lado Oscuro del Corazón, (tremenda película) y fue así que conocí a Mario Benedetti, Oliverio Girondo, Vicente Huidrobro, Alejandra Pizarnik, entre otros poetas cuyas poesías llenan los diálogos y la historia de la película.</p><p>Altazor o el viaje en paracaídas es considerada la obra máxima del poeta chileno Vicente Huidobro, tiene un prefacio y 7 cantos en los que se narra el vieje de Altazor desde las alturas del cielo, que mientras va cayendo hace su poema. El ritmo y el ímpetu del poema van cambiando conforme a la caída de Altazor, a veces suave y demorado como una hoja cayendo de un árbol, a veces hay pequeñas pausas en las que su paracaídas puede quedar atascado en alguna estrella, y a veces puede ser rápido y violento como una piedra que cae a toda velocidad. Cada canto también tiene diferentes temas, el Canto I por ejemplo es un tanto metafísico, y el canto II, que es el que está en El Lado Oscuro del Corazón, y también aquí en el Podcast, como vimos, es una Oda a la mujer. Elegí fragmentos de ese Canto para compartir porque fue con ese Canto que llegué a conocer el Poema.</p><p>En fin, fue así como llegue a conocer a el viaje en paracaidas, ahora espero que como a mí, el vieje de Altazor los ayude y asista a ustedes también en su propio viaje, sea este el que sea, y que se adueñen y  usen sus palabras y poesía, porque como dijo el cartero en Il Postino, la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita.</p><p>Mi nombre es Camilo, un abrazo y hasta la próxima.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mujer el mundo está amueblado por tus ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Se hace más alto el cielo en tu presencia&lt;/p&gt;&lt;p&gt; La tierra se prolonga de rosa en rosa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y el aire se prolonga de paloma en paloma &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al irte dejas una estrella en tu sitio &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dejas caer tus luces como el barco que pasa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Mientras te sigue mi canto embrujado&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Como una serpiente fiel y melancólica&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;¿Qué combate se libra en el espacio? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esas lanzas de luz entre planetas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Reflejo de armaduras despiadadas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?&lt;/p&gt;&lt;p&gt; En dónde estás triste noctámbula&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Dadora de infinito &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Que pasea en el bosque de los sueños &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Heme aquí perdido entre mares desiertos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la&lt;/p&gt;&lt;p&gt;  ( noche &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Te hablan por mí las piedras aporreadas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Te habla por mí el color de los paisajes sin viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dormido en tu memoria &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Te habla por mí el arroyo descubierto&lt;/p&gt;&lt;p&gt; La yerba sobreviviente atada a la aventura&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Aventura de luz y sangre de horizonte&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin más abrigo que una flor que se apaga &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si hay un poco de viento &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué me importan los signos de la noche&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( pecho&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Qué me importa el enigma luminoso&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Los emblemas que alumbran el azar &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y esas islas que viajan por el caos sin destino a&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( mis ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Qué me importa ese miedo de flor en el vacío&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Qué me importa el nombre de la nada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; El nombre del desierto infinito&lt;/p&gt;&lt;p&gt; O de la voluntad o del azar que representan &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( oasis&lt;/p&gt;&lt;p&gt; O banderas de presagio y de muerte &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Con la cabeza levantada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y todo el cabello al viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Eres más hermosa que el relincho de un potro en&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( la montaña&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Que la sirena de un barco que deja escapar toda&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( su alma&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Que un faro en la neblina buscando a quien&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( salvar &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Eres más hermosa que la golondrina atravesada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( por el viento&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nada se compara a esa leyenda de semillas que&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( deja tu presencia &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tu voz hace un imperio en el espacio&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( colgar soles en el aire &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y ese mirar que escribe mundos en el infinito&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y esa cabeza que se dobla para escuchar un mur-&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( mullo en la eternidad &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y ese pie que es la fiesta de los caminos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( encadenados &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y ese beso que hincha la proa de tus labios&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ( vida&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dormido a la sombra de tus senos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; Si tú murieras&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Las estrellas a pesar de su lámpara encendida&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Perderían el camino&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ¿Qué sería del universo? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo que puede ser el hombre con la palabra no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esos son fragmentos del Canto II del Altazor o el viaje en paracaidas, de Vicente Huidobro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cómo hablar de esa poesía sin hablar de mi? Es increíble como el arte y la vida se entrelazan. Cómo decía mi profesor Puky Gutierrez, Somos los libros que hemos leído, las músicas que escuchamos, las personas que hemos amado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por eso, a veces al hablar de libros que o películas es inevitable terminar hablando de uno mismo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Porque al contrario de lo que pueda llegar a parecer, leemos y vemos historias, no para escapar de la realidad, sino para encontrarla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Nuca estuve más de 3 años en ningún colegio. Estuve en diferentes tipos de escuelas, en diferentes ciudades y países. Por lo general no me gustaba mucho ir a clases, con la excepción de dos colegios a los que fui. El primero, se llamaba Técnico Universal Montessori, que fue mi primer colegio, donde jugando uno aprendía desde matemáticas hasta a lavar los platos después de almorzar. Era un lugar maravilloso, donde todo el colegio era como una gran familia. Después pasé por una serie de lugares más tradicionales donde habían pupitres individuales en lugar de mesas grupales, donde había que quedarse quieto en lugar de jugar, y donde se aprendía a multiplicar repitiendo 2x1 2, 2x2 4, 2x3 6. Ni pensar en hacer rondas matutinas, sentados en la alfombra para compartir los sueños de la noche anterior. Parte importante de mi identidad es ser uno de los niños montessori de Miss Mariana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Por alguna razón tanto en las historias como en la vida, todo termina en una situación parecida a la que comenzó. Tal vez por eso el otro colegio al que me encantó ir, fue donde hice mis últimos 3 años, el Colegio De la Sierra, donde viví sin duda una de las mejores etapas de mi vida, la pasé rodeado de personas de una inconmensurable calidad humana. Tanto los profesores como mis compañeros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el De la Sierra, teníamos un excelente profesor de Radio, Abraham Ender, tremendo anarquista que nos ayudó a ser adolescentes. En ese entonces  la Radio era un oficio que estaba en decadencia, no se cómo ni porqué el colegio se animó a ofrecer esa materia opcional, pero hoy en día ya vemos como el antiguo oficio de la radio resucita a través de la emergente cultura del Podcast.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;También teníamos un profesor de teatro brutal, Jorge Arturo Lora, uno de nuestros mejores actores, que ahora está publicando recomendadísimos relatos, un tipazo que contagia de manera natural la pasión por el arte de contar e interpretar historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Por increíble que parezca, también teníamos una materia que se llamaba Creatividad. Y esta no era opcional. Porque si había una cosa que era importante para Alvaro Puente, nuestro querido amigo y director, era que seamos capaces de pensar por nosotros mismos. Una capacidad que muchas veces es poco deseada y por lo tanto difícil de desarrollar en una sociedad como la de Santa Cruz.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El profesor de esta materia era un poeta. Puky Gutierrez. Más tarde Puky también fue mi profesor en la Universidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; La sala de creatividad estaba llena de todo tipo de dibujos que los alumnos hacían en las paredes, y las actividades de la clase iban desde explicar el significado de nuestros nombres, hasta mostrar a los demás de alguna manera creativa cualquier cosa que nos gustara hacer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En una clase Pucky nos mostró la pelicula de Eliseo Subiela, El Lado Oscuro del Corazón, (tremenda película) y fue así que conocí a Mario Benedetti, Oliverio Girondo, Vicente Huidrobro, Alejandra Pizarnik, entre otros poetas cuyas poesías llenan los diálogos y la historia de la película.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Altazor o el viaje en paracaídas es considerada la obra máxima del poeta chileno Vicente Huidobro, tiene un prefacio y 7 cantos en los que se narra el vieje de Altazor desde las alturas del cielo, que mientras va cayendo hace su poema. El ritmo y el ímpetu del poema van cambiando conforme a la caída de Altazor, a veces suave y demorado como una hoja cayendo de un árbol, a veces hay pequeñas pausas en las que su paracaídas puede quedar atascado en alguna estrella, y a veces puede ser rápido y violento como una piedra que cae a toda velocidad. Cada canto también tiene diferentes temas, el Canto I por ejemplo es un tanto metafísico, y el canto II, que es el que está en El Lado Oscuro del Corazón, y también aquí en el Podcast, como vimos, es una Oda a la mujer. Elegí fragmentos de ese Canto para compartir porque fue con ese Canto que llegué a conocer el Poema.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En fin, fue así como llegue a conocer a el viaje en paracaidas, ahora espero que como a mí, el vieje de Altazor los ayude y asista a ustedes también en su propio viaje, sea este el que sea, y que se adueñen y  usen sus palabras y poesía, porque como dijo el cartero en Il Postino, la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi nombre es Camilo, un abrazo y hasta la próxima.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 26 Jun 2022 14:54:35 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#9 El Capitán de Ultramar - Jorge Amado</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué es la verdad y donde encontrarla? Cómo usar su coqueto brillo para navegar las oscuras olas de la realidad y la incerteza?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy día en Lecturas del Bosque quiero hablares de El Capitán de Ultramar, una novela de Jorge Amado, que a mi parecer se trata principalmente sobre eso. Es una de mis historias favoritas de todos los tiempos, porque cada vez que la leo me devuelve, al menos por un momento, la capacidad de ver lo extraordinaria que es la vida, la vida común, la de todos los días, me presta la capacidad de apreciar, incluso en la más monótonas de las existencias, la belleza y la poesía de como se van dando las cosas. De admirar la suma de infinitas casualidades y mentiras de las que está hecha la vida cotidiana de cualquier persona. Y la certeza de saber que en el fondo de toda esa maraña de miserias, se esconde, desnuda, la verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me encantan los libros de Jorge Amado, porque en ellos la vida es total. Aparece, ineludible, en todo su esplendor, en la lealtad de los amigos, en el sueño de la mujer imposible, en la redención de los sueños cumplidos, en las fortunas familiares perdidas, en el ardiente pecado de los placeres terrenales, en la picardía y el engaño, en la mezquindad y la avaricia, en los chismes y en la envidia, en los más superfluos y banales de los deseos y manías, en el perjurio de la traición, en las noches de juerga y en las de desconsolado desvelo, incluso en la crueldad, en el odio y la venganza, o en las más terribles de las situaciones, ya sea en la desesperada soledad o en la cruda lucha por la subsistencia. Aparece la vida. Implacable. Terrible. Cruel. Injusta. Triste. Brutal. Pero nunca gris. Llena de héroes cotidianos, que la enfrentan con las mismas modestas armas con las que despertamos nosotros todos los días antes de ir a trabajar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El comandante Vasco Moscoso de Aragón, capitán de Ultramar, es uno de estos héroes cotidianos. En su caso, el comandante usa la verdad como principal arma para enfrentarse a semejante totalidad, usa la más verdadera verdad, esa que es capaz de sutiles metamorfosis para adaptarse a las más urgentes necesidades de los laberíntico e indescifrables caminos del recuerdo y del porvenir. Porque después de todo, como dijo García Marquez, La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda, y cómo la recuerda para contarla. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el caso de la discutida vida del Capitán, en el libro aparecen dos versiones, narradas por un encantador poeta de barrio, que entre capítulo y capítulo nos cuenta, con elocuencia e ironía, como va aprendiendo, también él, a desvelar los secretos poderes de la verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Una de las versiones, la de Chico Pachecho, inspector de hacienda jubilado, respaldada con fechas, testigos y documentos, y la otra versión, la del mismísimo capitán, respaldada por la experiencia y los recuerdos, se enfrentan en encarnizada lucha por ganar los corazones y la credibilidad de los habitantes de Periperi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El otrora pacífico suburbio bahiano a horillas del mar, de pronto se ve envuelto en una terrible guerra fría por el control de la verdad sobre las discutidas aventuras del comandante. El pueblo queda dividido. Los bancos en la estación del tren que tienen vista al mar son para los seguidores del comandante, los que miran tierra adentro para los que creen en Chico Pachecho, la playa para los del Capitán, la plaza central para los del Inspector de Hacienda, amistades de la vida entera destruidas de repente, discusiones campales entre jubilados, amenazas de muerte con cuchillos, tensión en las calles día a día.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al final, cada lector puede elegir, usando su sacrosanto libre albedrío, dónde buscar la verdad, en cual de las versiones creer. Y después del final, al cerrar el libro, cada uno tendrá que ver cómo navegar por sus propias y temibles tempestades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jorge Amado nos guiña un ojo y nos deja la siguiente reflexión:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...)¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde esta la verdad? Díganmelo, por favor: ¿en la pequeña realidad de cada uno o en el inmenso sueño del hombre? ¿Quién la conduce por el mundo afuera, iluminando el camino del hombre? ¿El Meritísimo juez o el paupérrimo poeta? ¿Chico Pacheco, con su integridad, o el comandante Vasco Moscoso de Aragón, capitán de ultramar? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Déjenme leerles el primer capítulo, para que sientan el ritmo de la historia:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;DE CÓMO EL NARRADOR, CON CIERTA EXPERIENCIA ANTERIOR Y AGRADABLE, SE&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;DISPONE A EXTRAER LA VERDAD DEL FONDO DE UN POZO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi intención, mi única intención, pueden estar seguros, es sólo restablecer laverdad. La verdad completa, de tal modo que no quede ninguna duda en torno del comandante Vasco Moscoso de Aragón y de  sus extraordinarias aventuras. «La verdad está en el fondo de un pozo», leí una vez, no sé si en un libro o en un artículo periodístico, desde luego, en letras de molde, y, ¿cómo dudar de afirmación impresa? Yo, por lo menos, no acostumbro a discutir, y mucho menos a negar, la verdad de la literatura y el periodismo. Y, por si eso no bastara, varios titulados universitarios me repitieron la frase, no dejando así el menor margen para un error de revisión a fin de retirar la verdad del pozo y colocarla en mejor abrigo: palacio («La verdad está en el palacio real»), regazo («La verdad se esconde en el regazo de las mujeres hermosas»), polo («La verdad ha huido al polo norte») o pueblo («La verdad está en el pueblo»), frases todas ellas, creo yo, menos groseras, más elegantes, que no dejan esa oscura sensación de abandono y frío, inherente a la palabra &lt;em&gt;pozo&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El Meritísimo doctor Siqueira, juez jubilado, respetable y probo ciudadano de calva lustrosa y erudita, me explicó que se trataba de un lugar común, es decir, de cosa tan clara y sabida que llega a convertirse en un proverbio, en un dicho de todos. Con su voz grave, de inapelable sentencia, añadió un detalle curioso: no sólo la verdad está en el fondo de un pozo, sino que allá se encuentra enteramente desnuda, sin ningún velo que le cubra el cuerpo, ni siquiera las partes vergonzosas. En el fondo del pozo y desnuda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El doctor Alberto Siqueira es la cumbre, el colmo de la cultura en ese suburbio de Periperi donde vivimos. Es él quien pronuncia el discurso el 2 de julio en la Plaza y el 7 de septiembre en el Grupo Escolar, sin hablar de otras fechas menores, y de los brindis de cumpleaños o bautizo. Al juez le debo mucho de lo poco que sé, a esas conversaciones nocturnas en el jardín de su casa; le debo por todo respeto y gratitud.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando él, con la voz solemne y el gesto preciso, esclarece una duda, en aquel momento todo me parece claro y fácil, no me asalta ninguna objeción. Cuando lo dejo, sin embargo, y me pongo a pensar en el asunto, se van la claridad y la evidencia, como, por ejemplo, en ese caso de la verdad. Vuelve todo a ser oscuro y difícil, intento recordar las explicaciones del Meritísimo y no lo consigo. Un verdadero lío. Pero ¿cómo dudar de la palabra de un hombre de tanto saber, con los estantes abarrotados de libros, códigos y tratados? Sin embargo, por más que él me explique que se trata sólo de un proverbio popular, muchas veces me encuentro pensando en ese pozo, profundo y oscuro, desde luego, donde fue la verdad a esconder sus desnudeces dejándonos en la mayor confusión, discutiendo por esto y por lo otro, llevándonos a la ruina, a la desesperación y a la guerra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero el pozo no es realmente un pozo, y el fondo del pozo no es el fondo de un pozo. Según el proverbio, eso significa que la verdad es difícil de revelarse, que su desnudez no se exhibe en la plaza pública al alcance de cualquier mortal. Pero es nuestro deber, el de todos nosotros, buscar la verdad en cada hecho, hundirnos en la oscuridad del pozo hasta encontrar su luz divina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Luz divina» es del juez, como todo lo del párrafo anterior. Él es tan culto que habla en tono de discurso, usando palabras bonitas hasta en las charlas familiares con su dignísima esposa doña Ernestina: «la verdad es el faro que ilumina la vida», acostumbra a repetirme el Meritísimo, dedo en ristre, cuando, por la noche, bajo un cielo de incontables estrellas y poca luz eléctrica, conversamos sobre las novedades del mundo y de nuestro suburbio. Doña Ernestina, gordísima, lustrosa de sudor y un tanto así como débil mental, asiente balanceando su cabezota de elefante. Un faro de poderosa luz iluminando a lo lejos, he ahí la verdad del noble juez jubilado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tal vez por eso mismo su luz no penetre en los escondrijos más próximos, en los recovecos de las calles, en el oculto recodo de las Tres Borboletas, donde se abriga, en la discreta penumbra de una casita entre árboles, la hermosa y risueña mulata Dondoca, cuyos padres acudieron al Meritísimo cuando Zé Canjiquinha desapareció de la circulación, rumbo al sur.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Había tumbado a la mulatita», según frase pintoresca del viejo Pedro Torresno, padre afligido, y dejó a la chiquilla allí, sin honra y sin dinero:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—En la miseria, señor juez, en la miseria…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El juez echó un discurso moral, cosa digna de oírse, y prometió providencias. Y, en vista del conmovedor cuadro de la víctima sonriendo entre lágrimas, soltó unos billetes, pues, bajo la pechera almidonada del magistrado late, por difícil que sea creerlo, un bondadoso corazón. Prometió dar orden de busca y detención del «sórdido don Juan», olvidándose, en su entusiasmo por la causa de la virtud ofendida, de su condición de jubilado, sin fiscal ni comisario a sus órdenes. Iba a interesar también en el caso a sus amigos de la ciudad. El «conquistador de vía estrecha» iba a recibir su merecido…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y fue él mismo, tan consciente es el doctor Siqueira de sus responsabilidades de juez (aunque jubilado), a dar noticia de sus providencias a la familia ofendida y pobre en su distante chabola. Dormía Pedro Torresno aún el aguardiente de la víspera; lavoteaba sus ropas allá al fondo la flaca Eufrasia, madre de la víctima, y ésta cuidaba el fogón. Se abrió una sonrisa en los labios carnosos de Dondoca, tímida pero expresiva, y el juez la miró austero, cogiéndola de la mano:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vengo para reñirla…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo no quería. Fue él… —lloriqueó la bella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Muy mal hecho —y seguía sujetando el brazo de prietas carnes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se deshizo ella en lágrimas arrepentidas, y el juez, para mejor reprenderla y aconsejarla, la sentó en su regazo, le acarició las mejillas, le pellizcó el brazo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Admirable cuadro: la severidad implacable del recto magistrado temperada por la bondad comprensiva del hombre. Escondió Dondoca el rostro avergonzado en el hombro confortador. Sus labios hacían cosquillas inocentes en el pescuezo ilustre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Zé Canjiquinha nunca fue encontrado. En compensación, Dondoca quedó, desde aquella afortunada visita, bajo la protección de la justicia, y anda hoy elegante, se ganó la casita de la rinconada de Tres Borboletas y Pedro Torresno dejó definitivamente de trabajar. He ahí una verdad que no ilumina el faro del juez y que me obligó a bucear un poco para encontrarla. Para contar toda la verdad debo añadir que fue agradable, delicioso buceo, pues en el fondo de ese pozo estaba el colchón de lana del lecho de Dondoca, donde ella me cuenta —cuando a eso de las diez de la noche dejo la prosa erudita del Meritísimo y de su voluminosa consorte— divertidas intimidades del preclaro magistrado, desgraciadamente no aptas para letra de molde.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tengo pues, como puede comprobarse, cierta experiencia en el asunto: no es la primera vez que investigo la verdad. Me siento así, bajo la inspiración del juez —«es nuestro deber, el de todos nosotros, investigar la verdad de cada hecho»—, dispuesto a desenrollar el ovillo de las aventuras del comandante, aclarando de una vez para siempre cuestión tan discutida y complicada. No se trata sólo de los hilos enredados de un ovillo sino de algo mucho más difícil. Constantemente aparecen nudos ciegos, nudos de marinero, cabos sueltos, hilos tronzados, hebras de otro color, cosas acontecidas y cosas imaginadas y, ¿dónde está la verdad de todo ello? En la época en que esto sucedió, hace más de treinta años, en 1929, las aventuras del comandante, y él mismo, eran el centro de la vida del Periperi, dando lugar a ardorosas discusiones, dividiendo a la población, provocando enemistades y rencores, casi una guerra santa. De un lado, los partidarios del comandante, sus admiradores incondicionales; de otro, sus detractores, y al frente de ellos el viejo Chico Pacheco, inspector de Hacienda jubilado, aún hoy memoria recordada entre sonrisas, lengua de víbora, hombre irreverente y escéptico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A todo, sin embargo, llegaremos con tiempo y paciencia. La búsqueda de la verdad requiere no sólo decisión y carácter, sino también método y buena voluntad. Por ahora estoy aún al borde del pozo buscando la mejor manera de bajar a sus misteriosas profundidades. Y ya sale de su tumba en un remoto cementerio, el viejo Chico Pacheco para embarullarme, para imponer su presencia, para hacerme perder el hilo. Sujeto quisquilloso y metomentodo, con la manía de la evidencia, amigo de exhibirse, su ambición era ser el primero de ese florido burgo suburbano donde todo es suave y manso, hasta el mar, mar de golfo donde jamás se alzan olas furiosas; playa sin oleaje y sin corrientes, vida pacífica y demorada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi deseo, mi único deseo, pueden creerme, es ser objetivo y sereno. Buscar la verdad entre el brío de las polémicas, desenterrarla del pasado, sin tomar partido, arrancando de las más diferentes versiones todos los velos de la fantasía capaces de encubrir, aunque sólo sea en parte, la desnudez de la verdad, aunque ya había tenido ocasión de comprobar en carne propia, o mejor aún, en la carne dorada de Dondoca, que no siempre es más seductora la absoluta desnudez que aquella que se esconde bajo cobertura o tela capaz de ocultar un seno, un trozo de pierna, la curva de la cadera. Pero, digámoslo de una vez, no es para acostarnos con ella en una cama por lo que la buscamos con tanta obstinación y desespero por esos mundos allá afuera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así comienza el poeta su encantador relato. Espero que se regalen el tiempo de leer o releer el resto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Mi nombre es Camilo, y les mand
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                <description><![CDATA[<p>Transcripción:</p><p>Qué es la verdad y donde encontrarla? Cómo usar su coqueto brillo para navegar las oscuras olas de la realidad y la incerteza?</p><p>Hoy día en Lecturas del Bosque quiero hablares de El Capitán de Ultramar, una novela de Jorge Amado, que a mi parecer se trata principalmente sobre eso. Es una de mis historias favoritas de todos los tiempos, porque cada vez que la leo me devuelve, al menos por un momento, la capacidad de ver lo extraordinaria que es la vida, la vida común, la de todos los días, me presta la capacidad de apreciar, incluso en la más monótonas de las existencias, la belleza y la poesía de como se van dando las cosas. De admirar la suma de infinitas casualidades y mentiras de las que está hecha la vida cotidiana de cualquier persona. Y la certeza de saber que en el fondo de toda esa maraña de miserias, se esconde, desnuda, la verdad.</p><p>Me encantan los libros de Jorge Amado, porque en ellos la vida es total. Aparece, ineludible, en todo su esplendor, en la lealtad de los amigos, en el sueño de la mujer imposible, en la redención de los sueños cumplidos, en las fortunas familiares perdidas, en el ardiente pecado de los placeres terrenales, en la picardía y el engaño, en la mezquindad y la avaricia, en los chismes y en la envidia, en los más superfluos y banales de los deseos y manías, en el perjurio de la traición, en las noches de juerga y en las de desconsolado desvelo, incluso en la crueldad, en el odio y la venganza, o en las más terribles de las situaciones, ya sea en la desesperada soledad o en la cruda lucha por la subsistencia. Aparece la vida. Implacable. Terrible. Cruel. Injusta. Triste. Brutal. Pero nunca gris. Llena de héroes cotidianos, que la enfrentan con las mismas modestas armas con las que despertamos nosotros todos los días antes de ir a trabajar.</p><p>El comandante Vasco Moscoso de Aragón, capitán de Ultramar, es uno de estos héroes cotidianos. En su caso, el comandante usa la verdad como principal arma para enfrentarse a semejante totalidad, usa la más verdadera verdad, esa que es capaz de sutiles metamorfosis para adaptarse a las más urgentes necesidades de los laberíntico e indescifrables caminos del recuerdo y del porvenir. Porque después de todo, como dijo García Marquez, La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda, y cómo la recuerda para contarla. </p><p>En el caso de la discutida vida del Capitán, en el libro aparecen dos versiones, narradas por un encantador poeta de barrio, que entre capítulo y capítulo nos cuenta, con elocuencia e ironía, como va aprendiendo, también él, a desvelar los secretos poderes de la verdad.</p><p> Una de las versiones, la de Chico Pachecho, inspector de hacienda jubilado, respaldada con fechas, testigos y documentos, y la otra versión, la del mismísimo capitán, respaldada por la experiencia y los recuerdos, se enfrentan en encarnizada lucha por ganar los corazones y la credibilidad de los habitantes de Periperi.</p><p>El otrora pacífico suburbio bahiano a horillas del mar, de pronto se ve envuelto en una terrible guerra fría por el control de la verdad sobre las discutidas aventuras del comandante. El pueblo queda dividido. Los bancos en la estación del tren que tienen vista al mar son para los seguidores del comandante, los que miran tierra adentro para los que creen en Chico Pachecho, la playa para los del Capitán, la plaza central para los del Inspector de Hacienda, amistades de la vida entera destruidas de repente, discusiones campales entre jubilados, amenazas de muerte con cuchillos, tensión en las calles día a día.</p><p>Al final, cada lector puede elegir, usando su sacrosanto libre albedrío, dónde buscar la verdad, en cual de las versiones creer. Y después del final, al cerrar el libro, cada uno tendrá que ver cómo navegar por sus propias y temibles tempestades.</p><p>Jorge Amado nos guiña un ojo y nos deja la siguiente reflexión:</p><p>(...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...)¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde esta la verdad? Díganmelo, por favor: ¿en la pequeña realidad de cada uno o en el inmenso sueño del hombre? ¿Quién la conduce por el mundo afuera, iluminando el camino del hombre? ¿El Meritísimo juez o el paupérrimo poeta? ¿Chico Pacheco, con su integridad, o el comandante Vasco Moscoso de Aragón, capitán de ultramar? </p><p>Déjenme leerles el primer capítulo, para que sientan el ritmo de la historia:</p><p><strong>DE CÓMO EL NARRADOR, CON CIERTA EXPERIENCIA ANTERIOR Y AGRADABLE, SE</strong></p><p><strong>DISPONE A EXTRAER LA VERDAD DEL FONDO DE UN POZO</strong></p><p>Mi intención, mi única intención, pueden estar seguros, es sólo restablecer laverdad. La verdad completa, de tal modo que no quede ninguna duda en torno del comandante Vasco Moscoso de Aragón y de  sus extraordinarias aventuras. «La verdad está en el fondo de un pozo», leí una vez, no sé si en un libro o en un artículo periodístico, desde luego, en letras de molde, y, ¿cómo dudar de afirmación impresa? Yo, por lo menos, no acostumbro a discutir, y mucho menos a negar, la verdad de la literatura y el periodismo. Y, por si eso no bastara, varios titulados universitarios me repitieron la frase, no dejando así el menor margen para un error de revisión a fin de retirar la verdad del pozo y colocarla en mejor abrigo: palacio («La verdad está en el palacio real»), regazo («La verdad se esconde en el regazo de las mujeres hermosas»), polo («La verdad ha huido al polo norte») o pueblo («La verdad está en el pueblo»), frases todas ellas, creo yo, menos groseras, más elegantes, que no dejan esa oscura sensación de abandono y frío, inherente a la palabra <em>pozo</em>.</p><p>El Meritísimo doctor Siqueira, juez jubilado, respetable y probo ciudadano de calva lustrosa y erudita, me explicó que se trataba de un lugar común, es decir, de cosa tan clara y sabida que llega a convertirse en un proverbio, en un dicho de todos. Con su voz grave, de inapelable sentencia, añadió un detalle curioso: no sólo la verdad está en el fondo de un pozo, sino que allá se encuentra enteramente desnuda, sin ningún velo que le cubra el cuerpo, ni siquiera las partes vergonzosas. En el fondo del pozo y desnuda.</p><p>El doctor Alberto Siqueira es la cumbre, el colmo de la cultura en ese suburbio de Periperi donde vivimos. Es él quien pronuncia el discurso el 2 de julio en la Plaza y el 7 de septiembre en el Grupo Escolar, sin hablar de otras fechas menores, y de los brindis de cumpleaños o bautizo. Al juez le debo mucho de lo poco que sé, a esas conversaciones nocturnas en el jardín de su casa; le debo por todo respeto y gratitud.</p><p>Cuando él, con la voz solemne y el gesto preciso, esclarece una duda, en aquel momento todo me parece claro y fácil, no me asalta ninguna objeción. Cuando lo dejo, sin embargo, y me pongo a pensar en el asunto, se van la claridad y la evidencia, como, por ejemplo, en ese caso de la verdad. Vuelve todo a ser oscuro y difícil, intento recordar las explicaciones del Meritísimo y no lo consigo. Un verdadero lío. Pero ¿cómo dudar de la palabra de un hombre de tanto saber, con los estantes abarrotados de libros, códigos y tratados? Sin embargo, por más que él me explique que se trata sólo de un proverbio popular, muchas veces me encuentro pensando en ese pozo, profundo y oscuro, desde luego, donde fue la verdad a esconder sus desnudeces dejándonos en la mayor confusión, discutiendo por esto y por lo otro, llevándonos a la ruina, a la desesperación y a la guerra.</p><p>Pero el pozo no es realmente un pozo, y el fondo del pozo no es el fondo de un pozo. Según el proverbio, eso significa que la verdad es difícil de revelarse, que su desnudez no se exhibe en la plaza pública al alcance de cualquier mortal. Pero es nuestro deber, el de todos nosotros, buscar la verdad en cada hecho, hundirnos en la oscuridad del pozo hasta encontrar su luz divina.</p><p>«Luz divina» es del juez, como todo lo del párrafo anterior. Él es tan culto que habla en tono de discurso, usando palabras bonitas hasta en las charlas familiares con su dignísima esposa doña Ernestina: «la verdad es el faro que ilumina la vida», acostumbra a repetirme el Meritísimo, dedo en ristre, cuando, por la noche, bajo un cielo de incontables estrellas y poca luz eléctrica, conversamos sobre las novedades del mundo y de nuestro suburbio. Doña Ernestina, gordísima, lustrosa de sudor y un tanto así como débil mental, asiente balanceando su cabezota de elefante. Un faro de poderosa luz iluminando a lo lejos, he ahí la verdad del noble juez jubilado.</p><p>Tal vez por eso mismo su luz no penetre en los escondrijos más próximos, en los recovecos de las calles, en el oculto recodo de las Tres Borboletas, donde se abriga, en la discreta penumbra de una casita entre árboles, la hermosa y risueña mulata Dondoca, cuyos padres acudieron al Meritísimo cuando Zé Canjiquinha desapareció de la circulación, rumbo al sur.</p><p>«Había tumbado a la mulatita», según frase pintoresca del viejo Pedro Torresno, padre afligido, y dejó a la chiquilla allí, sin honra y sin dinero:</p><p>—En la miseria, señor juez, en la miseria…</p><p>El juez echó un discurso moral, cosa digna de oírse, y prometió providencias. Y, en vista del conmovedor cuadro de la víctima sonriendo entre lágrimas, soltó unos billetes, pues, bajo la pechera almidonada del magistrado late, por difícil que sea creerlo, un bondadoso corazón. Prometió dar orden de busca y detención del «sórdido don Juan», olvidándose, en su entusiasmo por la causa de la virtud ofendida, de su condición de jubilado, sin fiscal ni comisario a sus órdenes. Iba a interesar también en el caso a sus amigos de la ciudad. El «conquistador de vía estrecha» iba a recibir su merecido…</p><p>Y fue él mismo, tan consciente es el doctor Siqueira de sus responsabilidades de juez (aunque jubilado), a dar noticia de sus providencias a la familia ofendida y pobre en su distante chabola. Dormía Pedro Torresno aún el aguardiente de la víspera; lavoteaba sus ropas allá al fondo la flaca Eufrasia, madre de la víctima, y ésta cuidaba el fogón. Se abrió una sonrisa en los labios carnosos de Dondoca, tímida pero expresiva, y el juez la miró austero, cogiéndola de la mano:</p><p>—Vengo para reñirla…</p><p>—Yo no quería. Fue él… —lloriqueó la bella.</p><p>—Muy mal hecho —y seguía sujetando el brazo de prietas carnes.</p><p>Se deshizo ella en lágrimas arrepentidas, y el juez, para mejor reprenderla y aconsejarla, la sentó en su regazo, le acarició las mejillas, le pellizcó el brazo.</p><p>Admirable cuadro: la severidad implacable del recto magistrado temperada por la bondad comprensiva del hombre. Escondió Dondoca el rostro avergonzado en el hombro confortador. Sus labios hacían cosquillas inocentes en el pescuezo ilustre.</p><p>Zé Canjiquinha nunca fue encontrado. En compensación, Dondoca quedó, desde aquella afortunada visita, bajo la protección de la justicia, y anda hoy elegante, se ganó la casita de la rinconada de Tres Borboletas y Pedro Torresno dejó definitivamente de trabajar. He ahí una verdad que no ilumina el faro del juez y que me obligó a bucear un poco para encontrarla. Para contar toda la verdad debo añadir que fue agradable, delicioso buceo, pues en el fondo de ese pozo estaba el colchón de lana del lecho de Dondoca, donde ella me cuenta —cuando a eso de las diez de la noche dejo la prosa erudita del Meritísimo y de su voluminosa consorte— divertidas intimidades del preclaro magistrado, desgraciadamente no aptas para letra de molde.</p><p>Tengo pues, como puede comprobarse, cierta experiencia en el asunto: no es la primera vez que investigo la verdad. Me siento así, bajo la inspiración del juez —«es nuestro deber, el de todos nosotros, investigar la verdad de cada hecho»—, dispuesto a desenrollar el ovillo de las aventuras del comandante, aclarando de una vez para siempre cuestión tan discutida y complicada. No se trata sólo de los hilos enredados de un ovillo sino de algo mucho más difícil. Constantemente aparecen nudos ciegos, nudos de marinero, cabos sueltos, hilos tronzados, hebras de otro color, cosas acontecidas y cosas imaginadas y, ¿dónde está la verdad de todo ello? En la época en que esto sucedió, hace más de treinta años, en 1929, las aventuras del comandante, y él mismo, eran el centro de la vida del Periperi, dando lugar a ardorosas discusiones, dividiendo a la población, provocando enemistades y rencores, casi una guerra santa. De un lado, los partidarios del comandante, sus admiradores incondicionales; de otro, sus detractores, y al frente de ellos el viejo Chico Pacheco, inspector de Hacienda jubilado, aún hoy memoria recordada entre sonrisas, lengua de víbora, hombre irreverente y escéptico.</p><p><br></p><p>A todo, sin embargo, llegaremos con tiempo y paciencia. La búsqueda de la verdad requiere no sólo decisión y carácter, sino también método y buena voluntad. Por ahora estoy aún al borde del pozo buscando la mejor manera de bajar a sus misteriosas profundidades. Y ya sale de su tumba en un remoto cementerio, el viejo Chico Pacheco para embarullarme, para imponer su presencia, para hacerme perder el hilo. Sujeto quisquilloso y metomentodo, con la manía de la evidencia, amigo de exhibirse, su ambición era ser el primero de ese florido burgo suburbano donde todo es suave y manso, hasta el mar, mar de golfo donde jamás se alzan olas furiosas; playa sin oleaje y sin corrientes, vida pacífica y demorada.</p><p>Mi deseo, mi único deseo, pueden creerme, es ser objetivo y sereno. Buscar la verdad entre el brío de las polémicas, desenterrarla del pasado, sin tomar partido, arrancando de las más diferentes versiones todos los velos de la fantasía capaces de encubrir, aunque sólo sea en parte, la desnudez de la verdad, aunque ya había tenido ocasión de comprobar en carne propia, o mejor aún, en la carne dorada de Dondoca, que no siempre es más seductora la absoluta desnudez que aquella que se esconde bajo cobertura o tela capaz de ocultar un seno, un trozo de pierna, la curva de la cadera. Pero, digámoslo de una vez, no es para acostarnos con ella en una cama por lo que la buscamos con tanta obstinación y desespero por esos mundos allá afuera.</p><p>Así comienza el poeta su encantador relato. Espero que se regalen el tiempo de leer o releer el resto.</p><p> Mi nombre es Camilo, y les mand
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Qué es la verdad y donde encontrarla? Cómo usar su coqueto brillo para navegar las oscuras olas de la realidad y la incerteza?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy día en Lecturas del Bosque quiero hablares de El Capitán de Ultramar, una novela de Jorge Amado, que a mi parecer se trata principalmente sobre eso. Es una de mis historias favoritas de todos los tiempos, porque cada vez que la leo me devuelve, al menos por un momento, la capacidad de ver lo extraordinaria que es la vida, la vida común, la de todos los días, me presta la capacidad de apreciar, incluso en la más monótonas de las existencias, la belleza y la poesía de como se van dando las cosas. De admirar la suma de infinitas casualidades y mentiras de las que está hecha la vida cotidiana de cualquier persona. Y la certeza de saber que en el fondo de toda esa maraña de miserias, se esconde, desnuda, la verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me encantan los libros de Jorge Amado, porque en ellos la vida es total. Aparece, ineludible, en todo su esplendor, en la lealtad de los amigos, en el sueño de la mujer imposible, en la redención de los sueños cumplidos, en las fortunas familiares perdidas, en el ardiente pecado de los placeres terrenales, en la picardía y el engaño, en la mezquindad y la avaricia, en los chismes y en la envidia, en los más superfluos y banales de los deseos y manías, en el perjurio de la traición, en las noches de juerga y en las de desconsolado desvelo, incluso en la crueldad, en el odio y la venganza, o en las más terribles de las situaciones, ya sea en la desesperada soledad o en la cruda lucha por la subsistencia. Aparece la vida. Implacable. Terrible. Cruel. Injusta. Triste. Brutal. Pero nunca gris. Llena de héroes cotidianos, que la enfrentan con las mismas modestas armas con las que despertamos nosotros todos los días antes de ir a trabajar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El comandante Vasco Moscoso de Aragón, capitán de Ultramar, es uno de estos héroes cotidianos. En su caso, el comandante usa la verdad como principal arma para enfrentarse a semejante totalidad, usa la más verdadera verdad, esa que es capaz de sutiles metamorfosis para adaptarse a las más urgentes necesidades de los laberíntico e indescifrables caminos del recuerdo y del porvenir. Porque después de todo, como dijo García Marquez, La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda, y cómo la recuerda para contarla. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el caso de la discutida vida del Capitán, en el libro aparecen dos versiones, narradas por un encantador poeta de barrio, que entre capítulo y capítulo nos cuenta, con elocuencia e ironía, como va aprendiendo, también él, a desvelar los secretos poderes de la verdad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Una de las versiones, la de Chico Pachecho, inspector de hacienda jubilado, respaldada con fechas, testigos y documentos, y la otra versión, la del mismísimo capitán, respaldada por la experiencia y los recuerdos, se enfrentan en encarnizada lucha por ganar los corazones y la credibilidad de los habitantes de Periperi.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El otrora pacífico suburbio bahiano a horillas del mar, de pronto se ve envuelto en una terrible guerra fría por el control de la verdad sobre las discutidas aventuras del comandante. El pueblo queda dividido. Los bancos en la estación del tren que tienen vista al mar son para los seguidores del comandante, los que miran tierra adentro para los que creen en Chico Pachecho, la playa para los del Capitán, la plaza central para los del Inspector de Hacienda, amistades de la vida entera destruidas de repente, discusiones campales entre jubilados, amenazas de muerte con cuchillos, tensión en las calles día a día.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al final, cada lector puede elegir, usando su sacrosanto libre albedrío, dónde buscar la verdad, en cual de las versiones creer. Y después del final, al cerrar el libro, cada uno tendrá que ver cómo navegar por sus propias y temibles tempestades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Jorge Amado nos guiña un ojo y nos deja la siguiente reflexión:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;(...)Díganme, al fin y al cabo, los señores, con sus luces y su experiencia: ¿dónde está la verdad, la absoluta verdad?(...)¿Está la verdad en eso que sucede todos los días, en los acontecimientos cotidianos, en la mezquindad de la vida de la inmensa mayoría de los hombres, o reside la verdad en el sueño que nos es dado para huir de nuestra triste condición? ¿Cómo se elevó el hombre en su caminata por el mundo: a través del día a día de miserias y vulgaridades, o por el libre sueño sin fronteras ni limitaciones? ¿Quién llevó a Vasco da Gama y a Colón al puente de sus carabelas? ¿Quién dirige las manos de los sabios que mueven las palancas de ese juego de los sputniks, creando nuevas estrellas y una nueva luna en el cielo de este suburbio del universo? ¿Dónde esta la verdad? Díganmelo, por favor: ¿en la pequeña realidad de cada uno o en el inmenso sueño del hombre? ¿Quién la conduce por el mundo afuera, iluminando el camino del hombre? ¿El Meritísimo juez o el paupérrimo poeta? ¿Chico Pacheco, con su integridad, o el comandante Vasco Moscoso de Aragón, capitán de ultramar? &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Déjenme leerles el primer capítulo, para que sientan el ritmo de la historia:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;DE CÓMO EL NARRADOR, CON CIERTA EXPERIENCIA ANTERIOR Y AGRADABLE, SE&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;DISPONE A EXTRAER LA VERDAD DEL FONDO DE UN POZO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi intención, mi única intención, pueden estar seguros, es sólo restablecer laverdad. La verdad completa, de tal modo que no quede ninguna duda en torno del comandante Vasco Moscoso de Aragón y de  sus extraordinarias aventuras. «La verdad está en el fondo de un pozo», leí una vez, no sé si en un libro o en un artículo periodístico, desde luego, en letras de molde, y, ¿cómo dudar de afirmación impresa? Yo, por lo menos, no acostumbro a discutir, y mucho menos a negar, la verdad de la literatura y el periodismo. Y, por si eso no bastara, varios titulados universitarios me repitieron la frase, no dejando así el menor margen para un error de revisión a fin de retirar la verdad del pozo y colocarla en mejor abrigo: palacio («La verdad está en el palacio real»), regazo («La verdad se esconde en el regazo de las mujeres hermosas»), polo («La verdad ha huido al polo norte») o pueblo («La verdad está en el pueblo»), frases todas ellas, creo yo, menos groseras, más elegantes, que no dejan esa oscura sensación de abandono y frío, inherente a la palabra &lt;em&gt;pozo&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El Meritísimo doctor Siqueira, juez jubilado, respetable y probo ciudadano de calva lustrosa y erudita, me explicó que se trataba de un lugar común, es decir, de cosa tan clara y sabida que llega a convertirse en un proverbio, en un dicho de todos. Con su voz grave, de inapelable sentencia, añadió un detalle curioso: no sólo la verdad está en el fondo de un pozo, sino que allá se encuentra enteramente desnuda, sin ningún velo que le cubra el cuerpo, ni siquiera las partes vergonzosas. En el fondo del pozo y desnuda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El doctor Alberto Siqueira es la cumbre, el colmo de la cultura en ese suburbio de Periperi donde vivimos. Es él quien pronuncia el discurso el 2 de julio en la Plaza y el 7 de septiembre en el Grupo Escolar, sin hablar de otras fechas menores, y de los brindis de cumpleaños o bautizo. Al juez le debo mucho de lo poco que sé, a esas conversaciones nocturnas en el jardín de su casa; le debo por todo respeto y gratitud.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Cuando él, con la voz solemne y el gesto preciso, esclarece una duda, en aquel momento todo me parece claro y fácil, no me asalta ninguna objeción. Cuando lo dejo, sin embargo, y me pongo a pensar en el asunto, se van la claridad y la evidencia, como, por ejemplo, en ese caso de la verdad. Vuelve todo a ser oscuro y difícil, intento recordar las explicaciones del Meritísimo y no lo consigo. Un verdadero lío. Pero ¿cómo dudar de la palabra de un hombre de tanto saber, con los estantes abarrotados de libros, códigos y tratados? Sin embargo, por más que él me explique que se trata sólo de un proverbio popular, muchas veces me encuentro pensando en ese pozo, profundo y oscuro, desde luego, donde fue la verdad a esconder sus desnudeces dejándonos en la mayor confusión, discutiendo por esto y por lo otro, llevándonos a la ruina, a la desesperación y a la guerra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero el pozo no es realmente un pozo, y el fondo del pozo no es el fondo de un pozo. Según el proverbio, eso significa que la verdad es difícil de revelarse, que su desnudez no se exhibe en la plaza pública al alcance de cualquier mortal. Pero es nuestro deber, el de todos nosotros, buscar la verdad en cada hecho, hundirnos en la oscuridad del pozo hasta encontrar su luz divina.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Luz divina» es del juez, como todo lo del párrafo anterior. Él es tan culto que habla en tono de discurso, usando palabras bonitas hasta en las charlas familiares con su dignísima esposa doña Ernestina: «la verdad es el faro que ilumina la vida», acostumbra a repetirme el Meritísimo, dedo en ristre, cuando, por la noche, bajo un cielo de incontables estrellas y poca luz eléctrica, conversamos sobre las novedades del mundo y de nuestro suburbio. Doña Ernestina, gordísima, lustrosa de sudor y un tanto así como débil mental, asiente balanceando su cabezota de elefante. Un faro de poderosa luz iluminando a lo lejos, he ahí la verdad del noble juez jubilado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tal vez por eso mismo su luz no penetre en los escondrijos más próximos, en los recovecos de las calles, en el oculto recodo de las Tres Borboletas, donde se abriga, en la discreta penumbra de una casita entre árboles, la hermosa y risueña mulata Dondoca, cuyos padres acudieron al Meritísimo cuando Zé Canjiquinha desapareció de la circulación, rumbo al sur.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;«Había tumbado a la mulatita», según frase pintoresca del viejo Pedro Torresno, padre afligido, y dejó a la chiquilla allí, sin honra y sin dinero:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—En la miseria, señor juez, en la miseria…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El juez echó un discurso moral, cosa digna de oírse, y prometió providencias. Y, en vista del conmovedor cuadro de la víctima sonriendo entre lágrimas, soltó unos billetes, pues, bajo la pechera almidonada del magistrado late, por difícil que sea creerlo, un bondadoso corazón. Prometió dar orden de busca y detención del «sórdido don Juan», olvidándose, en su entusiasmo por la causa de la virtud ofendida, de su condición de jubilado, sin fiscal ni comisario a sus órdenes. Iba a interesar también en el caso a sus amigos de la ciudad. El «conquistador de vía estrecha» iba a recibir su merecido…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y fue él mismo, tan consciente es el doctor Siqueira de sus responsabilidades de juez (aunque jubilado), a dar noticia de sus providencias a la familia ofendida y pobre en su distante chabola. Dormía Pedro Torresno aún el aguardiente de la víspera; lavoteaba sus ropas allá al fondo la flaca Eufrasia, madre de la víctima, y ésta cuidaba el fogón. Se abrió una sonrisa en los labios carnosos de Dondoca, tímida pero expresiva, y el juez la miró austero, cogiéndola de la mano:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Vengo para reñirla…&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo no quería. Fue él… —lloriqueó la bella.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Muy mal hecho —y seguía sujetando el brazo de prietas carnes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se deshizo ella en lágrimas arrepentidas, y el juez, para mejor reprenderla y aconsejarla, la sentó en su regazo, le acarició las mejillas, le pellizcó el brazo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Admirable cuadro: la severidad implacable del recto magistrado temperada por la bondad comprensiva del hombre. Escondió Dondoca el rostro avergonzado en el hombro confortador. Sus labios hacían cosquillas inocentes en el pescuezo ilustre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Zé Canjiquinha nunca fue encontrado. En compensación, Dondoca quedó, desde aquella afortunada visita, bajo la protección de la justicia, y anda hoy elegante, se ganó la casita de la rinconada de Tres Borboletas y Pedro Torresno dejó definitivamente de trabajar. He ahí una verdad que no ilumina el faro del juez y que me obligó a bucear un poco para encontrarla. Para contar toda la verdad debo añadir que fue agradable, delicioso buceo, pues en el fondo de ese pozo estaba el colchón de lana del lecho de Dondoca, donde ella me cuenta —cuando a eso de las diez de la noche dejo la prosa erudita del Meritísimo y de su voluminosa consorte— divertidas intimidades del preclaro magistrado, desgraciadamente no aptas para letra de molde.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tengo pues, como puede comprobarse, cierta experiencia en el asunto: no es la primera vez que investigo la verdad. Me siento así, bajo la inspiración del juez —«es nuestro deber, el de todos nosotros, investigar la verdad de cada hecho»—, dispuesto a desenrollar el ovillo de las aventuras del comandante, aclarando de una vez para siempre cuestión tan discutida y complicada. No se trata sólo de los hilos enredados de un ovillo sino de algo mucho más difícil. Constantemente aparecen nudos ciegos, nudos de marinero, cabos sueltos, hilos tronzados, hebras de otro color, cosas acontecidas y cosas imaginadas y, ¿dónde está la verdad de todo ello? En la época en que esto sucedió, hace más de treinta años, en 1929, las aventuras del comandante, y él mismo, eran el centro de la vida del Periperi, dando lugar a ardorosas discusiones, dividiendo a la población, provocando enemistades y rencores, casi una guerra santa. De un lado, los partidarios del comandante, sus admiradores incondicionales; de otro, sus detractores, y al frente de ellos el viejo Chico Pacheco, inspector de Hacienda jubilado, aún hoy memoria recordada entre sonrisas, lengua de víbora, hombre irreverente y escéptico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A todo, sin embargo, llegaremos con tiempo y paciencia. La búsqueda de la verdad requiere no sólo decisión y carácter, sino también método y buena voluntad. Por ahora estoy aún al borde del pozo buscando la mejor manera de bajar a sus misteriosas profundidades. Y ya sale de su tumba en un remoto cementerio, el viejo Chico Pacheco para embarullarme, para imponer su presencia, para hacerme perder el hilo. Sujeto quisquilloso y metomentodo, con la manía de la evidencia, amigo de exhibirse, su ambición era ser el primero de ese florido burgo suburbano donde todo es suave y manso, hasta el mar, mar de golfo donde jamás se alzan olas furiosas; playa sin oleaje y sin corrientes, vida pacífica y demorada.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi deseo, mi único deseo, pueden creerme, es ser objetivo y sereno. Buscar la verdad entre el brío de las polémicas, desenterrarla del pasado, sin tomar partido, arrancando de las más diferentes versiones todos los velos de la fantasía capaces de encubrir, aunque sólo sea en parte, la desnudez de la verdad, aunque ya había tenido ocasión de comprobar en carne propia, o mejor aún, en la carne dorada de Dondoca, que no siempre es más seductora la absoluta desnudez que aquella que se esconde bajo cobertura o tela capaz de ocultar un seno, un trozo de pierna, la curva de la cadera. Pero, digámoslo de una vez, no es para acostarnos con ella en una cama por lo que la buscamos con tanta obstinación y desespero por esos mundos allá afuera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así comienza el poeta su encantador relato. Espero que se regalen el tiempo de leer o releer el resto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Mi nombre es Camilo, y les mand
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                <pubDate>Sun, 12 Jun 2022 18:13:06 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#8 Nanas de la Cebolla - Miguel Hernández</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Yo tuve la suerte de tener dos padres… y dos madres.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quizás, una de las posibles ventajas del mundo moderno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después que mis padres se separaron, tuve la grandísima suerte de crecer, además de con ellos, también con Yoyó por un lado y con Mónica por otro. Y puedo decir, sin ninguna duda, y lleno de agradecimiento, que no sería quien soy, sin el cariño y atención que ellos me dieron.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al igual que muchas de las cosas que leo, el poema que quiero comentar hoy me llegó gracias a Yoyó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los padres de Yoyo eran catalanes, y combatieron por la República durante la guerra civil española, ellos, como cientos de miles de personas, se vieron obligados a salir de España en esos años, fue así que un día llegaron a Bolivia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Escuchar historias increíbles de la Guerra civil española, fue siempre común para mi y para mis hermanos, no hace falta decir que es un tema que marcó por generaciones a las familias que lo vivieron. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el caso de este poema, me lo compartió Yoyo una mañana que le mostré un video de mi hijo Aurelio, que reía sin parar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El poema se llama Nanas de la Cebolla, y fue escrito en una cárcel de España, ya en el epílogo de la guerra, por el poeta y dramaturgo Miguel Hernández.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de que él recibiera una carta de su esposa, en la que le cuenta la terrible situación en la que se encuentra con su hijo de pocos meses, que lo único que tienen para comer es pan y cebolla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Miguel Hernández, en su encierro y en su impotencia, le responde diciendo :&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;“Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Esas coplillas que le mandó son las siguientes:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;La cebolla es escarcha&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; cerrada y pobre:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; escarcha de tus días&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; y de mis noches.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; Hambre y cebolla:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; hielo negro y escarcha&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; grande y redonda.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; En la cuna del hambre&lt;/p&gt;&lt;p&gt; mi niño estaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Con sangre de cebolla&lt;/p&gt;&lt;p&gt; se amamantaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Pero tu sangre&lt;/p&gt;&lt;p&gt; escarchada de azúcar,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cebolla y hambre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una mujer morena,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; resuelta en luna,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; se derrama hilo a hilo&lt;/p&gt;&lt;p&gt; sobre la cuna.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Ríete, niño,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; que te traigo la luna&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cuando es preciso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alondra de mi casa,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ríete mucho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Es tu risa en los ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; la luz del mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Ríete tanto&lt;/p&gt;&lt;p&gt; que en el alma, al oírte,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; bata el espacio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tu risa me hace libre,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; me pone alas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Soledades me quita,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cárcel me arranca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Boca que vuela,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; corazón que en tus labios&lt;/p&gt;&lt;p&gt; relampaguea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es tu risa la espada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; más victoriosa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Vencedor de las flores&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y las alondras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Rival del sol,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; porvenir de mis huesos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y de mi amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La carne aleteante,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; súbito el párpado,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y el niño como nunca&lt;/p&gt;&lt;p&gt; coloreado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ¡Cuánto jilguero&lt;/p&gt;&lt;p&gt; se remonta, aletea,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; desde tu cuerpo!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Desperté de ser niño.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Nunca despiertes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Triste llevo la boca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Ríete siempre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Siempre en la cuna,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; defendiendo la risa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; pluma por pluma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ser de vuelo tan alto,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; tan extendido,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; que tu carne parece&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cielo cernido.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ¡Si yo pudiera&lt;/p&gt;&lt;p&gt; remontarme al origen&lt;/p&gt;&lt;p&gt; de tu carrera!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al octavo mes ríes&lt;/p&gt;&lt;p&gt; con cinco azahares.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Con cinco diminutas&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ferocidades.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Con cinco dientes&lt;/p&gt;&lt;p&gt; como cinco jazmines&lt;/p&gt;&lt;p&gt; adolescentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frontera de los besos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; serán mañana,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cuando en la dentadura&lt;/p&gt;&lt;p&gt; sientas un arma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Sientas un fuego&lt;/p&gt;&lt;p&gt; correr dientes abajo&lt;/p&gt;&lt;p&gt; buscando el centro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vuela niño en la doble&lt;/p&gt;&lt;p&gt; luna del pecho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Él, triste de cebolla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Tú, satisfecho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; No te derrumbes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; No sepas lo que pasa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ni lo que ocurre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;EL 28 de Marzo de 1942 muere Miguel Hernández en la cárcel Alicante, apenas a los 31 años; dicen que fue gracias al trabajo de su esposa Josefina Manresa, quien se dedicó a recopilar y proteger la  obra de su marido a lo largo de toda la dictadura franquista, que gran parte de su trabajo no se ha perdido para siempre.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Este poema más tarde fue musicalizado por Alberto Cortéz, interpretado por Manuel Serrat, y cantado en medio mundo por otros cientos de miles de personas, como una bella y terrible, evocación de amor.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Yo tuve la suerte de tener dos padres… y dos madres.</p><p>Quizás, una de las posibles ventajas del mundo moderno.</p><p>Después que mis padres se separaron, tuve la grandísima suerte de crecer, además de con ellos, también con Yoyó por un lado y con Mónica por otro. Y puedo decir, sin ninguna duda, y lleno de agradecimiento, que no sería quien soy, sin el cariño y atención que ellos me dieron.</p><p>Al igual que muchas de las cosas que leo, el poema que quiero comentar hoy me llegó gracias a Yoyó.</p><p>Los padres de Yoyo eran catalanes, y combatieron por la República durante la guerra civil española, ellos, como cientos de miles de personas, se vieron obligados a salir de España en esos años, fue así que un día llegaron a Bolivia.</p><p>Escuchar historias increíbles de la Guerra civil española, fue siempre común para mi y para mis hermanos, no hace falta decir que es un tema que marcó por generaciones a las familias que lo vivieron. </p><p>En el caso de este poema, me lo compartió Yoyo una mañana que le mostré un video de mi hijo Aurelio, que reía sin parar.</p><p>El poema se llama Nanas de la Cebolla, y fue escrito en una cárcel de España, ya en el epílogo de la guerra, por el poeta y dramaturgo Miguel Hernández.</p><p>Después de que él recibiera una carta de su esposa, en la que le cuenta la terrible situación en la que se encuentra con su hijo de pocos meses, que lo único que tienen para comer es pan y cebolla.</p><p>Miguel Hernández, en su encierro y en su impotencia, le responde diciendo :</p><p><em>“Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme”</em></p><p><em>Esas coplillas que le mandó son las siguientes:</em></p><p><br></p><p><em>La cebolla es escarcha</em></p><p><em> cerrada y pobre:</em></p><p><em> escarcha de tus días</em></p><p><em> y de mis noches.</em></p><p><br></p><p><em> Hambre y cebolla:</em></p><p><em> hielo negro y escarcha</em></p><p><em> grande y redonda.</em></p><p><br></p><p> En la cuna del hambre</p><p> mi niño estaba.</p><p> Con sangre de cebolla</p><p> se amamantaba.</p><p><br></p><p> Pero tu sangre</p><p> escarchada de azúcar,</p><p> cebolla y hambre.</p><p><br></p><p>Una mujer morena,</p><p> resuelta en luna,</p><p> se derrama hilo a hilo</p><p> sobre la cuna.</p><p><br></p><p> Ríete, niño,</p><p> que te traigo la luna</p><p> cuando es preciso.</p><p>Alondra de mi casa,</p><p> ríete mucho.</p><p> Es tu risa en los ojos</p><p> la luz del mundo.</p><p><br></p><p> Ríete tanto</p><p> que en el alma, al oírte,</p><p> bata el espacio.</p><p><br></p><p>Tu risa me hace libre,</p><p> me pone alas.</p><p> Soledades me quita,</p><p> cárcel me arranca.</p><p><br></p><p> Boca que vuela,</p><p> corazón que en tus labios</p><p> relampaguea.</p><p><br></p><p>Es tu risa la espada</p><p> más victoriosa.</p><p> Vencedor de las flores</p><p> y las alondras.</p><p> Rival del sol,</p><p> porvenir de mis huesos</p><p> y de mi amor.</p><p><br></p><p>La carne aleteante,</p><p> súbito el párpado,</p><p> y el niño como nunca</p><p> coloreado.</p><p><br></p><p> ¡Cuánto jilguero</p><p> se remonta, aletea,</p><p> desde tu cuerpo!</p><p><br></p><p>Desperté de ser niño.</p><p> Nunca despiertes.</p><p> Triste llevo la boca.</p><p> Ríete siempre.</p><p> Siempre en la cuna,</p><p> defendiendo la risa</p><p> pluma por pluma.</p><p><br></p><p>Ser de vuelo tan alto,</p><p> tan extendido,</p><p> que tu carne parece</p><p> cielo cernido.</p><p> ¡Si yo pudiera</p><p> remontarme al origen</p><p> de tu carrera!</p><p><br></p><p>Al octavo mes ríes</p><p> con cinco azahares.</p><p> Con cinco diminutas</p><p> ferocidades.</p><p> Con cinco dientes</p><p> como cinco jazmines</p><p> adolescentes.</p><p><br></p><p>Frontera de los besos</p><p> serán mañana,</p><p> cuando en la dentadura</p><p> sientas un arma.</p><p><br></p><p> Sientas un fuego</p><p> correr dientes abajo</p><p> buscando el centro.</p><p><br></p><p>Vuela niño en la doble</p><p> luna del pecho.</p><p> Él, triste de cebolla.</p><p> Tú, satisfecho.</p><p><br></p><p> No te derrumbes.</p><p> No sepas lo que pasa</p><p> ni lo que ocurre.</p><p><br></p><p> </p><p> </p><p><br></p><p><em>EL 28 de Marzo de 1942 muere Miguel Hernández en la cárcel Alicante, apenas a los 31 años; dicen que fue gracias al trabajo de su esposa Josefina Manresa, quien se dedicó a recopilar y proteger la  obra de su marido a lo largo de toda la dictadura franquista, que gran parte de su trabajo no se ha perdido para siempre.</em></p><p><br></p><p><em>Este poema más tarde fue musicalizado por Alberto Cortéz, interpretado por Manuel Serrat, y cantado en medio mundo por otros cientos de miles de personas, como una bella y terrible, evocación de amor.</em></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Yo tuve la suerte de tener dos padres… y dos madres.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quizás, una de las posibles ventajas del mundo moderno.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después que mis padres se separaron, tuve la grandísima suerte de crecer, además de con ellos, también con Yoyó por un lado y con Mónica por otro. Y puedo decir, sin ninguna duda, y lleno de agradecimiento, que no sería quien soy, sin el cariño y atención que ellos me dieron.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al igual que muchas de las cosas que leo, el poema que quiero comentar hoy me llegó gracias a Yoyó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Los padres de Yoyo eran catalanes, y combatieron por la República durante la guerra civil española, ellos, como cientos de miles de personas, se vieron obligados a salir de España en esos años, fue así que un día llegaron a Bolivia.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Escuchar historias increíbles de la Guerra civil española, fue siempre común para mi y para mis hermanos, no hace falta decir que es un tema que marcó por generaciones a las familias que lo vivieron. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el caso de este poema, me lo compartió Yoyo una mañana que le mostré un video de mi hijo Aurelio, que reía sin parar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El poema se llama Nanas de la Cebolla, y fue escrito en una cárcel de España, ya en el epílogo de la guerra, por el poeta y dramaturgo Miguel Hernández.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de que él recibiera una carta de su esposa, en la que le cuenta la terrible situación en la que se encuentra con su hijo de pocos meses, que lo único que tienen para comer es pan y cebolla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Miguel Hernández, en su encierro y en su impotencia, le responde diciendo :&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;“Para que lo consueles, te mando esas coplillas que le he hecho, ya que aquí no hay para mí otro quehacer que escribiros a vosotros y desesperarme”&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Esas coplillas que le mandó son las siguientes:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;La cebolla es escarcha&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; cerrada y pobre:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; escarcha de tus días&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; y de mis noches.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; Hambre y cebolla:&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; hielo negro y escarcha&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt; grande y redonda.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; En la cuna del hambre&lt;/p&gt;&lt;p&gt; mi niño estaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Con sangre de cebolla&lt;/p&gt;&lt;p&gt; se amamantaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Pero tu sangre&lt;/p&gt;&lt;p&gt; escarchada de azúcar,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cebolla y hambre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una mujer morena,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; resuelta en luna,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; se derrama hilo a hilo&lt;/p&gt;&lt;p&gt; sobre la cuna.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Ríete, niño,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; que te traigo la luna&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cuando es preciso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Alondra de mi casa,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ríete mucho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Es tu risa en los ojos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; la luz del mundo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Ríete tanto&lt;/p&gt;&lt;p&gt; que en el alma, al oírte,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; bata el espacio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tu risa me hace libre,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; me pone alas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Soledades me quita,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cárcel me arranca.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Boca que vuela,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; corazón que en tus labios&lt;/p&gt;&lt;p&gt; relampaguea.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es tu risa la espada&lt;/p&gt;&lt;p&gt; más victoriosa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Vencedor de las flores&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y las alondras.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Rival del sol,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; porvenir de mis huesos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y de mi amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La carne aleteante,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; súbito el párpado,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; y el niño como nunca&lt;/p&gt;&lt;p&gt; 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adolescentes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Frontera de los besos&lt;/p&gt;&lt;p&gt; serán mañana,&lt;/p&gt;&lt;p&gt; cuando en la dentadura&lt;/p&gt;&lt;p&gt; sientas un arma.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Sientas un fuego&lt;/p&gt;&lt;p&gt; correr dientes abajo&lt;/p&gt;&lt;p&gt; buscando el centro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vuela niño en la doble&lt;/p&gt;&lt;p&gt; luna del pecho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Él, triste de cebolla.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Tú, satisfecho.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; No te derrumbes.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; No sepas lo que pasa&lt;/p&gt;&lt;p&gt; ni lo que ocurre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;EL 28 de Marzo de 1942 muere Miguel Hernández en la cárcel Alicante, apenas a los 31 años; dicen que fue gracias al trabajo de su esposa Josefina Manresa, quien se dedicó a recopilar y proteger la  obra de su marido a lo largo de toda la dictadura franquista, que gran parte de su trabajo no se ha perdido para siempre.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;Este poema más tarde fue musicalizado por Alberto Cortéz, interpretado por Manuel Serrat, y cantado en medio mundo por otros cientos de miles de personas, como una bella y terrible, evocación de amor.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 23 May 2022 12:13:48 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#7 La invención de Morel - Adolfo Bioy Casares</itunes:title>
                <title>#7 La invención de Morel - Adolfo Bioy Casares</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Algunas reflexiones sobre uno de los más famosos relatos de Adolfo Bioy Casares, uno de los más importantes autores de la literatura argentina e hispana.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Algunas reflexiones sobre uno de los más famosos relatos de Adolfo Bioy Casares, uno de los más importantes autores de la literatura argentina e hispana.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Algunas reflexiones sobre uno de los más famosos relatos de Adolfo Bioy Casares, uno de los más importantes autores de la literatura argentina e hispana.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Fri, 20 May 2022 22:48:14 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#6 Redoble por Rancas - Manuel Scorza</itunes:title>
                <title>#6 Redoble por Rancas - Manuel Scorza</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Conversación con mi amigo Angel Careaga, sobre el primero de una serie de libros llamada &amp;#34;La Guerra Silenciosa&amp;#34;, del escritor peruano Manuel Scorza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esta serie se narra la realidad delirante de los pueblos campesinos de la sierra peruana en su lucha por defenderse tanto del Estado como de intereses extranjeros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pueden comprar el libro aquí:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;https://www.amazon.com/-/es/MANUEL-SCORZA-ebook/dp/B08LTTKLTR&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Música: Piraí Vaca&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Canción: Munasquechay&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Autores: Elmer y Gonzalo Hermosa&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Arreglos: Fernando Arduz&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Conversación con mi amigo Angel Careaga, sobre el primero de una serie de libros llamada &#34;La Guerra Silenciosa&#34;, del escritor peruano Manuel Scorza.</p><p>En esta serie se narra la realidad delirante de los pueblos campesinos de la sierra peruana en su lucha por defenderse tanto del Estado como de intereses extranjeros.</p><p><br></p><p>pueden comprar el libro aquí:</p><p>https://www.amazon.com/-/es/MANUEL-SCORZA-ebook/dp/B08LTTKLTR</p><p><br></p><p>Música: Piraí Vaca</p><p>Canción: Munasquechay</p><p>Autores: Elmer y Gonzalo Hermosa</p><p>Arreglos: Fernando Arduz</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Conversación con mi amigo Angel Careaga, sobre el primero de una serie de libros llamada &amp;#34;La Guerra Silenciosa&amp;#34;, del escritor peruano Manuel Scorza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En esta serie se narra la realidad delirante de los pueblos campesinos de la sierra peruana en su lucha por defenderse tanto del Estado como de intereses extranjeros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pueden comprar el libro aquí:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;https://www.amazon.com/-/es/MANUEL-SCORZA-ebook/dp/B08LTTKLTR&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Música: Piraí Vaca&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Canción: Munasquechay&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Autores: Elmer y Gonzalo Hermosa&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Arreglos: Fernando Arduz&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Mon, 16 May 2022 22:35:40 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#5 El otro gallo - Jorge Suárez</itunes:title>
                <title>#5 El otro gallo - Jorge Suárez</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Lectura de 2 fragmentos y un brevísimo comentario sobre una de las novelas más importantes de la literatura boliviana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Música al comenzar el episodio: Piraí Vaca - Alma Cruceña&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 08 May 2022 22:54:51 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#4 Un viejo que leía novelas de amor - Luís Sepúlveda</itunes:title>
                <title>#4 Un viejo que leía novelas de amor - Luís Sepúlveda</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Breve reseña y lectura de un fragmento de la novela que lanzó al éxtito al escritor chileno Luís Sepúlveda, una novelita sobre la vida y la muerte en el mundo amazónico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí se pueden comprar el libro:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;https://www.amazon.com/viejo-leia-novelas-amor-Spanish/dp/8483835304&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hola Hola, bienvenidos a otro episodio de Lecturas del Bosque, un podcast para quienes buscan buenas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quiero leerles un fragmento de un librito bien corto, pero muy bonito. Se llama Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luis Sepúlveda fue un escritor, periodista y cineasta chileno. Desde joven fue militante político, y luego activista ecologista, y si bien no deseo entrar en detalles sobre su vida política, sí hace falta mencionar que estuvo preso durante la dictadura de Pinochet y que luego fue exiliado. Este tipo de cosas te cambian la vida. En su exilio tuvo la oportunidad de viajar por muchos lugares y conocer el mundo. Vivió por ejemplo un tiempo en Alemania, y basó en Hamburgo uno de los primeros libros que tengo memoria de haber leído solito, sin ayuda de mis padres: Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar. Un lindísimo libro para niños con un mensaje ecológista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quizás en otro momento comente ese otro libro por aquí, pero hoy quisiera hablar de otra historia, la que lo lanzó a la fama: Un viejo que leía novelas de amor. Una novelita muy corta, traducida a más de 60 idiomas y con más de 18 millones de copias vendidas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un viejo que leía novelas de amor está basada en Ecuador, país en el que Luis Sepúlveda también vivió, pero fue escrita cuando ya estaba muy lejos de ahí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta novelita cuenta la historia de Antonio José Bolivar Proaño, un hombre originario de la Sierra ecuatoriana, que escapando de las malas lenguas de la vecindad de su pueblo, se adhiere, junto a su esposa, a un grupo de colonos que trata de poblar la selva amazónica impulsados por promesas de ayuda del Estado. Pero esa selva es otro mundo, en el que no existe nada de lo previamente conocido, donde la agricultura y muchos otros trabajos no son posibles, es un mundo bajo la inexpugnable sombra de los árboles, un reino denso, húmedo, colmado de vida, que se rige en su propio tiempo y por sus propias reglas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otávalo, la esposa de nuestro protagonista, muere, en su segundo año de estadía, al igual que la mayoría de los primeros colonos, victima de los mosquitos y la malaria. Se hubiesen muerto todos, de enfermedad o de hambre, de no haber sido por la compasión de los Shuar, un grupo nativo y seminómada de la región.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo Shuar vivían en comunión con esa selva, quizás desde mucho antes de que exista siquiera la palabra República, o la idea de inventar un país en el centro del mundo y llamarlo Ecuador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es así que Antonio José Bolivar Proaño, uno de los pocos sobrevivientes de ese primer grupo de colonos comienza un viaje sin retorno, en el que se convierte en un hombre que nunca soñó ser, habitante de un mundo bello y perdido, conocedor de los secretos de la selva, amigo de los shuar, íntimo de sus historias y costumbres, de sus formas de vivir, de amar y de morir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hace miles de años que filósofos de toda ralea y color mantienen enardecidos y hasta sangrientos debates sobre si el hombre es bueno o malo por naturaleza, sobre la legitimidad de las conquistas, los entrincados caminos del poder dentro del alma humana y sus inevitables consecuencias terrenales.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo no se exactamente cuáles serán las razones divinas, cromosómicas,socio políticas, o económicas, pero lo cierto es que los equilibrados y pacíficos mundos como en el que viven los Shuar tienden a ser destruidos, borrados, o esclavizados, de una forma u otra, prohibidos y olvidados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si bien el libro no profundiza en estos antiquísimos debates, al leer la historia podemos sentir en todo momento la presión, el peligro que se cierne sobre la Amazonía y los tesoros que guarda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No piensen que esta es una novela victimista que nos hace odiar al hombre blanco, no, al contrario, es una novela que con orgullo y asombro, nos presenta y nos muestra un mundo mágico y hermoso, al que para el final de la historia hemos de llegar a extrañar y a querer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leyendo este librito es imposible no preguntarse, Qué podemos hacer ante el imparable avance del mundo moderno, que como la Nada en la Historia sin fin, de Michael Ende, todo lo traga, todo lo consume, Qué podemos hacer contra nosotros mismos y nuestro afán de siempre querer más? Hay todo tipo de respuestas a tan incómoda pregunta y yo no estoy en la posición de ensayar alguna, pero por ejemplo nuestro amigo, Antonio José Bolivar Proaño, un día decidió decidarse a leer novelas de amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de comenzar a leerle el fragmento de hoy, le mando un abrazo a mi padre que siempre trabajó de cerca con pueblos indígenas, tratando a su manera de buscar un mundo mejor, o por lo menos menos peor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin más palabras de por medio les leo ahora una partecita de la novela:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Capítulo tercero&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño sabía leer, pero no escribir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A lo sumo, conseguía garrapatear su nombre cuando debía firmar algún&lt;/p&gt;&lt;p&gt;papel oficial, por ejemplo en época de elecciones, pero como tales sucesos ocurrían muy esporádicamente casi lo había olvidado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas. Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuan hermoso podía ser también el lenguaje humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leía con ayuda de una lupa, la segunda de sus pertenencias queridas. La primera era la dentadura postiza. Habitaba una choza de cañas de unos diez metros cuadrados en los que ordenaba el escaso mobiliario; la hamaca de yute, el cajón cervecero sosteniendo la hornilla de queroseno, y una mesa alta, muy alta, porque cuando sintió por primera vez dolores en la espalda supo que los años se le echaban encima y decidió sentarse lo menos posible. Construyó entonces la mesa de patas largas que le servía para comer de pie y para leer sus novelas de amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La choza estaba protegida por una techumbre de paja tejida y tenía una ventana abierta al río. Frente a ella se arrimaba la alta mesa. Junto a la puerta colgaba una deshilachada toalla y la barra de jabón renovada dos veces al año. Se trataba de un buen jabón con penetrante olor a sebo, y lavaba bien la ropa, los platos, los tiestos de cocina, el cabello y el cuerpo. En un muro, a los pies de la hamaca, colgaba un retrato retocado por un artista serrano, y en él se veía a una pareja joven.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El hombre, Antonio José Bolívar Proaño, vestía un traje azul riguroso, camisa blanca, y una corbata listada que sólo existió en la imaginación del retratista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, vestía ropajes que sí existieron y continuaban existiendo en los rincones porfiados de la memoria, en los mismos donde se embosca el tábano de la soledad. Una mantilla de terciopelo azul confería dignidad a la cabeza sin ocultar del todo la brillante cabellera negra, partida al medio, en un viaje vegetal hacia la espalda. De las orejas pendían zarcillos circulares dorados, y el cuello lo rodeaban varias vueltas de cuentas también doradas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La parte del pecho presente en el retrato enseñaba una blusa ricamente bordada a la manera otavaleña, y más arriba la mujer sonreía con una boca pequeña y roja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se conocieron de niños en San Luis, un poblado serrano aledaño al volcán Imbabura. Tenían trece años cuando los comprometieron, y luego de una fiesta celebrada dos años más tarde, de la que no participaron mayormente, inhibidos ante la idea de estar metidos en una aventura que les quedaba grande, resultó que estaban casados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El matrimonio de niños vivió los primeros tres años de pareja en casa del padre de la mujer, un viudo, muy viejo, que se comprometió a testar en favor de ellos a cambio de cuidados y de rezos. Al morir el viejo, rodeaban los diecinueve años y heredaron unos pocos metros de tierra, insuficientes para el sustento de una familia, además de algunos animales caseros que sucumbieron con los gastos del velorio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pasaba el tiempo. El hombre cultivaba la propiedad familiar y trabajaba en terrenos de otros propietarios. Vivían con apenas lo imprescindible, y lo único que les sobraba eran los comentarios maledicentes que no lo tocaban a él, pero se ensañaban con Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mujer no se embarazaba. Cada mes recibía con odiosa puntualidad sus sangres, y tras cada período menstrual aumentaba el aislamiento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Nació yerma —decían algunas viejas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo le vi las primeras sangres. En ellas venían guarisapos muertos —&lt;/p&gt;&lt;p&gt;aseguraba otra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está muerta por dentro. ¿Para qué sirve una mujer así? —comentaban.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño intentaba consolarla y viajaban de curandero&lt;/p&gt;&lt;p&gt;en curandero probando toda clase de hierbas y ungüentos de la fertilidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo era en vano. Mes a mes la mujer se escondía en un rincón de la casa para recibir el flujo de la deshonra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Decidieron abandonar la sierra cuando al hombre le propusieron una&lt;/p&gt;&lt;p&gt;solución indignante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puede que seas tú quien falla. Tienes que dejarla sola en las fiestas de&lt;/p&gt;&lt;p&gt;San Luis.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le proponían llevarla a los festejos de junio, obligarla a participar del baile y de la gran borrachera colectiva que ocurriría apenas se marchara el cura. Entonces, todos continuarían bebiendo tirados en el piso de la iglesia, hasta que el aguardiente de caña, el «puro» salido generoso de los trapiches ocasionara una confusión de cuerpos al amparo de la oscuridad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño se negó a la posibilidad de ser padre de un hijo de carnaval. Por otra parte, había escuchado acerca de un plan de colonización de la amazonia. El Gobierno prometía grandes extensiones de tierra y ayuda técnica a cambio de poblar territorios disputados al Perú. Tal vez un cambio de clima corregiría la anormalidad padecida por uno de los dos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Poco antes de las festividades de San Luis reunieron las escasas pertenencias, cerraron la casa y emprendieron el viaje. Llegar hasta el puerto fluvial de El Dorado les llevó dos semanas. Hicieron algunos tramos en bus, otros en camión, otros simplemente caminando, cruzando ciudades de costumbres extrañas, como Zamora o Loja, donde los indígenas saragurus insisten en vestir de negro, perpetuando el luto por la muerte de Atahualpa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luego de otra semana de viaje, esta vez en canoa, con los miembrosagarrotados por la falta de movimiento arribaron a un recodo del río. La única construcción era una enorme choza de calaminas que hacía de oficina, bodega de semillas y herramientas, y vivienda de los recién llegados colonos. Eso era El Idilio. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahí, tras un breve trámite, les entregaron un papel pomposamente sellado que los acreditaba como colonos. Les asignaron dos hectáreas de selva, un par de machetes, unas palas, unos costales de semillas devoradas por el gorgojo y la promesa de un apoyo técnico que no llegaría jamás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La pareja se dio a la tarea de construir precariamente una choza, y enseguida se lanzaron a desbrozar el monte. Trabajando desde el alba hasta el atardecer arrancaban un árbol, unas lianas, unas plantas, y al amanecer del día siguiente las veían crecer de nuevo, con vigor vengativo. Al llegar la primera estación de las lluvias, se les terminaron las provisiones y no sabían qué hacer. Algunos colonos tenían armas, viejas escopetas, pero los animales del monte eran rápidos y astutos. Los mismos peces del río parecían burlarse saltando frente a ellos sin dejarse atrapar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aislados por las lluvias, por esos vendavales que no conocían, se consumían en la desesperación de saberse condenados a esperar un milagro, contemplando la incesante crecida del río y su paso arrastrando troncos y animales hinchados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Empezaron a morir los primeros colonos. Unos, por comer frutas desconocidas; otros, atacados por fiebres rápidas y fulminantes; otros desaparecían en la alargada panza de una boa quebrantahuesos que primero los envolvía, los trituraba, y luego engullía en un prolongado y horrendo proceso de ingestión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se sentían perdidos, en una estéril lucha con la lluvia que en cada arremetida amenazaba con llevarles la choza, con los mosquitos que en cada pausa del aguacero atacaban con ferocidad imparable, adueñándose de todo el cuerpo, picando, succionando, dejando ardientes ronchas y larvas bajo la piel, que al poco tiempo buscarían la luz abriendo heridas supurantes en su camino hacia la libertad verde, con los animales hambrientos que merodeaban en el monte poblándolo de sonidos estremecedores que no dejaban conciliar el sueño, hasta que la salvación les vino con el aparecimiento de unos hombres semidesnudos, de rostros pintados con pulpa de achiote y adornos multicolores en las cabezas y en los brazos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Eran los shuar, que, compadecidos, se acercaban a echarles una mano. De ellos aprendieron a cazar, a pescar, a levantar chozas estables y resistentes a los vendavales, a reconocer los frutos comestibles y los venenosos, y, sobre todo, de ellos aprendieron el arte de convivir con la selva. Pasada la estación de las lluvias, los shuar les ayudaron a desbrozar laderas de monte, advirtiéndoles que todo eso era en vano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pese a las palabras de los indígenas, sembraron las primeras semillas, y no les llevó demasiado tiempo descubrir que la tierra era débil. Las constantes lluvias la lavaban de tal forma que las plantas no recibían el sustento necesario y morían sin florecer, de debilidad, o devoradas por los insectos. Al llegar la siguiente estación de las lluvias, los campos tan duramente trabajados se deslizaron ladera abajo con el primer aguacero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo no resistió el segundo año y se fue en medio de fiebres altísimas, consumida hasta los huesos por la malaria.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño supo que no podía regresar al poblado serrano. Los pobres lo perdonan todo, menos el fracaso.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Breve reseña y lectura de un fragmento de la novela que lanzó al éxtito al escritor chileno Luís Sepúlveda, una novelita sobre la vida y la muerte en el mundo amazónico.</p><p>Aquí se pueden comprar el libro:</p><p>https://www.amazon.com/viejo-leia-novelas-amor-Spanish/dp/8483835304</p><p>Transcripción:</p><p>Hola Hola, bienvenidos a otro episodio de Lecturas del Bosque, un podcast para quienes buscan buenas historias.</p><p>Hoy quiero leerles un fragmento de un librito bien corto, pero muy bonito. Se llama Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda.</p><p>Luis Sepúlveda fue un escritor, periodista y cineasta chileno. Desde joven fue militante político, y luego activista ecologista, y si bien no deseo entrar en detalles sobre su vida política, sí hace falta mencionar que estuvo preso durante la dictadura de Pinochet y que luego fue exiliado. Este tipo de cosas te cambian la vida. En su exilio tuvo la oportunidad de viajar por muchos lugares y conocer el mundo. Vivió por ejemplo un tiempo en Alemania, y basó en Hamburgo uno de los primeros libros que tengo memoria de haber leído solito, sin ayuda de mis padres: Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar. Un lindísimo libro para niños con un mensaje ecológista.</p><p>Quizás en otro momento comente ese otro libro por aquí, pero hoy quisiera hablar de otra historia, la que lo lanzó a la fama: Un viejo que leía novelas de amor. Una novelita muy corta, traducida a más de 60 idiomas y con más de 18 millones de copias vendidas.</p><p>Un viejo que leía novelas de amor está basada en Ecuador, país en el que Luis Sepúlveda también vivió, pero fue escrita cuando ya estaba muy lejos de ahí.</p><p>Esta novelita cuenta la historia de Antonio José Bolivar Proaño, un hombre originario de la Sierra ecuatoriana, que escapando de las malas lenguas de la vecindad de su pueblo, se adhiere, junto a su esposa, a un grupo de colonos que trata de poblar la selva amazónica impulsados por promesas de ayuda del Estado. Pero esa selva es otro mundo, en el que no existe nada de lo previamente conocido, donde la agricultura y muchos otros trabajos no son posibles, es un mundo bajo la inexpugnable sombra de los árboles, un reino denso, húmedo, colmado de vida, que se rige en su propio tiempo y por sus propias reglas.</p><p>Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otávalo, la esposa de nuestro protagonista, muere, en su segundo año de estadía, al igual que la mayoría de los primeros colonos, victima de los mosquitos y la malaria. Se hubiesen muerto todos, de enfermedad o de hambre, de no haber sido por la compasión de los Shuar, un grupo nativo y seminómada de la región.</p><p>Lo Shuar vivían en comunión con esa selva, quizás desde mucho antes de que exista siquiera la palabra República, o la idea de inventar un país en el centro del mundo y llamarlo Ecuador.</p><p>Es así que Antonio José Bolivar Proaño, uno de los pocos sobrevivientes de ese primer grupo de colonos comienza un viaje sin retorno, en el que se convierte en un hombre que nunca soñó ser, habitante de un mundo bello y perdido, conocedor de los secretos de la selva, amigo de los shuar, íntimo de sus historias y costumbres, de sus formas de vivir, de amar y de morir.</p><p>Hace miles de años que filósofos de toda ralea y color mantienen enardecidos y hasta sangrientos debates sobre si el hombre es bueno o malo por naturaleza, sobre la legitimidad de las conquistas, los entrincados caminos del poder dentro del alma humana y sus inevitables consecuencias terrenales.</p><p>Yo no se exactamente cuáles serán las razones divinas, cromosómicas,socio políticas, o económicas, pero lo cierto es que los equilibrados y pacíficos mundos como en el que viven los Shuar tienden a ser destruidos, borrados, o esclavizados, de una forma u otra, prohibidos y olvidados.</p><p>Si bien el libro no profundiza en estos antiquísimos debates, al leer la historia podemos sentir en todo momento la presión, el peligro que se cierne sobre la Amazonía y los tesoros que guarda.</p><p>No piensen que esta es una novela victimista que nos hace odiar al hombre blanco, no, al contrario, es una novela que con orgullo y asombro, nos presenta y nos muestra un mundo mágico y hermoso, al que para el final de la historia hemos de llegar a extrañar y a querer.</p><p>Leyendo este librito es imposible no preguntarse, Qué podemos hacer ante el imparable avance del mundo moderno, que como la Nada en la Historia sin fin, de Michael Ende, todo lo traga, todo lo consume, Qué podemos hacer contra nosotros mismos y nuestro afán de siempre querer más? Hay todo tipo de respuestas a tan incómoda pregunta y yo no estoy en la posición de ensayar alguna, pero por ejemplo nuestro amigo, Antonio José Bolivar Proaño, un día decidió decidarse a leer novelas de amor.</p><p>Antes de comenzar a leerle el fragmento de hoy, le mando un abrazo a mi padre que siempre trabajó de cerca con pueblos indígenas, tratando a su manera de buscar un mundo mejor, o por lo menos menos peor. </p><p>Sin más palabras de por medio les leo ahora una partecita de la novela:</p><p>Capítulo tercero</p><p>Antonio José Bolívar Proaño sabía leer, pero no escribir.</p><p>A lo sumo, conseguía garrapatear su nombre cuando debía firmar algún</p><p>papel oficial, por ejemplo en época de elecciones, pero como tales sucesos ocurrían muy esporádicamente casi lo había olvidado.</p><p>Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas. Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuan hermoso podía ser también el lenguaje humano.</p><p>Leía con ayuda de una lupa, la segunda de sus pertenencias queridas. La primera era la dentadura postiza. Habitaba una choza de cañas de unos diez metros cuadrados en los que ordenaba el escaso mobiliario; la hamaca de yute, el cajón cervecero sosteniendo la hornilla de queroseno, y una mesa alta, muy alta, porque cuando sintió por primera vez dolores en la espalda supo que los años se le echaban encima y decidió sentarse lo menos posible. Construyó entonces la mesa de patas largas que le servía para comer de pie y para leer sus novelas de amor.</p><p>La choza estaba protegida por una techumbre de paja tejida y tenía una ventana abierta al río. Frente a ella se arrimaba la alta mesa. Junto a la puerta colgaba una deshilachada toalla y la barra de jabón renovada dos veces al año. Se trataba de un buen jabón con penetrante olor a sebo, y lavaba bien la ropa, los platos, los tiestos de cocina, el cabello y el cuerpo. En un muro, a los pies de la hamaca, colgaba un retrato retocado por un artista serrano, y en él se veía a una pareja joven.</p><p>El hombre, Antonio José Bolívar Proaño, vestía un traje azul riguroso, camisa blanca, y una corbata listada que sólo existió en la imaginación del retratista.</p><p>La mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, vestía ropajes que sí existieron y continuaban existiendo en los rincones porfiados de la memoria, en los mismos donde se embosca el tábano de la soledad. Una mantilla de terciopelo azul confería dignidad a la cabeza sin ocultar del todo la brillante cabellera negra, partida al medio, en un viaje vegetal hacia la espalda. De las orejas pendían zarcillos circulares dorados, y el cuello lo rodeaban varias vueltas de cuentas también doradas.</p><p>La parte del pecho presente en el retrato enseñaba una blusa ricamente bordada a la manera otavaleña, y más arriba la mujer sonreía con una boca pequeña y roja.</p><p>Se conocieron de niños en San Luis, un poblado serrano aledaño al volcán Imbabura. Tenían trece años cuando los comprometieron, y luego de una fiesta celebrada dos años más tarde, de la que no participaron mayormente, inhibidos ante la idea de estar metidos en una aventura que les quedaba grande, resultó que estaban casados.</p><p>El matrimonio de niños vivió los primeros tres años de pareja en casa del padre de la mujer, un viudo, muy viejo, que se comprometió a testar en favor de ellos a cambio de cuidados y de rezos. Al morir el viejo, rodeaban los diecinueve años y heredaron unos pocos metros de tierra, insuficientes para el sustento de una familia, además de algunos animales caseros que sucumbieron con los gastos del velorio.</p><p>Pasaba el tiempo. El hombre cultivaba la propiedad familiar y trabajaba en terrenos de otros propietarios. Vivían con apenas lo imprescindible, y lo único que les sobraba eran los comentarios maledicentes que no lo tocaban a él, pero se ensañaban con Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo.</p><p> </p><p>La mujer no se embarazaba. Cada mes recibía con odiosa puntualidad sus sangres, y tras cada período menstrual aumentaba el aislamiento.</p><p>—Nació yerma —decían algunas viejas.</p><p>—Yo le vi las primeras sangres. En ellas venían guarisapos muertos —</p><p>aseguraba otra.</p><p>—Está muerta por dentro. ¿Para qué sirve una mujer así? —comentaban.</p><p>Antonio José Bolívar Proaño intentaba consolarla y viajaban de curandero</p><p>en curandero probando toda clase de hierbas y ungüentos de la fertilidad.</p><p>Todo era en vano. Mes a mes la mujer se escondía en un rincón de la casa para recibir el flujo de la deshonra.</p><p>Decidieron abandonar la sierra cuando al hombre le propusieron una</p><p>solución indignante.</p><p>—Puede que seas tú quien falla. Tienes que dejarla sola en las fiestas de</p><p>San Luis.</p><p>Le proponían llevarla a los festejos de junio, obligarla a participar del baile y de la gran borrachera colectiva que ocurriría apenas se marchara el cura. Entonces, todos continuarían bebiendo tirados en el piso de la iglesia, hasta que el aguardiente de caña, el «puro» salido generoso de los trapiches ocasionara una confusión de cuerpos al amparo de la oscuridad.</p><p>Antonio José Bolívar Proaño se negó a la posibilidad de ser padre de un hijo de carnaval. Por otra parte, había escuchado acerca de un plan de colonización de la amazonia. El Gobierno prometía grandes extensiones de tierra y ayuda técnica a cambio de poblar territorios disputados al Perú. Tal vez un cambio de clima corregiría la anormalidad padecida por uno de los dos.</p><p>Poco antes de las festividades de San Luis reunieron las escasas pertenencias, cerraron la casa y emprendieron el viaje. Llegar hasta el puerto fluvial de El Dorado les llevó dos semanas. Hicieron algunos tramos en bus, otros en camión, otros simplemente caminando, cruzando ciudades de costumbres extrañas, como Zamora o Loja, donde los indígenas saragurus insisten en vestir de negro, perpetuando el luto por la muerte de Atahualpa.</p><p>Luego de otra semana de viaje, esta vez en canoa, con los miembrosagarrotados por la falta de movimiento arribaron a un recodo del río. La única construcción era una enorme choza de calaminas que hacía de oficina, bodega de semillas y herramientas, y vivienda de los recién llegados colonos. Eso era El Idilio. </p><p>Ahí, tras un breve trámite, les entregaron un papel pomposamente sellado que los acreditaba como colonos. Les asignaron dos hectáreas de selva, un par de machetes, unas palas, unos costales de semillas devoradas por el gorgojo y la promesa de un apoyo técnico que no llegaría jamás.</p><p>La pareja se dio a la tarea de construir precariamente una choza, y enseguida se lanzaron a desbrozar el monte. Trabajando desde el alba hasta el atardecer arrancaban un árbol, unas lianas, unas plantas, y al amanecer del día siguiente las veían crecer de nuevo, con vigor vengativo. Al llegar la primera estación de las lluvias, se les terminaron las provisiones y no sabían qué hacer. Algunos colonos tenían armas, viejas escopetas, pero los animales del monte eran rápidos y astutos. Los mismos peces del río parecían burlarse saltando frente a ellos sin dejarse atrapar.</p><p>Aislados por las lluvias, por esos vendavales que no conocían, se consumían en la desesperación de saberse condenados a esperar un milagro, contemplando la incesante crecida del río y su paso arrastrando troncos y animales hinchados.</p><p>Empezaron a morir los primeros colonos. Unos, por comer frutas desconocidas; otros, atacados por fiebres rápidas y fulminantes; otros desaparecían en la alargada panza de una boa quebrantahuesos que primero los envolvía, los trituraba, y luego engullía en un prolongado y horrendo proceso de ingestión.</p><p>Se sentían perdidos, en una estéril lucha con la lluvia que en cada arremetida amenazaba con llevarles la choza, con los mosquitos que en cada pausa del aguacero atacaban con ferocidad imparable, adueñándose de todo el cuerpo, picando, succionando, dejando ardientes ronchas y larvas bajo la piel, que al poco tiempo buscarían la luz abriendo heridas supurantes en su camino hacia la libertad verde, con los animales hambrientos que merodeaban en el monte poblándolo de sonidos estremecedores que no dejaban conciliar el sueño, hasta que la salvación les vino con el aparecimiento de unos hombres semidesnudos, de rostros pintados con pulpa de achiote y adornos multicolores en las cabezas y en los brazos.</p><p>Eran los shuar, que, compadecidos, se acercaban a echarles una mano. De ellos aprendieron a cazar, a pescar, a levantar chozas estables y resistentes a los vendavales, a reconocer los frutos comestibles y los venenosos, y, sobre todo, de ellos aprendieron el arte de convivir con la selva. Pasada la estación de las lluvias, los shuar les ayudaron a desbrozar laderas de monte, advirtiéndoles que todo eso era en vano.</p><p>Pese a las palabras de los indígenas, sembraron las primeras semillas, y no les llevó demasiado tiempo descubrir que la tierra era débil. Las constantes lluvias la lavaban de tal forma que las plantas no recibían el sustento necesario y morían sin florecer, de debilidad, o devoradas por los insectos. Al llegar la siguiente estación de las lluvias, los campos tan duramente trabajados se deslizaron ladera abajo con el primer aguacero.</p><p>Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo no resistió el segundo año y se fue en medio de fiebres altísimas, consumida hasta los huesos por la malaria.</p><p>Antonio José Bolívar Proaño supo que no podía regresar al poblado serrano. Los pobres lo perdonan todo, menos el fracaso.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Breve reseña y lectura de un fragmento de la novela que lanzó al éxtito al escritor chileno Luís Sepúlveda, una novelita sobre la vida y la muerte en el mundo amazónico.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aquí se pueden comprar el libro:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;https://www.amazon.com/viejo-leia-novelas-amor-Spanish/dp/8483835304&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hola Hola, bienvenidos a otro episodio de Lecturas del Bosque, un podcast para quienes buscan buenas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy quiero leerles un fragmento de un librito bien corto, pero muy bonito. Se llama Un viejo que leía novelas de amor, de Luis Sepúlveda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luis Sepúlveda fue un escritor, periodista y cineasta chileno. Desde joven fue militante político, y luego activista ecologista, y si bien no deseo entrar en detalles sobre su vida política, sí hace falta mencionar que estuvo preso durante la dictadura de Pinochet y que luego fue exiliado. Este tipo de cosas te cambian la vida. En su exilio tuvo la oportunidad de viajar por muchos lugares y conocer el mundo. Vivió por ejemplo un tiempo en Alemania, y basó en Hamburgo uno de los primeros libros que tengo memoria de haber leído solito, sin ayuda de mis padres: Historia de una gaviota y el gato que le enseñó a volar. Un lindísimo libro para niños con un mensaje ecológista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quizás en otro momento comente ese otro libro por aquí, pero hoy quisiera hablar de otra historia, la que lo lanzó a la fama: Un viejo que leía novelas de amor. Una novelita muy corta, traducida a más de 60 idiomas y con más de 18 millones de copias vendidas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un viejo que leía novelas de amor está basada en Ecuador, país en el que Luis Sepúlveda también vivió, pero fue escrita cuando ya estaba muy lejos de ahí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esta novelita cuenta la historia de Antonio José Bolivar Proaño, un hombre originario de la Sierra ecuatoriana, que escapando de las malas lenguas de la vecindad de su pueblo, se adhiere, junto a su esposa, a un grupo de colonos que trata de poblar la selva amazónica impulsados por promesas de ayuda del Estado. Pero esa selva es otro mundo, en el que no existe nada de lo previamente conocido, donde la agricultura y muchos otros trabajos no son posibles, es un mundo bajo la inexpugnable sombra de los árboles, un reino denso, húmedo, colmado de vida, que se rige en su propio tiempo y por sus propias reglas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otávalo, la esposa de nuestro protagonista, muere, en su segundo año de estadía, al igual que la mayoría de los primeros colonos, victima de los mosquitos y la malaria. Se hubiesen muerto todos, de enfermedad o de hambre, de no haber sido por la compasión de los Shuar, un grupo nativo y seminómada de la región.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Lo Shuar vivían en comunión con esa selva, quizás desde mucho antes de que exista siquiera la palabra República, o la idea de inventar un país en el centro del mundo y llamarlo Ecuador.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Es así que Antonio José Bolivar Proaño, uno de los pocos sobrevivientes de ese primer grupo de colonos comienza un viaje sin retorno, en el que se convierte en un hombre que nunca soñó ser, habitante de un mundo bello y perdido, conocedor de los secretos de la selva, amigo de los shuar, íntimo de sus historias y costumbres, de sus formas de vivir, de amar y de morir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hace miles de años que filósofos de toda ralea y color mantienen enardecidos y hasta sangrientos debates sobre si el hombre es bueno o malo por naturaleza, sobre la legitimidad de las conquistas, los entrincados caminos del poder dentro del alma humana y sus inevitables consecuencias terrenales.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo no se exactamente cuáles serán las razones divinas, cromosómicas,socio políticas, o económicas, pero lo cierto es que los equilibrados y pacíficos mundos como en el que viven los Shuar tienden a ser destruidos, borrados, o esclavizados, de una forma u otra, prohibidos y olvidados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si bien el libro no profundiza en estos antiquísimos debates, al leer la historia podemos sentir en todo momento la presión, el peligro que se cierne sobre la Amazonía y los tesoros que guarda.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No piensen que esta es una novela victimista que nos hace odiar al hombre blanco, no, al contrario, es una novela que con orgullo y asombro, nos presenta y nos muestra un mundo mágico y hermoso, al que para el final de la historia hemos de llegar a extrañar y a querer.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leyendo este librito es imposible no preguntarse, Qué podemos hacer ante el imparable avance del mundo moderno, que como la Nada en la Historia sin fin, de Michael Ende, todo lo traga, todo lo consume, Qué podemos hacer contra nosotros mismos y nuestro afán de siempre querer más? Hay todo tipo de respuestas a tan incómoda pregunta y yo no estoy en la posición de ensayar alguna, pero por ejemplo nuestro amigo, Antonio José Bolivar Proaño, un día decidió decidarse a leer novelas de amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antes de comenzar a leerle el fragmento de hoy, le mando un abrazo a mi padre que siempre trabajó de cerca con pueblos indígenas, tratando a su manera de buscar un mundo mejor, o por lo menos menos peor. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sin más palabras de por medio les leo ahora una partecita de la novela:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Capítulo tercero&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño sabía leer, pero no escribir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A lo sumo, conseguía garrapatear su nombre cuando debía firmar algún&lt;/p&gt;&lt;p&gt;papel oficial, por ejemplo en época de elecciones, pero como tales sucesos ocurrían muy esporádicamente casi lo había olvidado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leía lentamente, juntando las sílabas, murmurándolas a media voz como si las paladeara, y al tener dominada la palabra entera la repetía de un viaje. Luego hacía lo mismo con la frase completa, y de esa manera se apropiaba de los sentimientos e ideas plasmados en las páginas. Cuando un pasaje le agradaba especialmente lo repetía muchas veces, todas las que estimara necesarias para descubrir cuan hermoso podía ser también el lenguaje humano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Leía con ayuda de una lupa, la segunda de sus pertenencias queridas. La primera era la dentadura postiza. Habitaba una choza de cañas de unos diez metros cuadrados en los que ordenaba el escaso mobiliario; la hamaca de yute, el cajón cervecero sosteniendo la hornilla de queroseno, y una mesa alta, muy alta, porque cuando sintió por primera vez dolores en la espalda supo que los años se le echaban encima y decidió sentarse lo menos posible. Construyó entonces la mesa de patas largas que le servía para comer de pie y para leer sus novelas de amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La choza estaba protegida por una techumbre de paja tejida y tenía una ventana abierta al río. Frente a ella se arrimaba la alta mesa. Junto a la puerta colgaba una deshilachada toalla y la barra de jabón renovada dos veces al año. Se trataba de un buen jabón con penetrante olor a sebo, y lavaba bien la ropa, los platos, los tiestos de cocina, el cabello y el cuerpo. En un muro, a los pies de la hamaca, colgaba un retrato retocado por un artista serrano, y en él se veía a una pareja joven.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El hombre, Antonio José Bolívar Proaño, vestía un traje azul riguroso, camisa blanca, y una corbata listada que sólo existió en la imaginación del retratista.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mujer, Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo, vestía ropajes que sí existieron y continuaban existiendo en los rincones porfiados de la memoria, en los mismos donde se embosca el tábano de la soledad. Una mantilla de terciopelo azul confería dignidad a la cabeza sin ocultar del todo la brillante cabellera negra, partida al medio, en un viaje vegetal hacia la espalda. De las orejas pendían zarcillos circulares dorados, y el cuello lo rodeaban varias vueltas de cuentas también doradas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La parte del pecho presente en el retrato enseñaba una blusa ricamente bordada a la manera otavaleña, y más arriba la mujer sonreía con una boca pequeña y roja.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se conocieron de niños en San Luis, un poblado serrano aledaño al volcán Imbabura. Tenían trece años cuando los comprometieron, y luego de una fiesta celebrada dos años más tarde, de la que no participaron mayormente, inhibidos ante la idea de estar metidos en una aventura que les quedaba grande, resultó que estaban casados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;El matrimonio de niños vivió los primeros tres años de pareja en casa del padre de la mujer, un viudo, muy viejo, que se comprometió a testar en favor de ellos a cambio de cuidados y de rezos. Al morir el viejo, rodeaban los diecinueve años y heredaron unos pocos metros de tierra, insuficientes para el sustento de una familia, además de algunos animales caseros que sucumbieron con los gastos del velorio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pasaba el tiempo. El hombre cultivaba la propiedad familiar y trabajaba en terrenos de otros propietarios. Vivían con apenas lo imprescindible, y lo único que les sobraba eran los comentarios maledicentes que no lo tocaban a él, pero se ensañaban con Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;La mujer no se embarazaba. Cada mes recibía con odiosa puntualidad sus sangres, y tras cada período menstrual aumentaba el aislamiento.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Nació yerma —decían algunas viejas.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo le vi las primeras sangres. En ellas venían guarisapos muertos —&lt;/p&gt;&lt;p&gt;aseguraba otra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Está muerta por dentro. ¿Para qué sirve una mujer así? —comentaban.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño intentaba consolarla y viajaban de curandero&lt;/p&gt;&lt;p&gt;en curandero probando toda clase de hierbas y ungüentos de la fertilidad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo era en vano. Mes a mes la mujer se escondía en un rincón de la casa para recibir el flujo de la deshonra.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Decidieron abandonar la sierra cuando al hombre le propusieron una&lt;/p&gt;&lt;p&gt;solución indignante.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Puede que seas tú quien falla. Tienes que dejarla sola en las fiestas de&lt;/p&gt;&lt;p&gt;San Luis.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Le proponían llevarla a los festejos de junio, obligarla a participar del baile y de la gran borrachera colectiva que ocurriría apenas se marchara el cura. Entonces, todos continuarían bebiendo tirados en el piso de la iglesia, hasta que el aguardiente de caña, el «puro» salido generoso de los trapiches ocasionara una confusión de cuerpos al amparo de la oscuridad.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño se negó a la posibilidad de ser padre de un hijo de carnaval. Por otra parte, había escuchado acerca de un plan de colonización de la amazonia. El Gobierno prometía grandes extensiones de tierra y ayuda técnica a cambio de poblar territorios disputados al Perú. Tal vez un cambio de clima corregiría la anormalidad padecida por uno de los dos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Poco antes de las festividades de San Luis reunieron las escasas pertenencias, cerraron la casa y emprendieron el viaje. Llegar hasta el puerto fluvial de El Dorado les llevó dos semanas. Hicieron algunos tramos en bus, otros en camión, otros simplemente caminando, cruzando ciudades de costumbres extrañas, como Zamora o Loja, donde los indígenas saragurus insisten en vestir de negro, perpetuando el luto por la muerte de Atahualpa.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luego de otra semana de viaje, esta vez en canoa, con los miembrosagarrotados por la falta de movimiento arribaron a un recodo del río. La única construcción era una enorme choza de calaminas que hacía de oficina, bodega de semillas y herramientas, y vivienda de los recién llegados colonos. Eso era El Idilio. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ahí, tras un breve trámite, les entregaron un papel pomposamente sellado que los acreditaba como colonos. Les asignaron dos hectáreas de selva, un par de machetes, unas palas, unos costales de semillas devoradas por el gorgojo y la promesa de un apoyo técnico que no llegaría jamás.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La pareja se dio a la tarea de construir precariamente una choza, y enseguida se lanzaron a desbrozar el monte. Trabajando desde el alba hasta el atardecer arrancaban un árbol, unas lianas, unas plantas, y al amanecer del día siguiente las veían crecer de nuevo, con vigor vengativo. Al llegar la primera estación de las lluvias, se les terminaron las provisiones y no sabían qué hacer. Algunos colonos tenían armas, viejas escopetas, pero los animales del monte eran rápidos y astutos. Los mismos peces del río parecían burlarse saltando frente a ellos sin dejarse atrapar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aislados por las lluvias, por esos vendavales que no conocían, se consumían en la desesperación de saberse condenados a esperar un milagro, contemplando la incesante crecida del río y su paso arrastrando troncos y animales hinchados.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Empezaron a morir los primeros colonos. Unos, por comer frutas desconocidas; otros, atacados por fiebres rápidas y fulminantes; otros desaparecían en la alargada panza de una boa quebrantahuesos que primero los envolvía, los trituraba, y luego engullía en un prolongado y horrendo proceso de ingestión.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Se sentían perdidos, en una estéril lucha con la lluvia que en cada arremetida amenazaba con llevarles la choza, con los mosquitos que en cada pausa del aguacero atacaban con ferocidad imparable, adueñándose de todo el cuerpo, picando, succionando, dejando ardientes ronchas y larvas bajo la piel, que al poco tiempo buscarían la luz abriendo heridas supurantes en su camino hacia la libertad verde, con los animales hambrientos que merodeaban en el monte poblándolo de sonidos estremecedores que no dejaban conciliar el sueño, hasta que la salvación les vino con el aparecimiento de unos hombres semidesnudos, de rostros pintados con pulpa de achiote y adornos multicolores en las cabezas y en los brazos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Eran los shuar, que, compadecidos, se acercaban a echarles una mano. De ellos aprendieron a cazar, a pescar, a levantar chozas estables y resistentes a los vendavales, a reconocer los frutos comestibles y los venenosos, y, sobre todo, de ellos aprendieron el arte de convivir con la selva. Pasada la estación de las lluvias, los shuar les ayudaron a desbrozar laderas de monte, advirtiéndoles que todo eso era en vano.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pese a las palabras de los indígenas, sembraron las primeras semillas, y no les llevó demasiado tiempo descubrir que la tierra era débil. Las constantes lluvias la lavaban de tal forma que las plantas no recibían el sustento necesario y morían sin florecer, de debilidad, o devoradas por los insectos. Al llegar la siguiente estación de las lluvias, los campos tan duramente trabajados se deslizaron ladera abajo con el primer aguacero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñán Otavalo no resistió el segundo año y se fue en medio de fiebres altísimas, consumida hasta los huesos por la malaria.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Antonio José Bolívar Proaño supo que no podía regresar al poblado serrano. Los pobres lo perdonan todo, menos el fracaso.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Tue, 03 May 2022 00:09:57 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#3 Si- Rudyard Kipling</itunes:title>
                <title>#3 Si- Rudyard Kipling</title>

                
                
                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Excelente traducción de unos de los poemas británicos más famosos, encontrada en un spot publicitario de Repsol.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si- de Rudyard Kipling&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si puedes mantener la cabeza sobre tus hombros&lt;/p&gt;&lt;p&gt;cuando otros la pierden y te cargan su culpa&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si confías en ti mismo&lt;/p&gt;&lt;p&gt;aunque todos de ti dudan&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pero aun así tomas en cuanta sus dudas&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes soñar y no hacer de tus sueños tu guía&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si triunfo y derrota se cruzan por tu camino&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y puedes tratar de igual manera a ambos impostores&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes hacer un montón con todas tus victorias &lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes arrojarlas al capricho del azar&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y perder&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si logras que los nervios y el corazón sean tu fiel compañero&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y resistir&lt;/p&gt;&lt;p&gt;aunque tus fuerzas se vean menguadas&lt;/p&gt;&lt;p&gt;con la única ayuda de la voluntad que dice adelante&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si ante la multitud das a la virtud abrigo&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si aun marchando con reyes guardas tu sencillez&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si no pueden herirte &lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni amigos ni enemigos&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si todos te reclaman y ninguno te precisa&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes rellenar un implacable minuto &lt;/p&gt;&lt;p&gt;con sesenta segundos de combate bravío&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;tuya es la tierra y sus codiciados frutos&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y lo que es más&lt;/p&gt;&lt;p&gt;serás un hombre, hijo mio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Excelente traducción de unos de los poemas británicos más famosos, encontrada en un spot publicitario de Repsol.</p><p>Si- de Rudyard Kipling</p><p><br></p><p>Si puedes mantener la cabeza sobre tus hombros</p><p>cuando otros la pierden y te cargan su culpa</p><p>si confías en ti mismo</p><p>aunque todos de ti dudan</p><p>pero aun así tomas en cuanta sus dudas</p><p><br></p><p>si puedes soñar y no hacer de tus sueños tu guía</p><p>si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta</p><p>si triunfo y derrota se cruzan por tu camino</p><p>y puedes tratar de igual manera a ambos impostores</p><p><br></p><p>si puedes hacer un montón con todas tus victorias </p><p>si puedes arrojarlas al capricho del azar</p><p>y perder</p><p>y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja</p><p><br></p><p>si logras que los nervios y el corazón sean tu fiel compañero</p><p>y resistir</p><p>aunque tus fuerzas se vean menguadas</p><p>con la única ayuda de la voluntad que dice adelante</p><p><br></p><p>si ante la multitud das a la virtud abrigo</p><p>si aun marchando con reyes guardas tu sencillez</p><p>si no pueden herirte </p><p>ni amigos ni enemigos</p><p><br></p><p>si todos te reclaman y ninguno te precisa</p><p>si puedes rellenar un implacable minuto </p><p>con sesenta segundos de combate bravío</p><p><br></p><p>tuya es la tierra y sus codiciados frutos</p><p>y lo que es más</p><p>serás un hombre, hijo mio.</p><p><br></p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Excelente traducción de unos de los poemas británicos más famosos, encontrada en un spot publicitario de Repsol.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si- de Rudyard Kipling&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Si puedes mantener la cabeza sobre tus hombros&lt;/p&gt;&lt;p&gt;cuando otros la pierden y te cargan su culpa&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si confías en ti mismo&lt;/p&gt;&lt;p&gt;aunque todos de ti dudan&lt;/p&gt;&lt;p&gt;pero aun así tomas en cuanta sus dudas&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes soñar y no hacer de tus sueños tu guía&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes pensar sin hacer de tus pensamientos tu meta&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si triunfo y derrota se cruzan por tu camino&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y puedes tratar de igual manera a ambos impostores&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes hacer un montón con todas tus victorias &lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes arrojarlas al capricho del azar&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y perder&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y remontarte de nuevo a tus comienzos sin que salga de tus labios una queja&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si logras que los nervios y el corazón sean tu fiel compañero&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y resistir&lt;/p&gt;&lt;p&gt;aunque tus fuerzas se vean menguadas&lt;/p&gt;&lt;p&gt;con la única ayuda de la voluntad que dice adelante&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si ante la multitud das a la virtud abrigo&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si aun marchando con reyes guardas tu sencillez&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si no pueden herirte &lt;/p&gt;&lt;p&gt;ni amigos ni enemigos&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si todos te reclaman y ninguno te precisa&lt;/p&gt;&lt;p&gt;si puedes rellenar un implacable minuto &lt;/p&gt;&lt;p&gt;con sesenta segundos de combate bravío&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;tuya es la tierra y sus codiciados frutos&lt;/p&gt;&lt;p&gt;y lo que es más&lt;/p&gt;&lt;p&gt;serás un hombre, hijo mio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Fri, 22 Apr 2022 11:32:09 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#2 Mi Planta de Naranja Lima - José Mauro de Vasconcelos</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Algunos comentarios y lectura de un fragmento de una de las obras infantojuveniles más lindas, un clásico de la literatura brasileña.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pueden comprar el libro aquí: https://www.amazon.es/Planta-Naranja-Lima-Libros-Asteroide/dp/849266343X&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hola hola, mi nombre es Camilo, y sean bienvenidos a otro episodio de Lecturas del Bosque, un podcast para quien busca buenas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy día quería compartir una historia sobre la ternura de la vida, sobre la amistad, la familia, la muerte, y la resurrección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A veces, en lo apurado y repetitivo de la vida cotidiana, cuando vemos a un niño, no tenemos la capacidad de ver el mundo a través de él, de reconocer en ese niño al niño que nosotros fuimos alguna vez, de ver las cosas que pasan desde los ojos de ese niño. Y esto no solo pasa en el día a día, sino también cuando vemos a algún niño en alguna película o historia, somos, a veces, incapaces de ver en esos niños justamente lo que los hace niños, más allá de su tamaño, o su aparente falta de entendimiento sobre el mundo real. Muchas veces vemos simplemente una personita chica a la que se le tiene que explicar las cosas, pero no es eso lo que son los niños. Ese aveces puede dura años, puede durar décadas tal vez.. bueno, yo creo que el librito sobre el que quiero hablar hoy, Mi Planta de Naranja Lima, es un libro que nos devuelve la capacidad de ver en los niños, e incluso en nosotros mismos, el infinito poder de la fantasía, de la ternura y del amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi planta de Naranja es un libro autobiográfico escrito por José Mauro de Vasconcelos, un escritor brasilero que escribió otro libro bellísimo que se llama Rosinha, mi Canoa. Entre paréntesis creo que el termino más aceptado y usado del gentilicio para las personas nacidas en Brasil es brasileño, pero en mi país usamos brasilero y después de consultar con la Real Academia Española puedo confirmar que también es una forma aceptada - lega, digamos - de hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bueno, José Mauro de Vasconcelos nació en una familia muy pobre de Rio de Janeiro, y como ellos no tenían los recursos para cuidarlo cuando todavía era niño lo mandaron a Natal, en el norte de Brasil para que lo críen sus tios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el episodio anterior hablamos sobre el escritor mexicano Juan Rulfo y como tuvo que dedicarse a todo tipo de oficios en su vida, bueno, José Mauro de Vasconcelos es otro de estos escritores que tuvo todo tipo de oficios: fue estudiante de medicina, entrenador de boxeo, cargador de bananas, pescador en el mar, garzón en un local nocturno, modelo para artistas y escultores, profesor de primaría, actor de teatro y quien sabe cuantas cosas más, las malas luengas cuentan de todo, y su vida personal parece más fantasiosa que las de todas sus ficciones.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus libros son de un lenguaje muy sencillo, en pero en esa simplicidad se ve reflejado un conocimiento inmenso sobre la vida y las personas, que solo viviendo mucho se puede alcanzar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el caso de Mi Planta de Naranja lima, nos cuenta la historia de Zezé, un niño de 5 o 6 años, un niño de una familia muy pobre, que lo unico que quiere es ser niño, ser feliz. En la historia lo acompaños en sus travesuras cotidianas, algunas más graves que otras, lo acompañamos en sus actos de ternura, que es imposible que no nos abriguen el corazón, por ejemplo, en los juegos que inventa para cuidar a su hermanito menor, o en la amistad con su arbolito, que da nombre al libro, o en los gestos de cariño con con su padre desempleado por el que un día lustra zapatos para complarle cigarros y alegrarle un poco, o con su profesora por la que roba flores todos las mañanas, para que no sea la única profesora sin regalos en su escritorio, o con su hermano, 4 años mayor, por el que pelea contra cualquiera con tal de defenderlo,lo acompañamos en su admiración por su incansable madre que mantiene a toda la familia,y es imposible no preguntarse cuántas mujeres como esa hay en Latinoamérica, en el mundo?; pero también lo acompañamos, y no con menos emoción, en los brutales encuentros con las injusticias de la vida, con las que se encuentra dolorosamente temprano, y a las que se enfrenta con la valentía de los más grandes héroes mitológicos, en la que se ve reflejada la inmensa fortaleza de la que es capaz el ser humano, y al mismo tiempo la alegría característica de los países latinoamericanos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia de Zezé transcurre en un barrio de Rio de Janeiro, y en ella podemos ver detalles inconfundiblemente brasileros, pero también es una historia universal, porque es una historia sobre lo importante, sobre lo esencial, eso que la zorra de El Principito nos enseñó que es invisible a los ojos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aunque no seamos brasileros, o no hayamos vivido en la pobreza, todos hemos sido, por lo menos un poco, como Zezé: Indomables, llenos de todo tipo de sueños, llenos de bondad, dueños de una sed interminable de cariño, en fin,todos hemos sido niños. Y aunque la vida no haya sido para nosotros tan dura como lo fue para Zezé,creo que ser niño no es fácil para nadie, y, por lo menos en mi caso, mientras más presto atención a mi alrededor, mientras más de cerca me toca convivir con la muerte, me doy cuenta, cada vez más, de lo importante que es la etapa en la que somos niños, de lo profundas que son las marcas que nos dejan esos años, en los que las cosas buenas son las maravillas más grandes y las malas, las tragedias más terribles que pudiesen pasar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa mezcla de maravillas y tragedias es lo que somos. Esas son las herramientas más esenciales que vamos usar para vivir. Sobre ellas es que vamos a construir todas las otras habilidades, o flaquezas, que hacen de nosotros ser como somos en cada situación. Esta medio confusa esa frase, así que la voy a repetir, es sobre nuestras primeras experiencias e historias que construimos todas las otras habilidades, o flaquezas que nos hacen ser lo que somos, en cada situación que nos va tocando vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese rencuentro con nosotros mismos al que nos llevá Zezé, hace que después de su historia, nos sea imposible mirar a nuestros hijos, primos, hermanos, sobrinos, o cualquier niño de la calle, de otra forma. Con una empatía que parece nacer hace mucho tiempo, cuando eramos capaces de sorprendernos, de reir, de jugar, incluso de llorar como niños.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que por el bien de los niños que viven a su alrededor, voy a leerles un fragmento de la historia de Zezé, para ver si se animan a leer, o a releer Mi Planta de Naranja Lima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;1 EL DESCUBRIDOR DE LAS COSAS&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Veníamos tomados de la mano, sin apuro ninguno, por la calle. Totoca venía enseñándome la vida. Y yo me sentía muy contento porque mi hermano mayor me llevaba de la mano, enseñándome cosas. Pero enseñándome las cosas fuera de casa. Porque en casa yo aprendía descubriendo cosas solo y haciendo cosas solo, claro que equivocándome, y acababa siempre llevando unas palmadas. Hasta hacía bastante poco tiempo nadie me pegaba. Pero después descubrieron todo y vivían diciendo que yo era un malvado, un diablo, un gato vagabundo de mal pelo. Yo no quería saber nada de eso. Si no estuviera en la calle comenzaría a cantar. Cantar sí que era lindo. Totoca sabía hacer algo más, aparte de cantar: silbar. Pero por más que lo imitase no me salía nada. El me dio ánimo diciendo que no importaba, que todavía no tenía boca de soplador. Pero como yo no podía cantar por fuera, comencé a cantar por dentro. Era raro, pero luego era lindo. Y estaba recordando una música que cantaba mamá cuando yo era muy pequeñito. Ella se quedaba en la pileta, con un trapo sujeto a la cabeza para resguardarse del sol. Llevaba un delantal que le cubría la barriga y se quedaba horas y horas, metiendo la mano en el agua, haciendo que el jabón se convirtiera en espuma. Después torcía la ropa e iba hasta la cuerda. Colgaba todo en ella y suspendía la caña. Hacía lo mismo con todas las ropas. Se ocupaba de lavar la ropa de la casa del doctor Faulhaber para ayudar en los gastos de la casa. Mamá era alta, delgada, pero muy linda. Tenía un color bien quemado y los cabellos negros y lisos. Cuando los dejaba sueltos le llegaban hasta la cintura. Pero lo lindo era cuando cantaba y yo me quedaba a su lado aprendiendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hasta ahora esa música me daba una tristeza que no sabía comprender. Totoca me dio un empujón. Desperté. —¿Qué tienes, Zezé? —Nada. Estaba cantando. —¿Cantando? —Sí. —Entonces debo estar quedándome sordo. ¿Acaso no sabría que se podía cantar para dentro? Me quedé callado. Si no sabía yo no iba a enseñarle. Habíamos llegado al borde de la carretera Río-San Pablo. Allí pasaba de todo. Camiones, automóviles, carros y bicicletas. —Mira, Zezé, esto es importante. Primero se mira bien. Mira para uno y otro lado. ¡Ahora! Cruzamos corriendo la carretera. —¿Tuviste miedo? Bastante que había tenido, pero dije que no, con la cabeza. —Vamos a cruzar de nuevo, juntos. Después quiero ver si aprendiste. Volvimos. —Ahora ya sabes cruzar solo. Nada de miedo, que ya estás siendo un hombrecito. Mi corazón se aceleró. —Ahora. Vamos. Puse el pie, casi no respiraba. Esperé un poco y él dio la señal de que volviera. —Para ser la primera vez, estuviste muy bien. Pero te olvidaste de algo. Tienes que mirar para los dos lados para ver si viene un coche. No siempre voy a estar aquí para darte la señal. A la vuelta vamos a practicar más. Ahora sigamos, que voy a mostrarte una cosa. Me tomó de la mano y seguimos de nuevo, lentamente. Yo estaba impresionado con la conversación. —Totoca. —¿Qué pasa? —¿La edad de la razón pesa? —¿Qué tontería es ésa? —Tío Edmundo lo dijo. Dijo que yo era &amp;#34;precoz&amp;#34; y que en seguida iba a entrar en la edad de la razón. Y no siento ninguna diferencia. —Tío Edmundo es un tonto. Vive metiéndote cosas en la cabeza. —El no es tonto. Es sabio. Y cuando yo crezca quiero ser sabio y poeta y usar corbata de moño. Un día voy a fotografiarme con corbata de moño. —¿Por qué con corbata de moño? —Porque nadie es poeta sin corbata de moño. Cuando tío Edmundo me muestra retratos de poetas en una revista, todos tienen corbata de moño. —Zezé, deja de creerle todo lo que te dice. Tío Edmundo es medio &amp;#34;tocado&amp;#34;. Medio mentiroso. —¿Entonces él es un hijo de puta? —¡Mira que ya te ganaste bastantes palizas por decir malas palabras! Tío Edmundo no es eso. Yo dije &amp;#34;tocado&amp;#34;, medio loco. —Pero dijiste que él era mentiroso. —Una cosa no tiene nada que ver con la otra. —Sí que tiene. El otro día papá conversaba con don Severino, ese que juega a las cartas con él y dijo eso de don Labonne: &amp;#34;El hijo de puta del viejo miente como el diablo&amp;#34;. . . Y nadie le pegó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—La gente grande sí puede decirlo, no es malo. Hicimos una pausa. —Tío Edmundo no es. . . ¿Qué quiere decir &amp;#34;tocado&amp;#34; Totoca? El hizo girar el dedo en la cabeza. —No, él no es eso. Es bueno, me enseña de todo, y hasta hoy solamente me dio una palmada y no fue con fuerza. Totoca dio un salto. —¿Te dio una palmada? ¿Cuándo? —Un día que yo estaba muy travieso y Gloria me mandó a casa de Dindinha. El quería leer el diario y no encontraba los anteojos. Los buscó, furioso. Le preguntó a Dindinha, y nada. Los dos dieron vuelta al revés a la casa. Entonces le dije que sabía dónde estaban, y que si me daba una moneda para comprar bolitas se lo decía. Buscó en su chaleco y tomó una moneda: —Ve a buscarlos y te la doy. —Fui hasta el cesto de la ropa sucia y los encontré. Entonces me insultó diciéndome: &amp;#34;Fuiste tú sinvergüenza&amp;#34;. Me dio una palmada en la cola y me quitó la moneda. Totoca se rió. —Te vas allá para que no te peguen en casa y te pegan ahí. Vamos más rápido, si no nunca llegaremos. Yo continuaba pensando en tío Edmundo. —Totoca, ¿los chicos son jubilados? —¿Qué cosa? —Tío Edmundo no hace nada y gana dinero. No trabaja y la Municipalidad le paga todos los meses. —¿Y qué? —Que los chicos tampoco hacen nada, y comen, duermen y ganan dinero de los padres. —Un jubilado es diferente, Zezé. Jubilado es el que trabajó mucho, se le puso el pelo blanco y camina despacio, como tío Edmundo. Pero dejemos de pensar en cosas difíciles. Que te guste aprender con él, vaya y pase. Pero conmigo, no. Haz como los otros chicos. Hasta di malas palabras, pero deja de llenarte la cabeza con cosas difíciles. Si no, no salgo más contigo. Me quedé medio enojado y no quise conversar más. Tampoco tenía ganas de cantar. Ese pajarito que cantaba desde adentro había volado bien lejos. Nos detuvimos y Totoca señaló la casa. —Es ésa, ahí. ¿Te gusta? Era una casa común. Blanca, de ventanas azules, toda cerrada y silenciosa. —Me gusta. Pero ¿por qué tenemos que mudarnos acá? —Siempre es bueno mudarse. Por la cerca nos quedamos observando una planta de &amp;#34;mango&amp;#34; de un lado, y una de tamarindo, de otro. —Tú, que quieres saberlo todo, ¿no te diste cuenta del drama que hay en casa? Papá está sin empleo, ¿no es cierto? Hace más de seis meses que se peleó con mister Scottfield y lo dejaron en la calle. ¿No viste que Lalá comenzó a trabajar en la Fábrica? ¿No sabes que mamá va a trabajar al centro, en el Molino Inglés? Pues bien, bobo, todo eso es para juntar algún dinero y pagar el alquiler de la nueva casa. La otra hace ya como ocho meses que papá no la paga. Tú eres muy chico para saber cosas tristes, como ésta. Pero yo voy a tener que acabar ayudando en la misa para ayudar en casa. Se quedó un rato en silencio. —Totoca, ¿van a traer la pantera negra y las dos leonas? —Claro que sí. Y el esclavo es quien tendrá que desmontar el gallinero. Me miró con cierto cariño y pena. —Yo soy el que va a desmontar el jardín zoológico y armarlo de nuevo aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quedé aliviado. Porque, si no, yo tendría que inventar algo nuevo para jugar con mi hermanito más chico, Luis. —Bien, ¿viste cómo soy tu amigo, Zezé? Entonces no te cuesta nada contarme cómo fue que conseguiste &amp;#34;aquello&amp;#34;... —Te juro, Totoca, que no sé. De veras que no sé. —Estás mintiendo. Estudiaste con alguien. —No estudié nada. Nadie me enseñó. Solo que sea el diablo, que según Jandira es mi padrino, el que me haya enseñado mientras yo dormía. Totoca estaba sorprendido. Al comienzo hasta me había dado coscorrones para que le contara. Pero yo no podía contarle nada. —Nadie aprende solo esas cosas. Pero se quedaba confundido porque realmente no había visto a nadie enseñándome nada. Era un misterio. Fui recordando algo que había pasado la semana anterior. La familia se quedó muy sorprendida. Todo había comenzado cuando me senté cerca de tío Edmundo, en casa de Dindinha, mientras él leía el diario. —Tiíto. —¿Qué, mi hijo? Empujó los anteojos hacia la punta de la nariz, como hace toda la gente vieja. —¿Cuándo aprendiste a leer? —Más o menos a los seis o siete años de edad. —¿Y alguien puede leer a los cinco años? —Poder puede. Pero a nadie le gusta hacer eso cuando todavía es muy pequeño. —¿Cómo aprendiste a leer? —Como todo el mundo, en la cartilla. Diciendo &amp;#34;B&amp;#34; más &amp;#34;A&amp;#34;: &amp;#34;BA&amp;#34;. —¿Todo el mundo tiene
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                <description><![CDATA[<p>Algunos comentarios y lectura de un fragmento de una de las obras infantojuveniles más lindas, un clásico de la literatura brasileña.</p><p>Pueden comprar el libro aquí: https://www.amazon.es/Planta-Naranja-Lima-Libros-Asteroide/dp/849266343X</p><p>Transcripción:</p><p><br></p><p>Hola hola, mi nombre es Camilo, y sean bienvenidos a otro episodio de Lecturas del Bosque, un podcast para quien busca buenas historias.</p><p>Hoy día quería compartir una historia sobre la ternura de la vida, sobre la amistad, la familia, la muerte, y la resurrección.</p><p>A veces, en lo apurado y repetitivo de la vida cotidiana, cuando vemos a un niño, no tenemos la capacidad de ver el mundo a través de él, de reconocer en ese niño al niño que nosotros fuimos alguna vez, de ver las cosas que pasan desde los ojos de ese niño. Y esto no solo pasa en el día a día, sino también cuando vemos a algún niño en alguna película o historia, somos, a veces, incapaces de ver en esos niños justamente lo que los hace niños, más allá de su tamaño, o su aparente falta de entendimiento sobre el mundo real. Muchas veces vemos simplemente una personita chica a la que se le tiene que explicar las cosas, pero no es eso lo que son los niños. Ese aveces puede dura años, puede durar décadas tal vez.. bueno, yo creo que el librito sobre el que quiero hablar hoy, Mi Planta de Naranja Lima, es un libro que nos devuelve la capacidad de ver en los niños, e incluso en nosotros mismos, el infinito poder de la fantasía, de la ternura y del amor.</p><p>Mi planta de Naranja es un libro autobiográfico escrito por José Mauro de Vasconcelos, un escritor brasilero que escribió otro libro bellísimo que se llama Rosinha, mi Canoa. Entre paréntesis creo que el termino más aceptado y usado del gentilicio para las personas nacidas en Brasil es brasileño, pero en mi país usamos brasilero y después de consultar con la Real Academia Española puedo confirmar que también es una forma aceptada - lega, digamos - de hablar.</p><p>Bueno, José Mauro de Vasconcelos nació en una familia muy pobre de Rio de Janeiro, y como ellos no tenían los recursos para cuidarlo cuando todavía era niño lo mandaron a Natal, en el norte de Brasil para que lo críen sus tios.</p><p>En el episodio anterior hablamos sobre el escritor mexicano Juan Rulfo y como tuvo que dedicarse a todo tipo de oficios en su vida, bueno, José Mauro de Vasconcelos es otro de estos escritores que tuvo todo tipo de oficios: fue estudiante de medicina, entrenador de boxeo, cargador de bananas, pescador en el mar, garzón en un local nocturno, modelo para artistas y escultores, profesor de primaría, actor de teatro y quien sabe cuantas cosas más, las malas luengas cuentan de todo, y su vida personal parece más fantasiosa que las de todas sus ficciones.</p><p>Sus libros son de un lenguaje muy sencillo, en pero en esa simplicidad se ve reflejado un conocimiento inmenso sobre la vida y las personas, que solo viviendo mucho se puede alcanzar.</p><p>En el caso de Mi Planta de Naranja lima, nos cuenta la historia de Zezé, un niño de 5 o 6 años, un niño de una familia muy pobre, que lo unico que quiere es ser niño, ser feliz. En la historia lo acompaños en sus travesuras cotidianas, algunas más graves que otras, lo acompañamos en sus actos de ternura, que es imposible que no nos abriguen el corazón, por ejemplo, en los juegos que inventa para cuidar a su hermanito menor, o en la amistad con su arbolito, que da nombre al libro, o en los gestos de cariño con con su padre desempleado por el que un día lustra zapatos para complarle cigarros y alegrarle un poco, o con su profesora por la que roba flores todos las mañanas, para que no sea la única profesora sin regalos en su escritorio, o con su hermano, 4 años mayor, por el que pelea contra cualquiera con tal de defenderlo,lo acompañamos en su admiración por su incansable madre que mantiene a toda la familia,y es imposible no preguntarse cuántas mujeres como esa hay en Latinoamérica, en el mundo?; pero también lo acompañamos, y no con menos emoción, en los brutales encuentros con las injusticias de la vida, con las que se encuentra dolorosamente temprano, y a las que se enfrenta con la valentía de los más grandes héroes mitológicos, en la que se ve reflejada la inmensa fortaleza de la que es capaz el ser humano, y al mismo tiempo la alegría característica de los países latinoamericanos.</p><p>La historia de Zezé transcurre en un barrio de Rio de Janeiro, y en ella podemos ver detalles inconfundiblemente brasileros, pero también es una historia universal, porque es una historia sobre lo importante, sobre lo esencial, eso que la zorra de El Principito nos enseñó que es invisible a los ojos.</p><p>Aunque no seamos brasileros, o no hayamos vivido en la pobreza, todos hemos sido, por lo menos un poco, como Zezé: Indomables, llenos de todo tipo de sueños, llenos de bondad, dueños de una sed interminable de cariño, en fin,todos hemos sido niños. Y aunque la vida no haya sido para nosotros tan dura como lo fue para Zezé,creo que ser niño no es fácil para nadie, y, por lo menos en mi caso, mientras más presto atención a mi alrededor, mientras más de cerca me toca convivir con la muerte, me doy cuenta, cada vez más, de lo importante que es la etapa en la que somos niños, de lo profundas que son las marcas que nos dejan esos años, en los que las cosas buenas son las maravillas más grandes y las malas, las tragedias más terribles que pudiesen pasar.</p><p>Esa mezcla de maravillas y tragedias es lo que somos. Esas son las herramientas más esenciales que vamos usar para vivir. Sobre ellas es que vamos a construir todas las otras habilidades, o flaquezas, que hacen de nosotros ser como somos en cada situación. Esta medio confusa esa frase, así que la voy a repetir, es sobre nuestras primeras experiencias e historias que construimos todas las otras habilidades, o flaquezas que nos hacen ser lo que somos, en cada situación que nos va tocando vivir.</p><p>Ese rencuentro con nosotros mismos al que nos llevá Zezé, hace que después de su historia, nos sea imposible mirar a nuestros hijos, primos, hermanos, sobrinos, o cualquier niño de la calle, de otra forma. Con una empatía que parece nacer hace mucho tiempo, cuando eramos capaces de sorprendernos, de reir, de jugar, incluso de llorar como niños.</p><p>Así que por el bien de los niños que viven a su alrededor, voy a leerles un fragmento de la historia de Zezé, para ver si se animan a leer, o a releer Mi Planta de Naranja Lima.</p><p><br></p><p>1 EL DESCUBRIDOR DE LAS COSAS</p><p>Veníamos tomados de la mano, sin apuro ninguno, por la calle. Totoca venía enseñándome la vida. Y yo me sentía muy contento porque mi hermano mayor me llevaba de la mano, enseñándome cosas. Pero enseñándome las cosas fuera de casa. Porque en casa yo aprendía descubriendo cosas solo y haciendo cosas solo, claro que equivocándome, y acababa siempre llevando unas palmadas. Hasta hacía bastante poco tiempo nadie me pegaba. Pero después descubrieron todo y vivían diciendo que yo era un malvado, un diablo, un gato vagabundo de mal pelo. Yo no quería saber nada de eso. Si no estuviera en la calle comenzaría a cantar. Cantar sí que era lindo. Totoca sabía hacer algo más, aparte de cantar: silbar. Pero por más que lo imitase no me salía nada. El me dio ánimo diciendo que no importaba, que todavía no tenía boca de soplador. Pero como yo no podía cantar por fuera, comencé a cantar por dentro. Era raro, pero luego era lindo. Y estaba recordando una música que cantaba mamá cuando yo era muy pequeñito. Ella se quedaba en la pileta, con un trapo sujeto a la cabeza para resguardarse del sol. Llevaba un delantal que le cubría la barriga y se quedaba horas y horas, metiendo la mano en el agua, haciendo que el jabón se convirtiera en espuma. Después torcía la ropa e iba hasta la cuerda. Colgaba todo en ella y suspendía la caña. Hacía lo mismo con todas las ropas. Se ocupaba de lavar la ropa de la casa del doctor Faulhaber para ayudar en los gastos de la casa. Mamá era alta, delgada, pero muy linda. Tenía un color bien quemado y los cabellos negros y lisos. Cuando los dejaba sueltos le llegaban hasta la cintura. Pero lo lindo era cuando cantaba y yo me quedaba a su lado aprendiendo.</p><p>Hasta ahora esa música me daba una tristeza que no sabía comprender. Totoca me dio un empujón. Desperté. —¿Qué tienes, Zezé? —Nada. Estaba cantando. —¿Cantando? —Sí. —Entonces debo estar quedándome sordo. ¿Acaso no sabría que se podía cantar para dentro? Me quedé callado. Si no sabía yo no iba a enseñarle. Habíamos llegado al borde de la carretera Río-San Pablo. Allí pasaba de todo. Camiones, automóviles, carros y bicicletas. —Mira, Zezé, esto es importante. Primero se mira bien. Mira para uno y otro lado. ¡Ahora! Cruzamos corriendo la carretera. —¿Tuviste miedo? Bastante que había tenido, pero dije que no, con la cabeza. —Vamos a cruzar de nuevo, juntos. Después quiero ver si aprendiste. Volvimos. —Ahora ya sabes cruzar solo. Nada de miedo, que ya estás siendo un hombrecito. Mi corazón se aceleró. —Ahora. Vamos. Puse el pie, casi no respiraba. Esperé un poco y él dio la señal de que volviera. —Para ser la primera vez, estuviste muy bien. Pero te olvidaste de algo. Tienes que mirar para los dos lados para ver si viene un coche. No siempre voy a estar aquí para darte la señal. A la vuelta vamos a practicar más. Ahora sigamos, que voy a mostrarte una cosa. Me tomó de la mano y seguimos de nuevo, lentamente. Yo estaba impresionado con la conversación. —Totoca. —¿Qué pasa? —¿La edad de la razón pesa? —¿Qué tontería es ésa? —Tío Edmundo lo dijo. Dijo que yo era &#34;precoz&#34; y que en seguida iba a entrar en la edad de la razón. Y no siento ninguna diferencia. —Tío Edmundo es un tonto. Vive metiéndote cosas en la cabeza. —El no es tonto. Es sabio. Y cuando yo crezca quiero ser sabio y poeta y usar corbata de moño. Un día voy a fotografiarme con corbata de moño. —¿Por qué con corbata de moño? —Porque nadie es poeta sin corbata de moño. Cuando tío Edmundo me muestra retratos de poetas en una revista, todos tienen corbata de moño. —Zezé, deja de creerle todo lo que te dice. Tío Edmundo es medio &#34;tocado&#34;. Medio mentiroso. —¿Entonces él es un hijo de puta? —¡Mira que ya te ganaste bastantes palizas por decir malas palabras! Tío Edmundo no es eso. Yo dije &#34;tocado&#34;, medio loco. —Pero dijiste que él era mentiroso. —Una cosa no tiene nada que ver con la otra. —Sí que tiene. El otro día papá conversaba con don Severino, ese que juega a las cartas con él y dijo eso de don Labonne: &#34;El hijo de puta del viejo miente como el diablo&#34;. . . Y nadie le pegó.</p><p>—La gente grande sí puede decirlo, no es malo. Hicimos una pausa. —Tío Edmundo no es. . . ¿Qué quiere decir &#34;tocado&#34; Totoca? El hizo girar el dedo en la cabeza. —No, él no es eso. Es bueno, me enseña de todo, y hasta hoy solamente me dio una palmada y no fue con fuerza. Totoca dio un salto. —¿Te dio una palmada? ¿Cuándo? —Un día que yo estaba muy travieso y Gloria me mandó a casa de Dindinha. El quería leer el diario y no encontraba los anteojos. Los buscó, furioso. Le preguntó a Dindinha, y nada. Los dos dieron vuelta al revés a la casa. Entonces le dije que sabía dónde estaban, y que si me daba una moneda para comprar bolitas se lo decía. Buscó en su chaleco y tomó una moneda: —Ve a buscarlos y te la doy. —Fui hasta el cesto de la ropa sucia y los encontré. Entonces me insultó diciéndome: &#34;Fuiste tú sinvergüenza&#34;. Me dio una palmada en la cola y me quitó la moneda. Totoca se rió. —Te vas allá para que no te peguen en casa y te pegan ahí. Vamos más rápido, si no nunca llegaremos. Yo continuaba pensando en tío Edmundo. —Totoca, ¿los chicos son jubilados? —¿Qué cosa? —Tío Edmundo no hace nada y gana dinero. No trabaja y la Municipalidad le paga todos los meses. —¿Y qué? —Que los chicos tampoco hacen nada, y comen, duermen y ganan dinero de los padres. —Un jubilado es diferente, Zezé. Jubilado es el que trabajó mucho, se le puso el pelo blanco y camina despacio, como tío Edmundo. Pero dejemos de pensar en cosas difíciles. Que te guste aprender con él, vaya y pase. Pero conmigo, no. Haz como los otros chicos. Hasta di malas palabras, pero deja de llenarte la cabeza con cosas difíciles. Si no, no salgo más contigo. Me quedé medio enojado y no quise conversar más. Tampoco tenía ganas de cantar. Ese pajarito que cantaba desde adentro había volado bien lejos. Nos detuvimos y Totoca señaló la casa. —Es ésa, ahí. ¿Te gusta? Era una casa común. Blanca, de ventanas azules, toda cerrada y silenciosa. —Me gusta. Pero ¿por qué tenemos que mudarnos acá? —Siempre es bueno mudarse. Por la cerca nos quedamos observando una planta de &#34;mango&#34; de un lado, y una de tamarindo, de otro. —Tú, que quieres saberlo todo, ¿no te diste cuenta del drama que hay en casa? Papá está sin empleo, ¿no es cierto? Hace más de seis meses que se peleó con mister Scottfield y lo dejaron en la calle. ¿No viste que Lalá comenzó a trabajar en la Fábrica? ¿No sabes que mamá va a trabajar al centro, en el Molino Inglés? Pues bien, bobo, todo eso es para juntar algún dinero y pagar el alquiler de la nueva casa. La otra hace ya como ocho meses que papá no la paga. Tú eres muy chico para saber cosas tristes, como ésta. Pero yo voy a tener que acabar ayudando en la misa para ayudar en casa. Se quedó un rato en silencio. —Totoca, ¿van a traer la pantera negra y las dos leonas? —Claro que sí. Y el esclavo es quien tendrá que desmontar el gallinero. Me miró con cierto cariño y pena. —Yo soy el que va a desmontar el jardín zoológico y armarlo de nuevo aquí.</p><p>Quedé aliviado. Porque, si no, yo tendría que inventar algo nuevo para jugar con mi hermanito más chico, Luis. —Bien, ¿viste cómo soy tu amigo, Zezé? Entonces no te cuesta nada contarme cómo fue que conseguiste &#34;aquello&#34;... —Te juro, Totoca, que no sé. De veras que no sé. —Estás mintiendo. Estudiaste con alguien. —No estudié nada. Nadie me enseñó. Solo que sea el diablo, que según Jandira es mi padrino, el que me haya enseñado mientras yo dormía. Totoca estaba sorprendido. Al comienzo hasta me había dado coscorrones para que le contara. Pero yo no podía contarle nada. —Nadie aprende solo esas cosas. Pero se quedaba confundido porque realmente no había visto a nadie enseñándome nada. Era un misterio. Fui recordando algo que había pasado la semana anterior. La familia se quedó muy sorprendida. Todo había comenzado cuando me senté cerca de tío Edmundo, en casa de Dindinha, mientras él leía el diario. —Tiíto. —¿Qué, mi hijo? Empujó los anteojos hacia la punta de la nariz, como hace toda la gente vieja. —¿Cuándo aprendiste a leer? —Más o menos a los seis o siete años de edad. —¿Y alguien puede leer a los cinco años? —Poder puede. Pero a nadie le gusta hacer eso cuando todavía es muy pequeño. —¿Cómo aprendiste a leer? —Como todo el mundo, en la cartilla. Diciendo &#34;B&#34; más &#34;A&#34;: &#34;BA&#34;. —¿Todo el mundo tiene
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Algunos comentarios y lectura de un fragmento de una de las obras infantojuveniles más lindas, un clásico de la literatura brasileña.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pueden comprar el libro aquí: https://www.amazon.es/Planta-Naranja-Lima-Libros-Asteroide/dp/849266343X&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hola hola, mi nombre es Camilo, y sean bienvenidos a otro episodio de Lecturas del Bosque, un podcast para quien busca buenas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hoy día quería compartir una historia sobre la ternura de la vida, sobre la amistad, la familia, la muerte, y la resurrección.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;A veces, en lo apurado y repetitivo de la vida cotidiana, cuando vemos a un niño, no tenemos la capacidad de ver el mundo a través de él, de reconocer en ese niño al niño que nosotros fuimos alguna vez, de ver las cosas que pasan desde los ojos de ese niño. Y esto no solo pasa en el día a día, sino también cuando vemos a algún niño en alguna película o historia, somos, a veces, incapaces de ver en esos niños justamente lo que los hace niños, más allá de su tamaño, o su aparente falta de entendimiento sobre el mundo real. Muchas veces vemos simplemente una personita chica a la que se le tiene que explicar las cosas, pero no es eso lo que son los niños. Ese aveces puede dura años, puede durar décadas tal vez.. bueno, yo creo que el librito sobre el que quiero hablar hoy, Mi Planta de Naranja Lima, es un libro que nos devuelve la capacidad de ver en los niños, e incluso en nosotros mismos, el infinito poder de la fantasía, de la ternura y del amor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Mi planta de Naranja es un libro autobiográfico escrito por José Mauro de Vasconcelos, un escritor brasilero que escribió otro libro bellísimo que se llama Rosinha, mi Canoa. Entre paréntesis creo que el termino más aceptado y usado del gentilicio para las personas nacidas en Brasil es brasileño, pero en mi país usamos brasilero y después de consultar con la Real Academia Española puedo confirmar que también es una forma aceptada - lega, digamos - de hablar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Bueno, José Mauro de Vasconcelos nació en una familia muy pobre de Rio de Janeiro, y como ellos no tenían los recursos para cuidarlo cuando todavía era niño lo mandaron a Natal, en el norte de Brasil para que lo críen sus tios.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el episodio anterior hablamos sobre el escritor mexicano Juan Rulfo y como tuvo que dedicarse a todo tipo de oficios en su vida, bueno, José Mauro de Vasconcelos es otro de estos escritores que tuvo todo tipo de oficios: fue estudiante de medicina, entrenador de boxeo, cargador de bananas, pescador en el mar, garzón en un local nocturno, modelo para artistas y escultores, profesor de primaría, actor de teatro y quien sabe cuantas cosas más, las malas luengas cuentan de todo, y su vida personal parece más fantasiosa que las de todas sus ficciones.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Sus libros son de un lenguaje muy sencillo, en pero en esa simplicidad se ve reflejado un conocimiento inmenso sobre la vida y las personas, que solo viviendo mucho se puede alcanzar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En el caso de Mi Planta de Naranja lima, nos cuenta la historia de Zezé, un niño de 5 o 6 años, un niño de una familia muy pobre, que lo unico que quiere es ser niño, ser feliz. En la historia lo acompaños en sus travesuras cotidianas, algunas más graves que otras, lo acompañamos en sus actos de ternura, que es imposible que no nos abriguen el corazón, por ejemplo, en los juegos que inventa para cuidar a su hermanito menor, o en la amistad con su arbolito, que da nombre al libro, o en los gestos de cariño con con su padre desempleado por el que un día lustra zapatos para complarle cigarros y alegrarle un poco, o con su profesora por la que roba flores todos las mañanas, para que no sea la única profesora sin regalos en su escritorio, o con su hermano, 4 años mayor, por el que pelea contra cualquiera con tal de defenderlo,lo acompañamos en su admiración por su incansable madre que mantiene a toda la familia,y es imposible no preguntarse cuántas mujeres como esa hay en Latinoamérica, en el mundo?; pero también lo acompañamos, y no con menos emoción, en los brutales encuentros con las injusticias de la vida, con las que se encuentra dolorosamente temprano, y a las que se enfrenta con la valentía de los más grandes héroes mitológicos, en la que se ve reflejada la inmensa fortaleza de la que es capaz el ser humano, y al mismo tiempo la alegría característica de los países latinoamericanos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La historia de Zezé transcurre en un barrio de Rio de Janeiro, y en ella podemos ver detalles inconfundiblemente brasileros, pero también es una historia universal, porque es una historia sobre lo importante, sobre lo esencial, eso que la zorra de El Principito nos enseñó que es invisible a los ojos.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Aunque no seamos brasileros, o no hayamos vivido en la pobreza, todos hemos sido, por lo menos un poco, como Zezé: Indomables, llenos de todo tipo de sueños, llenos de bondad, dueños de una sed interminable de cariño, en fin,todos hemos sido niños. Y aunque la vida no haya sido para nosotros tan dura como lo fue para Zezé,creo que ser niño no es fácil para nadie, y, por lo menos en mi caso, mientras más presto atención a mi alrededor, mientras más de cerca me toca convivir con la muerte, me doy cuenta, cada vez más, de lo importante que es la etapa en la que somos niños, de lo profundas que son las marcas que nos dejan esos años, en los que las cosas buenas son las maravillas más grandes y las malas, las tragedias más terribles que pudiesen pasar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Esa mezcla de maravillas y tragedias es lo que somos. Esas son las herramientas más esenciales que vamos usar para vivir. Sobre ellas es que vamos a construir todas las otras habilidades, o flaquezas, que hacen de nosotros ser como somos en cada situación. Esta medio confusa esa frase, así que la voy a repetir, es sobre nuestras primeras experiencias e historias que construimos todas las otras habilidades, o flaquezas que nos hacen ser lo que somos, en cada situación que nos va tocando vivir.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Ese rencuentro con nosotros mismos al que nos llevá Zezé, hace que después de su historia, nos sea imposible mirar a nuestros hijos, primos, hermanos, sobrinos, o cualquier niño de la calle, de otra forma. Con una empatía que parece nacer hace mucho tiempo, cuando eramos capaces de sorprendernos, de reir, de jugar, incluso de llorar como niños.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Así que por el bien de los niños que viven a su alrededor, voy a leerles un fragmento de la historia de Zezé, para ver si se animan a leer, o a releer Mi Planta de Naranja Lima.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;1 EL DESCUBRIDOR DE LAS COSAS&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Veníamos tomados de la mano, sin apuro ninguno, por la calle. Totoca venía enseñándome la vida. Y yo me sentía muy contento porque mi hermano mayor me llevaba de la mano, enseñándome cosas. Pero enseñándome las cosas fuera de casa. Porque en casa yo aprendía descubriendo cosas solo y haciendo cosas solo, claro que equivocándome, y acababa siempre llevando unas palmadas. Hasta hacía bastante poco tiempo nadie me pegaba. Pero después descubrieron todo y vivían diciendo que yo era un malvado, un diablo, un gato vagabundo de mal pelo. Yo no quería saber nada de eso. Si no estuviera en la calle comenzaría a cantar. Cantar sí que era lindo. Totoca sabía hacer algo más, aparte de cantar: silbar. Pero por más que lo imitase no me salía nada. El me dio ánimo diciendo que no importaba, que todavía no tenía boca de soplador. Pero como yo no podía cantar por fuera, comencé a cantar por dentro. Era raro, pero luego era lindo. Y estaba recordando una música que cantaba mamá cuando yo era muy pequeñito. Ella se quedaba en la pileta, con un trapo sujeto a la cabeza para resguardarse del sol. Llevaba un delantal que le cubría la barriga y se quedaba horas y horas, metiendo la mano en el agua, haciendo que el jabón se convirtiera en espuma. Después torcía la ropa e iba hasta la cuerda. Colgaba todo en ella y suspendía la caña. Hacía lo mismo con todas las ropas. Se ocupaba de lavar la ropa de la casa del doctor Faulhaber para ayudar en los gastos de la casa. Mamá era alta, delgada, pero muy linda. Tenía un color bien quemado y los cabellos negros y lisos. Cuando los dejaba sueltos le llegaban hasta la cintura. Pero lo lindo era cuando cantaba y yo me quedaba a su lado aprendiendo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Hasta ahora esa música me daba una tristeza que no sabía comprender. Totoca me dio un empujón. Desperté. —¿Qué tienes, Zezé? —Nada. Estaba cantando. —¿Cantando? —Sí. —Entonces debo estar quedándome sordo. ¿Acaso no sabría que se podía cantar para dentro? Me quedé callado. Si no sabía yo no iba a enseñarle. Habíamos llegado al borde de la carretera Río-San Pablo. Allí pasaba de todo. Camiones, automóviles, carros y bicicletas. —Mira, Zezé, esto es importante. Primero se mira bien. Mira para uno y otro lado. ¡Ahora! Cruzamos corriendo la carretera. —¿Tuviste miedo? Bastante que había tenido, pero dije que no, con la cabeza. —Vamos a cruzar de nuevo, juntos. Después quiero ver si aprendiste. Volvimos. —Ahora ya sabes cruzar solo. Nada de miedo, que ya estás siendo un hombrecito. Mi corazón se aceleró. —Ahora. Vamos. Puse el pie, casi no respiraba. Esperé un poco y él dio la señal de que volviera. —Para ser la primera vez, estuviste muy bien. Pero te olvidaste de algo. Tienes que mirar para los dos lados para ver si viene un coche. No siempre voy a estar aquí para darte la señal. A la vuelta vamos a practicar más. Ahora sigamos, que voy a mostrarte una cosa. Me tomó de la mano y seguimos de nuevo, lentamente. Yo estaba impresionado con la conversación. —Totoca. —¿Qué pasa? —¿La edad de la razón pesa? —¿Qué tontería es ésa? —Tío Edmundo lo dijo. Dijo que yo era &amp;#34;precoz&amp;#34; y que en seguida iba a entrar en la edad de la razón. Y no siento ninguna diferencia. —Tío Edmundo es un tonto. Vive metiéndote cosas en la cabeza. —El no es tonto. Es sabio. Y cuando yo crezca quiero ser sabio y poeta y usar corbata de moño. Un día voy a fotografiarme con corbata de moño. —¿Por qué con corbata de moño? —Porque nadie es poeta sin corbata de moño. Cuando tío Edmundo me muestra retratos de poetas en una revista, todos tienen corbata de moño. —Zezé, deja de creerle todo lo que te dice. Tío Edmundo es medio &amp;#34;tocado&amp;#34;. Medio mentiroso. —¿Entonces él es un hijo de puta? —¡Mira que ya te ganaste bastantes palizas por decir malas palabras! Tío Edmundo no es eso. Yo dije &amp;#34;tocado&amp;#34;, medio loco. —Pero dijiste que él era mentiroso. —Una cosa no tiene nada que ver con la otra. —Sí que tiene. El otro día papá conversaba con don Severino, ese que juega a las cartas con él y dijo eso de don Labonne: &amp;#34;El hijo de puta del viejo miente como el diablo&amp;#34;. . . Y nadie le pegó.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—La gente grande sí puede decirlo, no es malo. Hicimos una pausa. —Tío Edmundo no es. . . ¿Qué quiere decir &amp;#34;tocado&amp;#34; Totoca? El hizo girar el dedo en la cabeza. —No, él no es eso. Es bueno, me enseña de todo, y hasta hoy solamente me dio una palmada y no fue con fuerza. Totoca dio un salto. —¿Te dio una palmada? ¿Cuándo? —Un día que yo estaba muy travieso y Gloria me mandó a casa de Dindinha. El quería leer el diario y no encontraba los anteojos. Los buscó, furioso. Le preguntó a Dindinha, y nada. Los dos dieron vuelta al revés a la casa. Entonces le dije que sabía dónde estaban, y que si me daba una moneda para comprar bolitas se lo decía. Buscó en su chaleco y tomó una moneda: —Ve a buscarlos y te la doy. —Fui hasta el cesto de la ropa sucia y los encontré. Entonces me insultó diciéndome: &amp;#34;Fuiste tú sinvergüenza&amp;#34;. Me dio una palmada en la cola y me quitó la moneda. Totoca se rió. —Te vas allá para que no te peguen en casa y te pegan ahí. Vamos más rápido, si no nunca llegaremos. Yo continuaba pensando en tío Edmundo. —Totoca, ¿los chicos son jubilados? —¿Qué cosa? —Tío Edmundo no hace nada y gana dinero. No trabaja y la Municipalidad le paga todos los meses. —¿Y qué? —Que los chicos tampoco hacen nada, y comen, duermen y ganan dinero de los padres. —Un jubilado es diferente, Zezé. Jubilado es el que trabajó mucho, se le puso el pelo blanco y camina despacio, como tío Edmundo. Pero dejemos de pensar en cosas difíciles. Que te guste aprender con él, vaya y pase. Pero conmigo, no. Haz como los otros chicos. Hasta di malas palabras, pero deja de llenarte la cabeza con cosas difíciles. Si no, no salgo más contigo. Me quedé medio enojado y no quise conversar más. Tampoco tenía ganas de cantar. Ese pajarito que cantaba desde adentro había volado bien lejos. Nos detuvimos y Totoca señaló la casa. —Es ésa, ahí. ¿Te gusta? Era una casa común. Blanca, de ventanas azules, toda cerrada y silenciosa. —Me gusta. Pero ¿por qué tenemos que mudarnos acá? —Siempre es bueno mudarse. Por la cerca nos quedamos observando una planta de &amp;#34;mango&amp;#34; de un lado, y una de tamarindo, de otro. —Tú, que quieres saberlo todo, ¿no te diste cuenta del drama que hay en casa? Papá está sin empleo, ¿no es cierto? Hace más de seis meses que se peleó con mister Scottfield y lo dejaron en la calle. ¿No viste que Lalá comenzó a trabajar en la Fábrica? ¿No sabes que mamá va a trabajar al centro, en el Molino Inglés? Pues bien, bobo, todo eso es para juntar algún dinero y pagar el alquiler de la nueva casa. La otra hace ya como ocho meses que papá no la paga. Tú eres muy chico para saber cosas tristes, como ésta. Pero yo voy a tener que acabar ayudando en la misa para ayudar en casa. Se quedó un rato en silencio. —Totoca, ¿van a traer la pantera negra y las dos leonas? —Claro que sí. Y el esclavo es quien tendrá que desmontar el gallinero. Me miró con cierto cariño y pena. —Yo soy el que va a desmontar el jardín zoológico y armarlo de nuevo aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Quedé aliviado. Porque, si no, yo tendría que inventar algo nuevo para jugar con mi hermanito más chico, Luis. —Bien, ¿viste cómo soy tu amigo, Zezé? Entonces no te cuesta nada contarme cómo fue que conseguiste &amp;#34;aquello&amp;#34;... —Te juro, Totoca, que no sé. De veras que no sé. —Estás mintiendo. Estudiaste con alguien. —No estudié nada. Nadie me enseñó. Solo que sea el diablo, que según Jandira es mi padrino, el que me haya enseñado mientras yo dormía. Totoca estaba sorprendido. Al comienzo hasta me había dado coscorrones para que le contara. Pero yo no podía contarle nada. —Nadie aprende solo esas cosas. Pero se quedaba confundido porque realmente no había visto a nadie enseñándome nada. Era un misterio. Fui recordando algo que había pasado la semana anterior. La familia se quedó muy sorprendida. Todo había comenzado cuando me senté cerca de tío Edmundo, en casa de Dindinha, mientras él leía el diario. —Tiíto. —¿Qué, mi hijo? Empujó los anteojos hacia la punta de la nariz, como hace toda la gente vieja. —¿Cuándo aprendiste a leer? —Más o menos a los seis o siete años de edad. —¿Y alguien puede leer a los cinco años? —Poder puede. Pero a nadie le gusta hacer eso cuando todavía es muy pequeño. —¿Cómo aprendiste a leer? —Como todo el mundo, en la cartilla. Diciendo &amp;#34;B&amp;#34; más &amp;#34;A&amp;#34;: &amp;#34;BA&amp;#34;. —¿Todo el mundo tiene
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                <pubDate>Sun, 17 Apr 2022 23:49:56 &#43;0000</pubDate>
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                <itunes:title>#1 Pedro Páramo - Juan Rulfo</itunes:title>
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                <itunes:author>Camilo Vadillo</itunes:author>
                <itunes:summary>&lt;p&gt;Pequeña reseña y lectura de un fragmento de uno de los libros más icónicos de la literatura latinoamericana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Hola hola mi nombre es Camilo y sean bienvenidos a este espacio que he decidido llamar Lecturas del Bosque, un podcast para quien disfruta de buenas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En estos tiempos existe tanto ruido que es difícil encontrar lo elemental, lo importante, somos bombardeados y consumimos tanta información irrelevante e intrascendente, que queda muy poco tiempo -y espacio- para las historias fundamentales, para los clásicos, entre otras tantas cosas de la vida que son igual o mucho más importantes. Por eso, hoy quería hablarles un poco sobre Pedro Páramo, una novela cortita pero enorme para la literatura latinoamericana y universal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tuve ganas de compartir un poco de Pedro Páramo porque por un lado la veo como una interesante e importante lectura para quienes están estudiando español como lengua extranjera e intentan descifrar el laberíntico mundo latinoamericano, ya que el estudio de un idioma también es el inevitable encuentro con la gente que lo habla y su cultura; y por otro lado porque creo que debería ser una obra obligatoria para todos los que hablamos español, yo la vine a conocer un poco tarde, demasiado tarde, pero creo que no debería ser el caso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La idea aquí no es hacer un análisis literario de la novela ni de leerles todo el libro, simplemente compartir algunos comentarios personales sobre la historia y leer una pequeña parte, un fragmento del libro, para ver si entre tanto ruido podemos hacerle un campito a lo esencial.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Juan Rulfo no necesitó escribir más de 300 páginas para convertirse en uno de los escritores más grandes de la literatura hispana. Nació en 1917 en Jalisco, en el occidente de México, fue un tipo sencillo y enigmático, desde ahora se lo puede ver así como legendario, Juan Rulfo fue huérfano desde niño, fue criado en orfanatos, tuvo todo tipo de oficios en grande, aunque consideraba que su único oficio era el de vivir, fue por ejemplo vendedor de llantas, fue agente de inmigración, fue recaudador de rentas, fotógrafo, guionista de cine, historiador, y escritor de tres libritos, dos de los cuales lo hicieron inmortal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pedro Páramo es uno de estos dos libros, la novela está basada en una época entre la revolución mexicana y la guerra cristera, entre paréntesis cabe decir que el padre de Juan Rulfo fue asesinado durante la guerra, cuando él solo tenía seis años y cuatro años más tarde muere su madre. La guerra cristera fue un conflicto armado de varios años entre el ejército mexicano, entre el Estado mexicano y las milicias de religiosos católicos que se levantaron en armas al ir perdiendo la iglesia católica más y más beneficios desde la constitución de 1917, esto como una de las consecuencias de la Revolución Mexicana si bien la novela no se concentra en explicaciones de ningún tipo, ésta deja entrever cómo era la vida del campesinado y para quienes no somos mexicanos o no hemos estudiado su historia, nos deja la curiosidad, o por lo menos la invitación, a conocer más sobre sobre estos eventos y su importancia histórica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No son pocos los grandes autores que se deshacen en halagos sobre la calidad de la obra de Juan Rulfo, tanto por la belleza y sencillez de su prosa, como por la novedad de la estructura de sus textos, en los que presente el pasado y el futuro e incluso la vida y la muerte no tienen distinción, sin dejar de ser al mismo tiempo historias profundamente realistas. Pedro Páramo no es un libro largo, no usa palabras muy rebuscadas ni difíciles, y aunque tiene algunos modismos, es una novela escrita en un lenguaje simple y sencillo, el lenguaje del pueblo, dicen muchos críticos, tiene sin embargo una estructura en la que sin previo aviso cambia de una historia a otra y de un lugar y momento a otro, por lo que conviene leerlo dos o tres veces seguidas para aprovecharlo mejor. El libro cuenta la historia de un hijo, Juan Preciado, que después de la muerte de su madre realiza un viaje a su pueblo natal en busca del padre que no conoció, antes de morir su madre le pide que vaya al pueblo, le pide que vaya a cobrar el olvido en el que el padre los ha dejado. Juan Preciado se lo promete, pero pero se lo promete sin pensar en cumplirlo, él pensaba que no iba a ir, que nunca lo iba a cumplir, pero luego con el tiempo se va formando un mundo alrededor de la esperanza de conocer a este hombre que era el marido de su madre, tal cual lo expresa, no sabemos qué tipo de expectativas o esperanzas había comenzado a construir Juán Preciado, pero el hecho es de que al final esto es lo que lo hace decidirse por finalmente ir y comenzar su viaje.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al llegar al pueblo, Comala, este ya no es mucho más que casas vacías y almas en pena, ahí Juán Preciado se entera que su padre ha muerto y que la mayor parte de los habitantes se han ido, o han muerto también, pero Juán Preciado que sólo puede ver el pueblo a través de la nostalgia con la que su madre siempre habló de éste, lo sigue encontrando bello y siente que tiene una conexión especial, por lo menos eso es lo que yo pienso, lo que siento, cuando cuando estoy leyendo la historia. Como anécdota aparte, en una canción del cantautor español Joaquín Sabina, este nombre nombre al pueblo nombra a Comala, él dice: en Comala aprendí que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver, cuando lean el libro tal vez pueden entender mejor la referencia, en fin, en Comala se encuentra con una serie de personajes, no sabe bien de estos personajes quién está vivo y quién está muerto nosotros, el público tampoco, no se sabe bien quien está vivo y que está muerto, pero es a través de los recuerdos de estos personajes que se va enterando de cómo era la vida de su madre, la vida de su padre y la vida del pueblo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al mismo tiempo, entre párrafo y párrafo y sin ningún aviso, tenemos saltos temporales a distintas épocas del pasado, en los que vamos viendo la historia de su padre, Pedro Páramo, y a través de esta, la historia del pueblo, lo vemos cuando era niño, cómo era la relación que tenía con su abuela, con el amor de su vida Susana San Juan, que es lo único que quizás nunca consiguió conquistar, la relación con su hijo Miguel, el único que reconoció y crió como tal, la relación con Dolores Preciado, la madre de Juan, y cómo y por qué se casó con ella, la relación con su padre Lucas Páramo, y vemos también cómo cuando murió este, a pesar de haber heredado deudas por todas partes, se las ingenia para zafar de todo, incluso llegar a convertirse en prácticamente el dueño del pueblo, también vemos la relación con sus trabajadores, con la iglesia y con las personas levantadas en armas contra el Estado en esta época. En lo personal y sin ser crítico literario ni mucho menos, lo que más me gusta del libro es lo mucho que expresa con pocas palabras, en los diálogos, por ejemplo, en dos o tres líneas de una conversación, uno puede darse cuenta de las desigualdades e injusticias sociales, uno puede llegar a entrever la manera de ver el mundo de esa gente, sus expectativas, sus resignaciones, y en los silencios de las conversaciones se puede casi sentir el polvo del lugar, las llagas de su tierra, el pasar del tiempo, que en realidad no pasa, sino que está como estacionado desde siempre, ahí, indiferente, entre las piedras y el calor... en fin, hay cientos de estudios, análisis, comentarios, bibliotecas enteras sobre Juan Rulfo y su obra para los que les interese, pero yo para no seguir divagando, ahora les les voy a leer un fragmento del libro y y espero que les guste.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pedro Paramo - Juan Rulfo&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.Todavía antes me había dicho:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a&lt;/p&gt;&lt;p&gt;darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Así lo haré, madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a&lt;/p&gt;&lt;p&gt;llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias. El camino subía y bajaba: «Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja».&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Comala, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Está seguro de que ya es Comala?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seguro, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y por qué se ve esto tan triste?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Son los tiempos, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su&lt;/p&gt;&lt;p&gt;nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: «Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche». Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma… Mi madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber? —oí que me&lt;/p&gt;&lt;p&gt;preguntaban.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Voy a ver a mi padre —contesté.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ah! —dijo él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y volvimos al silencio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Bonita fiesta le va a armar —volví a oír la voz del que iba allí a mi lado&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luego añadió:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo conozco —le dije—. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ah!, vaya.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, así me dijeron que se llamaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Oí otra vez el «¡ah!» del arriero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me había topado con él en Los Encuentros, donde se cruzaban varios&lt;/p&gt;&lt;p&gt;caminos. Me estuve allí esperando, hasta que al fin apareció este hombre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Adónde va usted? —le pregunté.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Voy para abajo, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Conoce un lugar llamado Comala?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Para allá mismo voy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció&lt;/p&gt;&lt;p&gt;darse cuenta de que lo seguía y disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo también soy hijo de Pedro Páramo —me dijo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar, cuar,cuar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de trastumbar los cerros, bajamos cada vez más. Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo parecía estar como en espera de algo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hace calor aquí —dije.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, y esto no es nada —me contestó el otro—. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Conoce usted a Pedro Páramo? —le pregunté.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién es? —volví a preguntar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un rencor vivo —me contestó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho más adelante de nosotros, encarrerados por la bajada. Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de Castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón. Es el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar buen resultado para que mi padre me reconociera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mire usted —me dice el arriero, deteniéndose—: ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puercos? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá. ¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No me acuerdo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Váyase mucho al carajo!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué dice usted?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que ya estamos llegando, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, ya lo veo. ¿Qué pasó por aquí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera&lt;/p&gt;&lt;p&gt;abandonado. Parece que no lo habitara nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y Pedro Páramo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pedro Páramo murió hace muchos años.&lt;/p&gt;
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                <description><![CDATA[<p>Pequeña reseña y lectura de un fragmento de uno de los libros más icónicos de la literatura latinoamericana.</p><p>Transcripción:</p><p> Hola hola mi nombre es Camilo y sean bienvenidos a este espacio que he decidido llamar Lecturas del Bosque, un podcast para quien disfruta de buenas historias.</p><p>En estos tiempos existe tanto ruido que es difícil encontrar lo elemental, lo importante, somos bombardeados y consumimos tanta información irrelevante e intrascendente, que queda muy poco tiempo -y espacio- para las historias fundamentales, para los clásicos, entre otras tantas cosas de la vida que son igual o mucho más importantes. Por eso, hoy quería hablarles un poco sobre Pedro Páramo, una novela cortita pero enorme para la literatura latinoamericana y universal.</p><p>Tuve ganas de compartir un poco de Pedro Páramo porque por un lado la veo como una interesante e importante lectura para quienes están estudiando español como lengua extranjera e intentan descifrar el laberíntico mundo latinoamericano, ya que el estudio de un idioma también es el inevitable encuentro con la gente que lo habla y su cultura; y por otro lado porque creo que debería ser una obra obligatoria para todos los que hablamos español, yo la vine a conocer un poco tarde, demasiado tarde, pero creo que no debería ser el caso.</p><p>La idea aquí no es hacer un análisis literario de la novela ni de leerles todo el libro, simplemente compartir algunos comentarios personales sobre la historia y leer una pequeña parte, un fragmento del libro, para ver si entre tanto ruido podemos hacerle un campito a lo esencial.</p><p>Juan Rulfo no necesitó escribir más de 300 páginas para convertirse en uno de los escritores más grandes de la literatura hispana. Nació en 1917 en Jalisco, en el occidente de México, fue un tipo sencillo y enigmático, desde ahora se lo puede ver así como legendario, Juan Rulfo fue huérfano desde niño, fue criado en orfanatos, tuvo todo tipo de oficios en grande, aunque consideraba que su único oficio era el de vivir, fue por ejemplo vendedor de llantas, fue agente de inmigración, fue recaudador de rentas, fotógrafo, guionista de cine, historiador, y escritor de tres libritos, dos de los cuales lo hicieron inmortal.</p><p>Pedro Páramo es uno de estos dos libros, la novela está basada en una época entre la revolución mexicana y la guerra cristera, entre paréntesis cabe decir que el padre de Juan Rulfo fue asesinado durante la guerra, cuando él solo tenía seis años y cuatro años más tarde muere su madre. La guerra cristera fue un conflicto armado de varios años entre el ejército mexicano, entre el Estado mexicano y las milicias de religiosos católicos que se levantaron en armas al ir perdiendo la iglesia católica más y más beneficios desde la constitución de 1917, esto como una de las consecuencias de la Revolución Mexicana si bien la novela no se concentra en explicaciones de ningún tipo, ésta deja entrever cómo era la vida del campesinado y para quienes no somos mexicanos o no hemos estudiado su historia, nos deja la curiosidad, o por lo menos la invitación, a conocer más sobre sobre estos eventos y su importancia histórica.</p><p>No son pocos los grandes autores que se deshacen en halagos sobre la calidad de la obra de Juan Rulfo, tanto por la belleza y sencillez de su prosa, como por la novedad de la estructura de sus textos, en los que presente el pasado y el futuro e incluso la vida y la muerte no tienen distinción, sin dejar de ser al mismo tiempo historias profundamente realistas. Pedro Páramo no es un libro largo, no usa palabras muy rebuscadas ni difíciles, y aunque tiene algunos modismos, es una novela escrita en un lenguaje simple y sencillo, el lenguaje del pueblo, dicen muchos críticos, tiene sin embargo una estructura en la que sin previo aviso cambia de una historia a otra y de un lugar y momento a otro, por lo que conviene leerlo dos o tres veces seguidas para aprovecharlo mejor. El libro cuenta la historia de un hijo, Juan Preciado, que después de la muerte de su madre realiza un viaje a su pueblo natal en busca del padre que no conoció, antes de morir su madre le pide que vaya al pueblo, le pide que vaya a cobrar el olvido en el que el padre los ha dejado. Juan Preciado se lo promete, pero pero se lo promete sin pensar en cumplirlo, él pensaba que no iba a ir, que nunca lo iba a cumplir, pero luego con el tiempo se va formando un mundo alrededor de la esperanza de conocer a este hombre que era el marido de su madre, tal cual lo expresa, no sabemos qué tipo de expectativas o esperanzas había comenzado a construir Juán Preciado, pero el hecho es de que al final esto es lo que lo hace decidirse por finalmente ir y comenzar su viaje.</p><p>Al llegar al pueblo, Comala, este ya no es mucho más que casas vacías y almas en pena, ahí Juán Preciado se entera que su padre ha muerto y que la mayor parte de los habitantes se han ido, o han muerto también, pero Juán Preciado que sólo puede ver el pueblo a través de la nostalgia con la que su madre siempre habló de éste, lo sigue encontrando bello y siente que tiene una conexión especial, por lo menos eso es lo que yo pienso, lo que siento, cuando cuando estoy leyendo la historia. Como anécdota aparte, en una canción del cantautor español Joaquín Sabina, este nombre nombre al pueblo nombra a Comala, él dice: en Comala aprendí que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver, cuando lean el libro tal vez pueden entender mejor la referencia, en fin, en Comala se encuentra con una serie de personajes, no sabe bien de estos personajes quién está vivo y quién está muerto nosotros, el público tampoco, no se sabe bien quien está vivo y que está muerto, pero es a través de los recuerdos de estos personajes que se va enterando de cómo era la vida de su madre, la vida de su padre y la vida del pueblo.</p><p>Al mismo tiempo, entre párrafo y párrafo y sin ningún aviso, tenemos saltos temporales a distintas épocas del pasado, en los que vamos viendo la historia de su padre, Pedro Páramo, y a través de esta, la historia del pueblo, lo vemos cuando era niño, cómo era la relación que tenía con su abuela, con el amor de su vida Susana San Juan, que es lo único que quizás nunca consiguió conquistar, la relación con su hijo Miguel, el único que reconoció y crió como tal, la relación con Dolores Preciado, la madre de Juan, y cómo y por qué se casó con ella, la relación con su padre Lucas Páramo, y vemos también cómo cuando murió este, a pesar de haber heredado deudas por todas partes, se las ingenia para zafar de todo, incluso llegar a convertirse en prácticamente el dueño del pueblo, también vemos la relación con sus trabajadores, con la iglesia y con las personas levantadas en armas contra el Estado en esta época. En lo personal y sin ser crítico literario ni mucho menos, lo que más me gusta del libro es lo mucho que expresa con pocas palabras, en los diálogos, por ejemplo, en dos o tres líneas de una conversación, uno puede darse cuenta de las desigualdades e injusticias sociales, uno puede llegar a entrever la manera de ver el mundo de esa gente, sus expectativas, sus resignaciones, y en los silencios de las conversaciones se puede casi sentir el polvo del lugar, las llagas de su tierra, el pasar del tiempo, que en realidad no pasa, sino que está como estacionado desde siempre, ahí, indiferente, entre las piedras y el calor... en fin, hay cientos de estudios, análisis, comentarios, bibliotecas enteras sobre Juan Rulfo y su obra para los que les interese, pero yo para no seguir divagando, ahora les les voy a leer un fragmento del libro y y espero que les guste.</p><p>Pedro Paramo - Juan Rulfo</p><p>Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro</p><p>Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.Todavía antes me había dicho:</p><p>—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a</p><p>darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.</p><p>—Así lo haré, madre.</p><p>Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a</p><p>llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.</p><p>Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias. El camino subía y bajaba: «Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja».</p><p>—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?</p><p>—Comala, señor.</p><p>—¿Está seguro de que ya es Comala?</p><p>—Seguro, señor.</p><p>—¿Y por qué se ve esto tan triste?</p><p>—Son los tiempos, señor.</p><p>Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su</p><p>nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: «Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche». Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma… Mi madre.</p><p>—¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber? —oí que me</p><p>preguntaban.</p><p>—Voy a ver a mi padre —contesté.</p><p>—¡Ah! —dijo él.</p><p>Y volvimos al silencio.</p><p>Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los</p><p>ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.</p><p>—Bonita fiesta le va a armar —volví a oír la voz del que iba allí a mi lado</p><p>—. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.</p><p>Luego añadió:</p><p>—Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.</p><p>En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.</p><p>—¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?</p><p>—No lo conozco —le dije—. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.</p><p>—¡Ah!, vaya.</p><p>—Sí, así me dijeron que se llamaba.</p><p>Oí otra vez el «¡ah!» del arriero.</p><p>Me había topado con él en Los Encuentros, donde se cruzaban varios</p><p>caminos. Me estuve allí esperando, hasta que al fin apareció este hombre.</p><p>—¿Adónde va usted? —le pregunté.</p><p>—Voy para abajo, señor.</p><p>—¿Conoce un lugar llamado Comala?</p><p>—Para allá mismo voy.</p><p>Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció</p><p>darse cuenta de que lo seguía y disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.</p><p>—Yo también soy hijo de Pedro Páramo —me dijo.</p><p>Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar, cuar,cuar.</p><p>Después de trastumbar los cerros, bajamos cada vez más. Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire.</p><p>Todo parecía estar como en espera de algo.</p><p>—Hace calor aquí —dije.</p><p>—Sí, y esto no es nada —me contestó el otro—. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.</p><p>—¿Conoce usted a Pedro Páramo? —le pregunté.</p><p>Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.</p><p>—¿Quién es? —volví a preguntar.</p><p>—Un rencor vivo —me contestó él.</p><p>Y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho más adelante de nosotros, encarrerados por la bajada. Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de Castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé.</p><p>Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón. Es el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar buen resultado para que mi padre me reconociera.</p><p>—Mire usted —me dice el arriero, deteniéndose—: ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puercos? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá. ¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿no?</p><p>—No me acuerdo.</p><p>—¡Váyase mucho al carajo!</p><p>—¿Qué dice usted?</p><p>—Que ya estamos llegando, señor.</p><p>—Sí, ya lo veo. ¿Qué pasó por aquí?</p><p>—Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.</p><p>—No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera</p><p>abandonado. Parece que no lo habitara nadie.</p><p>—No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.</p><p>—¿Y Pedro Páramo?</p><p>—Pedro Páramo murió hace muchos años.</p>
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                <content:encoded>&lt;p&gt;Pequeña reseña y lectura de un fragmento de uno de los libros más icónicos de la literatura latinoamericana.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Transcripción:&lt;/p&gt;&lt;p&gt; Hola hola mi nombre es Camilo y sean bienvenidos a este espacio que he decidido llamar Lecturas del Bosque, un podcast para quien disfruta de buenas historias.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En estos tiempos existe tanto ruido que es difícil encontrar lo elemental, lo importante, somos bombardeados y consumimos tanta información irrelevante e intrascendente, que queda muy poco tiempo -y espacio- para las historias fundamentales, para los clásicos, entre otras tantas cosas de la vida que son igual o mucho más importantes. Por eso, hoy quería hablarles un poco sobre Pedro Páramo, una novela cortita pero enorme para la literatura latinoamericana y universal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Tuve ganas de compartir un poco de Pedro Páramo porque por un lado la veo como una interesante e importante lectura para quienes están estudiando español como lengua extranjera e intentan descifrar el laberíntico mundo latinoamericano, ya que el estudio de un idioma también es el inevitable encuentro con la gente que lo habla y su cultura; y por otro lado porque creo que debería ser una obra obligatoria para todos los que hablamos español, yo la vine a conocer un poco tarde, demasiado tarde, pero creo que no debería ser el caso.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;La idea aquí no es hacer un análisis literario de la novela ni de leerles todo el libro, simplemente compartir algunos comentarios personales sobre la historia y leer una pequeña parte, un fragmento del libro, para ver si entre tanto ruido podemos hacerle un campito a lo esencial.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Juan Rulfo no necesitó escribir más de 300 páginas para convertirse en uno de los escritores más grandes de la literatura hispana. Nació en 1917 en Jalisco, en el occidente de México, fue un tipo sencillo y enigmático, desde ahora se lo puede ver así como legendario, Juan Rulfo fue huérfano desde niño, fue criado en orfanatos, tuvo todo tipo de oficios en grande, aunque consideraba que su único oficio era el de vivir, fue por ejemplo vendedor de llantas, fue agente de inmigración, fue recaudador de rentas, fotógrafo, guionista de cine, historiador, y escritor de tres libritos, dos de los cuales lo hicieron inmortal.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pedro Páramo es uno de estos dos libros, la novela está basada en una época entre la revolución mexicana y la guerra cristera, entre paréntesis cabe decir que el padre de Juan Rulfo fue asesinado durante la guerra, cuando él solo tenía seis años y cuatro años más tarde muere su madre. La guerra cristera fue un conflicto armado de varios años entre el ejército mexicano, entre el Estado mexicano y las milicias de religiosos católicos que se levantaron en armas al ir perdiendo la iglesia católica más y más beneficios desde la constitución de 1917, esto como una de las consecuencias de la Revolución Mexicana si bien la novela no se concentra en explicaciones de ningún tipo, ésta deja entrever cómo era la vida del campesinado y para quienes no somos mexicanos o no hemos estudiado su historia, nos deja la curiosidad, o por lo menos la invitación, a conocer más sobre sobre estos eventos y su importancia histórica.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;No son pocos los grandes autores que se deshacen en halagos sobre la calidad de la obra de Juan Rulfo, tanto por la belleza y sencillez de su prosa, como por la novedad de la estructura de sus textos, en los que presente el pasado y el futuro e incluso la vida y la muerte no tienen distinción, sin dejar de ser al mismo tiempo historias profundamente realistas. Pedro Páramo no es un libro largo, no usa palabras muy rebuscadas ni difíciles, y aunque tiene algunos modismos, es una novela escrita en un lenguaje simple y sencillo, el lenguaje del pueblo, dicen muchos críticos, tiene sin embargo una estructura en la que sin previo aviso cambia de una historia a otra y de un lugar y momento a otro, por lo que conviene leerlo dos o tres veces seguidas para aprovecharlo mejor. El libro cuenta la historia de un hijo, Juan Preciado, que después de la muerte de su madre realiza un viaje a su pueblo natal en busca del padre que no conoció, antes de morir su madre le pide que vaya al pueblo, le pide que vaya a cobrar el olvido en el que el padre los ha dejado. Juan Preciado se lo promete, pero pero se lo promete sin pensar en cumplirlo, él pensaba que no iba a ir, que nunca lo iba a cumplir, pero luego con el tiempo se va formando un mundo alrededor de la esperanza de conocer a este hombre que era el marido de su madre, tal cual lo expresa, no sabemos qué tipo de expectativas o esperanzas había comenzado a construir Juán Preciado, pero el hecho es de que al final esto es lo que lo hace decidirse por finalmente ir y comenzar su viaje.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al llegar al pueblo, Comala, este ya no es mucho más que casas vacías y almas en pena, ahí Juán Preciado se entera que su padre ha muerto y que la mayor parte de los habitantes se han ido, o han muerto también, pero Juán Preciado que sólo puede ver el pueblo a través de la nostalgia con la que su madre siempre habló de éste, lo sigue encontrando bello y siente que tiene una conexión especial, por lo menos eso es lo que yo pienso, lo que siento, cuando cuando estoy leyendo la historia. Como anécdota aparte, en una canción del cantautor español Joaquín Sabina, este nombre nombre al pueblo nombra a Comala, él dice: en Comala aprendí que al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver, cuando lean el libro tal vez pueden entender mejor la referencia, en fin, en Comala se encuentra con una serie de personajes, no sabe bien de estos personajes quién está vivo y quién está muerto nosotros, el público tampoco, no se sabe bien quien está vivo y que está muerto, pero es a través de los recuerdos de estos personajes que se va enterando de cómo era la vida de su madre, la vida de su padre y la vida del pueblo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Al mismo tiempo, entre párrafo y párrafo y sin ningún aviso, tenemos saltos temporales a distintas épocas del pasado, en los que vamos viendo la historia de su padre, Pedro Páramo, y a través de esta, la historia del pueblo, lo vemos cuando era niño, cómo era la relación que tenía con su abuela, con el amor de su vida Susana San Juan, que es lo único que quizás nunca consiguió conquistar, la relación con su hijo Miguel, el único que reconoció y crió como tal, la relación con Dolores Preciado, la madre de Juan, y cómo y por qué se casó con ella, la relación con su padre Lucas Páramo, y vemos también cómo cuando murió este, a pesar de haber heredado deudas por todas partes, se las ingenia para zafar de todo, incluso llegar a convertirse en prácticamente el dueño del pueblo, también vemos la relación con sus trabajadores, con la iglesia y con las personas levantadas en armas contra el Estado en esta época. En lo personal y sin ser crítico literario ni mucho menos, lo que más me gusta del libro es lo mucho que expresa con pocas palabras, en los diálogos, por ejemplo, en dos o tres líneas de una conversación, uno puede darse cuenta de las desigualdades e injusticias sociales, uno puede llegar a entrever la manera de ver el mundo de esa gente, sus expectativas, sus resignaciones, y en los silencios de las conversaciones se puede casi sentir el polvo del lugar, las llagas de su tierra, el pasar del tiempo, que en realidad no pasa, sino que está como estacionado desde siempre, ahí, indiferente, entre las piedras y el calor... en fin, hay cientos de estudios, análisis, comentarios, bibliotecas enteras sobre Juan Rulfo y su obra para los que les interese, pero yo para no seguir divagando, ahora les les voy a leer un fragmento del libro y y espero que les guste.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pedro Paramo - Juan Rulfo&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría; pues ella estaba por morirse y yo en plan de prometerlo todo. «No dejes de ir a visitarlo —me recomendó—. Se llama de otro modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte». Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.Todavía antes me había dicho:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a&lt;/p&gt;&lt;p&gt;darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Así lo haré, madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a&lt;/p&gt;&lt;p&gt;llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias. El camino subía y bajaba: «Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja».&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Comala, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Está seguro de que ya es Comala?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Seguro, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y por qué se ve esto tan triste?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Son los tiempos, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su&lt;/p&gt;&lt;p&gt;nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: «Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche». Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma… Mi madre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber? —oí que me&lt;/p&gt;&lt;p&gt;preguntaban.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Voy a ver a mi padre —contesté.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ah! —dijo él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y volvimos al silencio.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los&lt;/p&gt;&lt;p&gt;ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Bonita fiesta le va a armar —volví a oír la voz del que iba allí a mi lado&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Luego añadió:&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No lo conozco —le dije—. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Ah!, vaya.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, así me dijeron que se llamaba.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Oí otra vez el «¡ah!» del arriero.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me había topado con él en Los Encuentros, donde se cruzaban varios&lt;/p&gt;&lt;p&gt;caminos. Me estuve allí esperando, hasta que al fin apareció este hombre.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Adónde va usted? —le pregunté.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Voy para abajo, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Conoce un lugar llamado Comala?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Para allá mismo voy.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció&lt;/p&gt;&lt;p&gt;darse cuenta de que lo seguía y disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Yo también soy hijo de Pedro Páramo —me dijo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar, cuar,cuar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Después de trastumbar los cerros, bajamos cada vez más. Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Todo parecía estar como en espera de algo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Hace calor aquí —dije.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, y esto no es nada —me contestó el otro—. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Conoce usted a Pedro Páramo? —le pregunté.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Quién es? —volví a preguntar.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un rencor vivo —me contestó él.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho más adelante de nosotros, encarrerados por la bajada. Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de Castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón. Es el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar buen resultado para que mi padre me reconociera.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Mire usted —me dice el arriero, deteniéndose—: ¿Ve aquella loma que parece vejiga de puercos? Pues detrasito de ella está la Media Luna. Ahora voltié para allá. ¿Ve la ceja de aquel cerro? Véala. Y ahora voltié para este otro rumbo. ¿Ve la otra ceja que casi no se ve de lo lejos que está? Bueno, pues eso es la Media Luna de punta a cabo. Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted debe haber pasado lo mismo, ¿no?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No me acuerdo.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¡Váyase mucho al carajo!&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Qué dice usted?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Que ya estamos llegando, señor.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Sí, ya lo veo. ¿Qué pasó por aquí?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera&lt;/p&gt;&lt;p&gt;abandonado. Parece que no lo habitara nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—¿Y Pedro Páramo?&lt;/p&gt;&lt;p&gt;—Pedro Páramo murió hace muchos años.&lt;/p&gt;
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                <pubDate>Sun, 10 Apr 2022 07:59:49 &#43;0000</pubDate>
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